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01-07-2000 |

Crianza - Madres y Padres

Acerca del jugar

La palabra “jugar” es amplia y suele agrupar una diversidad de situaciones: el desarrollo de actividades espontáneas y placenteras que aparecen en la temprana infancia y se complejizan progresivamente, el juego vinculado a lo educativo, a la recreación. Estas experiencias, distintas, encierran algo en común que es la esencia del jugar, una actividad ligada, en última instancia, al placer.

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Por Ariel Saidón



“¿Qué es lo que nos hace sentir ‘vivos’, más allá de la adaptación, que siempre implica sumisión a nuestro medio?”

Bruno Mangiola, psicoanalista, y Luis López, psicólogo clínico, son estudiosos de diferentes autores que desarrollaron en su obra el concepto de jugar en su relación con el vivir. “En el jugar, y sólo en él, pueden el niño y el adulto crear y usar toda su personalidad”, dice D. W. Winnicott en su libro Realidad y Juego.

Todo el mundo sabe qué es jugar aunque, muy probablemente, no pueda explicarlo con palabras. “Es una experiencia vital, -señala Luis López- se define en el hacer. Cuando uno intenta explicarla, conceptualizarla, se pierde lo esencial.”

Bruno Mangiola va más allá: “Jugar es lo que nos hace ser lo que somos en el contexto de la cultura. A medida que uno se va constituyendo, descubre una cantidad de actividades que producen placer y, en la medida que producen placer, tiende a repetirlas”.

A jugar no se aprende. El juego surge espontáneamente, a partir de una búsqueda personal. “Va apareciendo como una actividad que tiende a la satisfacción y a repetir conductas que no tienen un fin específico pero que son gratificantes”, relata Mangiola.

Así es que se produce un desarrollo gradual desde el surgimiento de los primeros esbozos de juego en el bebé al juego individual y de éste al juego compartido. Mangiola lo explica así: “Cuando el chico se encuentra con otro, tiene que entrar en la misma zona de juego. Para poder combinar algo aparecen las reglas, que pueden ser tácitas o explícitas”.

Estas reglas se van complejizando cada vez más hasta llegar a la instancia de juego en los adultos, asociada a las experiencias culturales. “Los grandes perdemos esa cualidad de la espontaneidad, tenemos juegos más sofisticados”, dice López. La idea es poder reencontrarse con uno mismo. “Se trata de buscar actividades específicas donde pueda aparecer un resquicio del ser. Se trata de buscar el espacio de la no regla, el espacio de la espontaneidad”, agrega Mangiola.

Por lo general, se considera al juego patrimonio absoluto de la fantasía. Lo cierto es que, si bien recurre a su imaginación, al jugar el chico toma elementos de la realidad. El juego se ubica en una zona intermedia de experiencia a la cual contribuyen la realidad interior y la vida exterior.

“Lo más simple: Un chico jugando con un palo de escoba al caballo. En el momento que uno lo ve, las acciones lo convencen de que ese chico está realmente arriba de un caballo. Y el chico lo cree, necesita creerlo, pero sabe que es una escoba -ejemplifica López-. El límite se va generando con el tiempo, mientras uno va creciendo”. Pero el límite también está dado por cierto nivel de excitación. “Si lo sobrepasa, el juego se termina”, explica.

Si bien el juego no necesita de un espacio específico, sin duda hay ámbitos que favorecen una cantidad de expresiones. “Es necesaria cierta expansión del espacio que permita otros movimientos”, dice López.

Mangiola sostiene que “los juegos no pueden quedar en la fantasía, necesitan de un espacio y de una materialidad”. Se trata de dar la posibilidad de que el juego se concrete.

Esto también se relaciona con los objetos de los que dispone el chico para jugar. Según Mangiola, “el juguete es un auxiliar para que el juego sea más completo, para que tenga más visos de realidad. Alimenta la fantasía y le da poder al chico sobre el objeto. Aunque lo importante -concluye- no es el juguete en sí sino el uso que se hace de él.”

Lo mismo pasa cuando se pone la mirada en el resultado de un juego, en el producto que se obtiene de él. Lo que caracteriza al jugar en su esencia es que no tiene otro objetivo que el placer. Por eso, el énfasis debería estar puesto en el proceso y no en el producto.


Aburrimiento / Diversión

Un tema que aparece inevitablemente asociado al jugar es la cuestión del aburrimiento. Luis López, por su parte, cuestiona que aburrimiento y diversión sean tomados como conceptos absolutos y no como experiencias humanas. “Se supone que el que está divertido tiene que estar muerto de risa y el aburrido sentado”, dice.

“Aquí entra en juego una idea mediática, todo tiene que ser divertido. Un tipo gana el campeonato mundial y se divirtió. En realidad, el tipo se mató entrenando, no comió, estuvo presionado todo el tiempo y no se divirtió”, ejemplifica Bruno Mangiola.

Mangiola explica que “cuando un pibe dice ‘estoy aburrido’, en realidad está diciendo otra cosa. En general, significa que quiere hacer algo específico para lo cual está motivado por la tele, por los padres o por un amiguito. Pero por ahí no sabe, no puede decidir o es bastante imposible aquello en lo que está pensando”.

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