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01-04-2006 |

Cultura - Madres y Padres

Formando tangueritos

Son músicos, compositores, cantores, bailarines, amantes del 2 x 4. Tuvieron una primera idea: trabajar por la reinserción del tango en la familia. Y luego, muchas ideas más: ´tanguereadas´, un proyecto de ley, un programa de radio, publicaciones. Frente al repliegue de la música ciudadana, Proyecto Tango sabe que no hay tendencias irreversibles, si se trabaja con pasión.

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Por Fernanda Martell

 


Buenos Aires, años ’20: la cadencia del bandoneón resonaba en los cuartos familiares, en las radios, en los bailes, y hasta en las calesitas. “El tango se había posesionado del espíritu, de las ganas, del gusto de los argentinos e incluso de todos los que llegaban a nuestra tierra, que al poco tiempo eran tangueros también”, relata Claudio Tagini, fundador de Proyecto Tango. Era natural entonces que los chicos crecieran al son del 2 por 4 y, junto con ellos, el número de bailarines, cantores y amantes de aquella música. El pulso de la ciudad latía en clave tanguera.

Buenos Aires, año 2000: el pop, el rock, la cumbia son algunas de las expresiones musicales que ganan el escenario musical de la ciudad, donde el tango parece haber perdido presencia. Es en este año y en este escenario donde Claudio, hijo del reconocido compositor Armando Tagini, decidió cambiar la historia. ¿Cómo? Reunió a un grupo de personas –todas ‘tangueras de ley’- y juntos crearon Proyecto Tango, una Asociación Civil sin Fines de Lucro, con la misión de trabajar por la reinserción del tango en la familia.

¿Por qué recuperar el tango? Esta idea debe su origen a que, para los miembros del Proyecto -cantores, compositores, bailarines, escuchas, aficionados y profesionales- este género musical es una parte importante de sus vidas. Pero no es sólo eso. Entienden que, lejos de ser algo que les toca sólo a ellos, el tango es un elemento fundamental de la identidad de todos los porteños. “Sus letras reflejan la realidad de nuestra sociedad de una manera tan inequívoca que hasta a algunos les molesta aceptarlo”, afirma Tagini.

En Proyecto Tango aseguran que este género nacido en 1880 ha quedado incorporado en el ADN musical de los porteños y, de este modo, pasa de generación en generación, aunque uno no lo sepa. Y a aquellos que se acercan a la ciudad, el contacto con la música los transforma también en tangueros potenciales. Sólo hace falta “tocar la tecla” en la sensibilidad de cada uno, para que aparezca nuevamente en escena. Recuperar el tango es, entonces, recuperar la identidad, una parte de nosotros mismos.

Proyecto Tango se constituye como Asociación Civil sin Fines de Lucro en el año 2000. Los objetivos estaban claros y las preguntas iniciales trataban de dar cuenta del cómo: ¿Cómo lograr que el tango haga su reaparición en el escenario musical actual? ¿Cómo lograr que las familias empiecen a escucharlo, a conocerlo?” La respuesta fue contundente: el tango vuelve a la familia a través de los chicos, o no vuelve.


Tanguereando

Las primeras acciones de Proyecto Tango fueron las Tanguereadas Infantiles, certámenes de baile y canto, en las que participaron chicos de 3 a 14 años. Demostrando que el tango no es “cosa de viejos”, 300 chicos se anotaron para participar de las primeras Tanguereadas, en el año 2001, con la colaboración de veinte escuelas de la zona del Abasto. Todas las actividades eran gratuitas y todos trabajaron de manera voluntaria.

Dos meses duraron las Tanguereadas, durante los cuales se trabajó muchísimo. Todos los sábados por la tarde, las aulas de las escuelas se llenaban de chicos que aprendían los secretos del baile y del canto de la mano de profesores convocados especialmente para la ocasión. Eran muy pocos los chicos que sabían bailar, o que alguna vez habían visto a sus padres o a sus abuelos hacerlo. Los patios de las escuelas eran el escenario donde se desarrollaban los certámenes. “Los pibes empezaban a bailar a las 2, y a las 5 de la tarde muchos de ellos ya estaban participando en el certamen. La capacidad que tienen para aprender es algo inenarrable, hay que verlo para creerlo”, relata Tagini.

Las primeras Tanguereadas Infantiles fueron un éxito. La final del certamen se realizó en el Shopping Abasto, con la presencia de 1200 personas. “La gran cantidad de padres que se sumaron a esto nos demostró que realmente el tango vuelve a la familia de la mano de los chicos”, afirma Tagini con firmeza. Entonces, no dudaron de que habían comenzado a transitar el camino acertado.

De este modo pareció entenderlo también el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya que dio su apoyo, a través de las Secretarías de Educación y Cultura, y las Subsecretarías de Descentralización y de Turismo, para las Tanguereadas Infantiles 2002, ahora extendidas a las 797 escuelas de la ciudad. Se invitó a todos los chicos a participar de los certámenes de canto individual y baile en parejas, incorporando nuevas disciplinas como coro y plástica temática.

Aquella experiencia del Abasto se replicó en cada uno de los barrios porteños y esos 300 chicos se multiplicaron, hasta alcanzar el número de 10.600 participantes. La final de las segundas tanguereadas convocó a 1800 personas en Parque Chacabuco. Tagini lo recuerda con alegría: “Fue muy reconfortante ver cómo los padres llevaban a sus hijos, cómo eran partícipes del crecimiento de los chicos en relación al tango. Esto nos llevó a dar charlas en las escuelas, donde relacionábamos esta experiencia con nuestro verdadero objetivo, que es revalorizar al tango como la expresión artística más importante desde lo musical, lo poético, lo bailable, que tiene la cultura de la ciudad.”

Y claro que, además de los miles de chicos que tuvieron en las Tanguereadas su primer acercamiento con la música ciudadana, están también sus familias. En Proyecto Tango calculan que entre el 3 y el 5 % de los padres durante el desarrollo de las Tangueradas aprendieron a bailar, comenzaron a concurrir a las milongas, compraron discos y libros sobre el género. El tango verdaderamente comenzaba a volver a las familias, a través de los chicos.


El tango a las escuelas

Luego de las Tanguereadas, los integrantes de Proyecto Tango quisieron llegar un poco más lejos y elaboraron un proyecto de ley para ser presentado a la Legislatura porteña por iniciativa popular. No se llegó a reunir las 37.500 firmas necesarias, pero fue ingresado en la Cámara de Diputados por Norberto Laporta para su discusión.

La idea: que el tango sea incorporado a la currícula de las escuelas iniciales y primarias, no como una materia más, sino de manera transversal a las ya existentes. De este modo, al hablar de los grandes poetas argentinos, no se debería pasar por alto a Homero Manzi, a Enrique Santos Discépolo y a Cátulo Castillo. Y al hablar de historia, habría que hacer referencia al surgimiento de la música popular ciudadana, allá por 1880. Y en las clases de música o danzas, se aprendería a bailar y a cantar el tango, entre otros géneros musicales. Incluso en los recreos se escucharía música, no solamente de tango, claro, pero sí al menos un tango. “No queremos que se entienda como una obligación, sino como una oportunidad de encontrar una música que no podrían conocer yendo a un shopping o a través de los medios de comunicación”, afirma Tagini. “La Ley Nacional del Tango y la Ley del Tango de la Ciudad establecen que el género debe ser considerado en la enseñanza, pero al no aplicarse, estas leyes son letra muerta”, señala.

En su camino, encontraron apoyos pero también resistencias. Ellos afirman que no es posible ser libres si sólo existe una opción. Están convencidos de que sólo puede amarse y disfrutarse aquello que se conoce, y quieren brindarle la oportunidad de conocer el tango a las futuras generaciones.


Un nuevo tango para un nuevo milenio

A los chicos primero les llega la música, el ritmo. Pero, ¿qué ocurre con las letras? En Proyecto Tango afirman que ‘los pibes’ necesitan del ‘tango nuevo’ que hable de las problemáticas y de los modos de vida de hoy, donde el lunfardo mismo se ha aggiornado, incorporando nuevas palabras. Este tango nuevo existe, pero tiene poca difusión. El apoyo y la promoción de artistas jóvenes es otra de las principales actividades de Proyecto Tango.

Buenos Aires, año 2006: el tango crece de la mano del turismo. En Proyecto Tango desconfían de esta alianza de tinte comercial. Pero también existen jóvenes orquestas, músicos y letristas que realizan novedosas experimentaciones sobre el viejo género. El nuevo tango parece ir ganando espacios progresivamente.

En este escenario, Proyecto Tango continua realizando actividades, no tan espectaculares quizá, pero siguen adelante. Saben que el camino es arduo, pero que con trabajo y perseverancia se puede cambiar la historia, al menos la de la cultura de la ciudad.

 

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