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01-01-2010 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Cuentos con telón

Alejandro Vanegas adaptó y dirige una versión de “El mago de Oz”, una de las obras de teatro infantil más convocantes de Córdoba. A punto de instalarse en Carlos Paz para hacer temporada con la pieza, el director dice que los chicos están esperando que les cuenten historias, y que el teatro es uno de los mejores lugares para hacerlo.

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Por Celina Alberto


La Bruja Mala del Este acaba de pedirles a los chicos que no le digan a Dorothy, la heroína del cuento, que hay un hechizo esperándola en una flor. Diez segundos más tarde, toda la platea recibe a la chica con gritos de advertencia, la mayoría parados frente a las butacas, desesperados y divertidos como si les hubiesen dado permiso para controlar por un rato la dirección de lo que está pasando en el escenario. La interacción deja de ser un milagro virtual por obra y magia de la fantasía. Un puñado de actores, un cuento maravilloso y algunos recursos simples de escenografía, luces y vestuario, alcanzan y sobran para disparar el juego. Alejandro Vanegas, actor, director y autor de teatro, querría que el juego estuviera equipado con algo más de tecnología, pero no la necesita. El mago de Oz es un acto de fe en muchas cosas. La primera de todas: la imaginación.

Tu trabajo como docente de teatro aparece también en la selección de las historias que contás en el escenario, casi siempre con un mensaje superador para los chicos ¿Por qué elegís el tono del relato oral cuando hacés teatro infantil?

Mi trabajo con cuentos tradicionales tiene que ver con la docencia, exclusivamente. Trabajo con niños, muchas horas, y veo que en diferentes realidades sociales y económicas hay carencias en el tema de escuchar el “había una vez”. Que un abuelo o un tío les haga el ruido de los aviones, o las voces de los personajes, por ejemplo, es lo que los hace adentrar en ese mundo que es tan maravilloso. Es un recurso necesario para crear, para abrir la imaginación, y por ahí en la actualidad todo eso se suple, o se intenta suplantar, con la tecnología, con los videojuegos, la Play o la tele, y no es posible, en lo absoluto.

En el caso de El mago de Oz, además, se trata de una puesta despojada y con recursos tradicionales, sin efectos especiales ni pirotecnia tecnológica.

Ese es otro desafío, acá en Córdoba no tenemos los efectos ni la producción de Broadway o Buenos Aires, que llenan cualquier puesta. Pero siempre les digo a los chicos que en el fondo todo eso es efectismo. Y yo apunto a otra cosa: a adentrarnos en el cuento, en lo fantástico, no por deslumbrante sino por el mundo de la fantasía, el mundo del sueño.

¿Qué les pasa a los cuentos cuando llegan al escenario?

Para llevarlos a escena tenemos que ir a la esencia del cuento, a buscar lo humano, esas pequeñas cositas desde donde los personajes se vuelven identificables con cada uno de nosotros. Sin ir en el afán de buscar la risa, hacer giros idiomáticos o guiños a cuestiones actuales. En algunas adaptaciones de El mago de Oz he visto que el Mago funciona como un Gran Hermano por ejemplo, o que Kansas se transforma en algún lugar de Córdoba. Para mí eso no tiene sentido. Si querés hacer una versión propia, hay que hacerla en serio.

¿Por qué la mayoría de las obras de teatro para niños parten de los cuentos clásicos? ¿No es posible inventar nuevas historias para llevar al teatro?

Porque los cuentos clásicos jamás perderán vigencia y porque ese “había una vez…” nos hace ser niños nuevamente, al menos por un ratito. Es posible inventar nuevas historias y subirlas a escena, pero no comparto la idea de subir a escena ideas sueltas y situaciones fragmentadas. Lo que se representa requiere del trabajo de dramaturgos especializados en el teatro infantil, y en Córdoba no hay formación en esa área, lamentablemente.

¿Cómo ves el panorama del teatro local para realizadores independientes, como vos?

En Córdoba hay talento, gente muy capaz, pero los espacios culturales de producción son muy pocos, eso es preocupante.

¿Qué buscás en tus actores a la hora de elegirlos?

Seres creativos, afanosos por superarse, que se apasionen por el proyecto tanto como yo. Todo lo demás se trabaja en el proceso.

¿Por qué hacés teatro para chicos?

Amo el teatro, es mi pasión, y también la docencia. No sé por qué hago esto, tendría que ir al diván. Yo llegué al teatro actuando y después, al trabajar con algunos directores, con quienes no sentía que daba lo que podía o quería hacer, me empezó a surgir esta necesidad de dirigir.

¿Qué hiciste antes de El Mago de Oz, por dónde llegaste a este momento de tu carrera?

Empecé a dirigir en 1990, con Las travesías de Manuela, una obra de Ana Alvarado que me fascinaba porque tenía esto de los niños que han dejado de lado los cuentos por estar tan inmersos en los medios de comunicación. Manuela es una niña que mira tanta televisión que el aparato se la traga y cuando está adentro de ese mundo, que para ella era maravilloso, descubre que no lo es tanto. Encuentra conductores malditos, productores que sólo les interesa ver si está gorda o flaca y que intentan cambiarle la esencia. Fue un trabajo muy chiquito que presenté en escuelas y algunos CPC (Centros de Participación Comunal de la ciudad de Córdoba). Después hice Mi bello dragón (basada en un libro de Enrique Pinti). Me gusta muchísimo el género musical y que el canto sea un elemento más que sume al relato. Después de eso participé en Piltracha, el rey de la hilacha, bajo dirección de José Luis Arce.

¿Qué elementos encontrás en común entre todas estas obras?

Siempre hay una intención de cambiar, rescatar, modificar, abrirnos un poquito al imaginario y lo mágico, a los valores que están perdidos. En los colegios hay mucha desvalorización de los chicos entre sí, se descalifican, se maltratan y critican constantemente. Por eso, me gusta meterme en un mundo donde eso no sucede, que lindo sería ¿no?

¿Qué rol considerás que debe cumplir el teatro como espacio de expresión y comunicación para los niños?

Cumple un rol fundamental. El teatro es vehículo de crecimiento, amplifica los sentidos y la percepción del mundo. El teatro es una disciplina integradora por excelencia (música, plástica, danza, actuación). De allí la importancia del teatro en los espacios educativos. Es increíble, pero aún hay escuelas primarias en las que no se ha incorporado en la currícula.

¿Se puede ayudar a desarrollar una mirada crítica en los chicos a través del teatro?

Creo que sí. En un primer momento uno no cree que sea posible, pero después ves a los padres que llevan a sus niños y a los chicos que se quedan haciendo preguntas, se acuerdan de las historias, y algo pasa. Me gusta trabajar con los chicos, me gusta la frescura que tienen para adentrarse en las historias, esa limpieza de prejuicios. Sienten y se van sumergiendo. De esa misma forma me siento yo también cuando voy al teatro, sigo disfrutando de las funciones de esa manera. Hay que creer para poder crear


Planeta Alejandro Vanegas

A los 38 años, con su historia profesional anclada en el trabajo independiente y más de 20 años de experiencia, Vanegas habla de sí mismo sin pretensiones. “Soy canceriano del 6 de julio. Tengo dos hijos, Sasha, mi niña, y mi hijo Pancho, mi gran inspirador, que además escribe historias y también es de cáncer. Pancho va a ver todos los ensayos, me hace sugerencias. También trabajo con mis alumnos y experimento con ellos, los escucho y aprendo de lo que les pasa. Si escuchamos al otro, vamos a poder trabajar cualquier tema, hasta la violencia. En las escuelas es un problema muy presente y creo que si aprendemos a escucharnos algo se va a poder cambiar. Mi vida es el teatro, las salas y las escuelas”.

Entre sus proyectos está la adaptación de Pinocho, con música original de Martín Bianchedi y la historia anclada en el episodio escolar. “Quiero contar el Pinocho que va a clases y no le gusta lo que encuentra, y se pregunta entonces qué es lo que puede cambiar”.

Profesor de teatro, Vanegas se formó en la Escuela de Teatro Roberto Arlt, fue alumno de Lisandro Selva y tomó clases con Hugo Midón, de quien aprendió el rescate de universos escondidos en los objetos cotidianos. Además de su trabajo para niños, dirige una compañía para adultos, con la cual presenta Corruptos fulltime, “sobre las pequeñas y grandes corrupciones que todos tenemos, un proyecto que salió por amor al teatro”.

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