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12-04-2011 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Volvió el (gran) circo

El espectáculo más emblemático de los Titiriteros del San Martín volvió a escena y desde marzo se presenta con funciones a sala llena en el Teatro Regio. 28 años después de su creación, la actual directora del grupo, Adelaida Mangani, cuenta por qué sigue teniendo vigencia.

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por Marisa Rojas


Tarde de sábado en el porteño barrio de Colegiales. Sol radiante sobre la fachada del Teatro Regio, al 6000 de la Avenida Córdoba. Colectivos que pasan, taxis que frenan, autos que estacionan. Y en la vereda, señoras, señores, mamás con cochecitos, papás cargados con globos y mochilas, niños y niñas que saltan y corren. De repente, extraños hombres-zanahoria salen a recibirlos, los saludan, los acompañan al interior de la sala, aplauden y bailan con ellos por los pasillos. En el escenario, se iluminan las bombitas de colores, la carpa se despliega y la voz del presentador da la bienvenida: la magia comienza. El Gran Circo, está de regreso.

Estrenada en 1983, El Gran Circo es una de las obras que más público convocó en toda la historia del teatro argentino. Y un clásico indiscutible de la escena titiritera local. Creada por el maestro titiritero Ariel Bufano, fundador junto a su compañera, Adelaida Mangani, del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, fue pensada como un homenaje a los orígenes del teatro nacional y a sus pioneros, los hermanos Podestá. La pieza es una divertida sucesión de tradicionales y encantadores números circenses, desde destrezas hasta números de trapecio, incluyendo acrobacias, malabares, animales amaestrados y, por supuesto, payasos, interpretados todos por actores-titiriteros que despliegan las más variadas técnicas del género.

¿Qué significa volver a poner en escena El Gran Circo?

Significa superar un límite. –contesta Mangani- Significa mantener vivo un espectáculo emblema. Además de lo importante que es, artísticamente, que lo aprendan las nuevas generaciones de titiriteros que egresan del Taller-Escuela de Titiriteros, que quizás lo vieron de pequeños, como espectadores. Significa también que tenemos un espectáculo con el que estamos atravesando la historia. Con El Gran Circo me supero a mí misma en el tiempo. Y Ariel está presente. Significa, como les decía a los titiriteros el día del estreno, que es el triunfo del arte sobre la muerte.
 
¿Cuáles son las razones por las que esta obra mantiene vigencia y es tan disfrutable en 2011 como lo fue en los años ‘80?

Es porque está vivo en la juventud de los que lo hacen. Porque hay mucha pasión, hay convicción, montones de ensayos, mucho perfeccionismo, una ‘obsesividad’ muy fuerte. Y además porque es una obra que convoca a la complicidad del público desde el lugar más inocente y puro del corazón. Cuando Jack, el forzudo levanta la pesa de 1000 kilos y toda la sala grita ‘¡Eeeeeh!’ siempre pienso,  ya está... nos creyeron... ya forman parte del juego… De ahí en más sabemos que todo será posible.

¿Qué recuerdos vienen a la memoria, más de dos décadas después del estreno de la pieza?

Recuerdo el estreno hace veintiocho años cuando aún no teníamos idea de lo que iba a pasar con el público. Cuando ensayábamos el número de ‘Las cajas japonesas’ yo decía que no importaba que desde el pullman se viera a las titiriteras dentro de las cajas porque jamás iba a haber público allí arriba. Y bien, hubo que corregir la posición de las cajas porque… ¡siempre hubo gente en el pullman! Por supuesto, recuerdo también a los distintos compañeros que en todos estos años, en las distintas temporadas, interpretaron los personajes, dieron vida a los números. ¡Hear, hear, hear! Las giras… el teatro... la vida... En fin, mi vida.


Desde su estreno, El Gran Circo estuvo en cartel en el Teatro San Martín, alternadamente, durante once temporadas. El último verano se presentó, también, al aire libre: en el Anfiteatro del Parque Centenario. Y desde el mes de marzo, todos los sábados y domingos por la tarde atrae, alegra, y emociona, a los chicos de antes que, ya grandes, llevan a los chicos de ahora para que, también ellos, vivan la fiesta del circo. Por el escenario del Regio desfilan el Tony Totó y su perrita Violeta, el valiente Goleto –estrella de bajísimo perfil pero ¡definitivamente deslumbrante!-, el mago Merlino y la familia de artistas Scottoni-Cañete, entre otros integrantes de la troupe titiritero-circense que, como bien dice el presentador: “¡Siempre vuelve!”


El Gran Circo. Teatro Regio. Av. Córdoba 6056. Tel.: 4772-3350. Sáb. y dom. 16 hs. Desde $ 10.

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