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01-07-2007 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

El rey de la risa

Clown, actor, autor, director de teatro, Enrique Federman, el hombre que en los ´80 marcó la escena sin palabras, sabe transitar con calidad las plateas más diversas. Director de “Sweet Charity”, sigue visitando el off y en esta temporada tiene, además, dos obras en cartel ‘para chicos y grandes’.

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Por Marisa Rojas



El 2007 te encontró con cuatro obras en escena, incluyendo esa perlita del teatro independiente que es No me dejes así, el mega musical Sweet Charity, la propuesta minimalista –para chicos y grandes- de La Fila y ahora también esa fiesta-homenaje que es Un cierto concierto, ¿hay aún algo más para sumar a este año?

Recientemente me convocaron para participar de un proyecto televisivo. Me llamaron del Canal Encuentro, del Ministerio de Educación de la Nación, para que me incorporara a cargo de la dirección de actores de una propuesta que se llama “Paka paka”. Mucho más no puedo decir, porque no sé, pero sí puedo adelantar que será un ciclo que irá los días sábados, unas cuatro horas, y donde habrá mucho trabajo en el piso pero también en diferentes escenarios en exteriores. El objetivo es que la propuesta sea naturalista, que la conexión con los chicos sea lo más natural y espontánea posible, que no haya ni en los conductores, ni en los títeres, ni en los invitados otra cosa más que una conexión genuina. La idea de la excitación propia de muchos programas y propuestas infantiles definitivamente no va a estar.

En tus trabajos se observa una propuesta de comunicación, de encuentro con el otro, clara, inteligente y divertida también, pero fundamentalmente muy concreta…


Dicen que me convocaron justamente para eso, para que la cosa fluya sin estridencias. Esto en realidad, creo yo, tiene que ver con organizar el espacio y la propuesta teatral pero sin esquemas, es decir, si hay exasperación que sea natural, no algo forzadamente exasperado. El despliegue de recursos materiales no es algo que descarte pero hay cosas que compra la plata y cosas que no, afortunadamente. Con lo mínimo se puede ilusionar a los chicos porque ellos saben jugar al ‘como si’.

¿Esto implica, más allá de los escenarios aunque desde ellos, pensar otra idea de infancia, alternativa al modelo de niño sobreestimulado e hiperconectado, al que se le ofrece todo resuelto?

Yo no creo que se trate de pensar en otro tipo de niños o en proponer otro modelo de infancia. Trabajo, artística y estéticamente, sí desde otro lado, eso está claro. La Fila, por ejemplo, empieza a capela. No sólo a capela, el espectáculo comienza en el vacío total, no hay nada en escena cuando arranca. Recuerdo que en el primer encuentro que tuve con Silvina Reinaudi –autora de la pieza- y Carlos Gianni –director musical de la obra-, para quien “todo empieza y termina con una canción”, yo les dije de arrancar así y les propuse captar la atención de los chicos sin nada, y ellos confiaron. Saqué la música en el comienzo, también en otro momento le quité la letra a una canción, a la bruja le propuse aparecer sin peluca, a medio camino de ser la bruja típica y no serlo, fui deconstruyendo algunas cosas. Bueno, las propuestas gustaron, el equipo confió y afortunadamente también el público (ver Turno para…). No sé, será que estoy acostumbrado a trabajar con poca cosa. Me gusta más imaginar. El micrófono, por ejemplo, se inventó para no gritar y sin embargo en muchos espectáculos vos tenés gente con el micrófono que grita, y yo me pregunto ¿para qué quieren el micrófono entonces? Y no es que quiera ser distinto, original, no, son gustos. Yo trabajé como animador de fiestas infantiles mucho tiempo y lo hacía sin nada, digo, sin micrófono, sin grandes despliegues, es un tema de conexión. Entretenimiento con herramientas nobles y bien entendidas. Un buen entretenimiento no requiere de demasiados recursos materiales y sin embargo no es algo menor, es algo que te da mucho placer.

¿Cuáles son tus herramientas para conseguir esa conexión con los chicos?

Trabajo desde y con los matices, mi búsqueda y mi propuesta tienen que ver con eso, los cambios de climas, la posibilidad de transitar distintos estados. Poder ir de un momento de calma a una situación que tiene que ver más con la risa, saltar a otra instancia de excitación; juego con el baile, con la música, y busco también construir momentos algo más reflexivos. Pero fundamentalmente, insisto, se trata de poder transitar cambios de clima, y no esquemáticamente: de la risa al llanto del llanto a la calma de la calma a la alegría, no, nada escrito. Por ejemplo, en el caso de Un cierto concierto, recibí una idea de espectáculo y mi propuesta fue conseguir un nivel de estados y de cambios de estado, que no sea un espectáculo lineal sino que suba, que baje, que vuelva, mi trabajo tuvo que ver allí con darle ciertos matices que son los que te permiten obtener los cambios de climas (ver Un homenaje…).

¿Qué necesitás como director, de un actor, para que participe de un proyecto para chicos con tu mirada?

Varias cosas, pero fundamentalmente recursos y además, y no menos, tienen que gustarle los chicos. Si un actor que trabaja para los niños no siente un profundo amor por ellos, no puede trabajar con ese público, porque la platea infantil es muy especial, a veces hay que poder correrse del personaje, incluso como personaje, saber escuchar y ver lo que está pasando en la sala y actuar en consecuencia. También necesito que el actor sea proponedor de propuestas, pero que no se interponga, es decir, que no esté por delante de la propuesta total, que no quiera sobresalir, que no esté por encima de lo que hace. Y después… vamos viendo.

¿Tu formación como clown te dio herramientas especiales para acercarte a los niños? En los últimos años asistimos a una revalorización del lugar del payaso y del clown en la relación con el público infantil, en particular a partir de la ternura…

Lo primero que yo hice fue una rutina cuasi-circense junto al payaso Batifusa, yo tenía dieciocho años, no había en mí preparación alguna, pero empezamos a jugar y jugamos mucho y nuestro juego gustó y así empezó todo. Mi payaso se llamaba “Quiquito”. Mi primer público fueron los chicos, después vinieron los años de estudio, mi formación como actor y mi desarrollo como clown y en especial el clown sin palabras. Ahora, después siempre hay modas. Digo, a mí fundamentalmente me divierte lo que hago, el humor es una herramienta de trabajo muy importante en mí, y por suerte tengo la posibilidad de hacer distintos tipos de humor, el humor de No me dejes así es distinto al de La Fila, por ejemplo, pero es humor. Y yo me divierto con los chicos y ser clown me divierte y sí me permite acercarme a ellos, pero no porque ponerse una nariz colorada sea sinónimo de trabajar bien para los chicos o signifique algo en particular. Ahora, lo que tiene de bueno la moda es que, cuando pasa, siempre queda alguien con talento y todo suma. Me parece que a esta altura no alcanza un espectáculo de clown o de títeres, creo que es necesario una mezcla de todo..


Un homenaje musical

Sobre una idea original de Laura Silva, Omar Calicchio escribió la partitura de Un cierto concierto, un espectáculo de canciones homenaje a Carlos Gianni y Hugo Midón. Con dirección general de Enrique Federman y dirección musical de Javier López del Carril, Silva, Calicchio, Laura Conforte y Gustavo Monje invitan a los chicos, de ahora, a un exquisito y divertido viaje por la infancia de los chicos, de ayer. Y demuestran, con un despliegue escénico de calidad, un vestuario brillante y divertido, sonrisas honestas y voces verdaderas, sin saltos a destiempos ni chirridos televisivos, que las mejores notas musicales no necesitan de mega estadios para ser disfrutadas. Con una deliciosa orquesta en vivo, compuesta por Paula García Presas, Eva Libia Vera, Christine Breves, Paula Pomeraniec y López del Carril, los cuatro artistas interpretan canciones de la histórica dupla, desde “La Vuelta Manzana” hasta “La Familia Fernándes”, pasando por “Vivitos y Coleando” y “El Salpicón”, sin olvidarse de “El chico que gusta de mí”, “Al agua pato” y muchas más.

“Las nuevas versiones musicales proponen una estética moderna fusionando un cuarteto de cuerdas con música electrónica”, señalan los creadores de esta gran fiesta musical para chicos… y grandes.

Teatro La Comedia. Rodríguez Peña 1062.
Tel: 4815-5665. Sáb., dom. y feriados: 15 y 17 hs. En vacaciones de invierno: todos los días. Entradas $ 25. Para chicos de 2 a 12 años.


Turno para la risa

Con libro de Silvina Reinaudi, música y dirección musical de Carlos Gianni, y dirección de Enrique Federman, la compañía de teatro musical para chicos Mumú Lavac, integrada por Denise Cotton, Mariela Kantor y Javier Zain, estrenó en el 2006 un espectáculo que no tardó en convertirse en una de esas pequeñas grandes sorpresas que, de tanto en tanto, hacen vibrar la escena teatral infanto-juvenil, La Fila. La obra, una producción independiente que cuenta con el apoyo de Proteatro, parte de una situación de juego, tres extraños personajes haciendo fila para sacar un turno, y va adquiriendo diferentes significados, al tiempo que aparecen nuevos y más variados personajes y la espera se puebla de absurdos y sorprendentes disparates. “Una situación cotidiana, sencilla y bien reconocible, que habla de todos y que es espejo de muchas cosas. Imaginada para los chicos, que siempre ven mucho más de lo que los grandes piensan, y para los grandes, que no olvidan la mirada inteligente de cuando eran chicos”, dicen sus creadores. En clave de humor, con actuaciones precisas, diálogos y canciones tan nobles como divertidas, sin ningún despliegue estético apabullante, pero cuidando la simpleza en cada detalle, La Fila, fue festejada por el público y reconocida por la crítica. En el 2007 van por su 2da. temporada, esta vez, en el Teatro del Nudo.

Teatro El Nudo. Corrientes 1551. Tel: 4373-9899. Sáb. y dom. 17 hs. En vacaciones de invierno: todos los días. Entradas $ 12.



Planeta Federman

Niño futbolista, adolescente aspirante a estudiante de Ingeniería, Enrique Federman descubrió el mundo de los payasos cuando con 18 años ingresó al mundo de la televisión de la mano del payaso Batifusa. Desde fines de los ‘70 se formó como actor con profesores como Beatriz Matar y Agustín Alezzo. En los ‘80, Barea y Urdapilleta incluídos, marcó la escena local como clown, mucho antes de que la nariz roja, la risa sencilla e inteligente, y la ternura, fueran una moda estandarizada. Fue el creador de “El Narizazo”, el 1º Festival de Clown y Humor del país, trabajó en festivales del exterior como “The Golden Clown”, en Sicilia, Italia, “Huis Ten Bosch” y “Dadidogei”, en Japón y “La Semana Internacional del Humor”, de Colombia. Coordinador artístico del Varieté del Festival Internacional BA, participó también en el Festival Latinoamericano de Mimo de Mar del Plata.

Durante seis años (1984-1990) integró la compañía de Héctor Presa, “La Galera Encantada”; y trabajó para el público infantil, también, a través de Disney Co. en el Disney Animación Festival Fun Park. Fue animador de fiestas infantiles y desde hace algún tiempo también es docente.

Al frente de los unipersonales protagonizados por Carlos Belloso -Dr. Peuser, Pará fanático- se consolidó como director, faceta que supo incorporar a espectáculos propios y ajenos, todos tan diversos que lo llevan de las salas del off hasta la mismísima calle Corrientes, trabajando para adultos, para niños, y para toda la familia, entre otros: Beto, el suertudo, Neutrino, La Variete del CCC, Cosas de Payasos, Perras, Popovski, y en los últimos tiempos la premiadísima No me dejes así, de la que también es el autor, y el mega musical protagonizado por Florencia Peña Sweet Charity.

En 2006 estrenó, para chicos y grandes, La Fila, de Silvina Reinaudi, con música de Carlos Gianni, por la compañía Mumú Lavac; y en el 2007 dirige, además, Un cierto concierto, un espectáculo homenaje a la dupla Gianni-Midón, de Omar Calicchio, sobre una idea original de Laura Silva.

Entre las distinciones que ha obtenido se cuentan el premio Teatro del Mundo, de la UBA, como Mejor Dramaturgia por No me dejes así; el premio Clarín por Dr. Peuser, en la categoría Mejor Unipersonal; la nominación al premio ACE por Llorando me dormí, y el premio de ATINA al Mejor Director por La Fila.

 

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