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09-07-2016 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Música y colores para volar

"Mundodanza" es el nombre de la obra que creó la coreógrafa Laura Falcoff con el objetivo de poner al alcance de chicos y grandes el universo de la danza contemporánea. Entre tules de colores y máscaras venecianas que contagian las ganas de danzar, bailarinas y bailarines se permiten tener sueño, enojarse, hacer chistes y, por supuesto, jugar el juego de bailar.

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Por Gabriela Baby

Fotos: Carlos Villamayor

 

El Galpón de Guevara es un espacio enorme donde la espera por el comienzo de la función se convierte en juego: hay mesas de ping pong y metegol, sillones y una barra que ofrece café y tortas. A las 17 horas, cuando se corren las cortinas que dan acceso a la sala, se abre un pasaje a un mundo diferente: Mundodanza, un universo de colores y movimientos donde seis bailarines arman y desarman distintos juegos con un lenguaje simple y ágil, sin solemnidad. Hay dúos románticos y humorísticos, tríos con mucha energía, chicas que se disputan un muchacho y otras aventuras escénicas de artistas que se permiten un trabajo físico y expresivo profundo y, a la vez, descontracturado. Un trabajo donde las convenciones de la danza son puestas en tensión: ¿Qué hacer con los tutús y las bailarinas clásicas? ¿Y con la música ¡tan clásica!? ¿Quizás sea conveniente, se pueda acaso, probar otros sonidos? ¿Y qué sucede si estornudamos y nos reímos mientras bailamos? Así, Mundodanza pone en escena intenciones y deseos de los bailarines, en contacto vital y cómplice con el público.

 

Laura Falcoff, creadora y directora de la propuesta, cuenta aquí cómo fue el proceso para poner en danza este nuevo mundo de colores y sonidos.

 

Hay pocos espectáculos de danza para chicos, ¿por qué sucede esto?

 

Es cierto que la danza prácticamente no figura en el abanico de espectáculos para chicos, pero no tengo una explicación para esto. Quizás es algo que sucede porque no hay, ni aquí ni en otras partes del mundo, muchos coreógrafos que consideren que la danza es un género atractivo por explorar para los niños. De todas formas, debemos reconocer que a pesar de lo poco que se ha hecho en este sentido en los últimos, digamos, diez años, como por ejemplo varias obras de ballet clásico adaptadas para niños en el Konex, o El carnaval de los animales de Oscar Araiz en el Teatro Colón, sí ha habido una inmensa cantidad de público viendo estos espectáculos. Personalmente, creo que todos los chicos disfrutan con la danza. Cuando mis nietos –tengo seis- ven las películas musicales de Hollywood de las décadas del ‘40 y ‘50 que tengo en casa, les gustan muy especialmente las escenas coreográficas. Quizás no es más que un círculo vicioso: no se ofrecen obras de danza para chicos porque no se las busca y no se las busca porque no se las ofrece.

 

¿Qué propone Mundodanza? ¿Y qué elementos o ideas lo hacen un espectáculo "para niños"?

 

Para empezar por el principio-principio tengo que decir que fue una obra por encargo: Vanina Judkovsky, una ex alumna de la Escuela Río Plateado de Hugo Midón, donde yo dicté durante muchos años las clases de movimiento, estaba al frente del Festival para Gente Chica que incluía todos los géneros excepto la danza, hasta que para la edición 2012 me propuso crear una obra. Así nació Mundodanza.

 

¿Te propusiste entonces un tema o un argumento específico para la obra?

 

Tuve claro desde el principio que me era imposible hacer una obra con argumento. En mis trabajos con Midón y otros directores las coreografías estaban al servicio de argumentos y músicas establecidos de antemano. Pero ahora, ¡ya que estaba!, mi interés era pensar una obra para chicos sólo desde la danza. Comencé con una elección, digamos, formal: decidí que fuera un elenco de seis bailarines por cuestiones prácticas: cuatro eran pocos pero ocho eran demasiados para los costos de producción. Sobre la base de seis bailarines armé un dúo, dos tríos, un cuarteto, un sexteto y seis “solos”. Y además, conecté estos números con un “ritornello”, es decir una escena que se repite con ciertas variaciones.

 

Y que tiene efecto humorístico en algún momento…

 

Sí, la obra está muy recorrida, aunque no exclusivamente, por el humor. Y también hay algunas muy, muy, cariñosas humoradas sobre el ballet clásico. Además, para cada dúo y cada trío pensé una pequeña idea-núcleo: por ejemplo, tres bailarinas muy líricas que bailan siempre unidas; tres varones que son rivales de una manera disparatada; un dúo bastante romántico en el que ella es muy escurridiza; un cuarteto de tres chicas y un muchacho que tiene un sutil espíritu de reivindicación femenina, entre otras ideas.

 

¿Qué motivó la elección del repertorio de la obra?

 

A partir de las ideas coreográficas buscamos la música. Tuve una colaboradora fantástica, Mariana Vergara, que trabajó conmigo en la primera etapa, ella conoce mucho del folclore universal y buscó temas que sirvieron fantásticamente a las necesidades coreográficas. También tenemos música de Mozart y un minué de Paganini. Además mi hijo, Nicolás Villamil, compuso la música del dúo romántico y seis temas de 45 segundos cada uno para cada “solo”.

 

Hay algo de actuación en los bailarines, ¿esto es parte de la danza contemporánea, una decisión creativa personal o tiene que ver con el idear un "espectáculo para niños"?

 

 

Más que actuación yo lo llamaría “interpretación” de ciertas emociones o sentimientos, un aspecto sobre el que insisto mucho en los ensayos. Por ejemplo: en la bailarina clásica, durante la escena en la que le impiden bailar hay reacciones de mal humor que tienen que ser claras pero nunca exageradas. Porque lo que verdaderamente más me importa es que la expresividad de los bailarines carezca de manierismos, de afectación, de gestos y convenciones de cierto malentendido del “teatro para niños”. Mi deseo más grande, por otra parte, fue no hacer una obra “infantil” sino una obra que pudieran disfrutar chicos y grandes.

 



PLANETA FALCOFF
Laura Falcoff es coreógrafa, docente, investigadora y crítica de danza. Se formó desde la infancia en diferentes técnicas de danza contemporánea y en ballet; también estudió tango y folklore argentino. Entre sus maestros se cuentan: Patricia Stokoe, Graciela Luciani, Renate Schottelius, Ana y Angélica Marini, Luis Baldassarre, Alicia Zalazar. Como coreógrafa dirigió su propio grupo en la ciudad de La Plata en la década del ‘80 y trabajó con directores de teatro como: Hugo Midón, Héctor Malamud, Pompeyo Audivert y Kado Kotzer. También creó, dirigió y estrenó espectáculos en: el Centro de Experimentación del Teatro Colón, para el Festival de Tango de Buenos Aires, la Expo Shangai, en China; el teatro CICCA de Las Palmas, en Islas Canarias; el Auditorio SODRE de Montevideo y las ciudades francesas de París, Grenoble y Lyon.


Bailarines del Mundo
En Mundodanza ponen el cuerpo: Flor Alonso, Camila Florines, Katia Pazanin, Exequiel Etelechea/Joni Buk, Lucas Mauriño y Maxi Navarro, todos formados en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín.  El vestuario es de Nora Churquina y las luces son de Magalí Perel. La música original es de Nicolás Villamil y el diseño gráfico de Ignacio García Lizziero. Mundodanza fue nominada para los Premios ACE y Teatro del Mundo y fue presentada en Hasta Trilce, la Usina del Arte, el Teatro Sarmiento y el Teatro York de Olivos. En el mes de julio hace funciones los domingos, a las 17hs, en El Galpón de Guevara: Guevara 326, Chacarita. Entradas desde $120. Tel.: 4554-9877.

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