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01-08-2003 |

Crianza - Madres y Padres

La estimulación en la primera infancia

Estimular al bebé es brindarle herramientas adecuadas a su edad que le permitan ir superando desafíos y le generen deseos de explorar el mundo. En los últimos años se fueron sumando instituciones y recursos (objetos, juguetes, discos y videos) que, teniendo en cuenta las etapas evolutivas del niño, ofrecen diferentes estímulos para el desarrollo y brindan apoyo a los padres en esta etapa fundamental de la crianza.

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Por Ariel Saidón



La estimulación temprana surgió como un recurso terapéutico-educativo que ayuda a los niños de 0 a 3 años con problemas en su desarrollo a alcanzar ciertos objetivos que no alcanzaría por sus propios medios. Graciela Villasanta, directora del Centro de Atención Terapéutica Dra. Lauretta Bender, la describe como “un recurso ubicado entre salud y educación que permite ofrecer al paciente y a su familia la posibilidad de actuar tempranamente sobre las carencias o desviaciones del desarrollo”.

En general, la estimulación temprana se hace a partir de una derivación médica. Y se realiza tanto en forma preventiva (por ejemplo, en bebés prematuros o con riesgo ambiental elevado) como en los casos en los que hay una patología declarada. La atención es personalizada y se trabaja con estímulos específicos para cada chico apuntando a compensar o disminuir las dificultades propias de su enfermedad.

La responsabilidad de detectar estas dificultades o retrasos en el desarrollo es tanto del pediatra como de los padres que deben observar la conducta del bebé. “No todo se detecta en un primer momento. -explica Silvana Zuppiroli, estimuladora temprana del Centro Lauretta Bender- A veces llegan chiquitos que en los primeros meses el médico o la mamá se dan cuenta que en el bebé pasa algo: no responde, no mira, no se conecta, no mueve las manos. La mamá lo cuenta como puede y a veces el médico tampoco se da cuenta en un primer momento lo que pasa. Y hay ciertos retrasos que pueden aparecer por falta de estímulo, porque la familia no tiene con qué responder a estas cuestiones. No tener estímulos es no tener posibilidad de experimentar situaciones, de conocer el mundo, de ver rostros, de tener experiencias de contacto que es lo que provoca que el bebé vaya armando estructuras.”

Sin embargo, la estimulación es algo que toda mamá realiza en forma natural con su hijo desde el primer día de vida, incluso antes del nacimiento. Y, en rigor de verdad, no es una costumbre propia del ser humano. Como señala Villasanta, “todo cachorro de cualquier especie es estimulado por el adulto de esa misma especie. Aún los microbios.”

Pero la incorporación de la mujer al mercado laboral obligó al surgimiento de los jardines maternales que se fueron transformando de meras guarderías en instituciones donde reemplazan el estímulo que la mamá no puede darle en su casa a través del juego y de diferentes actividades acordes a la edad.

Más recientemente, respondiendo a la necesidad de los padres de intercambiar experiencias y revisar sus conceptos de crianza, hace algún tiempo surgieron también los grupos de juego para mamás y bebés. Beatriz Saal, directora de Planeta Juego, una de las instituciones pioneras en la actividad, la bautizó como educación temprana definiéndola como “aquella que se desarrolla en los primeros años del niño y está dirigida a él y a sus padres”.

A diferencia de la estimulación temprana con fines terapéuticos en la que la atención es individual para cada paciente, los centros de estimulación trabajan con grupos divididos por edad y proponen actividades en las que los chicos entran en contacto con otros bebés y los padres, a su vez, están contenidos e informados acerca de lo que sus hijos necesitan.

También existen diversos productos (juguetes, libros, discos y videos) que, a partir de diferentes investigaciones sobre los gustos y las preferencias de los bebés, fueron diseñados especialmente para estimular las capacidades de los chicos y favorecer su desarrollo.

Así, hay juguetes que proponen actividades para cada etapa del desarrollo y videos que a través de imágenes y música cuidadosamente seleccionada enriquecen la inteligencia y la imaginación del bebé, enseñan diferentes conceptos y ayudan a incorporar hábitos cotidianos.

“Hoy en día la televisión forma parte de la vida cotidiana de todo hogar y resulta muy difícil evitarla -dice la licenciada en psicología Carolina Micha, directora de uno de estos videos- . ¿Lamentablemente o por suerte? Uno de los temores de los padres es exponer a su hijo a la pantalla chica y ‘mal acostumbrarlo’ a un hábito que poco le aporta. Pero la televisión puede ser también una excelente herramienta de estimulación, aunque para ello es fundamental el rol activo de los padres”, señala.


Sobreestimulación

Asediados por el entorno, muchas veces los padres terminan angustiados porque su hijo no alcanza determinados logros que responden más a una expectativa de la sociedad que a las necesidades de su desarrollo. Frente a esta situación lo sobrecargan de estímulos generándole una exigencia que no puede cumplir. Micha, que es también especialista en estimulación, asegura que “no por recibir más estímulos un chico va a ser más inteligente. Por el contrario, muchas veces esa exigencia le genera inseguridades y dependencia. Por eso, es importante acompañar al bebé en su desarrollo respetando sus tiempos, promoviendo de esta manera su crecimiento en un ambiente que respete sus particularidades para así diferenciarse como un ser independiente y no como una extensión del deseo de sus padres.”

Según Villasanta, los efectos de una sobreestimulación pueden ir desde la hiperactividad a la dispersión y puede derivar en trastornos de conducta bastante importantes. Por eso recomienda ir presentándole los objetos paulatinamente. “Si le presentamos a un chico todos los objetos juntos se queda confundido en la enorme cantidad de estímulos sin discriminar entre uno y otro, no pudiendo elegir.”

Conocer los estímulos adecuados para cada etapa del desarrollo es fundamental para no caer tanto en una deficiencia como en un exceso de estímulos, ambos contraproducentes.

“Un estímulo es una señal que puede ser captada por el otro y que provoca algún tipo de respuesta. - define Villasanta- En el recorrido que hay desde el estímulo captado hasta la descarga como respuesta ocurren ciertos fenómenos de procesamiento que, de alguna manera, van armando huellas y estructuras. Por eso es muy importante la elección de los estímulos tanto en la calidad como en la variedad y en la cantidad. El exceso de estímulos dispersa, el estímulo adecuado puede construir estructuras correctas, sólidas y favorecedoras del desarrollo.”

 

BEBES

A jugar...

De acuerdo al desarrollo evolutivo de los bebés, es conveniente facilitarle determinados juegos o juguetes acorde a sus capacidades. Durante el primer año de vida, a cada trimestre corresponden tres o cuatro situaciones lúdicas que permiten armar una guía para tener en cuenta a la hora de elegir.

Primer trimestre: Lo primero que el bebé tiene que aprender es a mirar, a fijar la mirada sobre un objeto. En esta etapa, el rostro materno es el juguete más preciado y los ojos de la mamá son los que van a estimular que el bebé fije los dos ojos en un mismo punto. Como aún no distingue bien los colores se recomiendan los fuertes contrastes de color (preferentemente el blanco y el negro) que ayudan a definir figura y fondo.

Segundo trimestre: Una vez que el bebé ya sostiene la cabeza, generalmente entre el 3er. y 4to. mes, comienza a buscar las fuentes de sonido. Se desarrolla también la visión de los colores y empieza a elegir. Balbucea, reproduce sonidos, juega con la boca, se mueve, patalea, comienza el reconocimiento de sus partes corporales.

Tercer trimestre: Al cumplir aproximadamente seis meses, el bebé comienza a sentarse por su cuenta y a disfrutar del libre uso de sus manos. Cuando empieza a desplazarse, con el gateo, se sugiere el juego con pelotas de distintos tamaños y colores o con otros elementos que ruedan. De esa manera, el chico explora el espacio con la mirada y aprende a diferenciar las distancias.

Cuarto trimestre: Entre los ocho o nueve meses, el chico empieza a dar y recibir. Es también cuando aparece la angustia del octavo mes, y aprende a tomar y soltar los objetos. Los especialistas recomiendan ofrecerle cosas livianas de tamaños pequeños, con diferentes texturas, sonidos y colores para que el chico los pueda oler, apretar, chupar, tirar, dar, recibir, sacudir, etc.

Pero más allá de estos parámetros generales, que pueden variar en cada chico, son las funciones del bebé las que van dando pistas de qué juguetes se le pueden ir dando. “Aunque todo en su justa medida. -advierte Graciela Villasanta- No son mejores padres los que le compran más juguetes a su hijo sino los que le permiten y le facilitan la experiencia”.
     

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