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01-10-2005 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Desde el jardín

Maestra jardinera, cantante, actriz, mamá y protagonista de un fenómeno masivo, Adriana siempre supo que quiso dirigirse a los chicos. Con ocho discos editados -cinco de ellos en forma independiente-, una compañía discográfica propia, tres temporadas a pleno en el Paseo la Plaza, y cientos de miles de discos vendidos, sostiene que "lo que sucede con los más chiquitos es algo mágico".

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Por Ariel Saidón



Acaba de terminar la función y de la sala del Auditorio de Belgrano salen cerca de 1200 personas que acaban de disfrutar de un espectáculo musical. Se les nota en la expresión de sus caras que acaban de pasar un rato agradable, algunos se van tarareando algunas de las canciones, las más atrevidas improvisan una coreografía en el hall del teatro y los más tímidos simplemente sonríen. Los papás se aglomeran frente al improvisado estacionamiento de cochecitos, con servicio de valet parking incluido, para retirar sus ‘vehículos’.


Es que entre el público hay desde bebés que no llegan al año de vida hasta chicos de 6 años y, claro, sus papás o mamás que parecen haber disfrutado tanto como ellos. Mientras la mayoría se va yendo lentamente del teatro, los entendidos esperan. Saben que su ídolo va a salir en cualquier momento y no quieren perderse la posibilidad de tener una foto con ella.


La responsable de tanto alboroto es Adriana, maestra jardinera y animadora de cumpleaños infantiles devenida cantante y actriz, que no espera ni cinco minutos para saludar a sus fans. Se saca fotos, les da un beso a cada uno, incluso hay quien le pide que le cante su canción preferida.
La situación se produjo uno de los tantos días de vacaciones de invierno, cuando Adriana presentaba su quinto CD independiente, Mi corazón en el jardín. Pero la escena se repite, con matices, todos los fines de semana, ya que desde mediados de septiembre se presenta los sábados y domingos a las 17 hs. en el Teatro La Comedia, siempre con el mismo éxito de convocatoria.

Contame, ¿cómo empezaste y cómo llegás a lograr esto?


Siendo maestra jardinera, las mamás me pedían conocer las canciones que cantábamos en el jardín. Entonces se me ocurrió grabar un cassette con lo que le cantaba a mis alumnos. Un día le llevé al jardín la propuesta de hacer un CD y, aunque me miraron con cara extraña, me dijeron: dale, hacélo. Hicimos un disco, hicimos dos discos... Cuando me enteré que se habían vendido 250.000 unidades, no lo podía creer. Yo jamás lo pensé como un proyecto comercial, para mí era nada más que registrar lo que yo le cantaba a mis chicos en el jardín y algún día, cuando sea mamá, que mis hijos me escuchen.

Ya alejada del trabajo docente, Adriana continuó animando fiestas infantiles y empezó a estudiar teatro, canto y comedia musical, buscando por ese camino. Editó un tercer disco bajo el paraguas del jardín donde trabajaba y se animó a presentarlo en un teatro. “Nos dieron una sala en el Paseo La Plaza y llenábamos todos los días, no lo podíamos creer”, recuerda todavía asombrada.
Ese éxito y el contacto con el público fue lo que la animó a lanzarse como solista. Junto a su marido, Sergio Strauch crearon un sello discográfico y editaron en forma independiente sus propios CD.


“Me di cuenta que quería empezar a contar y escribir mis propias canciones y, también, que aparezca mi nombre en el disco, porque finalmente yo fui la creadora de todo esto. Empezar con Cantando con Adriana fue toda una decisión y hubo que empezar de cero. Pero sentía realmente que lo que yo tengo, nadie me lo puede quitar. Sentía que claramente encontré el camino”, cuenta.

El público del teatro infantil es cada vez de más corta edad, pero en tu caso hay hasta bebés con menos de un año, ¿puede haber un teatro para chicos tan chiquitos?


Depende de lo que vos le des. Yo siento que es tan mágico... no encuentro otra palabra para definirlo que no sea magia. Un niño de esa edad no espera, si se aburrió te lo hace ver al segundo, entonces se crea una energía tan fuerte que yo me muero de amor. Vos viste lo que son estos enanos...

¿Qué es lo que queda hoy de Adriana maestra jardinera?


Mi corazón en el jardín, como dice este disco. Es que para mí son muy importantes mis raíces, y no me refiero sólo a los valores que mis viejos me enseñaron, sino a mi formación como docente. Yo estudié Ciencias de la Educación, fui maestra jardinera, soy mamá... Entonces, conozco el código de los chicos. No es que de repente empecé a improvisar y como es invierno hago algo para chicos. Yo sé qué les gusta, qué los asusta, que los divierte, qué los aburre, cuál es su tiempo de atención, cuándo hay que cortar...

¿Pero eso lo podés percibir arriba del escenario? Porque la relación de una maestra con los chicos en el jardín es muy directa, muy cercana, en cambio acá es diferente.


Es diferente, y esta sala (Auditorio de Belgrano) es imponente. Pero yo trato de ser siempre la misma, entonces pido que prendan las luces porque los quiero ver y jugar con ellos. Es muy fuerte ver a la gente desde allá arriba, en el pullman, agitando las manos, es como una vibración... Y el contacto con la gente a la salida me encanta. También me escriben muchos e-mails, me cuentan anécdotas, cuáles son sus canciones preferidas.

¿Vos te definís como cantante, actriz, animadora o maestra jardinera?


Creo que es una mezcla, no me pongo títulos. Soy la misma persona arriba que abajo del escenario, y siento que realmente amo esto, que es de verdad y que ellos lo sienten, lo perciben: los chicos y los papás. Este no es un personaje inventado, desde chiquitita yo sabía que quería ser maestra jardinera y trabajar para los chicos. Tengo recuerdos de chica que me marcaron. No sé de qué edad te estoy hablando, pero me acuerdo, por ejemplo, que una vez se me rompió una muñeca. “No importa, no llores, te voy a comprar otra”, me decían. Yo sentí que no me entendían; para mí mundo, esa muñeca era todo.

¿Cuál es la diferencia entre Adriana mamá y Adriana artista?


Soy así, totalmente así. Lo que pasa que, como cuento en la canción “Mi corazón en el jardín”, una cosa es lo que yo pensaba cuando era maestra y otra lo que viví siendo mamá. Esa canción la escribí porque como maestra trataba de entender lo que le pasa a un papá en el momento de dejar a su hijo en el jardín. Se desesperan, lloran, quieren espiar por la ventana... ‘¡Qué exagerados!’, decía yo. Pero cuando fui mamá pude entender lo que se siente en ese momento. Cuando sos mamá te cambia todo; ahí te caen todas las fichas.

Y ahora te siguen los chicos, pero también las mamás y los papás disfrutan del espectáculo.


Es que ellos se mueren de amor cuando ven a su hijo feliz. Creo que eso es lo que a mí me queda al final del camino. Porque hay cosas que todavía no las puedo creer. Es cómo si estuviera mirando la película de mi vida.... ¿Con qué me quedo? Con los afectos. Porque no siento que yo tenga “la voz”, ni que sea “la cantante” o “la actriz”... Pero me relajé un poco con eso. Antes me daba mucho miedo: “¿estaré preparada?”. Pero, ¿sabés qué? Perdí muchos trenes buscando la excelencia. A veces buscando el ideal te perdés lo que está pasando. Y cuando descubrí cuál era la esencia que ellos buscaban de mí... me relajé.

En el espectáculo integrás a los adultos, sin necesidad de hacer guiños específicos para ellos...


Claro que los incorporo, porque están presentes y me siento identificada como mamá en ellos. Pero lo hago de la manera más natural, los invito a jugar. O con canciones de cuando ellos eran chicos. Pasaba en anteriores espectáculos con “Buenas noches, queridos conejos” o “Despeinada” que los abuelos se volvían locos. O ahora con la del tigre Gregorio, que la cantábamos los papás cuando íbamos a la escuela. Por eso, siempre trato de cuidar mucho el repertorio y que la música suene bien... Algunos papás me dicen: ‘yo te quiero confesar un secreto, se baja el nene del auto y yo dejo tu disco, sigo cantando...’.

¿Cuál creés que fue el motivo que hizo que esos primeros discos tuvieran tanto éxito?


La verdad que yo nunca imaginé que iba a romper la fronteras que rompió, no fue algo buscado para nada. De lo que sí soy consciente es de cómo hice ese trabajo. Armé el estudio en la sala de jardín, con la idea de que ni se note que hubiera micrófonos, cantábamos, jugábamos, nos disfrazábamos. Para el segundo disco llevé a los chicos al estudio y eché a todo el mundo... “Abrí el micrófono y grabá”, les dije. Quería capturar su naturalidad... Entonces los chicos se sienten identificados porque es de verdad.

Siempre te manejaste en los márgenes de la industria discográfica y del circuito comercial. ¿Tuviste relación con algún sello discográfico en estos años?


Sí, me llamaron hace dos años de BMG y me llueven propuestas de productores para hacer esto mismo en teatros más importantes. Pero no me quiero dejar deslumbrar por las grandes cosas, las grandes palabras... quiero buscar lo que sea adecuado. Aunque tenga que ir despacito, porque la gente se da cuenta cuando es a pulmón.

¿Y si te hicieran una propuesta para televisión?


Muchas veces los papás me preguntan, ¿y la tele? Yo siento que me gustaría estar en la tele por el hecho de que mi propuesta pueda llegar a más gente; porque veo la respuesta del público. Pero no me desespera la fama ni estar por estar, sino que quiero seguir cuidando este producto. Con lo que sueño es con un ciclo tipo cierre de transmisión a la hora de dormir. Eso me encantaría, un espacio donde le cuente a los chicos una anécdota que le pasó a mi personaje, un cuento o cantemos una canción. Algo que los chicos estén esperando cada día.

 

 

Planeta Adriana

 

Adriana empezó recopilando en un cassette las canciones que le cantaba a sus alumnos de jardín de infantes, con una guitarra y su voz como únicos instrumentos. Tanto le gustó a las mamás tener ese material que surgió la idea de editar un disco institucional del jardín. Un papá hizo el contacto con una discográfica, el jardín puso su nombre y Adriana su voz. Así apareció el primer CD de Cantando en Amapola, al que luego le siguieron los volúmenes 2 y 3. Casi sin proponérselo, los discos se convirtieron en uno de los más importantes fenómenos de ventas en el rubro de la música infantil, superado sólo por los productos televisivos.

 

Creó junto a su marido Sergio su propio sello musical (Para chicos producciones) y editó otros cinco discos en forma independiente (Jugar x Jugar, Pepe, Siempre hay una canción, Homenaje a M. E. Walsh, y el reciente Mi corazón en el jardín).


Su formación incluye casi completa la carrera de Ciencias de la Educación, pero también estudió teatro con Héctor Presa, coreografía con Ricky Pashkus, canto con Angel Mahler y comedia musical con Carlos Gianni. Integró durante siete años el elenco de La Galera Encantada. Es mamá de Julieta (11 años) y Martín (6 años), quienes integran el cuerpo de baile de sus espectáculos. Su último disco Mi corazón en el jardín fue seleccionado para competir por el premio Grammy Latino en la categoría música infantil.


Varias veces fue tentada por productoras discográficas, teatrales y televisivas pero ella se negó una y otra vez. “Me gustaría que mi propuesta llegue cada vez a más gente, -confiesa- pero no me quiero dejar deslumbrar por las grandes palabras. Quiero buscar lo que sea adecuado y seguir cuidando el contacto con los chicos”.

 

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