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01-01-2007 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Bajo el ala del mercado

Que la literatura es un mercado o buena parte de ella lo transita no es novedad. Se sabe que muchas editoriales tienen criterios de selección que priorizan los temas que son aceptados por los maestros. Dentro de la oferta, está la literatura de escritores que escriben por vocación, con convicción y compromiso, y que viven de su escritura.

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Por Sandra Comino



Según un informe de la CAL (Cámara Argentina del Libro) en el género Literatura Infantil y Juvenil los títulos registrados en 2004 fueron 802, en 2005, 918 y en el primer semestre de 2006, 526. Si bien falta el registro de la segunda mitad del año, a juzgar por el nuevo material que circula
y el éxito de la Feria Infantil y Juvenil que se realizó en Buenos Aires durante el mes de julio, el balance de fin de año arrojará que la producción habrá crecido seguramente.

El boom editorial argentino más importante surgió en los albores de la democracia, después de la despiadada censura ejercida durante la última dictadura militar. ¿Será que estamos atravesando otro boom, después de la nefasta década del 90?

La literatura infantil nació por apropiación de la literatura pensada para adultos, luego la edición adrede trajo el mercado y junto con él la ficción moralizante, pedagogizante, y llevó años separar la enseñanza de la literatura. “No todo libro que circula es literatura” dice Susana Itzcovich, presidenta de Alija y entre otras actividades, directora de Colección Relecturas, libros que edita Editorial Lugar en conjunto con la Universidad Nacional de Litoral.

El fenómeno del mercado es incomprensible para quienes trabajan en la edición o escritura para adultos. Los autores de LIJ viven de su obra, y hay un mundo paralelo que tiene su propio “Nobel” que es el “Andersen” y recientemente el “Astrid Lindgren”, prestigiosos galardones que, además, ofrecen mucho dinero. El mercado -casi sin prensa gráfica que se dedique a recomendar libros sistemáticamente (sólo existe en pocos medios)-, sostiene grandes ventas y los libros circulan como pan caliente, aunque suene utópico para los que pueden vivir alejados de ellos. Se editan, reeditan y los más desdichados se descatalogan, es la ley del mercado, pero no pasa demasiado tiempo sin que ese mismo libro vuelva a nacer en otra editorial. Hay Encuentros y Congresos Internacionales y por supuesto Ferias que se dedican exclusivamente al Libro Infantil.

Ante la pregunta: ¿Cuántos libros se editan al año y de cuánto es la tirada?, Mariana Vera, editora de Sudamericana responde: “Estamos publicando unos 40 títulos por año, con una tirada promedio de 3000 ejemplares”. Ante la misma inquietud María Fernanda Maquieira, editora responsable del Departamento Infantil y Juvenil de Editorial Alfaguara, responde: “Entre 30 y 50 novedades. La tirada es variable, entre 3 y 5 mil para una novedad de autor local y hasta 10 o 15 mil cuando se trata de un proyecto global más grande”.

En una segunda curiosidad: ¿Cuál es el criterio de selección para editar?, Mariana Vera afirma: “A la hora de editar, seguimos dos líneas. Una más literaria, con colecciones muy instaladas en los colegios, como Pan Flauta, Caminadores o Cuentamérica, y además con otras colecciones, más recientes, que estamos empujando con fuerza desde promoción y marketing para que se conviertan también en colecciones de referencia. Me refiero a Cuentamérica Naturaleza, Puercoespín, Pluma del gato. Para todas estas colecciones, contratamos el material que más nos entusiasma de todo lo que llega. En general, el 90% es de autores que ya han publicado anteriormente (ya sea con nosotros, ya sea en otras editoriales). De lo que llega espontáneamente, es muy raro que encontremos textos interesantes, pero siempre hay excepciones. La otra línea es más de tipo comercial y la selección se hace pensando concretamente en el mercado y en las posibilidades de venta por impulso”.

Es verdad, entonces existe un mercado con una línea comercial y una literaria. La pregunta sería cómo hace alguien que desconoce el tema para saber qué es comercial y qué es literatura de calidad, que también integra ese mercado. Lo primero que contestaría un especialista es que la distinción la marca la escritura. Cuando se habla de trabajo de escritura se trata de libros que tengan un lenguaje con recursos literarios, historias atrapantes, lejos de los estereotipos comunes y los clichés. En el caso del álbum la propuesta está ligada al arte y por supuesto hablamos de buen papel, excelente impresión, diseño y cuidado en general.

Al respecto en un informe que Débora Lápidus hace para la Cámara del Libro, una de las personas consultadas, Stella Maris Rozas, editora de Unaluna, editorial lanzada en la última Feria del Libro, dijo: "El surgimiento en los últimos años de editoriales especializadas en la literatura infantil se debe a que existe un nicho de mercado en expansión, que demanda libros de buena calidad, de forma creciente y sostenida. Además no hay que olvidar que los libros argentinos, debido a la calidad de sus autores, ilustradores y al cuidado con el cual los editores publicamos estas obras (excelente calidad de diseño, impresión y encuadernación) son muy apreciados por el resto de los países de América Latina. Argentina goza de una larga tradición en la industria editorial, y es considerada –junto con Colombia y México– uno de los mercados productores y consumidores de literatura más importantes de América Latina.”


El problema de la calidad

Rosario Charquero, responsable de Ediciones del Eclipse ante la pregunta: ¿Cuáles son las tendencias editoriales mundiales relativas a este género, tanto en cuanto a las historias como a las ilustraciones? (en un informe para la CAL) responde: “Hay que tener presente que la buena literatura infantil y juvenil no se despega de los avatares de la buena literatura ‘para grandes’. Aclarado este punto, observo una tendencia hacia los libros aleccionadores, que dejan enseñanza, que ‘bajan línea’, de autoayuda para niños. De eso hay muchísimo y creo que es lo que más se vende en los circuitos comerciales. Como ejemplo, de la Feria de Bologna me traje un libro alemán paradigmático en ese aspecto: una oveja que era diferente; el paisaje que era el de cualquier país, las montañas que no eran ni grandes, ni pequeñas, ni nevadas, ni llenas de verde, el pastor -que no era árabe- podía ser de cualquier parte, el auto del granjero era un auto de hace mucho...; en fin, me lo traje como ejemplo de lo que en la editorial no debemos hacer nunca”.

La especialista española Teresa Colomer, por su parte, dice: “Una de las grandes batallas de la literatura infantil ha sido la librada a favor de la calidad literaria”. Pero ¿cuál es la definición de libros de calidad o literarios?

Maquieira cuando habla de la selección del material para su editorial reflexiona: “El criterio de selección es la calidad literaria: elegir los mejores libros para las colecciones del catálogo. Hay autores exclusivos de la editorial de los cuales se contrata la obra completa. Y entre todas las novedades siempre hay una cantidad de títulos de autores consagrados y algunos espacios para autores noveles”.

Al respecto Susana Itzcovich dice: “Cuando estudiamos literatura infantil y juvenil lo hacemos con el mismo criterio con el que abordamos la literatura para adultos, es decir, desde lo literario. Estos conceptos no invalidan que haya en el mercado centenares de miles de libros para niños que no pertenecen a la literatura. Los libros de texto, los manuales, los libros de divulgación informativa, no forman parte del acervo literario; cumplen otra función. Otros, en cambio, pretenden ser discursos literarios que se quedan a mitad del camino o no llegan ni al principio. Muchos autores escriben un aparente relato literario, introduciendo conceptos morales, normas de higiene o de conducta. Mezclan información ‘disfrazada’ de cuento o de poesía. Es un texto ‘híbrido’, seudoliterario, que confunde al receptor infantil haciéndole creer que la literatura cumple la función de ‘enseñar’. La literatura enseña por sí misma, por sus propios recursos estéticos, sin necesidad de presionar al lector con enseñanzas, quizá válidas en una clase escolar, pero no incorporadas en un libro literario”


La respuesta del público

Literarios o no los libros infantiles se venden. Las Ferias son cada vez más exitosas y existe un apoyo de los libreros en este tema. Pero la consulta ahora es: ¿Cuál es el sistema de promoción que utilizan las editoriales para vender libros infantiles? Cristina Gabas, Coordinadora de Promoción en Editorial Sudamericana responde: “El sistema de promoción se basa en ciertas líneas de acción y algunos programas que sostenemos a lo largo del tiempo. Desarrollamos el contacto con las instituciones ligadas a la LIJ y a la educación. Buscamos la presencia y participación de nuestros autores en distintas instancias: Ferias del libro regionales, además de las ferias Internacional e Infantil y Juvenil de Buenos Aires, ferias escolares, visitas a escuelas, jornadas para docentes y otras actividades ligadas a los mediadores. Hacemos ciclos de narraciones en escuelas (Abralaplaza) y en librerías. Por otra parte es histórico el programa de Libros viajeros, valijas con libros que van en calidad de préstamo, y desde hace tres años existe un programa destinado a crear Rincones de Lectura en el área de la salud infantil (salas de espera y salas de internación de hospitales, centros de salud y hospitales de día). La idea es contar con promotores que insistan en el contacto directo con el docente.”

En este contexto la editora de Editorial Sudamericana ante el interrogante ¿se puede hablar de un libro más vendido? manifiesta: “Por la naturaleza de nuestro catálogo (estoy hablando de la línea literaria), resulta difícil hablar de un solo libro más vendido. Pero sí podemos hablar de algunos títulos que llevan muchas reimpresiones con el correr de los años. En otras palabras, para la línea literaria creo que es más apropiado hablar de long- sellers en lugar de best-sellers”. Por otro lado, María Fernanda de Alfaguara asegura: “Esta es una editorial de fondo, no tanto de best sellers. De todos modos, hay un ranking de más vendidos entre los que se pueden destacar títulos clásicos del catálogo: en primer lugar Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl, luego están Un elefante ocupa mucho espacio y Socorro de Elsa Bornemann, Dailan Kifki y Cuentopos de Gulubú de María Elena Walsh, Natacha y Frin de Luis Pescetti, por mencionar algunos.

Entre estos nombres, sin duda, estamos hablando de libros de calidad y la mayoría son casi clásicos ya que Bornemann y Walsh, escribieron los libros mencionados hace años y el hecho de su perdurabilidad puede ser un rasgo (en este caso) de que estamos hablando de literatura.

Entonces, ¿podemos decir que la mayoría de la LIJ que circula es Literatura? ¿Se puede indicar que hay un mercado que regula la escuela? Muchas preguntas para una nota. Sí se puede afirmar que el mediador especializado es quién puede determinar qué es y qué no es literatura; para esto debe ser lector y capacitarse, no ejercer censura temática y tampoco caer en la elección condicionada, ni censurar por omisión o por temor a abordar determinada cuestión.

¿El editor se siente censurado por factores externos? ¿Edita para su catálogo, para la escuela, para determinada franja social o para todos en general? Maquieira asegura: “Yo no diría que hay censuras pero sí que hay condicionamientos: se edita desde un lugar particular pues por más que uno tenga una mirada amplia hay un sello editorial, una marca, un catálogo que tiene cierta historia y trayectoria en el campo cultural, hay ciertos autores que van delineando un perfil determinado, hay colecciones que tienen ciertas características, etcétera”.

Como dice Graciela Montes “La literatura cuenta (...) con tres (fantasmas) que son especialmente poderosos y devoradores: la escolarización, la frivolidad y el mercado”. Habrá que saber qué hacer con ellos.

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