Agenda


Hoy, Martes 02 de Junio

ver día completo

Separador

01-11-2007 |

Crianza - Madres y Padres

Los sueños, sueños son

La llegada de un hijo, al tiempo que felicidad, despierta también dudas y temores que angustian y desorientan a las familias. El sueño infantil es una de ellas. En esta nota, los especialistas hablan sobre las distintas etapas que atraviesan los niños en su dormir y dan algunas sugerencias para esas noches en que mamás y papás no pueden ‘pegar un ojo’.

Comentar

Por Marisa Rojas



El estado natural de un recién nacido es el del sueño. Todos los bebés duermen. Lo hacen sin distinguir el día de la noche, la luz de la oscuridad, el silencio del ruido, incluso el moisés de la cuna. Lo habitual es que los recién nacidos duerman de 16 a 17 horas diarias, repartidas en períodos de 2 a 6 horas. Claro que, así como su sueño es distinto al de los adultos, también hay diferencias entre uno y otro niño y a medida que crecen. Por esto, entre otras cosas, la fantasía de muchos papás de un bebé que duerma toda la noche, es sólo eso, una fantasía.

“La mayoría de los papás tienen la expectativa de que el niño nace y va a dormir, no sé si toda, pero sí casi toda la noche. Pero un recién nacido tiene ciclos del sueño por los que cada hora o cada dos horas, sea de día o sea de noche, se va despertando. Esto luego va madurando, pero inicialmente es así. Los bebés pequeños no duermen de corrido, ni de día ni de noche. Cuando los papás descubren esto, que es lo habitual y esperable, comienzan los conflictos, se culpan mutuamente por no lograr dormir a su niño y el mal humor afecta sus vidas y su desarrollo como padres, la relación con otros miembros de la familia y con los amigos, la vida de pareja y su rendimiento en general”, explica la doctora Marisa Gandsas, médica pediatra (UBA), miembro titular de la Sociedad Argentina de Pediatría, investigadora, especialista en problemáticas del sueño en los niños, autora de El pícaro sueño (Ed. Continente, Bs As, Argentina 2007).


Descanso reparador

En sus primeras semanas de vida los bebés presentan un ritmo biológico de una duración de 3 a 4 horas. Durante ese tiempo se despiertan, se alimentan y son higienizados (o viceversa), y vuelven a dormirse. Hacia el tercero o cuarto mes, ese ritmo comienza a cambiar asemejándose poco a poco al de los adultos (que es de 24 horas y está marcado por el ritmo solar). Paulatinamente, los niños van presentando períodos de sueño nocturno cada vez más prolongados. Cumplido el año de vida, aún duermen bastante pero, ahora sí, mayormente por la noche.

Sin embargo, entre los chicos menores de 5 años de edad, un 35% padece los denominados problemas de insomnio infantil. Es decir que les cuesta irse a la cama, viven como un drama el momento de ir a dormir, se despiertan varias veces en la noche, duermen muy superficialmente, cualquier ruido los altera, duermen menos horas de las esperadas para su edad. No obstante esto, vale recordar que en temas de crianza no hay reglas fijas, como tampoco recetas universales.

Los especialistas en sueño infantil mencionan la edad de cinco años como un tiempo de alerta respecto a los casos en que conciliar el sueño se haya convertido en un problema. “Un niño que a los cinco años no ha superado el insomnio infantil, tiene más posibilidades de padecer trastornos de sueño durante su vida que otro que (ya) duerme bien”, enfatiza el doctor Eduard Estivill, pediatra, fisioneurólogo, autor, junto a la periodista Sylvi de Béjar, de Duérmete niño (Plaza Janés. Barcelona, España (Varias edic).

Al respecto, Gandsas aclara que: “Hasta los cuatro o cinco años es el tiempo en que el sueño se aprende. Si pasada esta edad persisten los inconvenientes, se trata ya de otro tipo de patologías que no tienen que ver con el aprender e incorporar las rutinas del dormir. En realidad, la importancia de que los niños puedan conciliar el sueño y alcancen un buen dormir radica en que el sueño es un proceso activo donde suceden un montón de cosas. Dormir no es algo pasivo, como se cree mayormente. Durante el dormir el cerebro se va desarrollando, las neuronas se van interconectando, también los aprendizajes motrices se producen en este tiempo. Y se segregan ciertas sustancias y hormonas como la del crecimiento, por lo que un chico que no duerme bien puede llegar a tener, llevado esto al extremo, problemas con el crecimiento”.

En tanto, Estivill señala que: “Como consecuencia de dormir mal, en el caso de los bebés y los niños pequeños se observa un llanto fácil, irritabilidad constante y mal humor, cuando son niños más grandes se suman síntomas como la falta de atención y problemas de crecimiento. Un niño ‘estresado’ no tiene las mismas defensas que otro que descansa bien. La hormona del crecimiento (también denominada somatotropa o GH) se segrega, sobre todo, durante las primeras horas después de iniciado el sueño. Si el sueño del niño está distorsionado, la secreción se altera y, en consecuencia, perjudica su crecimiento. Los niños que duermen mal suelen pagarlo en centímetros y en kilogramos de menos”.


Algunas explicaciones, y un método polémico

En el Duérmete…, Estivill menciona que: “La causa del mal sueño no hay que buscarla en los cólicos, ni en el hambre, ni en la sed, ni en el exceso de energía, ni en la adaptación a la guardería, como se dice habitualmente, tampoco es una cuestión de dónde se duerme. Lo que ocurre es que el niño aún no ha aprendido a dormir (…) No padece una enfermedad. No tiene un problema psicológico. No es un mimado. Y, sobre todo, no es culpa de sus padres. Pero, sencillamente, aún no ha aprendido el hábito de dormir”.

¿Qué significa que el sueño es un hábito? Y en tal caso, ¿cómo se lo construye y organiza? “Esto significa que sobre la base de los ritmos biológicos de los niños, los adultos podemos intervenir ayudando a madurar esos cambios. Un tema fundamental al respecto es la presentación y el sostenimiento de hábitos, de rutinas, porque esto da seguridad a los chicos, les permite que sepan lo que va a acontecer y así se relajen más fácilmente cuando de dormir se trata”, explica Gandsas.

Si se trata de implementar unos determinados pasos para hacer dormir a los niños, el método de Estivill, es cita obligada. Su libro, publicado en 1996, fue pionero en la materia y alcanzó importantes volúmenes de venta aunque fue, y es, criticado con el mismo énfasis. Entre los dichos de este pediatra español se puede leer:

“No durmáis al niño vosotros, ha de lograrlo solo, por sus propios medios, sin ayuda de sus padres ni la de nadie (…) Dormir, como comer, es un hábito que se aprende, una actitud adecuada por parte de los padres o cuidadores y el apoyo en unos certeros elementos externos son herramientas fundamentales.
(…)

Cuando un niño no duerme bien desde un principio, lo habitual es que sus papás no tengan la menor idea de cómo comportarse, de qué hacer, y vayan probando en busca de algo que funcione, y a la par que van experimentando su inseguridad va en aumento. Y su niño se siente tan inseguro o más que ellos. No podemos pretender que un niño aprenda el hábito del sueño si no somos capaces de transmitirle la seguridad que necesita para entender que quedarse en la cunita solo y conciliar el sueño por sí mismo es lo más natural del mundo.
(…)

Respecto a los elementos externos, si el objetivo es que el niño duerma de un tirón y no nos despierte, debemos acudir a elementos que no deban serle retirados y que no requieran de nuestra presencia (…) Lo importante es que al acostar al niño no se le ofrezca algo que requiera a posteriori la presencia del adulto, tampoco es bueno quedarse junto a él hasta que se duerma.
(…)

De lo que se trata es de colaborar con el niño en la adquisición del hábito de dormir pero no de ayudarlo a dormir, no debe tomarse parte activa en la conciliación de su sueño (…) Nada de brazos ni de compañía adulta para dormir”.

Entre las voces que discuten a Estivill se cuenta la organización Primal. Desde su site -www.primal.es-, Ángel Álvarez, fundador y presidente de la organización, declara que: “La propuesta del autor del Duérmete…, hace a los padres insensibles a las necesidades de sus hijos bebés y los convence de que es bueno que sus niños duerman cuando ellos lo necesitan. El Dr. Estivill ha logrado convencer a muchos padres de que la aplicación de su método es ‘por el bien del niño’, él da a entender que el niño ‘necesita’ que sus padres se comporten así con él, y parte de la premisa de que los bebés necesitan ‘aprender’ a dormir, como si los bebés no supieran dormir. Lo que no saben es dormir cuando sus padres ‘necesitan’ que duerman o cuando están luchando para que se atiendan sus necesidades primarias. Este no es un tema contra Estivill sino contra su método que es conductista tipo Feber. Métodos que aunque se adornen con toda clase de buenas intenciones en nombre de la ‘buena educación’ de los hijos, tienen como objetivo principal adaptar las necesidades de los bebés a nuestras necesidades, o mejor dicho, a las necesidades creadas por nuestra forma de vida ‘moderna’”.

Para Álvarez: “Con el método Estivill el bebé no se duerme, sino que se adormece. Además, la aplicación de este método es seguramente efectiva en muchos casos, pero ¿a cambio de qué? A cambio de producir serios trastornos emocionales al niño-bebé y, en algunos casos, a cambio de hacer también peligrar su integridad física. En el libro, el autor afirma cosas evidentes y aporta datos interesantes, pero los consejos mas importantes son verdaderamente perjudiciales. El método del Dr. Estivill no sólo no ayuda a los padres a satisfacer la necesidad del bebé de compañía, contacto físico y seguridad (durante el día y la noche), sino que las convierte en carencias crónicas”.


Una otra mirada

Entre la fascinación de los padres que lograron volver a conciliar el sueño gracias a la aplicación del método Estivill –en un 96% de los casos según su mismo creador-, y las voces en contra de un método que ya lleva más de diez años de desarrollo, la doctora Gandsas menciona que: “El libro de Estivill es un libro muy importante que en su momento fue un hito porque fue el primero que habló del sueño de los niños, de la problemática que ello suele volverse. Dio unas técnicas que a algunos pueden haberle resultado y a otros no, pero más allá de éstas, su importancia radica en que planteó por primera vez el tema. Ahora, ¿desde qué óptica habló y habla Estivill? Él abordó el tema enfocado solamente en la hora del dormir, es decir, planteó la cuestión del sueño nocturno que, claro, es el que presenta mayores dificultades para los padres. En tanto, mi postura considera, primero, aspectos de nuestra cultura, los españoles en este tipo de cosas han sido bastante anglosajones, tienen toda una tradición conductista que no es la nuestra en temas de crianza. Además, y esto es lo que discuto con Estivill, yo considero el sueño nocturno como consecuencia directa de lo que sucede en el día. Esto otro que tanto se le ha criticado a Estivill, el dejar llorar al niño solo en su cuarto, bueno, eso en realidad es algo muy personal, a muchas mujeres les ha dado resultado y a otras no, yo personalmente no estoy de acuerdo porque tampoco lo pude sostener con mis hijos. Sí hay determinados momentos en que el bebé debe llorar y uno debe aguantárselo pero al lado del niño, al lado de su cuna. No es lo mismo para un bebé llorar solo en la habitación que llorar pero con mamá al lado, porque a veces se angustia y se angustia de verdad”.

Ciertamente, para los papás el sueño infantil se convierte en un problema al llegar la noche. Cansados del tránsito de la jornada, padres y madres desesperan cuando la hora avanza. Es entonces cuando aparecen trucos, consejos, experimentos y decepciones varias también. Para Gandsas, al margen de algunas recomendaciones para ayudar a los niños a conciliar el sueño nocturno, es necesario estar atentos a preparar el camino del sueño durante todo el día: “Lo que sucede durante la noche es directamente proporcional con lo que pasa en el día, esta es mi concepción de partida para tratar este tema. No podemos tomar el sueño de la noche aislado de lo que sucede durante el día porque el sueño de la noche es una consecuencia o una continuidad de lo que sucede en el día. Esto es así en todas las personas en realidad, y en el caso de los niños, que son muy sensibles, más aún”.


Compartiendo experiencias

Entre teorías y contrateorías, sin dejar de escuchar pero yendo incluso más allá de las investigaciones y los métodos desarrollados por los especialistas, la editorial Tres Almenas desarrolló, en el marco de la Colección Astucias, el libro 99 astucias de mamás para dormir sin llorar.

Se trata de una serie de trucos, caseros y particulares, antiquísimos unos, novedosos los otros, a los que mamás y papás recurren a la hora de dormir, feliz y agradablemente, a sus pequeños hijos. En un lenguaje coloquial y divertido se relatan casi un centenar de experiencias que, no obstante, no provienen de una voz especializada. Por lo mismo, considerando además que cada niño es diferente en sus necesidades y reacciones y que no existen las recetas universales, Nora González y Carina Reyes, compiladoras de la publicación, recomiendan antes de seguir cualquiera de tales consejos consultar con el pediatra.

Baño relajante… con lechuga: los baños relajantes, acompañados de cuidados y palabras suaves en el caso de los bebés pequeños, son recomendados por muchos especialistas. En 99 astucias… presentan otra versión de estos baños: sugieren incorporar al agua una infusión de hojas de lechuga, lavanda o manzanilla. Si de esencias se trata, también aconsejan masajes con aceite de oliva, de almendras o de damasco; también encender en el cuarto velas con aroma a vainilla y perfumar las almohadas con gotas de azahar.

Recuperar la canción de cuna: aunque se trata de un ritual presente en prácticamente todas las culturas, las nanas parecen estar despareciendo, las mamás modernas ya no conocen el repertorio popular y no cantan a sus hijos, pero estas prácticas no debieran perderse. Y si de música se trata, valga recordar que no sólo la música clásica calma a los niños: también producen tal efecto el reggae y las melodías new age.

De viaje: ante la duda por si el bebé podrá o no dormir en una cama desconocida –en un hotel-, la sugerencia es llevar sábanas ya usadas por él en su propia cama.

Camino a la cama, y cuando se trata de chicos más grandes, el consejo es armar un recorrido sembrado de porotos y objetos propios del ritual para ir a dormir: el cepillo de dientes, el dentífrico, el pijama, la almohada, un libro de cuentos, que él mismo lo recorra, los tome e incorpore. Que el niño participe activamente en la decoración y organización de su cuarto también ayuda, en edades mayores, a apropiarse del lugar y poder descansar en él.

Antídotos contra el miedo: ante ruidos que asustan, se recomienda grabar los sonidos de la casa y jugar de noche a identificarlos, y cuando aparecen los monstruos, pintar juntos, hijo y padres, un cartel ‘prohibiendo la entrada de los monstruos’, dicen que es de utilidad (habilita hablar del tema y así liberarse del temor).

Y si pese a todo, el niño insiste en no dormir: bostezar o hacerse el dormido a su lado pueden ser buenos y contagiosos trucos.

Fuente: González, Nora y Reyes, C (Comp). 99 astucias de mamás para dormir sin llorar. Tres Almenas, Colección Astucias. Bs. As, Argentina (2006).


Para seguir leyendo:
Estivill, Eduard y de Béjar, S. Duérmete, niño. Plaza Janés. Barcelona, España (Varias edic).

Gandsas, Marisa. El pícaro sueño. Cómo mejorar el sueño de niños de 0 a 5 años. Ed. Continente. Bs As, Argentina (2007).

Más info: mgandsas@fibertel.com.ar / www.primal.es

Comentar

Compartir

Separador
Separador
Separador
 
Separador
Separador

© Copyright 2020 Planetario Producciones SRL | Todos los derechos reservados