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01-11-2008 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Tres grandes, para los chicos

Revista Planetario reunió por primera vez a tres de los referentes más destacados de la escena infantil actual. Gerardo Hochman, Hugo Midón y Luis Pescetti –en orden alfabético, sin repetir y sin soplar- intercambiaron sus visiones sobre el lugar de la cultura infantil y los modos de ser niño hoy, al tiempo que hicieron un balance de sus carreras en los últimos años.

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por Ariel Saidón y Marisa Rojas
Fotos: Uri Gordon

 

Una revista cuenta su historia en números editados. Números que dan cuenta del paso de los años y del crecimiento, el propio y el de los otros. Revista Planetario celebra este mes sus primeros 100 números. Números que hablan de unos primeros 9 años de vida y cuentan, así también, mucha historia. Qué mejor entonces que celebrarlos en un sitio con tanta historia detrás como el Teatro Nacional Cervantes.


Fundado en 1921 por la actriz española María Guerrero y su esposo, Fernando Díaz de Mendoza, el Cervantes es uno de los espacios culturales más emblemáticos de la Ciudad y el único teatro nacional del país. En su sala de reuniones, especialmente preparada para esta cita por el equipo de prensa del teatro, nos encontramos un jueves de mañana, ya casi en primavera, con tres de los más importantes referentes de la cultura infantil actual.


Gerardo Hochman, Hugo Midón y Luis Pescetti, son tres artistas, reconocidos y bien distintos, que dirigen sus producciones a ese público compuesto por grandes y chicos donde los niños ocupan un lugar especial. Cada uno con un lenguaje propio y diferente renovaron, a su tiempo, la cartelera de espectáculos infantiles, obteniendo el reconocimiento indiscutido de público y crítica.


Creador del teatro musical para chicos, Midón inauguró en los años ‘70 y afianzó en los ‘80, un estilo que, renovado, continúa vigente aún hoy. A fines de los ‘90, Hochman desarrolló una estética original y poética, combinando el circo, la danza y el teatro en sus espectáculos para grandes y chicos. Por su parte, iniciado el nuevo siglo, Pescetti aportó su cuota de humor inteligente al tiempo que irreverente en libros, discos y espectáculos unipersonales logrando cada vez un encuentro único con el público.

El primer número de Planetario vio la luz en el mes de junio del año ‘99. A propósito de ello, queríamos proponerles un ejercicio de recordación, ¿qué estaban haciendo ustedes, artísticamente, en aquella época?


Gerardo Hochman: Esa fue la época de Gala. Gala fue la fundación de un lenguaje y un equipo de trabajo. Yo venía de La Trup (compañía de circo que dirigió junto a Marcelo Katz), pero con Gala se inauguró un equipo que, con su dinámica de entradas y salidas, sigue trabajando junto. Fue un comienzo muy duro. Gala se hizo en el Centro Cultural Recoleta en el espacio que hoy ocupa la Sala Villa Villa y que en entonces era un patio. Montamos una estructura tubular con lonas a modo de carpa, pero entre las cosas que tenía, o que no tenía, pasó que no estaba preparada para “aguantar” el clima. Tuvimos que posponer el estreno porque nos agarró una tormenta terrible, de mucho viento y agua, y se voló todo. Sin embargo, fue un espectáculo que estuvo todo un año en cartel, aunque no venía mucha gente. Pero Gala nos dio igualmente muchas satisfacciones por lo que le pasaba a la gente que iba a vernos, la gente se emocionaba mucho, descubría un lenguaje… y a posteriori la cosecha Gala fue importante.


Hochman habla tranquilo, parece buscar imágenes en su memoria al tiempo que sonríe como sorprendido por su propio relato. En tanto Hugo Midón, busca, busca y busca en el baúl de sus tantísimas producciones y finalmente acepta: “Bueno, yo no recuerdo muy bien en qué estaba en el ‘99 pero si ustedes dicen que entonces yo estaba con La Familia Fernández, habrá sido cierto, ¡yo les creo!”. En La Familia Fernández, obra en la que Midón trabajó por primera vez con chicos actores, alumnos de su propia escuela de comedia musical. Pero ese año fue también el de la reposición de su primer producción, La Vuelta Manzana, estrenada en 1970, y del estreno de Objetos Maravillosos con el grupo Vocal 5, donde las canciones del espectáculo tuvieron un tratamiento vocal que no habían tenido antes. O sea que, de algún modo, también para Midón ese fue un año fundacional.

 

Luis Pescetti, por su parte, estaba todavía radicado en México, aunque con ganas de volver a trabajar en el país. Si bien en el ‘99 editó su primer disco El vampiro negro, en Argentina tuvimos que esperar dos años más para descostillarnos de risa con su humor sútil, inteligente, irónico y su simpático cancionero. “Yo volví recién en el 2001. Ese año terrible hice, en el Teatro San Martín, la que creo fue mi peor temporada. Me presenté con El vampiro negro, pero aquello era todo vacío, en la sala, en el público, en la calle”.

Aunque la producción de espectáculos para chicos ha sido siempre mayormente autogestionada, la crisis obligó a los artistas dedicados al público infantil a ocuparse de temas vinculados a la gestión comercial de sus espectáculos. ¿En qué medida esto influyó en su producción y en el desarrollo de sus carreras?


Luis Pescetti: Yo tuve que aprender a equilibrar lo gerencial, por llamarlo de alguna manera, con lo artístico. Me di cuenta que cuanto más independiente quería ser, más me tenía que ocupar de cosas de las que usualmente un artista diría “que se haga cargo el señor del habano”. Pero eso es algo que tiene que ver con el modo en que se desarrolla aquí la actividad artística. En Argentina tenemos la costumbre de ser autogestionados por obligación, por ausencia de inversión estatal en cultura. En México, por ejemplo, la situación es diferente. Hay contrataciones por parte del Estado en el DF y en el interior. Claro, esto no quiere decir tener la vaca atada ni mucho menos, pero sí está claro que la de allá y la de acá son dos maneras muy distintas de poder desarrollarse para un artista.

Hugo Midón: Yo creo que es algo que todos fuimos aprendiendo. Gente con habanos a espectáculos para chicos se acerca muy poca y en general, cuando se acerca es contraproducente. Por ahí es mejor, en ese sentido, estar libre de humo. En la medida en que uno puede tener el timón de lo que conduce y llevarlo por el rumbo y al puerto que uno quiere, es definitivamente mejor. Números es una cosa que nunca me gustó hacer y que nunca hice muy bien pero que siempre preferí hacer yo porque entendí que era un esfuerzo que valía la pena. La verdad es que cuando vino alguien de afuera a poner plata no me fue bien, no me sentía absolutamente identificado con lo que estaba pasando, algo que para mí es fundamental para poder establecer vínculo con el público.

A propósito del vínculo con los espectadores, ¿cuáles fueron las formas que fueron desarrollando para que el mismo sea efectivo?


GH: En mi caso, cuando monté Bellas Artes y Fulanos, mis dos producciones dirigidas a grandes y chicos, el pensamiento estuvo puesto en alguna idea de lo que a los niños les puede resultar interesante. A mí nunca me interesó ser didáctico, no creo que tenga algo que transmitirle o que enseñarle al niño. A mí me interesa el arte, producir un hecho artístico y poético me moviliza mucho. También me interesa como mensaje, incluso más allá de lo artístico, que los espectadores puedan ver en las producciones que hacemos un hecho colectivo. Que quede esa sensación de haber visto algo hecho entre mucha gente que se puso de acuerdo y que se necesitó y se necesita mutuamente.

HM: Yo siempre he propuesto compartir con los chicos juegos que tienen que ver con el contacto entre las personas y con cosas que me parecen importantes como la libertad, el ser uno mismo, el animarse a romper con las reglas y el pelear por los propios sueños. Y, siempre, desde el lugar del respeto que todos nos merecemos, los chicos como público y nosotros como artistas. Respeto que tiene que ver en el caso de los pibes con que se los escuche, se los atienda, se les permita mantener un diálogo, un diálogo que sea fecundo y no una bajada de línea. Porque no hay que olvidar que con los chicos se puede hablar de casi todo. En tal caso hay que encontrar la manera más efectiva para que ese diálogo se produzca.

LP: Yo concibo mi espectáculo como familiar, porque me parece que todo lo que está dirigido a los chicos hace resonancia en el núcleo de la familia. Entonces, trato de meter temas que viven los padres y temas que viven los chicos y que el show no sea sólo canciones para niños. Trato de utilizar un lenguaje absolutamente democrático, utilizo juegos que se hacen en campamentos. Me interesa que cuando bajo del escenario la gente diga: “Ah, eso lo podría haber hecho yo”, como si no tuviera nada de especial, sin embargo, sabemos que eso tampoco es cierto. Yo subo a escena y tengo en claro que soy varón, que soy adulto y que me pongo a jugar como los mismos chicos; y al hacerlo desde la ironía, el resultado es un juego de confrontación permanente. Pero esto es posible porque los chicos son espectadores muy entrenados. Cuando llegan a nuestros shows, a los cuatro años, los chicos ya vieron de todo, tuvieron que aprender a ver de todo.

¿Los chicos son espectadores especialmente críticos?


HM: Yo creo que los chicos son espectadores de muchas cosas, pero no demasiado de teatro. A los teatros llega una minoría de la población y de los niños. Y en general esos niños van como espectadores de una realidad muy compleja, con un entrenamiento para escuchar, para sintetizar, para saber cuándo hay onda con algo o cuándo no. Ellos pelean por no ser tratados como tontos, por destrabar esa relación careta que suele establecerse con ellos. ¿Por qué andar dando vueltas para hablar de determinados temas con los chicos? Si uno establece ese vínculo de confianza, de respeto, del que yo hablaba antes, uno puede hablar de muchísimas cosas con los chicos porque además con los pibes realmente aprendés cosas.

GH: En relación a esto de la realidad compleja y de la cantidad de información con que hoy llegan los espectadores a nuestros shows, yo siento misión cumplida cuando el espectador se olvida de todo lo que sabe previamente. Yo intento apuntar a la emoción, al corazón y no tanto al intelecto. En cambio, fracaso si resulta que otro aspecto de la cultura interfiere en el vínculo. Por ejemplo, si yo hago un acto de palo chino, que es un mástil vertical de seis metros de altura, y construimos una escena asombrosa para emocionarse o para que de miedo, y alguien de la platea dice: “Ah, el baile del caño”, ahí fracasé, no hice viajar a ese espectador a ningún lado.

LP: Yo tuve que aprender a regular mis modos de acercamiento para no fracasar, analizar quiénes son mis espectadores, de dónde vienen, cuánto teatro han visto. Porque la ironía, para que se entienda, precisa de todo un contexto, de haber visto muchos espectáculos. No es lo mismo una función en la calle Corrientes que en una escuela del conurbano.

HM: Yo voy tratando de encontrar los tiempos. Los pibes tienen una capacidad de síntesis muy importante y es algo que fui descubriendo y que me permitió darme cuenta que la acción, una buena acción, vale más que mil palabras. Los diálogos deben ser breves y muy concisos. Yo trabajo fundamentalmente a través del humor y de la emoción, si nada de eso se produce en la platea fracaso.

Como artistas vinculados a la cultura infantil, ¿qué cosas les resultan, como diría Luis, “una porquería”?


GH: Una cosa que está mal es el espacio en los medios que tiene la cultura infantil. Me refiero al tamaño que se le da en particular en los medios masivos a todo lo que tiene que ver con los chicos. Porque no es que a ninguno de nosotros nos den espacio, pero la proporción en relación a otros creadores…

LP: El espacio que la cultura infantil ocupa en los medios es el reflejo exacto del espacio que le da el establishment cultural, intelectual. El lugar que tiene en los medios el mundo infantil es de una pobreza que vos no sabés si es del mundo intelectual, de los que hacemos cosas para chicos o del concepto que hay de lo infantil, no lo sé, pero ahí hay algo que está fallando.

HM: Es cierto también que, en el caso puntual de lo que es el teatro para chicos, hay que buscar con lupa aquellos espectáculos que uno podría recomendar realmente. Está claro que esto no justifica nada, pero es una de las cosas que a mí no me gusta de la actividad. Hay tipos que se pasan cuarenta años escribiendo y lo hacen siempre mal, no aprenden más, no crecen. Del mismo modo me molesta la falta de lugar para evaluar a un actor, a un escenógrafo, a un director, en los premios.

GH: Otra cosa que no está buena y que pasa es la convivencia en los teatros con los espectáculos para adultos y eso de tener que arreglarse ‘con la técnica que queda’. Esto también habla de un modo de entender nuestro trabajo que no está bueno.

HM: Ah, sí, eso realmente molesta muchísimo. Yo he peleado a brazo partido por ese tema, en los distintos teatros en que he trabajado pero también en la televisión. Me interesó siempre tener las mismas posibilidades que los artistas que trabajan sólo para adultos. Creo que por ese tema particularmente no hice mucha televisión.

Hablando de televisión, ¿cómo cambió la relación de los espectáculos independientes respecto a los tanques que bajan de la televisión?


HM: Los tanques televisivos aparecieron y arrasaron con todo los dos últimos años. Esto no fue así históricamente. Hoy, el 70% de la calle Corrientes son espectáculos que bajan de los canales. Y bajan a las salas teatrales a hacer cosas que, si hay que hacerlas, se pueden hacer en cualquier lugar menos en una sala teatral que está dispuesta técnicamente para hacer otro tipo de espectáculos.

LP: A mí hace un par de años me propusieron hacer un programa en televisión y literalmente me dijeron que después se llevaba eso al teatro y que el 40% se lo quedaba la productora. Esto es algo muy de la Argentina de hoy. Lo he contado en otros países y se quedan con la boca abierta.

GH: Esto hace que uno se encuentre en esta posición de ‘gerente’ pensando en cómo le va a ir en relación a con quién va a competir, cuando algunos años atrás ni siquiera tenías en cuenta que existía una competencia. Otra cosa que apareció con estos tanques es que vemos espectáculos con mucha producción, con fuertes estrategias promocionales, pero que no están hechos por artistas.

Más allá de la tv como competencia, ¿se ven haciendo televisión para chicos en Argentina?


HM: Cuando hice televisión (Vivitos y Coleando, a fines de los ‘80) dejé el alma casi en los 40 programas. Fue una experiencia agotadora porque el aparato de producción de Canal 7 era una vergüenza, el canal todo era pura corrupción. No tenía ayuda alguna y así hacer un programa diario de una hora, un programa musical con dos o tres temas originales cada vez, era una barbaridad. Yo dejé el alma y el cuerpo ahí, adelgacé un montón. Así no quiero más. Pero sí me veo haciendo televisión nuevamente, con tiempo y con elaboración. Porque además la televisión requiere de mucha entrega.

LP: Yo he tenido en Argentina varias invitaciones para replicar la experiencia de México pero siempre hay un punto en el que soy muy puntilloso y que demora las cosas y es quién va a ser el titular de la lata después. Me preocupan los contratos que redactan los medios, sobre todo los del Estado, que hacen que sean los canales y no los creadores los dueños de las latas. Me ha pasado de pedir una lata y que me digan que fue usada para grabar otra cosa, y ahí se perdió un material único. Esa es una actitud nada inteligente, bien mezquina.

GH: Yo únicamente me veo en la televisión dentro de un espacio cultural. A nosotros nos lleva mucho tiempo la producción un espectáculo y las condiciones de la televisión son muy distintas. La verdad… no lo veo mucho.

A modo de cierre, les proponemos otro ejercicio, ahora de proyección. Imaginemos el número 200 de Planetario y un nuevo encuentro en unos aproximadamente diez años. ¿Qué creen que van a estar haciendo entonces?


GH: Supongo que haciendo lo mismo. Me apasiona mucho así que sí, haciendo lo mismo y mejor. Con menos esfuerzo espero.

HM: Yo me imagino en el campo, disfrutando de todo lo que el campo te ofrece, que es mucho y muy importante.

LP: Dentro de diez años y sacando cuentas, oscilo entre decir: “Ufa con las giras” y después, cuando estoy de gira, sé que me gusta. Entonces… supongo que teatro y cantar siempre me va a gustar estar haciendo y tengo además la suerte de escribir, es algo que puedo hacer en casa, así que me veo, me veo siguiendo en esto.

 

 

Tras bambalinas


A pesar de ser tres de los más destacados artistas de la escena infantil, era la primera vez que se juntaban para una entrevista. Se los veía entusiasmados de conocerse e intercambiar opiniones y experiencias.


Durante la charla se escuchaban atentamente, incluso se hacían preguntas entre ellos, como si al mismo tiempo estuvieran enseñando y aprendiendo de la experiencia del otro. Midón, tal vez por ser el de mayor experiencia, asumió el rol de moderador del debate cerrando cada una de las respuestas. Pescetti fue tal vez el más reflexivo, pensando cada respuesta y sorprendiéndose con sus propias palabras. Hochman estaba, al mismo tiempo, exultante y orgulloso de escuchar y escucharse.


Al momento de las fotos, en el foyer del Teatro, las risas, humoradas y elogios mutuos (también a la revista, por qué no decirlo) estuvieron siempre presentes. Cada uno, a su turno, pidió copias de las fotos. “De cholulos nomás”, decían.


Lo que ellos no saben es que los cronistas también pidieron sus propias copias.
De cholulos nomás.

 

 

Planeta Hochman


Actor, mimo, acróbata y director de teatro, Gerardo Hochman es referente indiscutido del nuevo circo en Argentina. A fines de los ‘80 integró el grupo de teatro Caleidoscopio y en los ‘90 fue director de La Trup, dos compañías que con sus propuestas renovaron la por entonces fervorosa escena cultural local.


En 1994 fundó su propia escuela de circo, La Arena, y desde entonces dirige su propia compañía, con el mismo nombre, con la que desarrolló un singular lenguaje que fusiona el circo, la danza y el teatro.

 

Algunos de sus espectáculos más recordados: Gala (1999), Bellas Artes (2000), Vibra (2002), Ronda (2004), Fulanos (2004), Sanos & Salvos (2006). En las últimas vacaciones de invierno presentó La Vuelta al Mundo, con Roberto Carnaghi y Paula Robles en los roles protagónicos. Actualmente está trabajando en su próxima producción Travelling, a estrenarse en el verano 2009.


En noviembre, sus espectáculos Sanos & Salvos, Fulanos y la nueva Kamuflash, se presentan dentro del Festival Vértigo en la Ciudad Cultural Konex.

 


Planeta Midón


Actor, autor y director de teatro, Hugo Midón es, sin lugar a dudas, el máximo referente del teatro para niños en Argentina. Creador, junto a Carlos Gianni, del teatro musical dirigido a los chicos marcó una tendencia en los espectáculos para niños que aún sigue vigente.


Dirige desde 1982 el Centro de Formación Teatral Río Plateado, donde da clases de teatro y comedia musical a chicos, jóvenes y adultos.


Su primer espectáculo, La Vuelta Manzana (1970) permaneció en cartel durante 10 temporadas consecutivas apostando a la inteligencia y la sensibilidad de los niños, renovando así la escena teatral infantil local.


Algunas de sus obras: Narices (1984), Vivitos y Coleando (1989), El salpicón (1995), Stan y Oliver (1997), La Familia Fernández (1999), Derechos Torcidos (2005), entre otras.


En septiembre estrenó en el Teatro Nacional Cervantes La Trup Sin Fin, que se repone en abril del año próximo, y está preparando un nuevo espectáculo para toda la familia a estrenarse en 2009 en el Teatro La Comedia.

 

 

Planeta Pescetti


Luis Pescetti es escritor, músico, actor, humorista, locutor y productor independiente. Pero lo que lo caracteriza no es tanto la multiplicidad de formas que adquiere para llegar a los niños sino su efectividad. Ya sea en sus libros, discos, espectáculos o a través de la radio, logra entrar en el código de los chicos apelando al humor y rompiendo los estereotipos a los que los tienen acostumbrados los medios masivos. Sus seguidores, chicos, padres y docentes, son verdaderos fanáticos que lo siguen a todos lados y se comunican con él a través de su blog en Internet (www.pescetti.com).


Es el ‘papá’ de dos de los más entrañables personajes de la literatura infantil y juvenil, Frin y Natacha. Sus libros se editan en montones de países y han recibido importantes premios. Vivió varios años en México, donde hizo cafés concert para adultos y radio y televisión para chicos.


Este año realizó ocho funciones en el Teatro Metropolitan, siempre con entradas agotadas. En noviembre realizará la presentación de su quinto CD Inútil insitir, su primer DVD No quiero ir a dormir (grabado en vivo en México) y un nuevo libro de Natacha, La enciclopedia de las chicas perla (Ed. Alfaguara).

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