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01-01-2005 |

Crianza - Madres y Padres

Preguntas difíciles

Las preguntas relacionadas con la sexualidad resultan, muchas veces, difíciles de responder. En una época en la que los chicos se encuentran expuestos a una gran diversidad de mensajes confusos y contradictorios, provenientes sobre todo desde los medios de comunicación, los especialistas recomiendan contestar clara y sinceramente, de acuerdo a los valores de cada familia.

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Por Marisa Rojas



“La creencia popular de que el instinto sexual falta durante la niñez, no apareciendo hasta la pubertad, es un error cargado de graves consecuencias”, escribió Freud. Todas las personas nacen con un sexo y una sexualidad. Esa sexualidad irá madurando y transformándose a lo largo de la vida; de ningún modo puede, en momento alguno, desconocérsela. Los niños tienen impulsos sexuales e indagan en su sexo desde pequeños, se miran y miran a otros, juegan, se acarician y preguntan. Para los chicos es una cuestión más que los atrae, pero para los adultos resulta un tema mayormente difícil de encarar. “Los chicos han preguntado desde siempre por cuestiones relativas a la sexualidad; los que no hemos estado siempre para responder somos los adultos. No hemos respondido porque no sabíamos qué responder”, explica el Dr. Juan Carlos Kusnetzoff, sexólogo.

Los especialistas coinciden en que los misterios del sexo incitan la tan natural curiosidad de los niños, que se trata de un tema más entre tantos otros, y que esto no debe ser motivo de alarma para los padres. No obstante, muchos papás y mamás reconocen su estupor cuando los chicos preguntan: ¿cómo se metió mi hermanito en tu panza?; ¿por qué papá y vos se besan en la boca?.

A partir de los tres años de edad los niños y niñas descubren sus genitales y observan las diferencias entre sexos, es lo que la psicología denomina ´etapa fálica´. En primera instancia la niña presta menor atención a sus genitales -que no están a la vista-, interesándose por los de los varones que son más visibles. Hasta los seis años pueden observarse juegos sexuales entre los pequeños, luego aparecen las primeras manifestaciones de pudor y deseo de la intimidad corporal.

“Cuando el chico comienza a explorar su cuerpo y manifiesta curiosidad por el cuerpo del otro, se interesa por preguntar, centralmente, por la reproducción. Lo recomendable es, siempre, responder con la verdad, teniendo en cuenta el medio y edad del chico; y claro, hacerlo breve y concretamente, si el chico necesita más va a seguir preguntando”, señala Kusnetzoff. Para Marcela Czarny –licenciada en Ciencias de la Educación, directora del sitio de Internet Chicos.net; y co-autora, junto a Andrea Urbas y Mariela Reiman, del libro Estás creciendo-, “por más ingenuos que sean, todos los chicos se hacen preguintas. Lo ideal sería que los papás estén receptivos a las dudas de sus hijos, de esa manera los chicos podrán sentir que le brindan un espacio de contención”.

Pero, ¿qué sucede si no hay preguntas? ¿Los padres deben adelantarse a las inquietudes de los hijos? Y en caso de interrogantes a los que no se sepa qué responder, ¿cómo actuar? Las dudas son muchas. “Cuando no hay preguntas no hay que hostigar a los chicos con información. Lo peor que se puede hacer es empacharlos con clases magistrales que los aburrirán. Tampoco es recomendable huir de la cuestión descalificándolos, diciéndoles que son temas que no les interesan o que lo aprenderán cuando sean más grandes. Hay que explicar siempre de un modo claro, con esquemas, si es necesario con dibujos, con ilustraciones; en cualquier librería de la ciudad hay libros adecuados a las diferentes edades donde cualquier padre se puede informar”, comenta el sexólogo. Para Czarny, “si los chicos no preguntan no hay que insistir porque son temas que cada persona procesa a su manera y con sus propios tiempos”.


¡Socorro! ¡Estoy creciendo!

Durante la pubertad los chicos y chicas asisten a cambios corporales que hacen que muchos de los interrogantes asociados a la sexualidad, abandonados durante la primera infancia, se transformen en nuevas inquietudes. Se trata de un período de la vida donde los cambios, en particular para las nenas, son muchos más visibles, la separación de los sexos y las dudas adquieren por ello otras características. Las preguntas giran alrededor de los cambios corporales al estilo de: ¿cuándo me toca usar corpiño?; ¿por qué me sale el bigote?; ¿por qué tengo pelos en las axilas?; ¿por qué sangro?

Para la Lic. Czarny, “entre los 9 y los 12 años los varones preguntan muy poco; el interés está puesto mayormente sobre el otro sexo, en ver una mujer desnuda por ejemplo; no tanto en los cambios de sus propios cuerpos. En el caso de las chicas la situación es totalmente distinta. Las nenas preguntan con mucha fantasía del tipo ‘estoy enferma’, ya sea porque no les crece el busto o porque les crece demasiado, porque les viene o porque no. Y también sobre la relación con la mamá, sobre lo que ellas quieren hacer y la mamá no las deja –por ejemplo, depilarse-, o sobre lo que les da miedo o vergüenza preguntarle”. Es durante este período que Kusnetzoff observa, respecto del modo en que la sexualidad es mayormente abordada por los padres en relación a sus hijos, distintos vericuetos de la represión. “En este sentido, explicar la menstruación como una enfermedad, por ejemplo, es intentar asociar la sangre, algo normal fisiológicamente, con una herida, con algo grave”, señala.

Se trata por ello de apuntar a un conocimiento del cuerpo, del propio y del otro, como base para un desarrollo corporal y sexual tranquilo y gozoso. “Los papás, dijimos antes, deben esperar a que los chicos cuando son pequeños pregunten, pero también es cierto que en esta etapa si uno puede informarlos, en la medida en que vea en que eso es permeable y posible con los caracteres de los chicos, sobre lo que les pasará, ellos van a estar mucho más tranquilos para esperar y recibir los cambios”, subraya Czarny.


Educación Sexual: ¿Sí o no?

La educación sexual es obligatoria desde mediados de siglo pasado en países como Alemania, Dinamarca, y Suecia; también en algunos estados de los Estados Unidos; y en los Países Bajos e Inglaterra, aunque no está oficialmente admitida, se la promueve. En la Ciudad de Buenos Aires, durante el 2004 la Legislatura porteña debatió intensamente dos proyectos relacionados con la posibilidad de establecer por ley la educación sexual obligatoria en las escuelas de la ciudad.

Más allá de las diferencias entre ambos proyectos (sobre la necesidad o no de fijar determinados contenidos básicos y de los modos de implementar tal enseñanza), el tema aún no está concluido y la polémica continúa vigente. Para algunos, sobre todo los sectores vinculados a la Iglesia y la educación religiosa, el tema debe ser de exclusiva incumbencia de la familia, ya que se enmarcaría en el espacio de lo privado e íntimo. Del otro lado se encuentran quienes avalan la idea al considerar que se trata de asegurar el derecho de toda persona a recibir educación sexual en todos los niveles y establecimientos educativos.

Para la Lic. Czarny “una ley garantizaría que todos los chicos tengan un mínimo de educación sexual. Está bien que sea un tema de la familia, pero el problema es que hay cientos de familias donde el tema no se menciona, donde no hay posibilidad de conversar al respecto, donde la familia no existe como ámbito de contención. Entonces la escuela, en este mundo contaminado de Sida, con la cantidad de embarazos y abortos adolescentes que se suceden, no puede dejar de considerar brindar una educación básica”. Por su parte, el Dr. Kusnetzoff opinó que “la enseñanza es una absoluta y total necesidad humana. La Unesco ha indicado muy claramente que hoy enseñar los pasos de la educación sexual está en el mismo nivel que enseñar a leer y escribir, por lo tanto ya es tiempo de que dejemos de dar vueltas y nos pongamos a trabajar al respecto. Se trata de siglos de represión que no se van a eliminar por decreto ni tampoco fácilmente, claro, pero en algún momento y por algún lado hay que empezar a abordar el tema.”

En la sesión en que se trató el tema en la Legislatura, ninguno de los dos proyectos reunió los votos necesarios para su aprobación. Ahora, el tema quedó para otro período. De los legisladores depende si se ponen a trabajar en un proyecto con mayor consenso o si miran para otro lado.


Juego de niños

Como instancia misma de su maduración, los niños investigan el propio cuerpo desde muy pequeños. A partir de los seis meses –momento en que pueden lograr mantenerse sentados y así explorar su cuerpo ayudados por la vista- es posible observar a los niños y a las niñas acariciando sus zonas más sensibles. Se trata del primer juego sexual que irá en aumento hasta los dos años de edad, se establecerá entre los tres y los cuatro y reaparecerá hasta aproximadamente los seis. Lo importante es entender que se trata de un fenómeno natural; no alarmarse y no reprimir a los chicos. Los especialistas indican que lo peor que puede hacerse es estar pendiente del niño en esa situación. También es importante descartar, ante todo, que no se trate de una irritación local de los genitales; controlar que no se lastimen y poder establecer pautas de convivencia al respecto. Para Kusnetzoff, “es parte de los grandes tabúes que rodean la sexualidad humana, esos que los padres deben abandonar”.

 

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