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01-08-2004 |

Educación - Madres y Padres

Educar en la diversidad

La educación especial en la Argentina presenta importantes avances en relación al establecimiento de trabajos conjuntos con la educación común. La integración de niños con necesidades educativas especiales (NEE) es una realidad en muchas escuelas -públicas y privadas- del país. Claro que así como el camino recorrido no ha sido sencillo, tampoco está finalizado y presenta nuevas posibilidades cada vez.

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Por Marisa Rojas

 


En Argentina -y en relación a una línea de pensamiento en materia educativa que en el mundo comienza a delinearse en los años ´70 y termina de definirse a mediados de los ´90- desde la Ley Federal de Educación se insta a ´facilitar, cuando sea posible, la integración de niños con NEE a unidades escolares comunes´. En el caso de la ciudad de Buenos Aires, el sistema educativo adhiere al principio de ´integración escolar´, y trabaja el tema en relación al Acuerdo Marco de Educación Especial del Ministerio de Educación de la Nación que establece las bases para pensar y desarrollar proyectos de integración. Se trata de que chicos con transtornos de aprendizaje, ya sea por patologías congénitas, del desarrollo o razones de índole cultural, social o económica, tengan acceso a su Derecho a la Educación (Arts 17, 28 y 29 de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, Ley Nacional Nro. 23849) en instituciones educativas comunes, entre otros niños de su edad, insertos en un marco social amplio y no en instituciones aisladas del resto de la sociedad.

“Históricamente la educación común y la educación especial trabajaron por separado, en paralelo. Las primeras experiencias de integración generan un encuentro entre dos instituciones con principios muy distintos. La educación común con una tendencia a la homogeneización; y la educación especial, con un modo médico, terapeútico, de enseñanza, no relacionado con otros aspectos del desarrollo del sujeto ni de la comunidad. La integración ha sido posible por un acuerdo de voluntades entre una escuela especial que aceptó revisar sus principios y una escuela común que atiende la posibilidad de prepararse para recibir y enseñar a estos niños también”, cuenta la Lic. Silvia Dubrovsky, Directora del Área de Educación Especial de la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.


De qué hablamos cuando hablamos de integración

La integración como realidad es posible a partir de una concepción de la educación basada en el reconocimiento de la diversidad y el respeto a las diferencias. Un modelo educativo integrador que se enfrentó a la concepción tradicional que establecía la permanencia de los chicos con necesidades educativas especiales en instituciones también especiales, sectorizadas, aisladas del resto de la sociedad. En la práctica, autoridades educativas, especialistas en temas de infancia y docentes coinciden en señalar que se trata de una experiencia compleja con matices particulares en cada caso.

“No existe un sólo modelo de integración: hay chicos para los que es beneficioso compartir espacios en ambos regímenes educativos por ejemplo, pero también chicos para los que no; hay que analizar y trabajar caso por caso”, señala Dubrovsky, quien agrega que: “cada niño tiene sus particularidades y modos de vincularse con el conocimiento que hacen que cada proceso sea por ello particular”.

El objetivo de la integración es generar un espacio donde los sujetos con NEE desarrollen al máximo todas sus capacidades. La integración apunta a la socialización. Ese es uno de los objetivos más importantes. “La idea es que estos niños con necesidades educativas especiales puedan encontrarse con otro tipo de modelos para mejorar sus condiciones de vida. Porque aprendizaje no es alfabetizar y más nada; es aprender a tolerarse, a saber esperar, a compartir. El aprendizaje es siempre un proceso mutuo. De lo que se trata es de establecer vínculos de solidaridad, de comprensión y de aceptación al otro”, comenta Susana Linares, Directora del Colegio del Parque, institución que trabaja en el tema desde hace catorce años.

En lo que hace a la cotidianeidad de esta realidad, también es coincidente la opinión de todas las partes en cuanto a que si no se emprende la tarea con compromiso, seriedad y profesionalismo, el resultado puede ser contraproducente. “Lo que tratamos de trabajar es que los docentes de la escuela común se comprometan con el proyecto de integración, porque si el chico con NEE va a estar sentado en el aula a un costado con un docente integrador permanente, es decir, sólo va a ocupar un espacio en la escuela común, pues en esos casos la integración no existe, es más ... profundizamos la discriminación”, enfatiza Dubrovsky. Para que educar en la diversidad y en el respeto de las diferencias sea una realidad consistente se requiere de un trabajo exhaustivo e interdisciplinario y de fuertes inversiones en capacitación y equipamiento. Para integrar, primero hay que tener en claro qué signfica aceptar niños con necesidades educativas especiales. “Pensar en incorporar niños con estas características significa reconocer y aceptar que, por ejemplo, los cursos no pueden ser numerosos, esto implica renunciar a la masividad, lo que tiene consecuencias económicas importantes. Es una elección de vida”, explica Linares.


Lo primero es la familia

Un punto especial en relación a la integración es que resulta imposible hablar de integración desde el colegio si antes cada niño no ha sido cabalmente integrado al interior de su propio grupo familiar. “Un chico ‘especial’ integrado real e inicialmente desde su entorno familiar va a tener muchas más posibilidades de integrarse a la sociedad que un chico que no ha sido aceptado en su propia familia”, aclara la Lic. la Licenciada Francis Rosemberg (Fonoaudióloga-Psicomotricista, Especialista en desarrollo Infantil). Para Linares, “los padres deben colaborar para que el niño pueda salir adelante; el colegio no hace milagros, por ello es esencial el apoyo familiar”. Y también desde las familias, en el caso de los chicos que no presentan características especiales para el aprendizaje, es desde donde llegan los miedos más habituales. Al respecto, la Lic. Rosemberg aclara que: “El ingreso de un niño con síndrome de down a un grado común no representa ninguna desventaja ni posibilidad de retraso al resto del grupo, además permite ayudar a crear mejores personas, a que los niños conozcan lo que es la solidaridad, la colaboración, la cooperación, el apoyo mutuo. El trabajo en grupo, donde se aprende a compartir, es esencial para el desarrollo de cualquier niño”


Pedagogía Waldorf: la otra mirada

En las escuelas que adhieren a la pedagogía Waldorf la propuesta educativa consiste en acompañar cada una de las etapas evolutivas del niños de modo tal de favorecer el desarrollo íntegro de este en el camino a su libertad individual. Los principios de esta metodología permiten incorporar la expresión artística al aprendizaje de las materias curriculares. “Estas actividades sirven de apoyo para el desarrollo de las actividades intelectuales, además trabajamos permanentemente con un equipo pedagógico-terapeútico, y esto es muy importante para los niños con NEE”, señala Inés Meyrelles, integrante del Consejo de Dirección del Colegio San Miguel Arcángel.

Considerando, como lo hace la pedagogía Waldorf, que la educación es desarrollar capacidades y que todos los niños están capacitados para ello, porque evolucionar es lo propio del ser humano, la idea es acompañar a cada chico en sus diferentes estadios. “Es posible que un niño no aprenda a leer hasta tercer grado pero no por eso debe quedarse repitiendo primero, ese niño tendrá en todo caso un tiempo de adaptación distinto y requerirá de más ayuda para poder seguir los contenidos del grupo. Nuestra tarea es acompañarlo en ese camino, de ese modo nosotros entendemos la integración”, comenta Meyrelles.


Para seguir pensando

Libros:
Levin, Esteban. Discapacidad. Clínica y Eduación. Los niños del otro espejo, Ed. Nueva Visión. Bs As, 2003.

Lus, María Angélica. De la integración escolar a la escuela integradora, Ed. Paidós, Bs As.


NOTA: se agradece la orientación bibliográfica a la Lic. Luciana Novoa - Psicopedagoga (UCA) -, integrante del Área de Aprendizaje y Desarrollo del Hospital Durand. y a la Lic. Francis Rosemberg. la colaboración prestada para la realización de esta nota. (rosemberg@edicontinente.com.ar)

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