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01-10-2003 |

Educación - Madres y Padres

El IVA, una experiencia en Educación por el Arte.

A principios de la década de 1960 surge la Educación por el Arte como una metodología que se propone la formación integral de las personas a través de la experimentación con los lenguajes artísticos. Casi al mismo tiempo, se crea el Instituto Vocacional de Arte Infantil (hoy Instituto Vocacional de Arte) en la misma sede donde funcionaba el antiguo Teatro Infantil Manuel J. de Labardén.

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Por Ariel Saidón

 


“Lo que despierta en los chicos todo lo que tiene que ver con lo artístico es la posibilidad de desarrollar un aspecto que es el de encontrar alternativas a la vida”, señala la profesora Ana María Perrota del Instituto Vocacional de Arte Manuel J. de Labardén. “Porque la mayoría de la materias que se trabajan en la escuela primaria se proponen llegar a determinados objetivos de orden lógico donde todos llegan a supuestos más o menos iguales. En la plástica o el teatro, en cambio, para una misma consigna hay diversas respuestas y todas son válidas. Esto a los chicos los hace mucho más flexibles ante las ideas, permitiéndoles aceptar y valorar la diferencia”, dice.

Partiendo del supuesto de que el arte favorece al mismo tiempo el proceso de personalización de las actitudes y la integración del hombre en la vida social, la educación por el arte plantea que el aprendizaje verdadero se obtiene en la experiencia. “Los chicos van descubriéndose a partir de lo que van haciendo y a partir de este autoconocimiento pueden integrarse mejor grupalmente”, asegura la profesora.

Al no plantear diferenciaciones entre las distintas áreas del desarrollo del ser humano, enfatiza la integración de lo artístico en la educación en general, entendiendo el arte, más allá de su especificidad, como un medio de expresión y de auto identificación de una personalidad.
Bajo este marco teórico, diversas escuelas, jardines de infantes y otras instituciones educativas utilizan los lenguajes artísticos como un medio para llegar a objetivos pedagógicos específicos. Incluso, estas tendencias educativas lograron colarse en la currícula oficial de los jardines de infantes, donde se trabaja en forma integrada las distintas materias.

Una de las instituciones pioneras en aplicar los principios de la educación por el arte es el Instituto Vocacional de Arte (IVA) Manuel J. de Labardén, fundado en 1958. Dependiente del Gobierno de la Ciudad de Bs. As., en sus distintas sedes funcionan en forma gratuita dos jardines de infantes, talleres de escolares en turnos mañana y tarde, talleres de adolescentes en turno vespertino, talleres de extensión y un curso de especialización docente.

Tambien el IMEPA (Instituto Municipal de Educación por el Arte), de la Municipalidad de Avellaneda, trabaja con los mismos criterios desde 1965.

“La idea es brindar una formación integral basada en la vivencia, donde los chicos pasen por todo tipo de experiencias que tengan que ver con lo artístico, pero no para que sean actores, músicos o plásticos sino para que tengan una visión más enriquecedora, un aprendizaje gozoso y disfrutable que les pueda servir para la vida”, asegura la profesora Perrota.

“Todo lo que tiene que ver con lo artístico toca lo profundo, lo que no se puede comprar. Un aspecto muy interesante es que, en una sociedad de consumo como la que tenemos, los chicos empiezan a valorar otras cosas, lo que no se compra, lo que se vive”, sostiene.


Un poco de historia…

El IVA es hoy una de las instituciones paradigmáticas de la educación por el arte. Pero no siempre fue lo mismo. Su origen es el antiguo Teatro Infantil Labardén, creado en 1913, cuyo objetivo era la formación actoral de los niños para representar obras en las plazas. A partir de 1928 se creó el Instituto de Teatros Infantiles, y el Teatro Labardén se transformó en una escuela de arte dramático para niños, con criterios muy estrictos y un riguroso examen de ingreso.

Un testimonio de un profesor del Instituto, que formará parte de un libro sobre la historia de la institución que están preparando los profesores Ana María Perrota y Norberto Díaz, da cuenta de la rigidez de la formación que allí se brindaba.

“El teatro, la declamación, la dicción, la danza clásica, la folclórica eran materias troncales a lo largo de cuatro años de estudio. El ingreso era una prueba de fuego que dejaba a muchos chicos en un profundo mar de tristreza. Eran seleccionados aquellos niños que poseían condiciones reales para las disciplinas artísticas y que después de esos tres años de estudio pasaban a formar parte del elenco estable del Teatro Labardén. Entonces, todos los domingos a partir de las 15 representaban en el Viejo Teatro Municipal obras, comedias, cuadros de danza, cantos y ballet. A fin de ciclo era la puesta en escena en el Teatro Colón. Su preparación, la significación, la responsabilidad, el aplauso, la crítica tenían su punto culminante cuando escuchaban el timbre de prevención para subir el telón” -cuenta este profesor, ex-alumno del Teatro Labardén, quien también recuerda algunos nombres de sus profesores y compañeros. Entre los profesores recuerda a Ernestina del Grande, Blanca de la Vega, Alfonsina Storni. Y como compañeros, a Juan Carlos Altavista, Margarita Fernández, María Elena Sagrera, Augusto Fernández y Nélida Bruno, entre otros de la escena nacional. Más adelante, también fueron alumnos de la institución Delia Garcés, Graciela Borges, Amelia Bence, Paulina Singerman, Doris del Valle, Beba Bidart, Angel Magaña, etc.

Durante décadas funcionó bajo este concepto, hasta que en el año 1958 se crea el Instituto Vocacional de Arte Infantil con la idea de que los chicos pudieran elegir su vocación futura. Primero realizaban un curso introductorio y después pasaban a los departamentos de Plástica, Música y Teatro según su tendencia vocacional. Desde 1970 se incorporaron los talleres para adolescentes, pasándose a llamar Instituto Vocacional de Arte.

Posteriormente la formación vocacional fue dejada de lado para adoptar los principios de la Educación por el Arte en todos su niveles. Actualmente, apunta a una formación integradora a través de la experimentación, elaboración y reflexión en los distintos lenguajes artísticos, cuyo objetivo es el desarrollo armónico de la personalidad para un enriquecimiento tanto individual como grupal.

“A los chicos les da una dimensión de lo artístico vivenciándola. -dice la profesora Perrota. Para ellos es una posiblidad de crecimiento importante, siendo protagonistas de algo que en general la mayoría de la gente ve, es espectadora. Pero además, nosotros valoramos mucho el trabajo grupal y eso les permite aprender a tolerar la diferencia, dejando partes de uno para enriquecerse con las partes del otro”.


Para todas las edades

A la sede original (en Garay 1684) se le agregaron a principios de los ‘80 la sede de Parque Chacabuco (Curapaligue 1026) y Flores (Pio Colivadino 470). Allí comenzaron a funcionar los primeros jardines de Educacion por el Arte, coordinados por docentes del IVA.

“Están integrados a la currícula oficial pero tienen otra modalidad. -explica Perrota- No se organiza a través de rincones como un jardín tradicional sino que los chicos participan de un taller grupal donde el aprendizaje se realiza a través de los distintos lenguajes artísticos (Plástica, Expresión Corporal, Teatro, Música, etc.)”

Los talleres de escolares, destinados a chicos de 7 a 11 años, se proponen dar la posibilidad de experimentar en los distintos lenguajes artísticos. Tres veces por semana, los chicos participan en seis talleres anuales, en grupos divididos por edad y según su antiguedad en la institución. A los largo de cuatro años pasan por materias como plástica, música, expresión corporal, teatro, folclore, instrumentos autóctonos, títeres y literatura. El último año realizan un taller integrador. “Son tres materias integradas en un proyecto, - cuenta la profesora- o sea que los profesores trabajan juntos. El proyecto lo eligen los propios chicos, y puede ser una obra de teatro, una revista, un video, depende de cada grupo.”

El ciclo para adolescentes se divide en un ciclo introductorio de dos años, donde los chicos experimentan en los distintos talleres, y una especialización en el área de su interés, pudiendo optar entre Música, Medios Audiovisuales, Plástica o Teatro.


Arte y matemáticas

Además de los jardines de infantes y los talleres para chicos y adolescentes, en el IVA se dicta un Curso de especialización docente en Educación por el Arte de dos años de duración, abierto a maestros y profesores de todas las disciplinas y niveles.

“Y les viene bárbaro a todos. -asegura Perrota- Porque en realidad el arte puede formar parte de los recursos didácticos de un maestro de grado, un profesor universitario y hasta de un profesor de matemáticas. La idea es que tengan la posibilidad de tener la vivencia, y encontrarse con sus limitaciones y posibilidades y que a partir de eso puedan hacer una elaboración distinta de las propuestas de trabajo con los chicos.”

El primer año participan en talleres de Expresión Corporal, Liteartura, Música, Plástica, Educación por el Arte y Grupo de Reflexión. Y el segundo año, en los de Teatro, Títeres, Historia del Arte y Grupo de Reflexión.

El sustento es que haciendo y reflexionando sobre ese hacer se propicia un clima de confianza y valorización tanto del proceso como del producto resultante. “Es algo que, en primer lugar, los va a enriquecer a ellos como personas y recién después en función a los chicos”, concluye la profesora.


Todos podemos

A diferencia de otras escuelas de arte, en el IVA no se proponen formar artistas , sino ofrecer una formación complementaria a la educación formal. “Es otra manera de enseñar, los chicos se van con un montón de aprendizajes que nunca se van a olvidar. -asegura Perrota- A través de la posibilidad de vivenciar la experiencia, aprenden a respetar distintos criterios, a tener una actitud crítica, a tolerar al otro. En síntesis, a pensar de otra manera.”

Todos los años cientos de chicos se inscriben para incorporarse a los talleres, pero la demanada supera la capacidad del Instituto como para cobijarlos a todos. El año pasado sólo para los talleres del turno tarde en la sede de la calle Garay quedaron afuera casi 150 chicos. Claro que la selección ya no se realiza a través de estrictos exámenes de ingreso sino por sorteos donde todos tiene las mismas posibilidades.

“Nosotros ponemos énfasis en que en realidad no hay dotados, sino que todos podemos. -afirma la profesora- Y al poner en funcionamiento lo grupal, se permite la complementación de la capacidad de uno con las capacidades del otro.”

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