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01-11-2003 |

Educación - Madres y Padres

Cuando el aprendizaje se convierte en un problema

Los problemas de aprendizaje se deben a múltiples factores y afectan a todos los sectores de la sociedad, tanto en la educación primaria como en el secundario. Su origen puede provenir desde trastornos con base genética, disfunciones neurológicas hasta de factores psicológicos y emocionales. Lo importante es contar con un diagnóstico diferencial que permita encontrar el abordaje adecuado.

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Por Ariel Saidón

 


Se trata de un problema bastante más frecuente de lo que en general se cree. En Argentina sólo el 52 % de los chicos que empiezan la escuela primaria, la terminan sin repetir ningún grado. Si bien las dificultades de aprendizaje reconocen diversas causas, los factores sociales inciden notablemente en las estadísticas. Y los sectores más bajos son los más perjudicados, con chicos que abandonan sus estudios para trabajar o que debido a una alimentación insuficiente tienen un pobre rendimiento escolar.
   
Según Margarita Morente, psicomotricista y profesora de pedagogía, los problemas de aprendizaje y los problemas de conducta tienen un mismo origen: en su mayoría, responden a trastornos madurativos previos que no se detectaron en su momento. En ese sentido, destaca la importancia de la observación que puede realizar la familia, con la orientación del pediatra, durante los primeros años de vida. Teniendo en cuenta, sobre todo, el desarrollo de la motricidad y el lenguaje.

“Mientras algunos chicos manifiestan trastornos de tipo cognitivo, otros pueden tener cierta torpeza motora que posteriormente les dificulte la adaptación social en grupo”, afirma. Por eso asegura que cuanto antes se cuente con un diagnóstico adecuado más posibilidades hay de revertir el problema.
Si bien las dificultades de aprendizaje reconocen diferentes causas, la psicomotricista destaca la importancia del entorno y de la familia en la formación de la personalidad del chico. “Esto es como un embudo. El chico vive sus primeros años en un entorno familiar determinado y esto lo marca para toda la vida. A los seis años, si no tiene ningún trastorno genético, biológico o psicológico ya tiene desarrollado todas sus funciones madurativas básicas para el aprendizaje escolar”, describe.

Uno de los problemas más recurrentes en la actualidad es el déficit de atención que, aunque deriva de una serie de variables, la directora del Centro de Estimulación Psicomotriz vincula fuertemente al ámbito social del niño durante los primeros años. “Los chicos de las ciudades, hoy en día reciben una gran cantidad de estímulos intensos en forma continua. Si esto no es acompañado por una contención adecuada por parte de la familia, puede derivar en dificultades para prestar atención”.

La misma importancia atribuye al delicado tema de los límites. “Un chico que tiene un permiso en relación a los límites, se deja mandar por su cuerpo y no desarrolla bien lo que desde la psicomotricidad llamamos freno inhibitorio”, describe. “El resultado es un chico que no tiene una estructura de sostén del cuerpo en relación al espacio, que se lleva el mundo por delante.”


Trabajar juntos

La mayoría de los problemas de aprendizaje se detectan al inicio de la escolaridad, generalmente entre primer y segundo grado. La primera que lo percibe es la maestra, que nota que el chico no puede prestar atención, no respeta las consignas, agarra mal el lápiz o tiene dificultad para determinados grafismos.

A partir de allí comienza una serie de consultas entre la familia y la escuela que, luego de la observación durante un determinado período de tiempo y si el problema persiste, deriva en la consulta psicopedagógica.

“Lo importante es detectarlo a tiempo. -destaca Morente- No derivar directamente a un tratamiento pero conversar con la mamá e investigar un poquito. Siempre es importante que los maestros y los padres trabajen juntos”.

Para poder hacer un buen análisis de la situación, es importante contar con la mayor cantidad de información posible. El intercambio de opiniones entre los padres y el docente debe ser continuo. La idea es que el chico no se sienta tironeado entre la maestra que señala un problema y la madre que lo niega.

“El tema es cómo se comunica la escuela con la familia y la familia con la escuela, y qué surge de la información que ambos transmiten. Porque acá están en juego cuestiones muy profundas de cada uno. La maestra enseña desde su propia identidad, desde su formación y desde su propia historia. Y los padres, exactamente lo mismo”, describe Morente.

Determinar el momento adecuado para comenzar un tratamiento depende de la capacidad del docente que esté al frente del curso, pero también de la observación que hagan los padres. “Hay que ver si es una dificultad que se asocia a otras. Si no, le tienen que dar más tiempo. Pero si además del problema de aprendizaje el chico tiene problemas de conducta, si no puede seguir la continuidad de los aprendizajes o no cumple con las actividades, entonces sería conveniente hablar con los padres y derivar al profesional.”


Gabinete psicopedagógico

Tradicionalmente, las escuelas contaban con un gabinete psicopedagógico donde se derivaba a los chicos con alguna dificultad. Pero actualmente esta tendencia está cambiando y muchas escuelas cuentan con profesionales que trabajan en conjunto con los docentes observando al grupo en el aula y sugiriendo el momento adecuado para una evaluación.

“La forma tradicional en que se trabajaba, separando al chico del aula y derivándolo al gabinete psicopedagógico, implicaba una manera de discirminación. Los compañeros lo señalaban y el chico cargaba con el rótulo del que tiene problemas.”

Por otra parte, Morente sostiene que “el equipo profesional de la escuela debe ser de orientación, no de intervención, ni siquiera de diagnóstico. Porque los profesionales que están dentro de la institución no son terapeutas sino profesionales de la educación y, como tales, tienen una mirada diferente”.


Cambiar de escuela

Morente advierte que muchas veces se cree estar frente a un trastorno de aprendizaje cuando se trata simplemente de chicos que tienen un proceso madurativo más lento que el resto. Esta situación se da más frecuentemente en colegios con un alto nivel de exigencia en los contenidos curriculares. “Cada chico tiene su propia individualidad y hay quienes, sin registrar ningún trastorno, tienen un proceso madurativo más lento. En esos casos puede producirse un choque entre el nivel de exigencia del colegio, las expectativas de los padres y las posibilidades del chico.”

Sin embargo, más allá de los casos puntuales en donde hay desfasajes entre la currícula institucional y las expectativas de la familia, la psicopedagoga no recomienda los cambios de escuela. “Los chicos en su desarrollo necesitan estabilidad, tener un lugar de pertenencia y poder afianzarse en un grupo”, señala.


Para prestar atención

La mayoría de los problemas de aprendizaje, salen a la luz con el comienzo de la escolaridad primaria. La psicomotricista Margarita Morente da algunas pautas sobre donde poner el ojo en esta etapa tan importante.

• Déficit de atención: La postura para el aprendizaje es permanecer sentado y estar atento a lo que la maestra explica en el pizarrón. Si un chico se para todo el tiempo o está más atento a lo que le pasa al compañerito de al lado o al de adelante, los procesos de atención no están focalizados en lo que la maestra dice.

• Otro problema habitual se da cuando los chicos intentan escribir y no pueden, cuando los dibujos o las cosas que hacen son muy primitivas para la edad. Si un chico agarra mal el lápiz puede ser que sus praxias manuales no estén armadas como para organizar la escritura.

• Un indicador de que puede haber algún problema también es que no se pueda ubicar en el espacio, si respeta o no los renglones o sigue escribiendo cuando se le termina la hoja.

De todos modos, hay que tener en cuenta que la escolaridad es un cambio importante para el chico y, antes de hacer una consulta, darle un tiempo para que se adapte a su nueva situación. “Para la mayoría de los chicos, el primer grado representa un desafío. -dice Morente- En él están puestas todas las expectativas de sus padres y posiblemente se encuentre inhibido. Una buena maestra que contenga, que ayude, que acompañe es capaz de percibir si el problema persiste o no”.

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