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01-05-2006 |

Cultura - Madres y Padres

Imágenes para escuchar

En el camino de la enseñanza a través del arte, un fotógrafo armó un taller-escuela de fotografía en medio de la pobreza material de una villa porteña. Con mínimos recursos pero mucha pasión, los chicos y las chicas de Ciudad Oculta encontraron en la fotografía una ventana para mostrarse al mundo.

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Por Marisa Rojas



En Ciudad Oculta chicos, chicas, adolescentes y jóvenes saben que las imágenes cuentan lo que no dicen las palabras. Tienen entre 11 y 25 años y en el arte de la fotografía encontraron un camino para que sus alegrías, tristezas y temores, sean escuchados.

“Trabajamos ofreciendo una herramienta de comunicación. Vivir en la villa es un estigma social muy fuerte, los chicos se sienten marginalizados, no creen que haya para ellos algún espacio en otro lugar. Les decimos que si probaron con palabras y con gestos, con el lenguaje tradicional, y no fueron escuchados, pues entonces, es momento de probar con otra lengua, con el lenguaje de las imágenes. La propuesta es que todo lo que quieran decir y contar sobre lo que hacen, lo que les gusta y lo que no, lo que les preocupa, sus sueños, todo aquello que quieran decir a otros, lo hagan a través de imágenes”, cuenta Martín Rosenthal, fundador de Ph15, el taller de fotografía de la Villa 15 del barrio de Mataderos.


Ph15 es un proyecto que nació al abrigo de la pasión docente de Rosenthal y de la curiosidad de un grupo de pibes que un día lo vio trabajando con su cámara entre las precarias construcciones de esa Ciudad que se levanta escondida tras los restos de lo que alguna vez, se dijo, sería un hospital. “En agosto del 2000 yo llegué a la villa para hacer un trabajo para la Red Solidaria de la que soy fotógrafo voluntario. Estaba tomando fotos de registro a los chicos y se me acercó un grupo de adolescentes muy interesados en lo que hacía, había entre ellos un par que habían averiguado dónde y cómo estudiar fotografía pero entre lo difícil que es acceder a las escuelas subsidiadas y lo costosa que es la enseñanza en los institutos privados ya no pensaban que aprender a sacar fotos fuera posible para ellos. Les dije que si conseguían un lugar, yo armaba un taller para enseñarles. A los quince días me llamaron, yo les pedí una semana para conseguir cámaras y películas y poco después comenzamos”, recuerda Rosenthal.

La tarea docente no era entonces extraña a este fotógrafo de veinticinco años de profesión y trece de maestro de fotografía. Durante la década del ´90 Martín había viajado por Latinoamérica y en aquellas comunidades rurales donde lo llevaba su trabajo se daba tiempo para armar talleres de fotografía estenopeica. “Viajaba con un pequeño laboratorio, tres botellitas de químicos y una carpa para crear una especie de cuarto oscuro, eso me alcanzaba para enseñar a tomar fotografías con cajas de zapatos, envases de leche y todo recipiente con tapa que encontrásemos en desuso. El problema era que cuando yo me iba eso moría ahí, era una experiencia de una vez. Con el taller de Ph15 el proyecto se hizo sostenible. La fotografía estenopeica pasó a ser sólo una parte del programa de enseñanza”, comenta Martín.


Desde la mañana de aquel primer sábado en que el fotógrafo llegó a la villa con su mundo de imágenes pasaron algo más de cinco años, ex alumnos suyos que actuaron como colaboradores en distintas etapas, el armado de la Fundación que hoy también integran Moira Rubio, Miriam Priotti, Luciano Casalla y Pablo Altuve, actuales docentes del taller, muestras en Buenos Aires, en el interior del país, en España y hasta en EE.UU. Y claro, un número mucho mayor de pibes del barrio interesados en ese mundo mágico de la cámara oscura. “Arranqué la primera clase con diez chicos, la más chiquita era una nena de once años y el más grande un chico de 19. Hoy tenemos tres grupos de chicos, adolescentes y jóvenes. En el primer año trabajamos el lenguaje visual, cómo es esto de contar con imágenes, en el segundo año enseñamos técnica fotográfica y en el tercer año incorporamos revelado. Estamos pensando en armar un cuarto año donde el aprendizaje esté orientado al video digital pero por ahora es un proyecto en carpeta, lo que sí vamos a incorporar prontamente es fotografía digital. En realidad, cosas para hacer hay muchas, y chicos interesados en participar también pero, ante la falta de fondos, debemos ser muy cuidadosos con la ampliación de los grupos y las propuestas de trabajo. Además, los chicos saben que lo que se promete se cumple, es la base sobre la que hemos establecido nuestro vínculo, y si les decimos que al comenzar les damos una cámara para que siempre la tengan con ellos, debemos cumplirlo”, señala el fotógrafo, y explica: “El acto creativo es personal y hasta individual, siempre le contamos eso a los chicos, también les decimos que no hay un momento para la inspiración, por eso, que cada chico pueda tener su cámara y sacar sus fotos cuando quiera, en el momento en que lo necesite, solo o acompañado, pero por su elección, es importantísimo”.


La Fundación Ph15 no cuenta con subsidios estatales ni privados, se mantiene gracias a las donaciones de particulares y a ocasiones en las que, por concurso, acceden a fondos de empresas y organismos internacionales. El trabajo de todos los docentes es ad honoren y el material con que trabajan los chicos, cámaras y películas, es aportado por distintos colaboradores de Ph. “Las primeras cámaras son muy básicas, de plástico, esas son las que los chicos tienen por dos años y que, si completan la formación, pueden quedarse. Afortunadamente, hace un tiempo conseguimos cámaras manuales, allí incorporamos la enseñanza de técnica fotográfica. De todos modos, a los chicos siempre se les explica las limitaciones que tienen con sus cámaras, se les dice que teóricamente uno en el acto creativo no tendría que tener ninguna limitación, pero bueno, que eso es lo que tenemos y que debemos aprender a utilizarlo lo mejor posible”, aclara Rosenthal.

Y si de trabajar con calidad, con esmero y pasión, más allá de disponibilidades y faltas se trata, los chicos del taller han dado muestras más que suficientes.

“A través de la web las fotografías del taller se conocen, y se venden, en todo el mundo. Gracias a las conferencias que en estos años he dado en EE.UU, también profesionales de allí colaboran con la Fundación recaudando fondos, enviándonos material, viniendo a dar clases y armando las distintas muestras en el exterior. Siempre impacta el trabajo de los chicos”, se enorgullece el director de la Fundación. Y entonces, hay una aclaración que resulta necesaria: “Las imágenes que crean hablan de sus vidas, de sus preocupaciones, de sus diversiones, de lo que sucede a su alrededor pero también más allá. Habitualmente la gente que va a las exposiciones nos dice sorprendida: ‘Ah, pero no son sólo fotos de la villa’, y yo les pregunto: ‘¿Si a mí que vivo en Palermo no me obligan a sacar fotos de Palermo, ni esperan que sólo fotografíe los lagos, por qué creen que estos chicos sólo deberían fotografiar los pasillos de la 15?”


Como de imágenes, de aprender a usar el lente de la cámara como palabra y contar historias en una toma, va este camino, inevitable entonces querer saber qué imagen relataría lo mejor de los primeros cinco años de Ph15: “Sin dudas, la imagen de la cara de los chicos cuando encuentran su foto en el libro o cuando la ven colgada en una muestra. Es esa cara donde casi como en los subtítulos de una película se lee la satisfacción por haber alcanzado un lugar, por haber logrado trascender”, define el fotógrafo.


Ciudad para ver

Dos años atrás, como resultado de una de las tantas aplicaciones a becas y concursos que periódicamente realiza la Fundación Ph15 a efectos de conseguir fondos para el sostenimiento del proyecto, la Ciudad Oculta fue, paradójicamente, vista por el mundo.

“Cuando accedimos a la donación del Banco Mundial, donde la condición era que los fondos se utilizaran en una actividad puntual que particularmente interesara a esa institución, nunca imaginamos hasta dónde llegaríamos. El BM pedía que, en alianza con otra entidad, trabajáramos en un relevamiento de espacios públicos para generar cambios en la comunidad de referencia. Junto a profesionales de la Universidad del Salvador decidimos relevar la propia Villa 15, desocultar esa Ciudad Oculta. Y fue buenísimo, no sólo por el dinero que obtuvimos sino porque los chicos aprendieron mucho y esa producción resultó un proyecto casi modelo. Hasta ese entonces todo lo que había de Villa 15 era un estudio aéreo, una sola foto tomada desde el aire. A partir del trabajo del taller, Ciudad Oculta fue mostrada al afuera desde adentro y por quienes más la conocen, por los mismos chicos que viven en el lugar”.



El libro de Ph15

A fines del 2005 la Fundación Ph15 presentó su primer libro, una publicación donde se muestran las distintas producciones fotográficas realizadas por los chicos de Ciudad Oculta en los primeros cinco años del proyecto. “El libro era un anhelo de la Fundación. Fue el modo que elegimos para presentar lo que hemos logrado en este tiempo de trabajo, hay relatos que cuentan quiénes somos y los objetivos que perseguimos, pero el corazón del libro son las fotos de los chicos”, define Rosenthal, quien explica que: “Es un gran orgullo haber presentado el libro, pero además es una forma de recaudar fondos”. Las fotografías de los chicos de Ciudad Oculta se venden en el mercado internacional a precios también internacionales, y como estos no son siempre accesibles para el público local la Fundación ideó el libro para que todos aquellos que quieran colaborar con el proyecto, también puedan hacerlo en pesos. El libro tiene un valor de $25 y se consigue en librerías o comunicándose con la Fundación: Tel: 4773-7257. www.ph15.org.ar; taller_ph15@yahoo.com.ar

 

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