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01-09-2013 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

El teatro de los (otros) sentidos

En la oscuridad de una sala nada convencional, sonidos, aromas y texturas se funden en escena y la imaginación anuncia que, para las artes escénicas, no existen las barreras. Gerardo Bentatti y Martín Bondone abrieron en 2008 el Centro Argentino de Teatro Ciego, una experiencia definitivamente sensorial. Y que, desde hace tres meses, abre las puertas también a los chicos.

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Por Marisa Rojas

 

El otrora tanguero y hoy multicultural barrio del Abasto es llamado, también, ‘Capital Porteña del Teatro’. En los alrededores del antiguo Mercado de Abasto de Buenos Aires, hoy uno de los shoppings más populosos de la capital argentina, se levantaron en la última década las salas más emblemáticas del autodenominado ‘teatro off’. Entre ellas no faltan las dedicadas a la danza y otras con programación especialmente diseñada para el público infantil. Pero hay una aún más particular. En la esquina de Zelaya y Jean Jaurès, desde abril de 2008 tiene su sede el Centro Argentino de Teatro Ciego (CATC), un espacio único en el mundo donde actores videntes trabajan junto a actores no videntes en una experiencia artística inclusiva.

“No es un teatro ‘de’ o ‘para’ ciegos, sino de y para todos, un teatro que permite el desarrollo de las potencialidades de todos, porque acá todos estamos incluidos”, explican desde el site institucional de la organización, donde también se cuenta que “El Teatro Ciego o Teatro a Ciegas es una técnica que en 1991 Ricardo Sued comenzó a explorar en Córdoba, inspirado en las técnicas de meditación en la oscuridad practicadas en los templos ‘Zen’ Tibetanos”.

¿Cuál es la relación del CATC con esa primera experiencia de teatro en la oscuridad realizada en Córdoba? ¿Cómo fue la génesis del Centro y de qué forma se dio su desarrollo? ¿Por qué eligieron dirigirse también al público infantil? Sobre esas, y otras cuestiones, conversamos con Martín Bondone, productor ejecutivo del CATC.

 

“A mediados de los años ‘90, Gerardo Bentatti conoce al grupo que, con dirección de Ricardo Sued, hacía en Córdoba la obra Caramelo de limón y se incorpora a la compañía para las presentaciones en Buenos Aires. Después de algunas temporadas el grupo decide regresar a Córdoba, y con la aprobación de Sued, Gerardo, que se había quedado muy enganchado con la experiencia, funda en el año 2001 el grupo Ojcuro que estrena en la Fundación Konex una versión de la obra de Roberto Arlt, La isla desierta. Ese grupo estaba compuesto en su mayoría por actores no videntes, actores que eran parte del elenco de teatro leído de la Biblioteca Argentina para Ciegos. Durante siete años presentan la misma obra en el Konex, a pocas cuadras de la actual sede del CATC. Sin embargo, Gerardo había ido madurando la idea de tener una sala propia, una sala exclusivamente dedicada al teatro en la oscuridad. Así fue como hacia finales del 2007 salimos a buscar el lugar que necesitábamos… y los recursos, claro. Finalmente, créditos mediante, en julio de 2008 estrenamos en esta sala, donde hoy presentamos todas las semanas ocho espectáculos, y donde funcionan además los talleres de teatro, tango y creación coral a ciegas, lo que no significa exclusivamente ‘para’ ciegos”, explica Bondone.

¿Qué características debía, debe tener, un espacio dedicado a las artes escénicas en la oscuridad?

No hay requisitos especiales porque sea para teatro ciego, sino cuestiones relacionadas con lo que para nosotros es un teatro en general. Estábamos en el Konex, donde siempre trabajamos muy bien y habíamos crecido mucho, así que irnos era todo un desafío. Buscamos mucho, durante mucho tiempo. Finalmente dimos con esta casona que había sido una antigua casa de familia, que decían iba a ser un restaurante y que estaba destruida, pero era lo suficientemente grande y estaba bien ubicada. Desde que llegamos acá hemos estado arreglándola todo el tiempo, nos hemos encontrado con problemas de todo tipo, recién después de cinco años vamos logrando acomodarnos. Logramos armar dos salas: una en la planta baja donde se realizan casi todos los espectáculos y los talleres, y otra en la planta alta donde los viernes presentamos la que fue la segunda producción del CATC: A ciegas gourmet, un espectáculo de música y relatos que transcurre mientras se cena, en la oscuridad total por supuesto, con un menú especialmente preparado para que aun sin ver el público pueda sentir. Porque de eso se trata, de despertar otros sentidos y, así, aprender a mirar de otra manera.

A propósito de la posibilidad de ‘aprender’, el CATC no es sólo una sala que produce y programa espectáculos sino también un sitio dedicado a la formación artística ‘a ciegas’, ¿cómo funciona esa parte del proyecto?

El núcleo duro y la diferencia sustancial que tiene el CATC en relación a cualquier otra experiencia del estilo es que tiene un programa de formación; todos los actores que trabajan en las obras que presentamos se formaron acá. Hay quienes tenían alguna experiencia previa en actuación y hay personas que ni siquiera eran actores pero aprendieron, aprenden, a serlo acá. En cuanto a los primeros, no existen actores que de una puedan ponerse a trabajar en esto: es una técnica muy especial, muy vinculada al teatro físico; trabajamos con el cuerpo todo el tiempo, también con la voz por supuesto, pero es fundamentalmente el trabajo del cuerpo el que adquiere otra dimensión. En relación al resto, la verdad es que es muy difícil que tengan experiencia previa porque los talleres de teatro que se ofrecen habitualmente no suelen ser aptos para personas ciegas; de hecho, generalmente los profesores de teatro no aceptan personas con discapacidad; en el Conservatorio ni siquiera pueden ingresar… En nuestro caso, todas las actividades formativas están abiertas a toda la comunidad; se trate de personas con o sin discapacidad visual. La diferencia está en que si tenés una discapacidad visual, no estás obligado al pago de la cuota: generamos un sistema de becas para que los profesores puedan tener su retribución por el trabajo que realizan pero que al mismo tiempo nadie se quede afuera de la experiencia. Como sala no usufructuamos los talleres en términos económicos, sí son el semillero de muchas de las producciones que hacemos.

¿Qué aspectos formativos deben tener presentes en uno y otro caso, para actores (videntes) previamente formados como tales y para personas ciegas que recién se inician en la disciplina teatral?

Hay dos procesos y uno es igual para ambos: lo que tiene que ver con la actuación en sí se trabaja con personas videntes y no videntes por igual. Hay una gestualidad que no se evidencia en el teatro ciego en los términos formales, pero la composición del personaje es, debe ser, con el mismo rigor. Con la misma exigencia trabajamos la formación de la persona en actor/actriz, lo que llamamos la profesionalización y que es lo que más queremos trabajar el próximo año cuando transformemos los talleres en Escuela.

El otro proceso, es el de adaptación al medio. Y ahí sí hay diferencias. En el caso de las personas no videntes, hay un mito que dice que están mejor adaptados a la oscuridad, y la verdad es que la oscuridad es su medio más común pero eso no significa que para lo que exige un trabajo de actuación estén mejor preparados. Depende del grado de ceguera y de cómo cada persona lleve su ceguera. Sí sucede que, al principio, los actores ciegos ayudan mucho a moverse en el espacio a los actores no ciegos. Porque hay una cosa que ellos sí tienen mucho más claro casi de movida y es que para trabajar en la oscuridad se debe andar muy despacio, bajar unas cincuenta veces el ritmo del común del día. Porque si en la oscuridad uno anda rápido se choca, y se choca feo. Entonces, se debe andar despacio, y hay que aprender a escuchar, mucho. Igual, todo el tiempo se dan situaciones de compensación entre quienes ven y quienes no, por eso tratamos que la mayoría de los elencos sean integrados. Siempre se necesita alguien que vea, y siempre es necesario el trabajo en equipo.


Para Martín, formado originalmente en Economía y posteriormente en teatro (con Raúl Serrano), primo y compañero de aventuras de Gerardo, hay aún algo más interesante en este particular proyecto que es el CATC: el impacto que tiene en la persona con discapacidad visual. “El ciego en general trabaja en puestos que son ad hoc, puestos que son creados para ciegos porque así lo marca la ley o porque así las empresas deducen impuestos; pero acá el ciego que trabaja lo hace a la par de los otros, y eso es igual también para el caso de las responsabilidades. Acá somos todos iguales, no hay privilegios ni exigencias menores para quien no ve precisamente porque no vea”, explica el productor, autor además de las obras Luces de libertad, la que se ofrece en funciones especiales para escuelas, y Mi amiga la oscuridad, primera producción del CATC para el público infantil.

Durante las vacaciones de invierno estrenaron la primera obra de la compañía pensada especialmente para chicos, ¿cómo fue el proceso de escritura de una obra para el público infantil a realizarse en la oscuridad?

La idea de hacer algo para chicos había surgido hace ya bastante tiempo, incluso antes que comenzáramos a trabajar con la obra histórica, Luces de libertad, que transcurre en mayo de 1810, para colegios. En lo primero que pensamos fue en hacer una versión de El Principito pero la verdad es que los derechos tienen un monto demasiado alto para nosotros y la idea quedó entonces ahí… flotando. Luego, como todo el tiempo recibimos correos de papás que preguntan si pueden venir con sus hijos, si tenemos programación especial para niños, empezamos a trabajar con los colegios, en horarios especiales y con entradas que cuestan menos de la mitad de nuestra entrada habitual. Finalmente, Mi amiga la oscuridad surgió a partir de una idea muy simple, el texto surgió muy rápido, es sencillo, y hasta tiene códigos internos, los personajes de Nescius y Positivín por ejemplo son un poco un chiste a Gerardo y a mí. Lo primero que pensé fue en hacer un texto divertido y con posibilidades para incorporar y modificar efectos todo lo que fuese necesario. El teatro ciego es un poco así en general, se va modificando todo el tiempo. Tiene un lenguaje muy propio que avanza en el tiempo, más allá incluso de la historia original que debe cerrar, primero y antes que nada, en términos dramáticos. Pensé entonces en un texto divertido, lúdico y que sorprenda. Pero acá los sorprendidos fuimos nosotros porque apenas empezamos a probar la obra los pibes empezaron a pedir mucho más de lo que nosotros les dábamos. Ha sido una experiencia maravillosa.

Días y horarios de funciones de Mi amiga la oscuridad

 


 

PLANETA CATC 
El Centro Argentino de Teatro Ciego, fundado por Gerardo Bentatti en el año 2008, pero con antecedentes que se remontan hacia mediados de los años ‘90, funciona, con dirección ejecutiva de Martín Bondone, en una típica casona del barrio del Abasto, en la calle Zelaya 3006. En las dos plantas de la sede del CATC se presentan diversos espectáculos –hay obras formalmente teatrales, dramas y shows de humor “como en la radio” (El infinito silencio; Babilonia FX; Stereotipos a ciegas, entre otras), pero también cenas gourmet que se suceden entre música y relatos, shows de sonido únicos (Parlantes Holofónicos Zucarelli) y espectáculos para niños (Mi amiga la oscuridad)- que se realizan, en su mayoría, en la oscuridad total. También se dictan aquí clases de teatro, tango y creación coral a ciegas y meditación a oscuras. Abierto de lunes a domingos, el CATC es un emprendimiento único en el mundo, una experiencia artística inclusiva donde el arte resulta una posibilidad real para todos, al tiempo que se trabaja por el desarrollo cooperativo e igualitario de todos sus miembros. Con una programación especial para escuelas, para chicos de los últimos grados del primario y estudiantes secundarios (Luces de libertad), también realizan actividades especiales para organizaciones sociales y, desde el área de eventos (A ciegas producciones) llevan adelante actividades especiales – recreativas y diferentes- para escuelas y empresas.

Más info: www.teatrociego.org


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