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01-05-2011 |

Crianza - Madres y Padres

En defensa de los hijos

Contra prescripciones conductistas y manuales de crianza, algunos especialistas afirman lo que muchos padres y madres sospechaban: no se necesitan recetas para criar a los hijos. Discutiendo con indicaciones rigurosas, vuelven a decir lo que las abuelas ya sabían: para criar a los hijos basta con el instinto. Pero, ¿por qué se ha vuelto tan difícil seguir el instinto? De eso se trata esta nota.

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Por Gabriela Baby

 

 

Durante el embarazo, muchas futuras madres y futuros padres leyeron en distintos libros temas relativos a la gestación y al parto. Los más estudiosos, avanzaron con cuestiones de crianza y crecimiento. Y en estas lecturas -¿manuales de uso del bebé?- aprendieron algunas claves, a las que el pediatra sumó sus consejos en la primera visita, ya con el niño en brazos. Sin embargo, pocos se detuvieron a pensar que estos textos, e incluso las instrucciones del médico –o el psicólogo-, suelen estar enmarcados en posturas ideológicas con las que vale la pena polemizar.

Al menos esto piensa el doctor Carlos González, pediatra de origen español y autor de Bésame mucho. Como criar a tus hijos con amor (recientemente editado por Maminia). Para González, estos textos y la mayor parte de las indicaciones frecuentes de los pediatras parten de una mirada acusatoria sobre el niño, que da al puerperio y a la crianza cierto carácter represivo y que en la mayor parte de los casos aplaca, e incluso censura, el instinto materno. Una postura polémica, que comienza con una pregunta provocadora: “¿Son los niños buenos o malos?”

González responde: “Esta pregunta, que parece realmente una pregunta infantil, permite ubicar dos miradas de la medicina y la psicología: para unos el niño es tierno, frágil, desvalido, cariñoso, inocente, y necesita nuestra atención y nuestros cuidados para convertirse en un adulto encantador. Para otros, el niño es egoísta, malvado, hostil, cruel, calculador, manipulador y sólo si doblegamos desde el principio su voluntad y le imponemos una rígida disciplina podremos apartarlo del vicio y convertirlo en un hombre de provecho”.

Volver al instinto

Desde esta dicotomía, González propone una crianza signada por la comprensión de las necesidades del chico, lejos de normas disciplinarias coercitivas y represivas. “No va a resultar fácil decidir qué es lo mejor para nuestros hijos, cuál es la manera normal de criar a un ser humano. Tendremos que observar lo que hacen otros mamíferos, sobre todo nuestros parientes primates. Y tendremos que usar nuestro corazón; mirar a nuestros hijos y pensar en la manera de hacerlos felices”, escribe el pediatra.

La de González no es una postura novedosa ya que, desde hace años, otros profesionales apuntan su trabajo en el mismo sentido. En Argentina, Laura Gutman es la más conocida de ellos. Para esta psicóloga, especialista en puerperio y autora de varios libros sobre maternidad y crianza, el instinto es la única guía legítima en la crianza. “Las madres deberían preguntarle al hijo qué hay que hacer en cada momento y no someterse al médico o al psicólogo, que están fuera del vínculo madre-hijo”, plantea.

Otras voces coinciden: Laura Krochik, integrante del Primer Programa de Formación en Primera Infancia y Crianza, señala: “Lo instintivo existe, sólo que cada vez nos alejamos más e interponemos la cabeza y los aspectos mentales en el acto de criar”. Para Krochik, la práctica del “apego” es fundamental en la crianza: “el comportamiento del apego se define como toda conducta por la cual un individuo mantiene o busca proximidad con otra persona considerada como más fuerte. Se caracteriza también por la tendencia a utilizar al cuidador principal como una base segura, desde la cual explorar los entornos desconocidos y hacia la cual retornar como refugio en momentos de alarma”. Cuidado, contención, protección, presencia como claves de la crianza.

Tabúes actuales

El apego se caracteriza por consolidar un lazo muy estrecho entre el bebé y la madre desde el punto de vista no sólo afectivo sino también físico. Porque la crianza con apego se basa en algunas prácticas distintivas: la lactancia a libre demanda y sin prefijar un límite de edad, el portar el chico a upa la mayor cantidad de tiempo posible y el colecho.

“Nuestra sociedad, tan comprensiva en otros aspectos, lo es muy poco con los niños y con las madres y ejerce modernos tabúes que podrían clasificarse en tres grandes grupos”, acusa Carlos González. “Relacionados al llanto: está prohibido hacer caso de los niños que lloran, tomarlos en brazos, darles lo que piden. Relacionados con el sueño: está prohibido dormir a los niños en brazos o dándoles pecho, cantarles o mecerles para que duerman o dormir con ellos. Relacionados con la lactancia materna: está prohibido dar el pecho en cualquier momento o en cualquier lugar o a un niño demasiado grande. Casi todos estos tabúes tienen algo en común”, continúa González: “prohíben el contacto físico entre madre e hijo. Para la madre puérpera, que tiene que asumir la gran tarea de criar a su hijo, lo prohibido no es lavar la casa o la ropa del bebé. Sino lo más placentero de la maternidad: tenerlo en brazos, cantarle, dar la teta, disfrutar con él”.

Lactancia y apego

En la Liga de la Leche, la crianza con apego y la lactancia son parte de una práctica que las mujeres por derecho deberían ejercer: “Amamantar es un derecho de la mamá, y también del bebé. El amamantamiento es un derecho recuperado por las mujeres después de muchos siglos en que les fuera negado, desde que se instituyó el nodrizaje como una forma de trabajo esclavo en el año 2000 AC hasta el estallido de las leches artificiales después de la Segunda Guerra Mundial”, dice Cecilia Karplus, integrante de la comisión directiva de la Liga de la Leche.

Si bien está comprobado que la leche materna es el mejor alimento para el recién nacido, plantear el derecho a la lactancia coloca el tema en un entramado social: si es un derecho tiene que haber leyes que lo respalden. Y no siempre el trabajo fuera de casa, la vida profesional, incluso las licencias por maternidad y las horas de lactancia permiten el ejercicio pleno de ese derecho. “La mayoría de las mujeres que no amamantan no lo hacen porque lo hayan decidido previa y conscientemente, sino que no lo hacen como consecuencia de no haber recibido apoyo e información suficiente cuando lo necesitaron”, dispara Karplus.

Laura Krochik, en el mismo sentido, señala: “las mujeres hemos perdido un poco este instinto animal de alimentar a nuestras crías y, por otra parte, quienes hoy estamos iniciándonos en el rol de madres lactantes no tenemos a nuestras madres para que nos enseñen esta tarea, ya que ellas son víctimas de lo que la leche de fórmula ha hecho en generaciones anteriores”.

La tarea de las madres -quienes recogen el guante, al menos- es retomar el legado de la lactancia desplazando a la leche de fórmula y también desentendiéndose de prácticas conductistas. En este punto, el doctor González es terminante: “la mayor parte de la humanidad durante la mayor parte de la historia ha amamantado a demanda”. Entonces, ¿quién inventó la receta de dar la teta cada tres horas, veinte minutos de cada pecho? Para González, “se trata sin duda de una adaptación al ambiente social en el que una madre deberá dejar a su hijo para ir a trabajar a una oficina o a un lugar donde no se admiten bebés”.

Tiempos modernos

Otra de las prácticas señaladas por González en su libro es el colecho: poner al bebé a dormir en la cama de los padres: “¿Dónde dormían los bebés hace 100 mil años? Un niño al que su madre hubiera dejado solo en la selva o en el bosque hubiera sido devorado por las hienas. O los tigres. Es decir que nuestros hijos están genéticamente preparados para dormir en compañía”.


Ríos de tinta han corrido -y aún hoy se diversifican- a favor y en contra del colecho. De un lado, psicólogos de familia y pediatras señalan que el colecho quita privacidad a los padres y autonomía al chico. Por otra parte, ya no hay panteras o tigres de los que proteger a los bebés. Sin embargo, quienes se alzan a favor de compartir la cama en familia esgrimen otros argumentos: “En otras culturas la práctica del colecho es universal y los problemas de sueño en la infancia, en consecuencia, prácticamente desconocidos”, asegura González. “Diversos estudios de campo arrojan la conclusión de que el colecho facilita la lactancia nocturna y que es más afectuoso y menos violento para el bebé. Porque el hecho de despegar al bebé y a la mamá durante tantas horas genera una violencia en el niño. Y esto de ir a ver si respira, tan típico de todas las madres, es en realidad un mecanismo que obliga a las madres a ponerse en cercanía de sus hijos cuando han renunciado al colecho”.

La pregunta impostergable es, ¿por qué entonces tantas voces se alzan para pedir que por favor saquemos a los hijos de la cama grande? ¿Por qué, además de los médicos, psicólogos y parientes que dan consejos para sacar al chico de la cama de los padres aparecieron incluso libros con recetas rigurosas y casi terribles para que aprendan a dormir solos?

Laura Gutman responde: “Estos libros aparecieron porque las mismas madres lo estábamos reclamando. Necesitábamos el aval de un ‘especialista' que dijera que mejor nos salvemos nosotras, que mejor durmamos tranquilas, que mejor atendamos nuestras necesidades; que total el niño, cuando devenga adulto como nosotras, ya se las arreglará”. Según Gutman, la madre contemporánea prefiere dormir: el médico, sus libros y los discursos que circulan en este sentido avalan esta decisión.

Madres ocupadas

El apego supone una madre enteramente dedicada a su hijo, disponible para dar de mamar sin límites, hacer upa a demanda y dormir en la misma cama. Una madre que, actualmente y en la mayoría de las ciudades de occidente, no se consigue. Laura Gutman señala: “Las mujeres estamos siendo valoradas, miradas y aplaudidas en el ámbito público y en cambio estamos siendo negadas, desprovistas de reconocimiento y aisladas si permanecemos en el ámbito privado”.

En las ciudades del siglo XXI: ¿quiénes están dispuestas a replegarse en la intimidad de la casa y el ejercicio puro y pleno de la maternidad? Porque la crianza con apego –tomada al pie de la letra- implicaría un cambio de valores realmente profundo para las mujeres actuales. Así lo explica el pediatra González: “Muchas madres se sienten mal de dejar a sus hijos en guarderías. Y nuestra sociedad interpreta ese malestar como sentirse culpable. Pero esa culpa no está en los genes: es sólo la interpretación cultural de un fenómeno subyacente. A algunos les conviene esta culpa. Una madre que interpretase este malestar no como culpa sino como rabia o indignación ante la inhumanidad de nuestro sistema laboral o la insuficiencia de nuestro permiso de maternidad (…) resultaría molestamente subversiva”.

Porque el funcionamiento social no sólo ha creado un modo “desapegado” de criar a los hijos sino también un discurso que lo sostiene: el de médicos y profesionales que recomiendan lactancia a horarios y con límites de edad, guarderías y otros modos de ayuda para la madre ocupada. En este sentido, González es terminante en sus acusaciones: “El sistema económico está haciendo mucho daño a la familia. Nuestros abuelos lucharon y murieron para que el padre, trabajando ocho horas, pudiera cobrar lo suficiente para mantener a su familia. ¿Que la mujer quiere trabajar? Pues magnífico: cuatro horas cada uno. Pero si ahora resulta que para mantener menos hijos que antes hay que trabajar 16 horas en vez de 8, es que nos hemos dejado estafar por el camino”.

Sin manuales y sin instrucciones de uso: cada madre (y cada padre) encontrará entonces la manera de criar a sus hijos. Una elección en la que cada uno sabrá combinar con personalísimo estilo la sinfonía que organiza los consejos de los profesionales con la voz del instinto, aunque no se trate en todos los casos de una melodía armoniosa. Un espacio que, sin embargo, deja todo el lugar para la creación de la propia música: el ritmo y los tonos personales de la experiencia única y genuina de ser madres y padres.


Los caprichos no existen

Quienes hablan del apego encuentran un modo diferente de explicar lo que otros especialistas llaman caprichos. Gutman dice: “Los caprichos son malas interpretaciones que denotan una falta total de comunicación del adulto hacia el niño y una ignorancia absoluta sobre las necesidades esenciales del niño humano”. Y Laura Krochik señala: “Si los padres tienen una mirada atenta y están conectados con ellos mismos y con sus hijos, saben distinguir muy bien entre un capricho y una necesidad genuina”.

Escuchar, atender, poner el punto de vista en el lugar del niño, es lo que plantea el pediatra Carlos González en su libro: “A veces el niño pide un caramelo, un helado o un juguete porque lo desea. No decimos, por supuesto, que le tenga que comprar todo lo que pide: eso dependerá de su economía, de su dieta, de la cantidad de juguetes que tenga en casa y del caso que les haga… lo que digo es que si decide no darle lo que pide sea por un motivo racional (ya tiene muchos juguetes, es caro, los caramelos hacen mal a los dientes) pero no simplemente para ‘educarlo', para que aprenda a no salirse con la suya. No le diga que no a su hijo para fastidiar”.


Y aunque afirma que no hay instrucciones válidas para criar a los hijos, enumera algunas pistas:

1)    debemos hacer a nuestros hijos todo el caso que nos sea posible. Nunca será demasiado. No se le provocará un trauma psicológico por sonreírle demasiado a un niño o decirle demasiado cuchi cuchi.

2)    Cuando nuestro hijo llora o se porta mal reclamando atención no lo hace por maldad o por capricho, sino por necesidad y por amor.

3)    Una sonrisa de vez en cuando, una caricia ocasional, una palabra aunque sea de lejos en los momentos que no podemos prestarles plena atención. Siempre será mejor que seguir el consejo de “no permitas que te tome el pelo” o “dejalo que llore hasta que se canse”.


Para seguir el camino del apego:

-Carlos Gonzalez, Bésame mucho. Como criar a tus hijos con amor (Editorial Planeta)

-Laura Gutman es autora de La maternidad y el encuentro con la propia sombra (Editorial del Nuevo Extremo) entre otros textos, traducidos a varios idiomas: www.lauragutman.com.ar


-La Liga de la Leche brinda asistencia a la madre en la lactancia: www.ligadelaleche.org.ar

-Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza: www.fundacionbsas.org.ar

-Maminia tiene libros y productos que favorecen el vínculo cercano madre-hijo: www.maminia.com

 

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