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01-05-2005 |

Educación - Madres y Padres

Sopa de letras

La iniciación en el conocimiento de un segundo idioma a edad temprana presenta hoy una tendencia en ascenso. Los jardines de infantes bilingües ya no son un fenómeno particular sino que contemplan un aspecto de la educación cada vez más instalado. No obstante, las discusiones respecto a lo favorable o no de estas experiencias, no están cerradas.

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Por Marisa Rojas

 


En Argentina, y pese a la diversidad cultural de sus poblaciones primigenias, el idioma oficial es uno: el castellano. Quienes nacemos en el país tenemos por lengua materna, mayormente, el español. Las familias conformadas por miembros con distintas lenguas maternas, no son, en este rincón del mundo, lo habitual. No obstante, el aprendizaje de un segundo idioma, en gran parte el inglés, sí es un fenómeno común. Sin embargo, en los últimos cinco años, sorprendió el acercamiento de este idioma a niños de edades cada vez más tempranas. La oferta de jardines de infantes bilingües creció aceleradamente y, más recientemente, hasta se incorporaron clases de idiomas para bebés.

No obstante, precisamente cinco años atrás, los expertos aseguraban que un niño expuesto a dos idiomas desde pequeño tenía menos posibilidades de lograr aprenderlos correctamente que un niño monolingüe. Pero hoy, los mismos profesionales de las universidades de Harvard, Columbia y Washington, consideran lo contrario y aconsejan comenzar a aprender una segunda lengua a los tres años. La recomendación se basa en la importancia del proceso de aprendizaje de un idioma más para el conjunto del desarrollo psíquico del niño.

Cierto es que no hay nada más sofisticado que aprender un segundo idioma. Las estructuras idiomáticas son sistemas complejos que estimulan al cerebro; aprender más de un idioma posibilita desarrollar el doble de conexiones neuronales que las habituales, lo que a su vez permite una capacidad mayor, y más ágil, de pensamiento abstracto. Entonces: ¿afecta, la exposición temprana a una segunda lengua, la adquisición y el desarrollo correctos de la lengua materna?; ¿cuál es el momento indicado para comenzar a estudiar un segundo idioma? Estas, y otras preguntas, hicimos a especialistas en infancia y educación.

Para la licenciada Ana María Gesualdo, directora de la carrera de Fonoaudiología de la UBA, “Si un chiquito no tiene dificultades en el desarrollo de su lengua materna no hay motivos para oponerse a que se le enseñe, aún desde pequeño, una segunda lengua. En todo caso, no sería recomendable exponer el niño a una segunda lengua, materna u otro idioma, si tuviera algún trastorno del lenguaje por lo menos incipiente”. La licenciada en psicopedagogía María Cecilia Gabella, docente de educación preescolar, no duda en señalar que, “en casos de existir retraso del lenguaje, debe favorecerse la apropiación de la lengua materna”. De todos modos, la psicopedagoga considera que “el aprendizaje formal de una segunda lengua a edades muy tempranas, podría dificultar la correcta apropiación de la lengua materna”. Para Gabella, el momento para aprender una segunda lengua es el posterior a haberse apropiado de la lengua materna, es decir, los últimos años del nivel inicial. Una posición similar es la que sostiene la profesora de letras (UCA) y docente del colegio Chaltel, Rita Corigliano, quien sostiene que “partiendo de la premisa de que siempre es beneficioso el conocimiento de una segunda lengua, debe considerarse que lo primero que debe afianzar un niño es su lengua materna. Cuando se han afianzado la oralidad y la escritura de ésta, entonces sí puede iniciarse la etapa de formación de una segunda lengua”.

Sin embargo, para Marcela Prunes y María Elena Iglesias, profesoras que desarrollaron una metodología de trabajo para enseñar inglés en el jardín de infantes, cuanto antes se comience, mejor. “El cerebro del recién nacido es como un conjunto caótico de neuronas que no están conectadas unas con otras y esperan a ser estimuladas, dirigidas e interconectadas según patrones lógicos. Por ello, si un niño aprende una segunda lengua o a tocar un instrumento musical a una edad muy temprana, las conexiones para realizar tal tarea son muy claras. Más adelante, ese mismo aprendizaje le llevará más tiempo hasta establecer la conexión adecuada. Los niños necesitan exposición al lenguaje y cuanto más temprano mejor”, enfatizan las docentes, y agregan: “la licenciada Elissa Newport -psicolinguista de la Universidad de Roochester (Nueva York)- ha descubierto que ‘la ventana de oportunidad para adquirir un lenguaje comienza a cerrarse alrededor de los 6 años, y la apertura se hace más pequeña por cada año cumplido’; por esto consideramos que las escuelas deberían repensar la decisión de esperar a enseñar una segunda lengua hasta que la lengua materna haya sido adquirida. De esperar, el costo a pagar es el de haber llegado al punto en que la oportunidad de dominar acabadamente una segunda lengua esté casi cerrada”.

De un modo similar aborda el tema la profesora María Marta Suárez, cofundadora y directora de IACA Holistic English Institute: “Nosotros trabajamos con niños desde los cuatro meses de vida porque, al empezar tan temprano, logramos aprovechar el primer año que es cuando el bebé construye su mapa mental fonológico; y también los tres primeros años que es cuando grabamos las estructuras gramaticales, de cualquier idioma, de modo natural. Así posibilitamos que cuando ese niño sea un adolescente o un adulto y dialogue en inglés lo haga automáticamente, sin pensar”. No obstante, Suárez reconoce que está comprobado que la persona que aprende dos idiomas al mismo tiempo tarda en comenzar a hablar. “Pero esta tardanza es de alrededor de unos tres meses, en relación a la persona expuesta a un solo idioma, y en verdad este es un período de tiempo que no tiene comparación con los beneficios intelectuales que representan el tener conocimiento de más de una lengua”, sostiene la profesora. Sin embargo, la fonoaudióloga Gesualdo advierte, “habría que ver respecto de esta tardanza qué tipo de modificación se sufre por este retardo, en que aspecto se retrasa el desarrollo del lenguaje”.

Otra de las cuestiones que se debaten en relación a los beneficios y/o perjuicios de la enseñanza temprana de un segundo idioma, es el hecho de posibles desviaciones en la correcta adquisición de la lengua materna. “En general se endilga al hecho de que los chicos estudien un segundo idioma, el mal manejo, en especial de la escritura, de su lengua materna. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo; el mal de-sempeño respecto de su lengua materna está relacionado con el modo en que los niños han adquirido ésta. A veces los chicos no pueden aprender inglés, gramaticalmente, porque en realidad, de base, no conocen su propio idioma. Si el niño desconoce qué es un pronombre en castellano, que es su lengua materna, difícilmente puede acceder al concepto en inglés”, explica Corigliano.


Inglés con (para) bebés

Una mención particular respecto a la última cuestión abordada merece la experiencia del programa de IACA denominado ‘All english for babies”. Se trata de una experiencia educativa por la que se acerca a los bebés al inglés a partir del cuarto mes de vida, así lo explica la directora de estudios del instituto: “Nosotros no damos clases a bebés sino que, a través de encuentros regidos por el afecto, repetimos la experiencia natural del bebé cuando aprende su lengua materna, esto es: lo vinculamos con seres que, a través del juego, se comunican con él verbalmente. Es un encuentro para que los bebés jueguen con sus papás y con otros bebés. La docente es una facilitadora de los juegos; y no es necesario que los papás sepan inglés porque ella los acompaña de modo tal que el papá que no sabe imita y por imitación entiende. Realizamos los encuentros una vez por semana durante 45´, aparte los papás tienen Cds de audio, en inglés, para que los bebés escuchen diariamente en casa: son canciones, cuentos, rimas. En los encuentros el niño recibe el inglés del docente para entender lo que a diario escucha en casa del mismo modo que incorpora la lengua materna a través de la escucha de las conversaciones de los otros a su alrededor. Pero estamos hablando de una situación donde la carga horaria de uno y otro idioma es tan diferente que no hay riesgo que el aprender inglés interfiera con el aprendizaje de la lengua materna”.


Inglés en el Jardín

Marcela Prunes y María Elena Iglesias han desarrollado una metodología de trabajo mediante la cuál enseñan a otras maestras cómo es enseñar inglés en un jardín de infantes. Y cuentan a las mamás qué significa realmente que sus pequeños ‘aprendan´ inglés.

“Cuando los chicos vienen a casa cantando una canción en inglés lo usual es que las mamás, sorprendidas y orgullosas, comenten: ‘¿viste qué rápido aprenden los chicos?; ¡Cómo saben inglés, y tan chiquitos!’. Efectivamente, los chicos aprenden muy rápido, máxime si se trata de una canción, pero, de igual modo, olvidan muy rápidamente. Enseñar inglés en jardín es una actividad que no cualquier docente puede realizar exitosamente. Aún cuando estén preparadas para manejar las diferentes salitas en castellano y tengan sólidos conocimientos del idioma extranjero, esto no significa que tengan las herramientas adecuadas para transferir conceptos lingüísticos a los más pequeños. Aprender una lengua extranjera no significa recitar de memoria un cuento sino poder comunicarse con el otro, saber preguntar y poder responder. Por esto, es importante que se enseñe desde una metodología adecuada a cada edad y con diferentes actividades”.

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