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01-12-2003 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Vecinos que hacen teatro

En 1983, al mismo tiempo que se inauguraba un nuevo período democrático, un grupo de vecinos del barrio Catalinas Sur decidió que también podía ser productor y no sólo consumidor de cultura. Adhemar Bianchi, director del primer grupo de teatro “de la comunidad y para la comunidad” contó a Planetario el sentido de su trabajo.

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Por Ariel Saidón



En 1983, al mismo tiempo que se inauguraba un nuevo período democrático, un grupo de vecinos del barrio Catalinas Sur decidió que también podía ser productor y no sólo consumidor de cultura. Desde la mutual de la escuela, organizaron los talleres de teatro que culminaron con la primer presentación del grupo, en la plaza Malvinas.

20 años más tarde, cerca de 300 vecinos de La Boca, San Telmo, Barracas y otros barrios de Capital y Gran Buenos Aires participan de alguna de las actividades que se realizan en el Galpón de la calle Benito Pérez Galdós. Recreando diversas formas de la cultura popular, sus talleres y espectáculos convocan a un público de todas las edades.

Actualmente, el fenómeno del teatro comunitario se extendió a los más diversos puntos del país. El grupo Catalinas mantiene contactos con grupos de Mataderos, Barracas, Floresta, entre otros barrios de la Ciudad de Buenos Aires y de diversas localidades del interior del país. Sin ir más lejos, en noviembre participó de un encuentro con los grupos de la provincia de Misiones y un encuentro en la plaza Malvinas de la red de grupos de teatro comunitario.

Adhemar Bianchi, director del primer grupo de teatro “de la comunidad y para la comunidad” contó a Planetario, la guía de los chicos el sentido de su trabajo.

En el galpón del barrio de La Boca acaba de terminar un ensayo del grupo de circo. La cama elástica ocupa el centro del escenario, que está al mismo nivel del piso. Las butacas, acomodadas sobre las escalinatas que lo rodean, están vacías. A un costado, alguien sigue “tirando” clavas, intentando una nueva prueba. En la boletería ya no quedan entradas para la función de El Fulgor Argentino, que se realizará esa misma noche.

Dos días antes de viajar a Misiones para un encuentro con los grupos de teatro comunitario de esa provincia, Adhemar Bianchi, director del Grupo de Teatro Catalinas Sur y responsable del lugar, interrumpe una reunión improvisada para la entrevista con Planetario.

¿Qué es el teatro comunitario?

El teatro comunitario es el teatro hecho por vecinos, de la comunidad para la comunidad. Lo que lo define es el amateurismo. Se trata de gente que vive de otra cosa y que utiliza el teatro para comunicarse. Aunque mucho del teatro profesional no lo es desde el punto de vista económico, ya que el 90% de los grupos independientes no viven de lo que hacen, la diferencia está en la intención.

El objetivo es recuperar la cultura popular y volver a recrear lo participativo desde el punto de vista artístico, cosa que ya existía en Buenos Aires pero que se fue perdiendo en las útlimas décadas. Me refiero a que antes existían los cuadros filodramáticos y en los clubes las comisiones de cultura organizaban desde los carnavales a los bailes. Los barrios no eran meros dormitorios como ahora sino que tenían su centro cultural, su propio centro comercial y también sus propios artistas. En alguna medida este tipo de cosas que nosotros creamos recrea la vida social en los barrios.

El Grupo Catalinas es el primer grupo de teatro comunitario de Buenos Aires, ¿Cuál es la historia de su formación?

El Grupo de Teatro Catalinas Sur surge de un grupo de vecinos de un barrio de monoblocks, el barrio Catalinas Sur, que debido a una cuestión de estructura urbanística facilita en alguna medida la vida comunitaria. Como los viejos conventillos que tenían su patio interior; este barrio tiene un jardín de uso común donde los vecinos se encuentran.

Durante la dictadura militar, la cooperadora de la escuela se transformó en asociación mutual y realizaba una actividad cultural bastante importante. Es decir que, más allá del apoyo o asesoramiento a la dirección de la escuela, se manejaba con bastante autonomía. Debido a eso, y por orden del intendente Cacciatore, fue prohibido su funcionamiento dentro de la misma. De todos modos, la mutual siguió haciendo su trabajo comunitario fuera de la escuela.

En esos contextos, me convocaron para realizar los talleres de teatro y se vislumbró que lo mejor era hacer algo al aire libre con los vecinos y no con un concepto de formación donde cada uno aprendía en su tiempo libre sino con la idea de producir cosas para el barrio y desde el barrio. Ese es el origen en el año ‘83.

¿Cuál es la situación, 20 años después?

20 años después nos encuentra ya no sólo en la plaza del barrio sino llendo a otros barrios y con un Galpón propio que tuvimos que alquilar en el momento que pasó la autopista por arriba de nuestra plaza, lo que generó una polución sonora bastante importante. En la plaza Malvinas, la plaza del barrio Catalinas, es donde nació el grupo y donde hizo todos sus estrenos hasta el año ‘90. En el ‘97 alquilamos este lugar, que pudimos comprar en el 2001 porque tuvimos mucho seguimiento de nuestra gente que siguió viniendo a esta sala.

Y a partir de nuestras idas a barrios y de conversar con otros vecinos, han surgido varios grupos (seis en Capital Federal, uno en la Provincia de Bs. As. y tres en Misiones). Parte de ese trabajo lo hemos planteado como una forma de promover que la gente no sólo sea consumidora de un hecho artístico sino también productora. Idea que compartimos con Los Calandracas y el Teatral Barracas, de Ricardo Talento, nuestro grupo hermano, los dos con más experiencia en este proyecto y que actuamos, en alguna medida, como “entusiasmadores”.

De la plaza al Galpón, ¿qué es lo que cambia?

La ventaja de estar en la plaza es el acercamiento al público que no tenía la intencionalidad de ver un espectáculo, ir ganando público con gente que pasaba. El entrar a un espacio, auque sea gratuito, implica una cierta ritualidad y hay gente que no da el paso. Sin embargo, en esto nosotros hemos logrado bastante. Si uno hiciera una estadística entre nuestro público, encontraría que alrededor de un 80% no es gente que vaya al teatro.

Después hay cosas que se ganan en cuanto al producto. Se escucha más en una sala que en la calle, y hay más posibilidades técnicas para la puesta. Pero si ves bien nuestro espacio, lo tratamos bastante como si fuera una plaza. Trabajamos pie a tierra; con las butacas acomodadas en forma similar a unas escalinatas; y si en la plaza hay espacios naturales acá hemos hecho una pasarela en altura que nos permite trabajar del mismo modo. Además, seguimos trabajando masivamente. Todos nuestros espectáculos pueden ir a la plaza y, de hecho, cada tanto los llevamos a distintos barrios.

¿Por qué el teatro?

Porque cualquiera lo puede hacer, por la sencilla razón de que habiendo alguien que quiera actuar y alguien que quiera mirar, el teatro existe. No necesita de ningún soporte técnico específico; es la voz y el cuerpo de la gente que lo hace. Y posiblemente el teatro sea una de las cosas que más ha servido para mantener memoria y en la Argentina la memoria es algo fundamental, debido a su propia historia. Para ver el futuro hay que tener memoria, para no repetir algunas de las cosas que pasaron en este país. Si vos pensás que por ahí uno conoce más de la historia inglesa por Shakespeare, de los griegos por los clásicos o del Siglo de Oro español por sus autores te das cuenta que hay muchas formas de contar la historia viviéndola. Y eso nos parece interesante como método.

Además, porque el teatro es integrador de otras disciplinas. Hay espacio para el que quiera escribir, los músicos que quieran tocar, los que quieran actuar, el plástico que quiera hacer una escenografía… Y a todo eso hay que agregarle la organización. Esto no es una pavada, uno de nuestros objetivos más importantes es lograr que la gente se organice para algo, que no sea solamente consumidora frente al televisor o al mandato de la cultura dominante que le dice esto es bueno, esto es malo, esto hay que hacer, esto hay que comer, con esto hay que vestirse.

Entre los espectáculos del grupo Catalinas algunos se dirigen a los niños (La Niña de la Noche) y otros a los adultos (El Fulgor Argentino)…

Nosotros planteamos que nuestros espectáculos son para la comunidad, por eso hablamos de teatro para toda la familia. Hay una lectura desde el niño que viene a verlo, hasta el intelectual que hace una segunda o tercera mirada de algunas informaciones. Pero de repente alguien que no tiene esa información puede disfrutarlo igual e incluso le despierta la curiosidad para tenerla. En el caso de El Fulgor Argentino es claro. Hay chicos que por la edad no pueden tener la información y se van preguntando: ¿quién era Illia?, ¿qué pasó con Onganía? Y ahí empiezan a interesarse.

El Parque Japonés es un espectáculo de circo que tiene guiños a la vieja televisión, un homenaje medio chaplinesco en uno de los personajes, y por cómo utilizamos las canciones y las técnicas de circo es disfrutable por toda la familia.

Si tomamos La Niña de la Noche, un espectáculo sobre los miedos en teatro de títeres, tal vez el más indicado específicamente para niños, también es absolutamente disfrutable por los grandes. Yo no creo que haya obras para niños y nada más que para niños. Creo que una obra de Midón, por ejemplo, es para los niños y también para los padres. Me parece que ni los niños son infradotados como algunos espectáculos infantiles creen y que la belleza, el teatro y la estética tiene que tener varias lecturas.

En los espectáculos del Catalinas, suelen utilizarse diversos lenguajes, ¿cuál es el sentido de esa integración?

Desde el punto de vista de los lenguajes, tratamos de buscar en nuestra memoria y recrear formas de cultura popular que se han ido perdiendo o bastardeando. La murga, el circo, la revista…  El iniciador de la revista es Pepino el 88 cuando vestido con su traje hablaba y cantaba sobre la situación del momento. Aunque después se le fueron agregando más elementos tipo vodevil o burlesco, lo central de la revista que tiene que ver con el humor político lo encontramos en Pepino.

O sea que también abrevamos en eso, en el candombe, la música negra; en los títeres, elemento fundamental de la cultura popular presente en cualquier lugar. Y en la escenografía, con los grandes muñecos, recuperamos la plástica del Carnaval.

¿Además del teatro que otras actividades realiza el grupo Catalinas?

Murales, que pueden verse en distintos lugares de la ciudad, y aplicaciones del lenguaje teatral como cuando participamos de campañas solidarias para las que nos han convocado distintas organizaciones civiles y sociales. También hacemos funciones a beneficio de distintas organizaciones y nuestros talleres gratuitos, abiertos a la comunidad. Ahora estamos planteándonos la posibilidad de abrir una Escuela de Arte Comunitario, estamos esbozando un proyecto y viendo que apoyos podemos tener. También tenemos talleres para niños, pero con un concepto de lo lúdico, donde los chicos juegan con el teatro.

Recién nos planteamos la representación o la producción después de los doce años.

En síntesis, ¿podríamos decir que el teatro comunitario es el teatro con un objetivo específico, que recupera el para qué del teatro?

El teatro en sí tiene un objetivo concreto que es comunicar. Para recrear, mantener la historia, los lazos culturales, expresar la cultura de un pueblo. Pero, además, el arte tiene un rol de dignificación en el hombre, que le permite parararse mucho mejor ante lo social. Frente a determinismos económicos muy fuertes, el arte es un camino por donde puede encontrarse. Si la sociedad no le da oportunidades, el arte popular o el arte en la comunidad le da la posibilidad de hacer a todos por igual. Por eso es que ha proliferado tanto en América Latina o en África el Circo Social, muchos pibes que podrían salir de caño a la calle encontraron alguna forma de hacer sus cosas y de estar. Es una forma de ver el rol del arte en la sociedad, el arte como forma de transformación social. No es el arte para quienes pueden pagarlo o el arte para quienes pueden hacerlo en sus tiempos ociosos como una decoración a su cultura.

Crear vale la pena con sus talleres en La Cava, por ejemplo, logra que pibes que nunca salieron de la villa terminen armando un espectáculo, teniendo que pensar en un tema, aprendiendo un instrumento, aprendiendo a mover su cuerpo y después expresar con eso algo de su propia historia. O cuando acá vienen los pibes que tiran clavas en un semáforo para ganarse unos mangos y del hecho individual de la destreza pasan a sentirse integrantes de una comunicación artística en un espectáculo teatral.

Que la gente sienta que puede producir y hacer y no sólo consumir implica una dignidad y un derecho. Si vos hacés concientizar de eso a alguien, también lo vas a concientizar para hacer reclamos de otro tipo. Y no estoy hablando de mensajes revolucionarios, estoy hablando de reconocerse: acá estoy, yo soy y entiendo que para lograr determinada cosa tienen que modificarse ciertas políticas, tengo que interferir sobre las políticas estatales, sobre la educación, reclamar los derechos que como comunidad tenemos y no dejarlos, lo mismo que el teatro, en manos de un grupo de especialistas.

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