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01-09-2008 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Melodías viajeras

Entre tambores y charangos, junto a sikus, quenas y guitarras, suenan los ritmos de la tierra como traídos por vientos de latinoamericanos paisajes. Canciones rioplatenses se funden con zambas y huainos y cintas de colores invitan a danzar chacareras. Y todo sucede sobre un mismo escenario, el de Magdalena Fleitas.

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Por Marisa Rojas


Magdalena Fleitas es una joven mujer de amplia sonrisa. Con sus ropas de colores, té mediante, nos recibió una mañana en los altos de una casona de principios de siglo pasado, muy cerquita del Jardín Botánico, a pasitos del Zoológico, donde funcionan el centro cultural “Risas de la tierra” y “El Jardín de Magda”, sus proyectos pedagógico-culturales. Atravesando pasillos, subiendo escaleras, todo alrededor habla de viajes… por Latinoamérica.


“Yo tuve la suerte de viajar desde chiquita, con mi familia. Recorrimos el país y también países vecinos como Uruguay, Brasil, Bolivia, subimos hasta México. Y siempre me sentí muy maravillada por la cultura de estos países. También viajé por Europa, pero el asombro allí fue diferente. En Europa uno siente que está todo hecho, que tiene poco para aportarle a esa cultura. Latinoamérica es muy diferente. Es un lío de gente dando vueltas, vendiendo cosas por todos lados; es un lío de colores. Y se siente una vitalidad que a mí me gusta”.

¿Y en qué momento, y de qué forma, se enlaza esta fascinación tuya por los caminos y la cultura latinoamericanos y tu trabajo como artista dedicada al público infantil?


Bueno, mucha gente de la música infantil hace hincapié en los ritmos latinoamericanos. Yo creo que esto es así porque son ritmos muy inspiradores. En Latinoamérica hay muchas historias para contar: los animalitos, los pueblos, los paisajes, las costumbres de la gente son una fuente de inspiración. Y a mí me pasa que cuando escribo tengo que creer en eso que estoy escribiendo, no me interesa si es didáctico, o si es particularmente enriquecedor. Sí me interesa que sea algo que me conmueva, que me divierta. Y Latinoamérica, insisto, es muy inspirador así que sobran los motivos.

¿Cómo es el trabajo para un público de niños mayormente urbanos, cuando se trata de presentarle ritmos e historias bastante alejadas a su realidad, oído y costumbres diarias?


La ciudad tiene una cosa medio rara y es que no se sabe bien cuál es su música. Pareciera ser que depende de lo que escucha cada uno. Cuando yo empecé a crecer y decidí que quería ser cantante me preguntaba por mi propia voz. Yo que nací en la ciudad no sabía qué debía cantar. Sentía que si cantaba chacareras santiagueñas estaba haciendo un personaje que no era yo. Tenía una crisis de identidad porque no encontraba qué era lo musicalmente urbano. Me parece que lo urbano se construye, es una fusión entre lo que se oye en la casa, lo que se oye en el barrio, en la escuela, y lo que a uno le gusta. Yo tomo la música de los pueblos latinoamericanos porque me parece que a la ciudad le falta conectarse con eso. Además, la gente agradece cuando uno canta canciones de otros paisajes. Canciones que le aportan algo nuevo a la ciudad, que la enriquecen, que la alivian, porque hay que bancarse el cemento, los edificios y la hiperestimulación tecnológica. Es un alivio hacer un huaino donde evocamos el viento del norte y los paisajes amplios, entonces la mirada descansa.

Dijiste antes, “cuando empecé a crecer y decidí ser cantante”, ¿cuándo apareció tu vocación por la música?


Cuando era chica tenía dos vocaciones, por un lado quería poner un hogar grande para niños, pero además yo cantaba mucho. De pequeña me sentaba en la ventana a cantar y mis papás aplaudían y yo ya sentía que eso era algo que quería hacer. Bueno, en realidad mi familia es muy musical, hemos tenido y tenemos una relación muy cercana con la música. Tenemos un coro familiar, muy desafinado por cierto, pero siempre que nos juntamos cantamos. Nuestro repertorio incluye canciones vinculadas a las fiestas como la Navidad o los cumpleaños, y también hay algunas zambas porque nos gusta mucho el folklore. Somos unos 25 en total. Yo lo dirijo hace ya un tiempo pero mi abuela por ejemplo se enoja, critica, dice que las partituras no se leen como las leemos… Es un lío nuestro coro, un lío familiar, pero es muy festivo.

¿Por qué elegiste estudiar Musicoterapia y trabajar como docente al tiempo que formabas tu carrera como artista de la música?


Yo trabajé siempre, desde muy chica, en relación a la música. Cuando estaba en el colegio daba clases de música a chicas más chicas a la salida, así empecé a ahorrar mis primeros pesitos, pero también a entender de qué se trataba enseñar. Después estudié Musicoterapia, y casi al mismo tiempo que comencé la carrera ingresé a trabajar en El Jardín de la Esquina. Luego empecé a recorrer mi camino en forma independiente. Estudié Musicoterapia porque me interesaba el vínculo entre arte y salud. Y porque es una carrera maravillosa que aunque se la asocia casi exclusivamente con la infancia permite trabajar con muchas áreas de la salud en personas de diferentes edades. Hay gente que ha hecho trabajos maravillosos en geriatría, porque la música es parte de la vida de todos, seas o no artista. Y del mismo modo, muchos músicos sin ser musicoterapeutas, lo que trabajan es habilitar a la persona a que se encuentre con su propia voz, con sus propios recursos expresivos, lo que es muy terapéutico.

¿Y qué sucede con Magdalena sobre el escenario y en vivo? ¿También en escena y con toda la banda la música es terapéutica?


Yo estoy con una gran banda en el escenario, somos siete músicos y hay tres bailarinas, y en los últimos espectáculos también se suma un ensamble de niños. Mi experiencia en el escenario es, definitivamente, muy grupal. Hay mucha gente alrededor y hay veces que eso me aturde un poco y otras me da un sentimiento maravilloso de estar haciendo lo que quiero con gente muy especial, creativa y trabajadora. Como artistas hemos ido creciendo todos juntos. Creció muy rápido la propuesta en general pero creo que hemos ido encontrando una identidad.

Entre el primer y el segundo disco pasaron dos años, y ahora dos años después del último, hemos escuchado que hay canciones nuevas, ¿eso significa que hay nuevo disco en camino?


Estoy preparando un disco nuevo, sí, el tercero. Va a estar listo para fin de año. Y también estoy haciendo un disco de mi escuela de música donde junto a los maestros participan artistas como Fito Páez, Palo Pandolfo, Luis Pescetti. Va a ser un disco para jardín, pero no con el repertorio de mi banda. Yo casi no canto por ejemplo, estoy más en el lugar de producción.

¿Qué expectativas tenés para estos dos nuevos proyectos?


Bueno, yo sigo componiendo, y mis expectativas tienen que ver con poder armar un repertorio más grande, todavía me falta componer bastantes canciones, me gustaría poder salir a tocar con la banda y hacer más giras. También están mis expectativas personales que tienen que ver con seguir indagando y descubriendo esto que es mi propia voz. Y, claro, terminar ambos discos y seguir creciendo.

 


Una voz, todas las voces

Magdalena Fleitas es, por propia definición, un ser esencialmente musical. Más allá incluso de la artista que hay en ella, su historia es la de una mujer que hace camino buscando esos que ella misma llama ‘sonidos del alma’. De allí, su intensa labor pedagógico-cultural, fundamentalmente, con los niños más pequeños.


“Todos necesitamos expresarnos y la voz es un recurso fácil y accesible para hacerlo. La voz es lo más propio, tiene que ver directamente con el alma de uno. Todos tenemos una voz, porque todos hemos tenido, todos tenemos, contacto con la música desde nuestros orígenes. El oído es un sentido que no se cierra, siempre escuchamos. La voz de la mamá es musical. Los ruidos de la calle, la música que se escucha en la casa, el ambiente sonoro, todo eso tiene que ver con el mundo musical, no es necesario haber estudiado música para de golpe rebelarse como un gran artista. Lo que sí importa es tener un acceso directo a la música, poder expresarse, reconocerlo como un lenguaje propio, disfrutar de cantar con otros, de tocar instrumentos. Produce mucho placer y no hay edad para eso, sucede siempre”.

 

 

Planeta Fleitas

Magdalena Fleitas es cantante, compositora y productora. Fue integrante de distintas agrupaciones folklóricas y del Coro del Teatro Colón, estudió Musicoterapia en la Universidad del Salvador al tiempo que se formó como docente de música. Dedicada especialmente a los niños pequeños, desarrolla sus proyectos pedagógicos a la par de los musicales. Lleva adelante su propio Centro Cultural, “Risas de la Tierra”, en el barrio de Palermo, donde también funciona “El Jardín de Magda”, un espacio de iniciación artística para chicos de 1, 2 y 3 años. Becada por el Fondo Nacional de las Artes realizó grabaciones en distintos lugares del país y de Latinoamérica recopilando voces y canciones de niños. Estos sonidos se reflejan en sus trabajos discográficos: Risas de la tierra, editado en 2004, y Risas del viento, presentado en el 2006.

 

Anteriormente, durante los años ´90, Magdalena grabó una serie de 4 discos -Canciones de un mismo cielo (1996), Que siga la fiesta (1997), Canciones junto al fogón (1998), ¡Música maestro! (1999)- producidos por las Fundaciones Bunge y Born, YPF y Pérez Companc, para el Programa de Ayuda a Escuelas Rurales. Actualmente estos materiales se utilizan con éxito en más de 2.000 escuelas del país.


Este año, la cantante presentó su espectáculo Salpicón de Risas en el que presentó canciones de sus dos primeras producciones y adelantó material de su próximo disco.

Más info: www.magdalenafleitas.com.ar / www.risasdelatierra.com.ar

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