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01-01-2002 |

Cultura - Madres y Padres

Móvil de Arte

Hace 18 años que Ana Villarreal y Gabriel Guiñazú encontraron una forma de expresar su amor por los niños. En un camión cargado de cuadros, libros, música y poesía recorren el país ofreciendo conciertos y talleres de arte. Ya visitaron más de 750 escuelas y miles de chicos se asombraron ante la llegada de este increíble museo ambulante.

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Por Ariel Saidón



El pintor pinta cuadros, el poeta escribe poemas. Sin embargo, la obra de un artista no siempre queda perpetuada en objetos que se muestran en museos y salones de arte. Tal es el caso de Gabriel Guiñazú, que hace todo eso pero cuya verdadera obra es el camión, pintado por chicos de todo el país, con el que lleva arte y solidaridad a los lugares más remotos. Una especie de gran instalación ambulante, una permanente exposición multidisciplinaria.

"Para mí la primer obra de arte es el hombre: sus gestos, sus miradas, sus caricias, sus palabras. Los objetos de arte siempre me sirvieron como herramientas: el cuadro electrodo, la escultura taladro, para abrir las mentes de los chicos, para meter en sus corazones algo distinto. Pero nunca un fín en sí mismo", dice.

En 1983, con sólo 22 años, decidió echar a andar su proyecto. Cargó algunos cuadros en un viejo camión que compró con dinero prestado y salió a recorrer la Argentina junto a su compañera, la pianista y profesora de música Ana Villarreal. En cada lugar donde hubiera una escuela, Gabriel realizaba sus talleres de plástica y Ana presentaba sus conciertos de música clásica, folklore y rock para todos los chicos. A medida que hacían realidad su sueño, fueron construyendo su familia. Amparo (11 años), Ludmila (5) y Lucio (3) acompañan a sus padres cada vez que pueden, aunque en época de clases se quedan al cuidado de sus abuelos.

Dieciocho años después, el Móvil de Arte sigue andando caminos. Ahora en un moderno camión que presta Volkswagen y al que YPF le carga el combustible. Realiza un promedio de siete viajes por año y visita más de 50 escuelas. Cuadros, esculturas, música y poesía son su principal cargamento aunque también lleva ropa, juguetes y se suma a trabajos solidarios de todo tipo: desde poner bombas de agua en escuelas rurales y participar en campañas de vacunación, hasta llevar a chicos de Formosa a conocer el mar.

Durante el verano el Móvil se instala en los bosques de Cariló: Gabriel baja las mesas y los colores; los chicos participan en talleres de plástica que se intercalan con la música de Mozart, Beethoven y coplas mapuches. Los padres colaboran con lo que pueden. "Igual que si fueran de Formosa o Jujuy, -aclara Guiñazú- los chicos andan todos en patas."

Guiñazú recuerda cómo lo incentivaron sus maestros, artistas reconocidos como Raquel Forner, Ernesto Neira o Felipe Noé, entre otros. Y el apoyo que recibió de cada uno de los artistas que le prestaron sus obras. Pero no caben dudas que el Móvil es el resultado del trabajo permanente de Ana y Gabriel, quienes estuvieron dispuestos a dejar todo por un sueño: compartir con los chicos su pasión por la cultura.

"Cuando yo iba a los colegios y hablaba de Felipe Noé, de Josefina Robirosa, de Víctor Quiroga o cualquier artista consagrado dentro del mundo contemporáneo me miraban como si estuviera hablando de un absurdo. Las imágenes que mostraba con audiovisuales contaban de la escultura de Iommi, de Minujín, de Heredia, de Gamarra, de Dompé… Para mí era lo más normal que chicos de edad tan pequeña tuvieran contacto con la cultura", cuenta.

A su formación de artistas, Ana y Gabriel le sumaron su vocación docente. Y después de estar en contacto con tantos chicos pueden considerarse también maestros. A lo largo de los años desarrollaron su propia visión sobre la enseñanza. "Para mí todo pasa por los gestos. -dice Guiñazú- Vos podés tener muy buen verbo pero el cuerpo llega primero. Cuando yo entro al aula no tengo que anunciar: 'Hola chicos, llegó el Móvil'. Porque primero llega el vehículo que habla por sí mismo y después uno se expresa corporalmente, sin palabras. Los chicos leen en tu ropa, tus zapatos, tu cara, tus arrugas, tus olores: ellos saben todo. Es una contradicción: nosotros maestros de arte, vamos a despertar a los maestros del universo, a los sabios, a los seres más profundos que son los niños. Los agarramos en el mejor período: cuando todavía no están invadidos de la mediocridad y el absurdo, de la muerte y la violencia. El arte no los aísla de la realidad sino que les presenta otra visión: señalarles la textura de un árbol, toda la gama de colores en una sola hoja de otoño, el sonido a través del canto de un pájaro. El arte es un develador de la belleza."

Como educadores y difusores de la cultura nacional Villarreal y Guiñazú encontraron, una y otra vez, puertas cerradas en los despachos de los funcionarios públicos. "Uno pone a prueba su capacidad de llevar adelante este tipo de proyectos día a día, poniendo en juego su vida y arriesgándolo todo. Los que nos riegan son los chicos, ellos te contienen cuando estás deprimido o angustiado porque fuiste a ver a un Secretario de Cultura que no te atendió".

Más allá del apoyo que reciben de algunas empresas privadas (Alba a través de los materiales, Personal en las comunicaciones y el Citibank), que permiten que el Móvil siga funcionando a fuerza de grandes sacrificios personales, sus principales sponsors son las escuelas privadas que pueden pagar por sus talleres: cada una que los convoca les permite visitar al menos tres escuelas en forma gratuita, algunas en los lugares más pobres y olvidados del país.

"Luego de conseguir un montón de regalos, ropa y alimentos los chicos tienen la posibilidad de disfrutar de una tarde pintando y trabajando con sus manitos. Aunque parezca estúpido, ellos prefieren la parte en donde son los protagonistas, no reciben la dádiva sino que dan su mensaje a través de un pincel, a través de una canción. Ellos se aplauden a sí mismos cada vez que terminan los talleres y se saludan a ellos mismos cuando el camión se va", describe Guiñazú.

Pero la partida nunca es una ausencia. De cada viaje, de cada escuela en la que estuvieron quedan los testimonios, cartas de agradecimiento de los chicos, de los docentes, de todos aquellos que encontraron en esa energía creadora una esperanza para un futuro mejor.

Con ese mismo objetivo es que Gabriel hoy tiene otros proyectos: conducir su propio programa de radio en el cual cuente sus experiencias sobre las rutas, festejar los 18 años del Móvil de Arte presentándolo en sociedad en un museo porteño y fundar una ONG que coordine el trabajo de varios camiones en todo el país. "El móvil es un comunicador", dice. "En un país tan extenso, tan disímil en su geografía lo nuestro debería ser algo más que cotidiano, cruzándonos a la vera de los caminos camiones con diferentes propuestas, luces altas arriba, manos extendidas, glorificando la cultura de la comunicación."

Para donaciones o para contactarse con el Móvil de Arte comunicarse al 4219-6307.

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