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01-05-2013 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

El cómico de la familia

Actor, director, autor y docente, Claudio Martínez Bel es el hombre sobre el escenario que mira y, casi sin más gestos, invita a la risa, linda, en ocasiones emocionada. Protagonista de obras emblemáticas para la platea familiar como "Historia de un pequeño hombrecito" y "Cosas de payasos", hoy dirige a un grupo de ex alumnos en un viaje onírico en clave de clown.

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Por Marisa Rojas

 

 

En la temporada 2011 Claudio Martínez Bel protagonizó en el Teatro Cervantes Marisa y Simón, una divertida historia de amor musical que escribió a partir de una anécdota de la vida real, algo que le había sucedido a su propio hijo, y que fue un éxito de crítica y de público. En 2012 volvió a protagonizar, junto a Enrique Federman, Cosas de payasos, una bellísima pieza, de su autoría también, que habla de encuentros y desencuentros entre un padre y su hijo, ambos payasos. Actualmente presenta como director Síndrome de Eureka, un espectáculo de clown para toda la familia. Sin embargo, para este actor, director, autor y docente de teatro, “los espectáculos nunca están planteados para un público en particular. Lo que me sale, me sale. Después veremos a quién o a quiénes está dirigido. Lo primero es confiar en eso que se está haciendo, y si se trata de comicidad confiar que si me divierte a mí está bien, porque yo antes que nada he sido, soy, un muy buen espectador de comicidad. Me encantan los cómicos, amo los payasos”.


¿Fue la pasión por la comedia la que te decidió a formarte como actor?

Yo estudié Arte Dramático en el Conservatorio. Egresé en el ‘84, es decir que cuando entré estaba intervenido y al salir ya había Centro de Estudiantes, fueron cuatro años muy interesantes. De allí, y hasta principios de los ‘90, con un grupo muy lindo, poderoso, potente, de compañeros hicimos obras como El médico a palos, de Moliere; A la diestra de Dios, de Buenaventura; Otelo, de Shakespeare. Al mismo tiempo, yo tenía un dúo con Gabriel ‘el Puma’ Goity: “Los Galangrotes, galanes del grotesco”; hicimos un solo espectáculo pero nos fue bárbaro, era un espectáculo muy pero muy gracioso. Tanto Luis Ordaz como Osvaldo Quiroga, dos críticos muy importantes de la época, nos calificaron de payasos; ellos lo hicieron de manera positiva, nos llamaron algo así como ‘payasos modernos que conmueven y divierten’. Pero la verdad que a nosotros, egresados del Conservatorio, un poquito nos ofendía eso. ¿Cómo nos iban a llamar payasos si éramos actores del Conservatorio?

¿Todavía no había sucedido la revisión, revalorización y modernización del clown y los lenguajes vinculados con las artes circenses?

Estaba empezando, ya existía el El Clú del Claun pero nosotros no teníamos nada que ver con eso, éramos actores del Conservatorio que hacíamos comicidad en whiskerías de mala muerte, pubs, pizzerías, parrillas; éramos el off del off, estábamos afuera del circuito total. Igual nos iba muy bien. Pero tuvieron que pasar muchos años más para que yo conociera la técnica del clown, como casi toda mi generación a partir de Cristina Moreira que fue ‘la maestra’. Me enganché con esa herramienta teórica y técnica que yo como espectador primero y como actor luego, tenía conmigo. Ahí entendí lo que en su momento nos habían querido decir Ordaz y Quiroga y me amigué totalmente con la idea del payaso, porque me di cuenta claramente que ese, eso, era yo. Por eso también después pude empezar a enseñarlo.

¿A qué motivos adjudicarías la asociación, en términos artísticos, del lenguaje del clown con la platea ‘infantil’?

Por la risa, me parece que tiene que ver con eso. Porque al niño una de las cosas que más le gusta es divertirse. El niño aprende divirtiéndose, jugando, riéndose. Cuando los bebés dejan de ser bebés pero aún no son niños, si un adulto se golpea con algo graciosamente y hace morisquetas, van a pedir eso veinte veces seguidas, porque les divierte ver a otros, más grandes que ellos, a los que les suceden esas cosas que a ellos les ocurren todo el tiempo. Los chicos cuando salen al mundo y comienzan a dar sus primeros pasos se caen y se golpean, pero luego se tiran una y otra vez y eso los divierte. Y el clown tiene mucho de eso…

Dijiste antes que, cuando creás un espectáculo, no pensás en el espectador al que va a estar dirigido. Sin embargo, no todas las obras son para todos los públicos. ¿La pregunta por la edad de la platea no aparece nunca?

Sí aparece, pero al final de todo, cuando el espectáculo ya está listo y terminado, incluso con alguna muestra encima. Ahí sí puede suceder que, de repente, encontrás algo que hace ruido si, por ejemplo, creés que el espectáculo puede ser, o no, para toda la familia. Si hay algo que aunque sea gracioso, se va del género, se saca. Igualmente, yo tengo claro que en general me salen espectáculos que pueden ver todos. Quizás, como decía recién, al final y siempre más que nada por puro prurito, pueden aparecer algunos elementos que se quitan, pero en general lo que me sale son espectáculos que pueden ver todos, chicos, grandes… indudablemente porque yo como espectador también soy así.

¿Qué características debe tener un artista para desarrollarse como clown?

En las clases, cuando vienen a estudiar clown alguien que ya es actor y alguien que nunca hizo nada de teatro en su vida, hay pros y contras para cada uno: suele suceder que quien se formó como actor ya está armado de tal manera que le cuesta mucho ser espontáneo, mientras que el que no hizo nunca nada es absolutamente espontáneo pero no tiene ninguna herramienta escénica. Ahí sacudís a cada uno un poquito, de un lado y de otro, y empieza a aparecer lo necesario. En un momento ambos se equiparan y caminan juntos. Ahora, ¿todos podemos ser clown? No lo sé. Ser clown es aceptar exponerse de una forma muy importante: como clown estás desnudo frente al público, se te ve el alma, es ese famoso brillito en los ojos de los cómicos, no hay nada oculto, se muestra incluso la maldad y causa gracia. Es una decisión. Y no todos pueden tomarla porque es muy difícil. Es asumir que toda una platea se va a divertir, mucho, con lo que vos sos.

 

 


 

UN VIAJE EN CLAVE DE CLOWN

Rosas, naranjas, violetas, rojos, verdes y celestes pintan, de a uno a la vez, el escenario. Colores que llegan, como pasajeros que suben a un tren, emocionados, torpes, deseosos, simpáticos. Todos, los colores y los viajeros, arman un mundo de ensueño. No hay palabras. Hay juegos: absurdos, simples, frenéticos. Desde la platea, las risas y las emociones de los espectadores, completan la atmósfera aventurera. Y entre todo, entre todos, casi ¿sin pensarlo?, aparece el amor. Mirna Cabrera, Florencia Pineda, Julia Nardozza, Johanna Mizrahi, Florencia Patiño, Ricardo Rueda y Florencia Orce pensaron, crearon y dieron forma, junto a Claudio Martínez Bel, a este viaje que en escena protagonizan seis pero del que muchos otros también son parte desde las butacas. Se llama Síndrome de Eureka y conduce a un mundo de ensueños para toda la familia.

Síndrome… surgió con un grupo de ex-alumnos, como una continuación de lo que veníamos haciendo pero con roles diferentes. Estuvimos un montón de tiempo juntos, ellos como alumnos, yo como profesor, hasta que un día decidimos cortar ese vínculo y armar algo distinto. Nos seguimos juntando una vez por semana para producir material y descartarlo, que es como se arma un espectáculo: produciendo, produciendo mucho, hasta llegar a un lugar y, con todo el material desplegado, charlar, también mucho, y volver a descartar casi todo. Lo primero que tuvimos fue la estética, los colores y las texturas que nos inspiraban. Y también la claridad de saber que se iba a tratar de un espectáculo sin palabras. A partir de ahí seguimos trabajando más encauzados. Y con una particularidad propia de la realidad del grupo. Resulta que casi todos tenemos hijos, entonces muchas veces debíamos juntarnos a trabajar con nuestros hijos presentes: el 80% de los ensayos fueron con niños en la sala de ensayo, niños de todas las edades: adolescentes con ‘compus’, otros con juguetes, hasta alguno a upa. Somos padres y vivimos con niños, entonces, bueno, decidimos trabajar con ellos. Eso generó una dinámica de trabajo donde se armaron cosas que no estaban especialmente dirigidas a los niños pero donde ellos estaban presentes. El espectáculo se completó con la llegada de Myriam Salto, la diseñadora y realizadora del vestuario y los objetos, que hizo un trabajo precioso, maravilloso, a partir de ¡basura!”, explica a propósito de la genésis de su nuevo espectáculo Martínez Bel. 

+ info sobre funciones de Síndrome de Eureka



PLANETA MARTÍNEZ BEL
Claudio Martínez Bel nació en el porteño barrio de Liniers. De chico no iba al teatro, no proviene de una familia de artistas ni fue especialmente estimulado en su infancia en relación al mundo del arte. Pero siempre le gustó la comicidad, confeso espectador de películas cómicas, dice que vio La fiesta inolvidable, con Peter Sellers, más de veinte veces. Por eso, y aunque se recibió como Maestro Mayor de Obras y trabajó como Dibujante Técnico, un día decidió estudiar teatro en la ex Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD) -actual Instituto Universitario Nacional de las Artes (IUNA)-. Egresado en el año ’84, junto a, entre otros, los talentosos Jorge Suárez y Julia Calvo, formó parte del Grupo del Teatrito. Con ‘El Puma’ Goity integró el dúo Los Galangrotes. Trabajó en el teatro oficial, en las salas del Teatro San Martín y en el Teatro Nacional Cervantes. Y también hizo televisión. Pero se dio cuenta que lo suyo no era la exposición de la pantalla. En los años ’90 descubrió, a través de Cristina Moreira, la técnica del clown, y fue entonces cuando, según sus propias palabras, supo que era lo suyo. Actor, docente, director y autor, recibió, entre otros, los premios al Mejor Actor y Clown de Oro en el Festival de Necochea (2000) por Historia de un pequeño hombrecito; el Premio Argentores a la Mejor Obra de teatro para niños por Cosas de payasos, espectáculo que, además, protagonizó junto a Enrique Federman; el Premio Hugo al Mejor Libro en musical infantil (2011) por Marisa y Simón, obra por la que también obtuvo los Premios ATINA (2011) en los rubros Labor Masculina y Dramaturgia. Actualmente dirige Síndrome de Eureka en el Teatro El Popular, y ensaya en el Cervantes Hoy debuta la finada, de Patricia Zangaro.

 

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