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01-08-2008 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

El Nudo cumple, y festeja

Con una trayectoria de diez años, la compañía teatral de los hermanos Scarpitto, Nelly y Daniel, Mariana Trajtenberg, Claudia Villalba, Andrés Sahade y Julieta Alessi, supo ganarse un lugar en la escena porteña. De perfil bajo, y con propuestas inteligentes, El Nudo invita a los más pequeños, y a los más grandes, de la casa a asomarse al mundo de los guantes y las varillas.

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Por Marisa Rojas

 

Así como las propuestas de la compañía que integra, llega Nelly Scarpitto, una de las fundadoras de El Nudo, a la cita con Planetario en el café del Centro Cultural de la Cooperación. Es sábado de tarde y ella está vestida íntegramente de negro, como buena titiritera que no gusta pasar muy advertida, aunque viene caminando rápido, después de haber terminado una de las primeras funciones del nuevo espectáculo que dirige, saluda amena y cálidamente y abre la charla a pura confesión. “Me encanta ser titiritera, me gustan mucho los títeres. Estudié teatro con Alejandra Boero y con Julio Chávez y soy docente de plástica, pero los títeres son lo que más placer me da. Yo me crié en Mar del Plata, con el mar cerca pero en un departamento. Y el verano en Mar del Plata es fantástico porque se llena de amigos, pero en el invierno te quedás muy solo y si no es un día bonito para jugar en la arena te lo pasás adentro de tu casa. Mi departamento era muy pequeño, por eso mis juegos pasaban sobre o debajo de la mesa. Jugaba con toda clase de objetos, me encantaba construir pequeñas ciudades, con mi hermano inventábamos historias con figuritas. El primer recuerdo de infancia que tengo es de mi hermano haciendo para mí una función de títeres con una caja de cartón.”

La compañía está celebrando en el 2008 su primera década de vida, ¿qué hubo, precisamente diez años atrás, para que se haya formado este Nudo?


Bueno, los que fundamos El Nudo, Daniel, Mariana, Claudia y yo, somos todos egresados del taller escuela de titiriteros del Teatro San Martín. Pertenecemos a dos camadas distintas, unos egresamos en el ‘95 y otros, como mi hermano Daniel, en el ‘98. Nos conocimos todos siendo estudiantes. Ya egresados, nos empezamos a juntar pero en principio como grupo de investigación. Porque, el taller del San Martín te da una formación muy fuerte, muy intensa, cursás todos los días de la semana de 9 a 13 y cuando te vas a tu casa te vas a preparar los trabajos para el otro día. No te alcanza el tiempo para que te bajen todas las fichas de todo lo que ves y aprendés y sucede en los tres años de la carrera. La cuestión es que cuando salimos de ahí todos estábamos como locos, con ganas de trabajar porque habíamos aprendido muchas cosas pero apenas habíamos hecho algo, y decidimos juntarnos para empezar a andar un camino propio. Luego se sumaron Andrés y Julieta.

 

¿Y cómo es el camino de un artista como el titiritero que anda, mayormente, en las sombras? Además, claro, de dedicarse a un arte ancestral pero siempre considerado menor…


El hecho de poder estar en las sombras te permite decir y hacer lo que tenés ganas, porque en definitiva el público se lleva la imagen del objeto, tu cara no se la lleva nadie. Los titiriteros somos como dioses que armamos mundos a nuestro antojo, y además los manejamos. Somos egocéntricos… Definitivamente, ¡sí que se puede hablar muy mal de los titiriteros! Ahora, yo creo que en los últimos años esta cosa de los títeres como arte menor ya no es tan así. Hay dos lugares que para mí han sido fundamentales, por el espacio que le han dado y le dan a los títeres, para revertir esto. Me refiero al Teatro San Martín, un lugar de reconocimiento histórico, y otro, mucho más reciente, es este espacio del Centro Cultural de la Cooperación. En el San Martín, Bufano logró trasladar al títere, de la plaza al escenario, lo cual fue todo un hallazgo. Pasados los años, el CCC es el otro sito que más ha apostado a los títeres.

Hacia finales de los años ´90, El Nudo estrenó el que sería su primer espectáculo, El Nudo/3, tres historias adultas contadas con muñecos; en el 2001 presentaron Mar de Margaritas; Hay que esconder al elefante, el primer infantil, llegó en el 2003; en el 2004 fue el turno de El Señor Nicodemo y en el 2006 de Un tigre en el gallinero. En diez años de historia, un total de 6 espectáculos (la última producción, estrenada este año, se llama Un hipo desafinado), de los cuáles la mitad fue pensada para el público adulto y el resto para los pequeños espectadores. Sin embargo, ha sido por sus trabajos para los niños, especialmente para los más chicos, que se reconoce a esta compañía. Para Scarpitto, esto ha sido algo casi casual: “En realidad, me parece que es algo que generó más la prensa que nosotros. La prensa es la que de alguna manera nos ha ubicado en ese lugar. Porque en el total de nuestras producciones hemos hecho exactamente mitad y mitad para cada público”.

¿Qué especificidades, de uno y otro público, tienen en cuenta para cada producción?


En realidad, cuando empezamos a pensar en un nuevo trabajo, no partimos del tipo de público al que nos vamos a dirigir sino de qué queremos contar, y una vez elegido el tema decidimos a quién y entonces, ahí sí, cómo lo vamos a hacer. Nosotros partimos, indefectiblemente, del placer. Viene alguno a la mesa de trabajo y cuenta sobre qué tiene ganas de trabajar, se trate de un tema concreto o de una imagen, los disparadores pueden ser muchos y múltiples. Mar de margaritas, por ejemplo, surgió a partir de una fotografía que trajo Mariana y de su pregunta por qué historia nos contaba esa foto. Todo parte de ese primer momento en que alguien trae algo que nunca sabemos qué puede ser ni para dónde nos va a llevar, por eso no podemos decir de antemano que el próximo espectáculo va a ser para adultos o que vamos a seguir trabajando para los chicos. Y eso me parece que es lo que nos mantiene juntos, porque no hay nada cerrado, no hay nada encasillado.

 

Ahora, en lo puntual del niño como espectador yo creo que lo que hay que tener en cuenta es al niño, al niño en toda su expresión. Por ejemplo, nosotros sabemos que la mitad de los chicos que entran a la sala por ahí es la primera vez que vienen al teatro. Y entonces lo que tenemos que tener es paciencia, pude ser que vengan chicos que a los 10 minutos tengan que salir de la sala, así como puede haber chicos que se banquen toda la función. Para mí lo fundamental es tener paciencia. Después, en cuanto a los temas, trabajamos un montón lo que tiene que ver la dramaturgia por un lado, por otro lado la técnica, por otro lo sonoro, no me refiero sólo a las canciones sino también a los sonidos, a los efectos, a los ruidos.

Con Un tigre en el gallinero hablaron a los chicos de la identidad, incluso participaron del Ciclo de Teatro x la Identidad, ¿cómo, y por qué, tomaron la decisión de hablar de ese tema que parecería ser no sólo difícil sino hasta tabú?


Nosotros no pensamos que haya temas para chicos y temas para grandes. Vos agarrás Shakespeare y vas a ver que ahí están todos los temas que se pueden tocar en el teatro, en el cine y en cualquier expresión artística: el amor, el desamor, el odio, la riqueza, la muerte, la vida. Sí creemos que hay un tratamiento distinto para hablar de ciertos temas a los chicos, pero yo creo que está muy bien tratar todos los temas. Insisto, hay que ver cómo.

En todos sus espectáculos para niños las historias son protagonizadas por animales: primero fue un elefante, luego un tigre y ahora un hipopótamo, ¿casualidad?


Sí… Ocurre que, al menos yo, no sé si lograría justificar figuras humanas. No para hablarle a los niños, precisamente, de ciertos temas. Es distinto en el caso de los adultos, pero para los chicos yo creo que cuando los personajes son animales humanizados la identificación se produce más rápido, entonces me parecen un buen elemento. Tal vez porque creo que sería demasiado chocante para el niño verse arriba de una mesa, manipulado por varillas.

En la platea de los espectáculos de El Nudo se ven niños bien pequeños, ¿por qué crees que sucede esto?


Creo que porque hemos logrado una buena combinación entre lo que es la acción, el color, los objetos y lo sonoro. Me parece también que las obras que hemos hecho hasta ahora tienen una buena dinámica. Los chiquititos de menos de un año vienen y la pasan bárbaro y por ahí no van a seguir toda la historia sino un pedacito… Pero me parece que tiene que ver fundamentalmente con el ritmo que le imprimimos a los espectáculos. Hay una cosa de pasividad que puede empezar en un espectador a partir de los 7 u 8 años, pero de ahí para abajo se necesita acción y mucha energía. Las obras que hemos hecho hasta ahora ayudan un poco a eso.

¿Cómo es la relación de los titiriteros, maestros de un arte tan antiguo como artesanal, con las nuevas tecnologías que cada vez tienen mayor presencia en las artes escénicas?


Nosotros tímidamente vamos tomando algunas cosas. Yo no estoy en contra de la televisión ni de Internet. A veces hay gente que se lamenta que los chicos ya no juegan al elástico y se la pasan frente a la computadora. Yo no estoy de acuerdo con eso, soy docente de una escuela donde los chicos usan sus computadoras y en los recreos, en el patio, juegan con piedritas a la payana. Como adulto, aspiro llevar a los chicos a sumar, no a cambiar una cosa por otra. Por eso, en nuestras producciones vamos sumando tecnologías nuevas, diapositivas, sonidos operados en vivo, sin alejarnos del género de los títeres.

¿Qué te permite, en lo personal y como integrante de la compañía, el títere como lenguaje artístico?


El títere me permite recuperar esa cosa primaria que tuvimos todos de niños y que como adultos fuimos perdiendo con el tiempo, que es la posibilidad de que una escoba sea un caballo, un micrófono o una princesa con la que bailás. En realidad, los que nos dedicamos a los títeres creo que nos quedamos instalados en esa época de nuestra vida que fue la infancia, una época donde los objetos no son sino lo que nos indica nuestra imaginación.


Un hipo vergonzoso


Para celebrar su cumple número 10, los títiriteros de El Nudo estrenaron este año un nuevo espectáculo de títeres para niños: Un Hipo desafinado, una historia de Mariana Trajtembarg de cuya dirección y puesta en escena se encargó Nelly Scarpitto. Una historia divertida y tierna, pensada para chicos de 0 a 7 años, en la cual con canciones y humor los titiriteros, a los que en esta ocasión se sumó en carácter de invitado Sebastián Pomiró, hablan a los niños más pequeños acerca de cómo afrontar, y vencer, la timidez, la vergüenza.


“Hipo es Hipólito, un pequeño y mofletudo hipopótamo que tiene muchas ganas de cantar pero al mismo tiempo siente mucha vergüenza por ello. Con ayuda de sus amigos, unos patos bastante particulares, Hipo se animará a hacer aquello que tanto le gusta. Esa es la historia, básicamente. Pero detrás hubo mucho trabajo de investigación. Nos encargamos de averiguar hasta qué, cuánto y cómo come un hipopótamo, aunque luego no lo hiciéramos en escena, debíamos saber mucho del personaje, para hacerlo real”, cuenta Scarpitto y agrega: “Mientras el grupo investigaba todas estas cosas, yo empecé a trabajar con la gente que hizo los bocetos para la realización de los objetos y de los muñecos, lo que llevamos a escena es la quinta versión de lo primero con lo que empezamos a trabajar. Se trabajó, se deshizo, se volvió a hacer, pero fue divertido”. La tercer producción de la compañía dirigida al público infantil se presenta los sábados y domingos a las 15:30 hs. en la Sala Raúl González Tuñón de Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543)


Sin embargo, los festejos no terminan con las canciones de Hipo. En julio reestrenaron Un tigre en el gallinero (sáb. y dom. 17 hs.) y en el mes de agosto, mes del aniversario oficial de El Nudo, la compañía presenta en la Galería de Fotos del Centro Cultural de la Cooperación una muestra de fotografías y bocetos con el recorrido de estos diez años.

 

 

Planeta El Nudo

Nelly y Daniel Scarpitto, junto a Mariana Trajtenberg, Claudia Villalba, Andrés Sahade y Julieta Alessi, son El Nudo compañía teatral. Egresados del taller escuela de titiriteros del San Martín algunos, formados en teatro, artes plásticas, cine, acrobacia y dramaturgia los otros, trabajan desde hace diez años investigando las distintas posibilidades del teatro de títeres, para adultos y para niños. Especializados como actores-titiriteros, en sus 10 años de trayectoria llevan montados seis espectáculos. El Nudo/3, Mar de margaritas y El Señor Nicodemo, para adultos. Hay que esconder al elefante, Un tigre en el gallinero y Un hipo desafinado, para el público infantil.

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