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18-07-2013 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

De tangos y conventillos

Autor, director, actor y docente de teatro para chicos, Gastón Marioni es un teatrero bien guapo y compadrito, que sale al ruedo con “Tanguito mío”. Una obra que muestra el conventillo y sus pasiones, entre ‘tanos’ y criollos, tangos y milongas, para compartir con los más chicos.

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Por Gabriela Baby

 

 

“Pienso mis espectáculos para toda la familia. Y no lo digo como un slogan de venta, sino como un propósito intencionado. Porque sinceramente ansío que mis propuestas puedan ser compartidas por chicos y grandes”, dice Gastón Marioni. Y en Tanguito mío, apunta desde el escenario al niño que descubre el tango a través un juego y al adulto que se emociona tarareando aquellas canciones –“Los mareados”, “Naranjo en flor”, entre otras- junto a sus hijos.

Con bandoneón, conventillo y una Milonguita muy seductora, Marioni dirige esta obra de teatro que tiene algo de El Conventillo de la Paloma y que grandes y chicos aplauden con entusiasmo. Una obra ágil, divertida, -premiada por la Secretaría de Cultura de la Nación-, que invita a conocer una época del Buenos Aires que fue y que, sin embargo, está aún tan presente.


¿Por qué el tango para los chicos? 

El tango aparece como un aditivo imposible de eludir a la hora de escribir sobre la Buenos Aires de los años ‘30, de los inmigrantes y compadritos, de los conventillos y los aromas amorosos de la época. Dicen que el tango fue la forma que el corazón encontró para hablar más perfectamente... bueno, así fue para mí también en esta obra. Y también dicen que el tango nos llega a todos en algún momento y a mí me llegó con esta obra: no era un oyente de tangos y para escribirla me puse a escuchar, a investigar y finalmente ¡a disfrutar del tango! Porque encontré ahí un universo inmenso, un manantial de posibilidades que podía sumar a la propuesta.

También me interesó introducir a los chicos al tango desde un lugar desestructurado, nada solemne y corrido del aire melancólico. Así surgió Tanguito mío, donde narro una historia de amor, un “Romeo y Julieta” porteño, en una sociedad que se estaba conformando, que se estaba conociendo a sí misma. Y en donde sonaban el tango, la tarantela y otras músicas del mundo, que llegaban al Río de la Plata junto con las ilusiones y desesperanzas de los que bajaban de los barcos.

¿Un sainete para chicos? 

Sin dudas: un sainete. Y, más concretamente, lo que la teoría teatral ha llamado "sainete pura fiesta", una forma que se basa en algunos tópicos: el patio del conventillo como escenario principal, la antinomia de los personajes y su formalización caricaturesca. Me pareció más que atractivo este género para un espectáculo para chicos por muchísimos motivos: acercar un estilo teatral propio, mostrar su funcionalidad, contar esa época, hablar de los conventillos y sabernos también hijos de aquellos que algún día bajaron de los barcos. Y además, porque es la historia de nuestros abuelos o bisabuelos y me pareció interesante poner en movimiento el recuerdo de ellos.

¿Cómo fue el armado de la obra? ¿Cómo llegaron los actores a componer sus personajes que son tan caricaturescos en algunos casos?

Antes de comenzar los ensayos hablamos mucho de la época, del estilo y de la intencionalidad de la obra. El proceso de montaje empezó con un trazado de los momentos y luego comenzamos a investigar sobre los personajes. El estilo de actuación fue claramente el grotesco, pensado como efecto teatral. Grotesco, deformado, crítico y también pictórico. Y aquí la búsqueda fue completamente lúdica. Todos los actores iban trayendo propuestas devenidas de ilustraciones, dibujos animados, canciones y ocurrencias de ellos y las poníamos a prueba en el ensayo. Y como el juego fue nuestra manera de encontrarlos, hoy en el escenario están ¡jugando! Y eso los torna más que atractivos.

Es interesante ver en la obra la dicotomía entre los buenos y los malos. ¿Estereotipos del sainete? ¿Viejos nuevos relatos para el público infantil?

¡Ni más ni menos! Estereotipos, como en la comedia dell'arte. Y que también son del sainete y el grotesco. Mi idea era tomar ese viejo formato, los viejos prototipos, y refrescarlos, aggionarlos desde el juego y desde el humor: viejos relatos traídos al presente, absolutamente vigentes para la dramaturgia y el entretenimiento. La dicotomía buenos y malos es funcional para la historia que se narra en Tanguito mío, ayuda al devenir de la narración y colabora efectivamente a sostener los vínculos entre los personajes: el vacío de uno es completado por el exceso del otro y viceversa. La ingenuidad, el conocimiento, la ley, el desconocimiento, la voluntad justiciera, son los tipos de los personajes que sostienen sus conductas.

¿Cómo fue el trabajo de composición de los nuevos tangos que hay en la obra?

Las letras de las canciones, tanto de los tangos como las que no son tangos, tuvieron varias vías de creación. Algunas fueron escritas en el proceso de escritura de la obra, como ya vislumbrando la musicalidad, y otras eran textos en prosa que pedían "a gritos" ser cantados. Quiero decir, la música aparece porque las palabras piden ser cantadas para adquirir mayor pregnancia, para subrayar algún aspecto, para denotar el espíritu de una intención. Y entonces nacen estos tangos, la tarantela y toda la música que hay en la obra. Tato Finocchi, el autor de la música, trabajó en un intenso ida y vuelta durante el proceso de creación del texto. La idea era que las letras de las canciones no fueran un detenimiento narrativo, es decir, que no fueran expositivas, sino dramáticas: que la acción siguiera corriendo.

Y el popurrí de tangos clásicos: ¿es para los chicos o para los grandes?

El pasaje de los tanguitos clásicos fue un hallazgo del proceso de ensayos y un lujo que pude darme por trabajar con texto propio. Surgió como un juego de los actores que fue un acierto, ya que la gente lo recibe con entusiasmo, alegría y sorpresa. Creo que a los adultos los descoloca escuchar esos tangos descontextualizados y les surge el recuerdo por haberlos escuchado alguna vez. Para los niños -y esto era un poco la intención- es la invitación a conocer –o volver a escuchar, en algún caso- una textura emblemática al servicio de un diálogo. Escuchan cómo de un diálogo hablado se pasa a la rima del tango para hacer avanzar la acción, les produce risa. Y al final de la obra, los actores describen a los tangos como si estuvieran hablando de personas y ésa era la idea: que los tangos también tienen identidad y que hay tangos para cada quién, ¡solo hay que descubrirlos!

¿Quién se anima entonces a (re)descubrir el tango con los chicos? Desafío de guapos y criollos para todos.

 

 


 


Tanguito mío. Ver info de lugar, funciones y precios.

 

 


 

PLANETA MARIONI

Gastón Marioni es docente de teatro, director, dramaturgo y actor. Participó de varias obras como director, autor, coreógrafo e iluminador. Algunas de ellas son: La fabulosa historia de Anton Pirulero, La lengua cosida, Los viajes de Gulliver, una aventura musical y Sangre en la tierra de Navarro. Desde 2003 dirige Teatro Estudio, un espacio de formación y experimentación teatral donde dicta cursos de actuación y comedia musical para todas las edades.

Tanguito mío ganó el segundo premio de la categoría teatro musical y teatro infantil de los Premios Nacionales 2012, otorgados por la Secretaría de Cultura de la Nación. También en estas vacaciones, Marioni está presentando Rapunzel, vas a volver a creer en el Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata (Calle 10 entre 46 y 47), con la actuación de Laura Fidalgo. (Funciones en vacaciones de invierno a las 19 hs. Entrada $ 80). Y está preparando una nueva obra, El baúl encantado, de la cual, afirma será una primera síntesis de su experiencia docente puesta en su rol de actor.

 

 



CHICOS QUE HACEN TEATRO 

“Para los chicos, hacer teatro tiene efectos increíbles”, afirma Marioni. “Por un lado, estimula un modo de pensamiento lúdico que la enseñanza tradicional no tiene. Descubrir la necesariedad del vínculo con otros para poder cumplir una consigna es un acto de valoración primordial que genera muchísimo respeto en el trato con sus pares. También, cuando mis alumnos logran realizar una escena o la muestra de fin de año se ven como autores de un logro personal, para el que necesitaron su cuerpo, su imaginación y su propia voluntad. Esto genera un reconocimiento de sus propias capacidades. Es como verse autor de sí mismo y me resulta fascinante como regalo para enaltecer la capacidad creadora que todas las personas tienen”.

 

 

 

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