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01-04-2007 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

El rock del barrio

El Murgón de la Esquina, la banda que integran Natalia Chiesa, Facundo Álvarez, Daniel Poloni y Javier Cantón, ha conquistado escenarios con una propuesta ecléctica que hace de sus presentaciones un mundo donde hay lugar para todas las canciones. A poco de presentar su segundo disco, le contaron a Planetario por qué "la música no sólo es diversión".

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Por Marisa Rojas

 

¿En el nombre de la banda hay una declaración del espíritu del grupo? “Murgón” remite a una agrupación grande, de muchos músicos y con cantidad de instrumentos, y “de la esquina", no obstante, hace que esa banda no suene inalcanzable sino bien cercana, casi como el grupo de unos amigos…

Facundo Álvarez: El nombre en realidad nos ha traído más de una confusión. Lo de "murgón" ha generado que mucha gente piense que somos una murga, grande, claro, que crean que hacemos ritmos murgueros, incluso en los comienzos nos llamaban para actuar en fiestas, para contratarnos como murga. La verdad es que cuando elegimos el nombre lo hicimos no por una cuestión de identificación musical, a pesar de que en nuestro trabajo hay influencia murguera, sino porque pensamos que la murga tiene una energía positiva, una cosa de mucha alegría, de mucha fuerza, la murga también es barrial y ese montón de cosas sí nos identifica y nos representa. La murga rioplatense es ruidosa, es bochinchera, es divertida y también dice cosas, por eso el nombre, la primera parte al menos.

Natalia Chiesa: Lo de "la esquina" lo agregamos después, incluso casi con nuestro primer disco en la calle. Pasó que ya había otra persona con una banda que se llamaba “El Murgón" pero nosotros desconocíamos eso, entonces para no tener inconvenientes nos juntamos ambas partes y decidimos, en nuestro caso, sumarle lo de “la esquina".

¿Cómo nace “El Murgón de la Esquina"? ¿Qué tal fueron los primeros tiempos?

F: Yo venía trabajando ya como músico con otra artista, era integrante de otra banda, tocaba canciones pero de otros. Paralelamente comencé a trabajar en mis propias canciones y logré tener una cantidad importante, se las mostré a Daniel (Poloni) y continuamos trabajándolas juntos. Estuvimos buscando cantante un tiempo, no encontrábamos a nadie que nos convenciera, no lográbamos darle forma a la propuesta hasta que Daniel propuso sumar a Natalia al proyecto. Pasa que cuando uno está arrancando hay ciertos preconceptos sobre cómo hacer las cosas y en realidad después, ya con el proyecto hecho realidad, te vas dando cuenta de muchas otras cosas. ¿Por qué digo esto? Bueno, por ejemplo, nosotros como músicos lo único que pensábamos era en tocar, nos hacíamos cargo de la parte musical, de hacer bien lo nuestro y más nada, que la cantante se hiciera cargo del resto. Por eso, cuando arrancamos, allá por el 2000, musicalmente no teníamos problemas, pero la gran incógnita era la puesta en escena.

N: ¡Y me llamaron a mí para que remara! Yo trabajaba con chicos, estudiaba teatro y había hecho comedia para niños, me llamaron y me depositaron en el escenario, era el famoso “me arremango y a ver lo que sale", pero la verdad es que era bastante cansador porque uno nunca se levanta con la misma energía, las mismas ganas… Nos pasaba que musicalmente decíamos una cosa pero escénicamente no podíamos decir lo mismo, ¡y no sabíamos por qué! Nosotros tenemos mucho sentido del humor y nos divertimos mucho, en el escenario y fuera de él, cuando trabajamos y cuando nos juntamos a cenar, pero esos chistes y ese clima que se armaba en nuestras reuniones ‘puertas adentro', no aparecía en escena.

F: Hicimos un click muy importante en un momento en que nos invitaron a Colombia, a un festival latinoamericano de la canción infantil. Esa experiencia fue buenísima porque vimos como trabajaban otros y descubrimos que no se trataba de salir e improvisar, que no era necesario ser espontáneos todo el tiempo, o que en todo caso eso no debía volverse caótico. Después de ese festival entendimos la importancia de la puesta, nos dimos cuenta que teníamos que recurrir a otra persona de afuera de la banda para que nos ayudara a trabajar en el escenario más allá de lo musical. Así fue como para nuestro primer disco, para las primeras presentaciones de ese trabajo, llamamos a Gabriel Conlazo. Trabajar con un director de escena nos sirvió para ordenarnos, para saber qué decir, cuándo y cómo.

¿De qué modo se trabaja musicalmente con roles y un guión cuando se trata de un público siempre tan distinto y sorprendente como es el infantil?

F: Bueno, eso es, fue, un aprendizaje también. Al principio te pasa que decís "¿Cómo este chiste funciona y este otro no? ¿Por qué funcionó ayer y hoy no?" Y después te terminás dando cuenta que el público es diferente en cada espectáculo, y que los chicos son muy muy muy especiales como público y que hay que estar atento a eso para no repetir fórmulas preconcebidas. Descubrís que hay días que vas a remarla más y hay días que digas lo que digas la gente se va a matar de risa. Y también aprendés que no todo es risa y que no todos los públicos disfrutan a través de la risa.

N: Yo recuerdo que en los comienzos me pasaba que cuando veía que los chicos no se reían me daba por empezar a saltar y a cantar más arriba y terminaba como adolescente en un festival de rock en Ferro, toda desbocada. Hasta que te das cuenta que la vida no es así, y que tampoco toda expresión artística puede ser así. Por ahí estás tocando en una plaza con 30 grados de calor y así que vos transpirás en el escenario el público también está acalorado y por ahí la pasa bien pero no necesariamente va a estar saltando y gritando todo el tiempo para demostrártelo. Se puede disfrutar de la música, también, muy tranquilamente.

¿Qué influencias musicales hay en la base de sus trabajos? Escuchando el primer disco se puede rastrear desde hip hop hasta chacarera, pasando por candombe, merengue, ska y, claro, rock & roll…

N: Los cuatro tenemos influencias muy distintas, venimos de mundos musicales bien diferentes. Yo, por ejemplo, vengo de la música clásica pero también me gusta mucho el rock, en mi casa siempre hubo discos de los Beatles y de los Stones. En el caso de Daniel él es un hombre del jazz y del folklore también, y Facu es el hombre de la canción latinoamericana…

¿Cómo se organiza el trabajo, cómo se ponen de acuerdo, tratándose de cuatro personas con influencias tan distintas en la música?

F: Hemos aprendido a ser abiertos, yo por lo menos he cambiado en eso, fui como abriendo mi cabeza. También apostamos fuertemente a hacer una cosa bien variada, somos rock, sí, pero también tocamos hip hop, ska, reggae, y eso porque somos así de distintos los cuatro. En realidad lo que hacemos conjuntamente todos son los arreglos. Yo armo, escribo la canción con la mirada atenta de Natalia, y ella que va siguiendo el proceso bien de cerca en todos sus pasos, me va diciendo lo que le gusta y lo que no, y cuando tenemos la canción ya armada y nos gusta a ambos, ahí nos reunimos con los chicos y la mostramos. Y no siempre comenzamos a trabajar igual, a veces lo hacemos más pautado porque yo tengo más clara la idea y a veces se tira el material y empezamos a elaborarlo y así va saliendo el tema. Jugamos mucho, seriamente, pero jugamos.

¿Qué lugar ocupa en sus vidas, más allá de los profesional, la música y, particularmente, la música para chicos?

F: Yo creo que la música es un espacio para contar historias, es un lugar para el encuentro de alguien que cuenta y otro que se siente identificado con eso que vos contás, y que de repente le permite decir algo que de otro modo no podría. Lo importante para mí es que es un lugar donde los chicos pueden hacer su propio proceso, elegir, quedarse si se identifican, o no, y hacerlo sin reglas. Nosotros formamos parte del Momusi y en muchas mesas hemos discutido esto. Para nosotros la música para chicos no tiene una finalidad pedagógica manifiesta, no hacemos canciones para que aprendan a bailar algún ritmo en particular sino que simplemente contamos un montón de historias que vemos, que nos asombran, o que nos contaron y que nos gusta compartir con ellos.

N: En mi caso particular, la música siempre ha tenido un lugar importante en mi vida. Yo tengo un sobrino que es mi ahijado y que ha crecido con mi música porque cuando sacamos el primer demo él tenía un año, así que fue creciendo conmigo y sé que para él estas canciones, como para mí la música, es compañía, no sólo recreación, diversión, baile y fiesta. Es también un espacio para la reflexión, un lugar para pensar a través de las historias que otros cuentan.


Murgón de estreno

A un mes del lanzamiento de su segundo disco, los murgueros de la esquina -que no hacen murga, valga la aclaración- aún no saben qué título será el que finalmente pondrán al nuevo trabajo. Son tiempos de ajustar detalles, hacer los últimos arreglos musicales, definir el arte de tapa, hacer las fotos y comenzar a preparar, bajo la dirección de Javier Zain, el nuevo espectáculo con el que presentarán las nuevas canciones.

¿Cómo es lo nuevo de El Murgón?

F: Es un disco definitivamente rockero, las canciones tienen letra y música bien rockera.

N: Es un trabajo que, a diferencia del anterior, habla de cosas más reales, de situaciones que no tienen que ver ya con las fantasías, habla de la separación de los padres, de eso que no sale como nos gustaría. No es un disco traumático claro, pero tampoco son canciones donde está todo bien, vamos a divertirnos y más nada. Hay una canción que habla de los miedos, lo hace desde un lugar simpático y pintoresco, pero lo habla.

¿Y qué motivó que decidieran hacer un disco donde hablaran, cantaran, esos 'temas difíciles'?

F: Pasó que en el 2005 estuvimos en Colombia, donde participamos del 1er. Festival de Rock para Chicos de Latinoamérica y compartimos escenario con un grupo de México y otro de Venezuela y, más allá de lo que podíamos compartir o no musicalmente, nos pareció interesante que ambas bandas se permitían abordar un montón de cuestiones respecto a los chicos. Por ahí acá nosotros estamos acostumbrados a otra cosa, se habla poco de ciertos temas y cuando se lo hace se trabaja mucho desde el humor, pero la niñez no es un mundo exclusivo de sonrisas, también hay tristeza entre los chicos, muchas veces, y de hecho una de las letras habla de eso, se llama "La risa no basta". Por eso decidimos y tratamos con este nuevo disco de abordar desde otro lugar esos otros temas.

La última producción discográfica de El Murgón incluye 14 temas, entre ellos: “Robot", una canción que habla sobre la posibilidad de despertarse un día y poder decir lo que se piensa… y ser escuchado. “Robot surgió pensando en las veces en que los adultos actuamos con los chicos bajo fórmulas ya establecidas y lo poco que se los deja expresar realmente", explica Facundo. "Hay un tema dedicado a los caprichos, a los llantos que no son llantos pero que ¿por qué no dejar que sucedan? Es algo así como una declaración de los que gustan del llorar porque así se expresan", cuenta Natalia, y agrega: “Y también incluimos una canción que habla del amor, de ese amor sencillo e ingenuo de la infancia, del amor platónico, de esas ocasiones en que viste a alguien en un tren sólo por 5´ pero te enamoraste".

Del nuevo trabajo participa, como invitado, Pety, el cantante de la banda argentina de reggae Riddim, quien puso su voz para “Canción Triste", y también los integrantes de la agrupación colombiana Nueva Cultura, en el tema “Sueños".



Planeta Murgón

El Murgón de la Esquina nació como resultado del trabajo conjunto de Facundo Álvarez (percusionista, compositor) y Daniel Poloni (el hombre de la guitarra). En el año 2000, y tras intentar -infructuosamente- con alguna otra cantante, ambos pensaron en Natalia Chiesa para ponerle voz a las letras de Facundo y, como confiesa el letrista hoy, "hacerse cargo de la escena".

 

Natalia, docente, bailarina y actriz, fue desde entonces la voz de la banda que también integra, a cargo del bajo y en coros, Javier Cantón. En el 2002 El Murgón editó de forma independiente un primer trabajo discográfico que se llamó igual que la banda y que distribuyó Gobi Music. Desde entonces, han tocado en escenarios porteños así como en distintas provincias del país y en encuentros de músicos latinoamericanos. Desde el 2004, integran la Comisión Organizadora del Momusi. El 2007 los encontró trabajando en un nuevo disco que graban, también, de modo independiente -"En los estudios de un amigo, en Urquiza", cuenta Natalia-. Un disco que estará en la calle en el mes de mayo y que presentarán en vivo en las próximas vacaciones de invierno.

Más inf. en: www.elmurgondelaesquina.com.ar

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