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01-05-2011 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

¡Música, maestro! Y arriba el telón

Músico y docente, Carlos Gianni es el autor de la mayoría de las melodías más aplaudidas y tarareadas del teatro para chicos en Argentina. Su genio supo fusionarse con el de Hugo Midón para crear espectáculos musicales infantiles que fueron hito. Hoy, trabaja en la difusión del trabajo de la dupla para las nuevas generaciones, y continúa creando junto a poetas como Silvina Reinaudi.

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Por Marisa Rojas



En 2010 estrenaste Esto no es serio, con libro de Silvina Reinaudi, con quien ya habían trabajado, entre otras ocasiones, en La Fila y, a fines del año pasado, en la Cantata del Bicentenario. Sin embargo, la dupla creativa más conocida es la que formaste con Hugo Midón, tu nombre se asocia directamente al de él y el de ambos al teatro musical infantil…

Siempre trabajé con poetas y autores de texto de primerísimo nivel, como fue Hugo, como es Silvina, como fue Daniel Aguilar. Trabajé con los más. Tuve ese privilegio, y esa suerte, porque un buen texto despierta muchas ideas musicales.

¿Cómo, y cuándo, comenzó esta historia que te ubica hoy como uno de los mayores referentes del teatro musical infantil?

Todo comenzó con La vuelta manzana, el espectáculo que estrenamos con Hugo en el Teatro Regio en el año ‘70. Eso fue una patriada, un desafío y una aventura, porque era la primera cosa que él escribía, y la primera que yo hacía para teatro. Nosotros nos conocíamos del estudio de la coreógrafa Patricia Stokoe, él tomaba clases de movimiento con ella y yo trabajaba allí proveyendo la música de las clases. Él vió que yo era bastante hábil para la improvisación, para los juegos musicales, para hacer música de distintos estilos… Me propuso, entonces, escribir música para un espectáculo para niños. Y yo, por supuesto, salí corriendo porque no tenía la menor idea de qué me estaba hablando. Pero después entré en razones: yo trabajaba con chicos en las clases y estaba haciendo música todos los días, aunque sin mostrarla en un escenario. A partir de eso nos juntamos con un grupo de actores y la coreógrafa (Mónica Penchasky), durante casi un año a hacer improvisaciones sobre distintos oficios con distintos elementos. Ese fue el origen de La Vuelta… Recuerdo que en el estreno, y para sorpresa nuestra, la gente aplaudió. Nosotros habíamos pedido prestado dinero para poder hacerlo y tuvimos la fortuna de devolverlo en un mes. Luego hubo diez años de funciones.

Entonces ya no tenías dudas sobre que podías hacer música para teatro para chicos…

Ahí empezamos a creer que eso podía ser. De todas maneras, durante un tiempo, tanto Hugo como yo estuvimos reglados, en cuanto a la creación, por las opiniones de maestros, psicopedagogos, psicólogos. Teníamos asesoramiento y críticas de gente de educación. Hasta que en un momento, que coincidió con la vuelta de la democracia, empezamos a hacer un teatro con un estilo más personal. A partir de Narices sacamos todo afuera, desempolvamos lo que estaba tapado e hicimos un espectáculo que hablaba de la libertad de los demás y, curiosamente, de nuestra libertad en la creación. Fue entonces cuando empezamos a creer mucho más en nuestras posibilidades. Después de toda una década de trabajo y de haber hecho muchos espectáculos, sentimos que empezábamos a ser nosotros. Ese fue el comienzo de los creadores con fe en lo que estaban haciendo.

Hablaste de la mirada pedagógica que ha marcado, y mucho, al teatro para chicos, ¿cómo fue eso de ir más allá de lo que debía ser dicho, o no, para los niños?

Cuando las maestras venían al espectáculo y nos decían: “¿a usted le parece que los chicos van a entender esto?”, nosotros les contestábamos que cada uno entiende desde su mirada. Los espectáculos que hicimos con Hugo han sido, son, para todo público. Porque cuando viajamos con un chico, un anciano, uno de mediana edad y un joven a ver un paisaje, todos vemos lo mismo pero cada uno asume y lo comprende desde su formación, desde su visión y desde su edad.

¿La subestimación del niño como espectador fue modificándose a través de los años? Los trabajos que ustedes estrenaron en los ‘80 siguen teniendo vigencia aún hoy…

Nosotros hicimos un teatro que desde el comienzo jerarquizó al espectador al que iba dirigido. En general se dice: “hay que respetar a los niños y tomarlos como seres pensantes”, pero en el momento de la realización a veces eso no se cumple. No siempre los distintos lenguajes, cuando se trata de espectáculos ‘para chicos’, se tratan en profundidad. Nosotros trabajamos en general con los mejores escenógrafos, las mejores vestuaristas. Se trató de hacer la música con la jerarquía que tiene en los musicales para adultos. Sin pensar nunca en diferencias de costo o de esfuerzo. Los ensayos de nuestros espectáculos eran iguales que los de un espectáculo musical para adultos, tardábamos el mismo tiempo en estrenarlos, trabajábamos con la misma sensación de prolijidad. Y creo que esto fue un poco el punto que hizo que el teatro de Hugo fuera tan reconocido, porque estaba hecho con una rigurosidad que a veces no se utilizaba en el teatro para niños. En general, parecía que para los chicos había que hacer dos marionetas y vestir al actor con un traje negro. Nosotros fuimos por otro camino.

Hablando de caminos, acabás de llegar de un viaje.

Vengo de Córdoba porque allí estamos montando el espectáculo Derechos torcidos, con dirección y puesta en escena de Rubén Segal. Estoy trabajando como director musical con los integrantes de La Comedia Juvenil de Córdoba, a los que se han sumado algunos chicos que viven en situación de calle, chicos de institutos, algunos con una mínima preparación artística por haber participado de algunos talleres y otros no; pero son todos chicos que gustan de pertenecer a este juego teatral que les hemos propuesto, que es un juego divertido pero que también exige esfuerzo y trabajo. La propuesta es estrenar en agosto en el Teatro Real, y después sacarlo a algunos otros lugares de la provincia. Al mismo tiempo, hay una gente de Tucumán que también está trabajando en una puesta de Derechos… Y esto porque estamos tratando de difundir nuestro trabajo en los lugares donde no se conocía la obra que realizamos con Hugo, y hacer como que seguimos trabajando y seguimos adelante, lo cuál en las actuales circunstancias es doblemente emotivo. Porque cada cosa que estamos haciendo, cada cosa que pensamos y cada cosa que modificamos, es una vuelta atrás en el pensamiento a aquel momento en el que lo estuvimos construyendo con él.

¿Cuáles son las problemáticas o desafíos del compositor de música para chicos?

Yo tengo una manera de componer que fui entrenando y descubriendo en el camino. Mi propuesta cuando trabajo para los chicos es, primero, buscar en mí el chico que queda, que trato de tenerlo vivo lo más posible. Y ese chico me demanda una música con cambio, porque los chicos son muy cambiantes. Por eso, en mi repertorio, en el medio de una canción aparece un ritmo que la hace más lenta, pero luego se vuelve más rápida; y en el medio de un espectáculo hay una chacarera, hay un blues, hay un tango. Hago un trabajo de juego, de variación, porque me parece que parte de la esencia de los chicos es el cambio. Eso de estar acá, muy profundamente, para enseguida estar en otro lado, también muy profundamente. Por eso, además de juego y cambio, yo trato que mi música tenga profundidad. Y, también, que tenga algo que me parece inherente a todos que es la emoción. La emoción no significa llorar, la emoción significa conmoverse ante las propuestas: a partir del juego, a partir del cambio. Esa es mi propuesta para la composición.

¿Y cuáles son tus influencias?

Después están las fuentes. Yo estudié muchos años música erudita, y en algunas cosas se percibe algo de eso, aunque trato que no suceda. También son mis fuentes la música que escuchaba como adolescente: el jazz, la música brasilera, el folklore argentino y algunas músicas que tenían que ver con las etnias, música española, italiana, todo eso. No soy rockero, pero a veces escribo un rock. Aunque lo que más vivo es el mundo de la música de la comedia musical, la música de los musicales y de las películas de los años ‘70, ‘60 y ‘50 y pico.

¡Todos clásicos! Como son hoy, para muchos de los nacidos desde los ‘70 en adelante, tus canciones… ¿Cómo se siente ser ‘un clásico’?

Primero, es una maravillosa sensación. Y después, una cosa de extrañeza. Porque cuando uno está creando no está pensando en lo que va a suceder en el desarrollo y la evolución futura de esa creación; uno está pensando en el momento para aquello que lo está escribiendo, sea un espectáculo o una clase o un juego. Pero siempre es una gran felicidad, porque quiere decir que se mantiene vivo aquello que uno hizo ya hace un tiempo. Y la sensación más sublime que tiene un creador es ser trascendido por su obra, que es un poco lo que está sucediendo en este momento con el trabajo de Hugo.

¿Es correcto definirte como un músico ‘especializado en música para chicos’?

Yo siempre me defino como músico y docente. La especialización fue producto de la tarea. Y los que me ven como especialista son los otros, no yo. Porque yo no hice ningún master en música para niños. Creo que la música para niños no existe, es aquella que tiene algunas características que el autor y el compositor le dan para que sea consumible por los chicos: el cuidado de los textos, por ejemplo. Pero la música es la misma. Los sonidos y acordes que se utilizan para componer para niños son los mismos que se usan para trabajar para adultos, no hay secuencias prohibidas para menores de edad. Obviamente, cuando estamos pensando que lo va a escuchar un chico de 5 años, nos proponemos que lo pueda apreciar y que pueda manejar su conciencia en función de determinado tipo de música. Pero los que hacemos un estilo de música que tiene que ver con estas características creemos que la música es una. Beethoven, el tango, el Himno Nacional, Rasguña las piedras, son músicas para todos y cada uno lo toma con las posibilidades de su comprensión.

Gianni 2011

Junto al montaje de Derechos Torcidos en Córdoba, Carlos Gianni prepara para la temporada 2011 la reposición, y gira por el interior del país, del espectáculo de Silvina Reinaudi que, con dirección de Enrique Federman, estrenó en 2010: Esto no es serio. “Aún no tenemos sala definida pero estamos trabajando para hacerlo en un predio de la provincia de Buenos Aires. También vamos a hacer funciones en La Plata y viajaremos al sur, vamos a ir a jugar a Comodoro Rivadavia, y visitaremos la provincia de Mendoza”, cuenta el autor de la música y director musical del espectáculo que protagonizan Marcelo Albamonte, Denise Cotton, Mariela Kantor y Jorge Maselli. Los mismos cuatro actores-cantantes que en 2011 también van por una nueva temporada, en el Museo de los Niños Abasto, con Los Cantayasos, un espectáculo en el que en clave de humor, con sencillez y mucho amor, los clowns interpretan las obras del repertorio de Gianni.

Planeta Gianni

Músico y docente, de acuerdo a sus propias palabras, Carlos Gianni estudió en el Conservatorio Gaito, en el Collegium Musicum y en la Facultad de Bellas Artes de La Plata. Pero también es compositor, director musical y especialista en improvisación musical. Dio clases en distintos colegios e hizo muchísimos talleres para docentes en la ciudad de Buenos Aires y en localidades del interior del país; durante casi dos décadas fue Coordinador del Área de Música de un profesorado de maestras jardineras. Recibió varios premios y ha sido reconocido por la crítica y el público.

Junto a Hugo Midón, y durante cuarenta años, formó la dupla más exitosa del teatro musical para niños de Argentina. Aunque también trabajó para televisión y para otros creadores como Silvina Reinaudi y María Inés Falconi. Es el autor de la música de los espectáculos: La vuelta manzana, Locos recuerdos, Huesito Caracú, Playa Bonita, Sietevidas, y las más recientes, Chiches, La fila y Esto no es serio, entre otros. Compositor de clásicos que conocemos todos, como ese que dice: “Al agua pato, pato, sin los zapatos, patos. Al agua pato, pato, y al agua pez”.

Más info: www.440pm.com

 

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