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01-03-2010 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Divino tesoro

Con una carrera dedicada a la música infantil, Coqui Dutto advierte que los tiempos de la niñez se han acortado y que la música para niños debe salir de las escuelas y los espacios convencionales del entretenimiento para seguir a los chicos también en la casa o mientras viajan en auto. Su último proyecto es un disco de canciones de cuna, y ahora dice que también quiere ir por el público adulto.

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Por Celina Alberto


Nos recibe en su casa de Córdoba, con un piano de cola al lado de la puerta y una nenita, que podría ser la versión latina de Heidi, llama desde el patio para que la miremos treparse a una reja. Coqui Dutto la mira y sonríe con una ternura contagiosa que desparramará por el resto de la conversación en la que hablará de su carrera, de sus convicciones y de lo que espera de los adultos en relación a los niños. Lucía, de casi dos años, habla su propio idioma y su madre la presenta como un regalo. Llegó sin ser buscada. El embarazo, a los 40 años y con dos hijos adolescentes, encontraba a la autora en falsa escuadra para regresar a la maternidad. Por ese entonces, estaba pensando en relanzar su carrera para público adulto, abandonar el repertorio infantil y dedicar sus búsquedas estéticas hacia la expresión de su caudal interpretativo.

Lucía le cambió los planes, la conectó con un punto intermedio entre lo que cantaba para los chicos y lo que necesitaba interpretar para ella, y a Lucía le dedicó Canciones de cuna, un disco extraordinario en el que la música, compositora y animadora infantil propone una docena de piezas seleccionadas del cancionero latinoamericano que se hicieron para arrullar bebés.

“Fue una experiencia muy linda. Hacía rato que las canciones de cuna me estaban rondando y cuando me puse a recopilar, vi que desde el año 2000 venía guardando algunas que me gustaban. Hace dos años hicimos ¿Hay alguien ahí?, una obra de teatro para bebés con un director español y desde ese momento empecé a reconcentrarme en una esencia interpretativa que no tenía que ver con hacer jugar, divertir o entretener sino que tenía que ver con una necesidad de acunar, de la ternura, de la caricia”, cuenta.

¿Fue un cambio de rumbo también?

No es una contraposición con lo que venía haciendo, sino que sentí que podía desarrollar una capacidad expresiva distinta, porque no estaba buscando que le gustara a quien lo escuche, sino que estaba pensando en que esa música iba a acompañar al bebé, que la mamá se la iba a poner para dormir y quería brindar una sensación de calma, contención, de esencia, de identidad, había muchas cosas presentes en mi intención.

¿Cómo se arma un repertorio para bebés? ¿Qué se supone que les gusta escuchar?

En este caso hay una búsqueda estética, la intención es que sea bonito, placentero. Pero a un bebé se le canta, se le susurra, se le mece; todo es parte del canto, no está separado. Eso fue lo interesante de este disco, porque me reencontré con esto de que la voz no va por un lado y el cuerpo por otro. Es un concepto que los profes de canto te dicen, pero cuesta ponerlo en la práctica. Para las culturas más antiguas, el canto y la danza estaban muy ligados. Acá está todo separado, hasta por géneros dentro de cada cosa. El artista es una unidad y cuanto más cómodo te sientas con tu cuerpo, mejor va a fluir la voz. Y los chicos son así, expresan todo lo que les pasa con el cuerpo. Todo el disimulo y el doble mensaje son del adulto. El trabajo entonces fue unificar, y me encantó, me sentí muy bien. En el fondo, cuando un papá o una mamá acuna a su hijo, hace eso y ahí es cuando aparece el vínculo.

¿Todas las canciones sirven para ese arrullo?

La intención era que fuese un recorrido latinoamericano. En esta búsqueda de identidad tuve varias experiencias que me hicieron reencontrarme con valorar cuestiones ancestrales, étnicas, originarias, y pensé en la manera de transmitir eso en la ciudad. Creo que el arte tiene esa capacidad de filtrarse. Entonces hice un trabajo muy personal, una búsqueda de tratar de encontrar en cada canción cuál era la imagen, la esencia que traslucía. En esto, lo de los bebés tiene una significación especial. La música es para escucharla juntos, también sirve un concierto. La música para niños o adultos es una división moderna. Los chicos se puedan entretener o ser amantes de la música sin que escuchen música para chicos. Esto es una opción.

¿Cómo se relacionan los chicos con la música escrita para ellos?

Son muy espontáneos y las edades son muy importantes. Si en el repertorio el texto es fundamental y la historia que estás narrando necesita ser comprendida, un niño de menos de 4 años se pierde y esa canción no le va a resultar atractiva, a no ser que tenga un ritmo que le permita o lo invite a moverse. Las temáticas también ayudan a que se vinculen con su mundo, todo siempre depende del contexto en que el niño esté inserto. Si en la casa se escucha música, si tienen acceso a su propia música o la ponen en el auto. La música para niños tiene que buscar ámbitos distintos para relacionarse. No es solamente en la escuela o el teatro, tenemos que animarnos a buscar otra forma.

¿Hasta qué edad funciona la música infantil?

No más de los 10 años. Después ya son preadolescentes y les gustan más cosas como las de Patito Feo, Casi Ángeles, Floricienta. Es un repertorio más relacionado al coqueteo, a la pubertad, donde no puede ser la misma música, ahí no llegan La Chicharra o Los Musiqueros.

¿Los chicos crecen más rápido o se los está apurando?

Me parece que se ha acortado la edad en la que los niños quieren pertenecer al mundo de la infancia. Primero porque hay todo un mercado que intenta atraparlos, pero también hay idiosincrasias y hay diferencias entre el interior y las grandes ciudades. En la gran ciudad parece que los tiempos se aceleran y que los padres quieren que los chicos crezcan más rápido. Hay una voluntad de que los chicos crezcan, es una gracia que parezcan más grandes, que les gusten cosas o se comporten como si fueran mayores. Por ahí, lamentablemente para mí, se pierde tiempo de la infancia.



Planeta Coqui Dutto

“Nací el 10 de septiembre de 1967. Estoy casada con Claudio Vittore, que también es músico y hace 20 años que compartimos la vida. Tenemos tres hijos, Franco, que cumple 16, Julieta que tiene 14 y Lucía de casi dos años. Vivo en barrio Escobar (ciudad de Córdoba) desde hace 12 años, en una casa que era muy chiquita y que fue creciendo de a poquito”, cuenta Coqui su propia historia.

En 1989, Coqui se sumó a La Chicharra, con Eduardo Allente y Paula Molinero y ese año grabaron Con gustito a choripán, el primer cassette y puntapié inicial para la historia de La Chicharra, uno de los grupos más representativos de la música infantil cordobesa. Una etapa que considera cerrada desde que dejó el grupo en 2007. Como solista tiene tres discos: Claro que sí, Las canciones del lobo, ambos con cuentos musicalizados, y Canciones de cuna, el primero de canciones solamente.

“También doy clases en la Universidad de Música Popular de Villa María, a donde viajo tres veces a la semana. Soy de allá y no me cuesta mucho ir, porque visito a mis padres, mantengo el contacto con mi ciudad y mi gente. Incluso grabé el disco allá, con músicos que conozco de toda la vida. Es una manera de no irse del todo”.

Arañas en la radio

Desde su debut en un segmento de Marina y los Chipicopos hasta las apariciones en Los Galenos y otros ciclos radiales o su propio programa en Canal Doce (Acuarela), Coqui asegura que los medios masivos la atraen desde siempre. Desde hace tres temporadas, junto a Pate Palero, conduce Me extraña araña, los sábados al mediodía por Radio Nacional Córdoba. Cada una ocupa una posición complementaria. Coqui en la artística, con cuentos, canciones música, poesía. Pate a cargo de la agenda periodística y con contenidos de información. El programa está pensado para atrapar a los niños con los temas y la estética, pero sin ahuyentar a los padres. “Siempre la intención es difundir repertorio y sobre todo invitar a los chicos a que se apropien de la radio. Queremos que sientan que lo que contamos tiene que ver con ellos, no es fantasía sino que somos nosotras dos hablando de cosas que les interesan”.

El año pasado, el ciclo estuvo dedicado, por ejemplo, a la difusión de los Derechos del Niño, y los resultados sorprendieron a las conductoras. “Una cosa es lo que los adultos creen que les tienen que enseñar a los chicos, y por ahí ellos la tienen mucho más clara. No hace falta que nos pongamos en maestro ciruela. Una vez hablábamos sobre la discriminación y un nene al que entrevistamos dijo ‘discriminar es cuando mi papá le dice a mi mamá: vos no manejes, porque las mujeres son un desastre’.

Más info: http://meextranaarana.blogspot.com



Momusi

Desde el año pasado, el Movimiento de Música para Niños (Momusi) tiene sede en Córdoba y Coqui Dutto es una de las impulsoras. La primera actividad iba a desarrollarse durante las vacaciones de invierno pasadas, pero la gripe A aguó la fiesta. “Lo que genera Momusi es el contacto con gente que se dedica a esto. Y en mi caso, nos hizo ser reconocidos como uno más, cuando la división entre Capital e Interior es real en todos los ámbitos, desde una disquera que no se hace cargo de los costos de envío. Por eso, el movimiento te estimula, te conecta, te hace sentir acompañado en una intención que en muchos casos parece ir en contra de la corriente”. La intención, agrega, es seguir en acción y abrir la convocatoria a que todos los grupos y solistas que se dedican a la música para niños se sumen a la base de datos.

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