Agenda


Hoy, Martes 01 de Diciembre

ver día completo

Separador

01-11-2005 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

En el norte y en el sur

¿Existe el 'teatro para niños', específicamente? ¿Puede universalizarse el género? ¿Cómo se hace teatro para niños cuando no hay recursos? ¿Y cuándo 'sobran'? María Inés Falconi investigó en qué se asemejan, y en qué se diferencian, las producciones teatrales dedicadas al público infantil en Argentina y en Canadá.

Comentar

Por Marisa Rojas



María Inés Falconi es una reconocida dramaturga dedicada casi exclusivamente al ámbito del teatro para niños y jóvenes. Sus obras se han estrenado en el país y en el exterior; ha recibido numerosas distinciones, también fuera de la Argentina, y ha participado de festivales internacionales. Y entre viaje y viaje, ha dedicado un tiempo importante a entender cómo es el teatro para chicos y adolescentes en el otro extremo de este lado del mundo.

¿Podemos hablar del teatro para niños como un género con vida propia? Muchos actores, directores, e incluso dramaturgos, discuten al respecto, y no son pocos los que niegan tal aseveración.

El teatro para niños existe, absolutamente. Y aunque hay al respecto una eterna discusión es un género porque tiene un público específico, el público infantil para el cuál los actores, los dramaturgos, los directores y los productores trabajan. Y si bien, el buen teatro debe -debería- poder ser visto por todo el mundo, son los chicos los que no pueden recibir cualquier obra, y no por un problema de censura, sino porque no pueden captar los mensajes que no se producen de acuerdo a sus códigos.

¿Lo que delimita el campo del género es entonces el tema, o hay también una cuestión específica sobre el modo de abordaje de aquello sobre lo que se habla?

Está todo relacionado. Por un lado, se deben abordar temas con los que los chicos se sientan identificados; se puede hablar de cualquier cosa porque los chicos viven en un mundo donde las cosas pasan, pero claro que siempre desde el punto de vista de los niños. Y por otro lado, hay que tener en cuenta la edad a la que uno se dirige: no es lo mismo hacer una obra para chicos muy chiquitos que una obra para chicos de diez años. De todos modos, respecto de la temática del teatro para niños, en Argentina hay ciertos estereotipos de lo que tiene que ser el teatro para niños -que hablan también de lo que se considera aquí que es o debe ser un niño-, que no permiten abordar ciertas temáticas, aquellas más duras y complejas, como el divorcio, la muerte o la pobreza, como si el teatro para niños tuviera que ser todo alegría y felicidad y no rozar ningún conflicto propio de la infancia.

¿Esta es una tendencia que se observa históricamente en el país?

No. De hecho, hubo un cambio muy potente en el teatro, un fuerte trabajo creativo tanto estética como temáticamente, a comienzos de los ´70; pero la llegada de la dictadura cortó de raíz con eso y desde entonces la gente que siguió haciendo teatro para chicos se volcó más a una línea pedagógica.

¿Qué te llevó a estudiar comparativamente el teatro para niños que se hace en Argentina y el que se ofrece en Canadá?

Hace un tiempo, en ocasión de un Festival, encontré en Canadá un teatro bastante distinto del que hacemos acá, muy interesante, muy profesional, muy bien hecho, muy serio, con algunas cosas que no me gustaban también, claro, pero por sobre todo, muy diferente. Me interesó tanto aquello que me presenté ante la Embajada de Canadá para gestionar una beca y al obtenerla viajé para realizar el estudio. Claro que las modalidades de cada país hacen que cada pueblo haga su propio teatro, porque no todos los públicos son iguales y porque cada cultura tiene sus propios códigos; pero es bueno ver teatro de otro lado porque permite reflexionar sobre lo que uno hace en su lugar.

¿Qué diferencias fundamentales encontraste respecto del género, en relación a lo que se produce aquí?

Primero hay una diferencia que intenté pasar por alto que es la diferencia económica. Yo tenía intención de separar los espacios, lo económico de lo cultural, pero fue imposible porque todo tenía que ver con eso, aunque no sólo se trata de altos volúmenes de dinero. En Canadá el teatro es importante y el teatro para niños es importante; los canadienses asientan su identidad en los aspectos culturales, entre ellos el teatro, y venden a su país a través de los mismos. Producen así un movimiento económico con el teatro. Entonces, invierten mucho, sostienen a los grupos, a los realizadores; le dan a la gente que hace teatro una tranquilidad económica, un tiempo distinto para investigar sobre lo que quieren, sobre lo que necesitan y… los resultados son bien distintos a lo que sucede aquí. No obstante, debo decir que es maravilloso que acá haya también excelentes resultados sin tener ni la quinta parte de lo que ellos tienen a nivel recursos. El tema es que en Argentina ese tipo de cosas se producen ocasionalmente, mientras que allá es más general. En Canadá todo el que hace teatro hace buen teatro.

¿Y en cuánto al método de trabajo y al tipo de actores?

Casi todos los grupos trabajan basados en la investigación, en la investigación estética, visual y temática. Y los actores son excelentes porque trabajan de actores, es decir, no tienen que salir corriendo a hacer otra cosa, están bien pagos y el nivel es muy bueno en general.

¿Y qué otros aspectos, además del esfuerzo y las ganas, podés rescatar de las producciones locales?

En Argentina se trabaja muy bien con el humor, mientras que en Canadá no. En general acá el humor es prioritario en el teatro para chicos y yo personalmente creo que debe ser así porque el humor es un camino que abre cualquier puerta, y te entrega al público, te lo entrega con el corazón. Otro aspecto es el ritmo, en Canadá todas las obras son lentísimas, acá todo es acelerado y con mucha energía, y eso es algo que allá falta.

Tras tu reciente trabajo de investigación, ¿en qué estadio de su desarrollo considerás que está ubicado hoy el teatro para niños en Argentina?

Observo que desde hace cinco años aproximadamente está empezando a cuestionarse, a dejar recetas viejas que funcionaban y hay elencos que se están arriesgando con cosas nuevas, aunque poco y muy lentamente.


Realismo mágico

"En Argentina se observa una muy extensa producción teatral para niños y jóvenes. Sólo durante las vacaciones de invierno se presentan en la Capital Federal alrededor de 150 espectáculos. Cada una de estas obras está basada en una dramaturgia (...) que, en la mayoría de los casos, pertenece al mismo director de la pieza y está escrita para esa particular ocasión y no es considerada una pieza literaria que pueda ser utilizada por otros grupos o directores. Esta falta de dramaturgia "escrita" e independiente de la puesta en escena trae como consecuencia un muy pobre desarrollo de la dramaturgia del teatro para niños y, sobre todo, para jóvenes. Por el contrario, Canadá ha venido desarrollando durante los últimos 20 años un intenso trabajo en la formación de dramaturgos (…) Esto llevó a una valorización del rol del dramaturgo, independiente del rol del director; a la posibilidad de conservación y difusión de los textos escritos y por ende a una superación constante tanto de los contenidos como de la forma (...) La dramaturgia canadiense se ha ido animando a conectar al espectador con temáticas que aluden más a la realidad que lo rodea que a su universo imaginativo, abordando incluso, los aspectos más duros y difíciles (…) En tanto, la dramaturgia argentina, salvo contadas excepciones, insiste, no sólo en la adaptación de historias conocidas sino en sostener el imaginario infantil, tratando de proteger al niño de la crudeza de la realidad que lo circunda (…) Estas diferencias de logros y carencias, sugieren la idea de que el intercambio entre creadores argentinos y canadienses, posibilitaría a unos y a otros la incorporación de nuevos elementos que podrían funcionar como movilizadores para el desarrollo y el cambio."

María Inés Falconi, Acerca de la dramaturgia para niños y jóvenes en Canadá y Argentina. Un Estudio Comparativo.



Planeta Falconi

María Inés Falconi es docente y escritora especializada en dramaturgia infantil y juvenil -aunque también escribe para adultos-. Sus obras, publicadas por el Centro Latinoamericano de Investigación Teatral (CELCIT), y habitualmente estrenadas en el Auditorio de la Universidad Popular de Belgrano, han sido representadas por diversos elencos del país y del exterior. Panelista en distintos encuentros sobre Literatura Infantil; premiada por el Fondo Nacional de las Artes y Argentores, entre otras instituciones, se desempeña como Coordinadora de Talleres de Expresión Teatral para Niños y Adolescentes en la Escuela de Teatro de la UPB; institución cuya Biblioteca Popular tiene a su cargo, así como la Biblioteca Teatral de la Asociación Argentina de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes (ATINA). Además, dicta Talleres de Dramaturgia para Niños y Adolescentes, en Argentina y en el Exterior. A principios de 2005 estuvo en Québec realizando un estudio comparativo acerca del teatro para niños y jóvenes, en Canadá y en Argentina, que presentará en el marco del Congreso de la Asociación Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes (ASSITEJ), que se realiza en el mes de noviembre en Montreal.

 

Comentar

Compartir

Separador
Separador

Notas relacionadas:

2011-06-29 | Teatro

Te cuento un cuento

2016-07-01 | Teatro

Historias del Río de la Plata

2017-07-24 | Teatro

Grandes pasiones en escena

Separador
 
Separador
Separador

© Copyright 2020 Planetario Producciones SRL | Todos los derechos reservados