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01-03-2011 |

Cultura - Madres y Padres

Viaje alrededor del juguete

De madera, de plástico, de latón, artesanal, industrial, importado o improvisado, los juguetes tienen mucho para decir de la infancia en la que se inscriben. Sólo se trata de observarlos con ojos curiosos y hacerles preguntas. Surgen entonces nuevas miradas, paisajes de diferentes infancias. Un recorrido para abrir el juego.

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por Gabriela Baby


Para el coleccionista, son piezas únicas que conforman series y responden a categorías. Para el investigador social, indicios que hablan del modo de pensar la infancia para distintas sociedades. Para el chico que los usa, apertura al mundo, compañía u objeto pasajero. Para quien los fabrica, un modo de producir dinero. Pero no todo es color de rosa en la vida de los juguetes. Se los ha tildado de belicistas a algunos, propiciadores de consumo a otros, vacuos, poco creativos, baratos o reproductores de esquemas de dominación, portadores de valores de género o de clase: los juguetes también se llevan sus culpas.

Para Daniela Pellegrinelli, Lic. en Ciencias de la Educación y autora del Diccionario de Juguetes Argentinos (Ed. El juguete ilustrado), cada juguete es un objeto de estudio que encierra algo del clima y la cultura de la época que lo forjó. “Los juguetes están cargados de sentido. Anudan significados entre las generaciones y crean identidad entre individuos de una misma generación. Encarnan un clima de época, la visión del presente, del futuro y el lugar que los más jóvenes ocupan en ese proyecto”, señala Pellegrinelli en el prólogo del libro, resultado de una investigación sobre la industria nacional del juguete entre 1880 y 1965.

“Considerar a los juguetes como herramientas necesarias para el desarrollo de un chico supone una idea particular de infancia. Y esa idea tiene un origen y una historia”, señala Pellegrinelli. “Porque desde las culturas más antiguas, los antropólogos y los arqueólogos constatan la existencia de juguetes pero con otro sentido del que le damos hoy. Para culturas anteriores a la nuestra, el juguete era una pieza que estaba ligada a un ritual religioso. Y en la Edad Media, el juego –al igual que el trabajo- era algo compartido por las diversas generaciones. En nuestra cultura contemporánea es usual pensar que el juguete es una herramienta de crecimiento destinada a los chicos, pero esa idea de infancia corresponde a esta época”, señala la investigadora.

El viaje que propone Pellegrinelli es a través de la historia. La autora explica que el ascenso de la sociedad burguesa dio al juguete – y a los niños de esta clase – un lugar particular. Y la revolución industrial y la fabricación masiva de juguetes contribuyeron a articular este cambio. “¿Qué se espera del vínculo entre la nena y su muñeca, por ejemplo? ¿Por qué se les da y se les daba autitos a los varones? Hay un ideal de género, pero también de clase, de modelo social, y de futuro en cada juguete que se da a un chico”.


Globalización y cultura

Desnudo de nostalgia, y en el contexto de la sociedad globalmente industrializada, el juguete aparece como mercancía generadora de dinero a gran escala. “La globalización nos arrojó a las manos de toda la variedad de juegos y juguetes fabricados en serie en el mundo, casi anulando la industria nacional, aceptando lo ajeno como lo mejor, sin elegir, decidir o pensar si lo que comprábamos estaba dentro de nuestros intereses o necesidades”, señala Beatriz Caba, presidenta de IPA Argentina (Asociación Internacional por el Derecho del Niño a Jugar). Según sus palabras, chicos y adultos estamos en manos de estos juguetes: la relación de manipulador y manipulado se ha invertido.

“A las propuestas artesanales locales les es difícil competir con lo masivo e industrializado por sus costos”- continúa Caba-. “Pero si renovamos la conciencia de la importancia del juego como fenómeno constitutivo de la infancia, podríamos elegir esos objetos que favorecen el desarrollo de la imaginación y del protagonismo de los niños, siempre en relación a la edad y a sus intereses particulares”.

Pablo Medina, director de la biblioteca La Nube y dueño de una colección de juguetes tradicionales de América de casi dos mil piezas, prefiere los juguetes de madera. “Porque los juguetes que tuvimos en América desde la época de la Conquista fueron de madera. Y los juguetes que me hacía mi padre que era carpintero, ebanista, luthier o juguetero, de acuerdo a la necesidad, siempre fueron de madera”, dice, mientras su nieto aporrea un trencito de acero cuyos vagones se unen con poderosos imanes.

El material con que están hechos los juguetes es tema de preocupación para los especialistas. Porque el plástico, estigmatizado por atentar contra la ecología, sigue siendo el material favorito de la industria. “La industria juguetera actual fabrica y/o importa un 90% de objetos de plástico. Si bien es un material con muchas bondades también es casi la única opción en algunos comercios. Y de este modo, se transforma en algo repetitivo, cuando la diversidad de materiales resultaría estimulante para la infancia”, dice Caba y luego enumera: “tela, papel, barro o arcilla, agua, arena, piedra, frutos, hojas, madera, metales, goma, telgopor, cartón, pinturas, ceras, maquillajes: estos materiales dan lugar a la creación de objetos que pueden ser juguetes que duren un tiempo o que tengan el valor del proceso de invención”.

También la idea de identidad levanta polvareda alrededor de los juguetes industrializados. “Los juguetes populares como el balero, el yo-yo y el trompo se siguen usando en pueblos y lugares donde no hay tanto consumo. Inclusive, el juego que se reproduce en toda la América –que es el palín o la chueca y que consiste en patear una pelota– es una forma universal del juego. Mapuches, tehuelches, guaraníes, cherokees: todos jugaron a la pelota. Porque tirar y esquivar son formas universales de juego”, dice Medina. Para él, al igual que la pelota, otros juegos y juguetes actuales son reediciones de juguetes pasados: “Los juguetes, a lo largo del tiempo, se repiten”.


Toy story

Algunos coleccionistas señalan con precisión repeticiones y novedades en la historia del juguete. Así le ocurre a Juan Olsece, dueño de piezas incunables de juguetes llegados de otras infancias. En sus vitrinas sonríen muñecas de porcelana, junto a maquinitas de coser y autos de caucho Duravit. “Los juguetes también son testimonio de los avances técnicos de cada época aplicados a un producto industrial de consumo masivo. Y los sucesos de las distintas épocas suelen ser tomados como temática por los juguetes: la conquista del espacio, el desarrollo de la industria aeronáutica y automotriz, las guerras y los nuevos armamentos como los submarinos o tanques, o los sucesos deportivos. Y, en un plano más banal, también reflejan las modas y las tendencias de diseño, por ejemplo en la vestimenta de muñecas o el mobiliario”, dice este fan de los juguetes, padre de cuatro chicos de 18, 16, 11 y 5 años.

Vistos desde la perspectiva histórica, los juguetes dan cuenta no sólo de modas y tendencias sino también del proyecto que una generación prepara para la que viene: “El juguete es una herramienta que tiene la sociedad para conservar –o modificar, en épocas excepcionales- un orden determinado”, dice Olsece.

La pregunta de rigor en este punto del viaje es qué juguetes estamos dando a los chicos de hoy. ¿Qué les queremos decir con todo este cúmulo de muñecos, objetos de plástico, coloridos, de uso masivo, por momentos invasivos, adorables de a ratos, increíbles o simplemente sencillos? “Yo creo en la capacidad de resignificación de los chicos, más allá de la invasión de cierto tipo de juguetes”, señala Daniela Pellegrinelli y aclara: “También dependerá de la intensidad de esa invasión, pero lo cierto es que los chicos hacen cualquier cosa con cualquier objeto. De hecho siguen jugando con una bolita y una rama. Es un poco inocente pensar en una transmisión directa del juguete al niño. Porque de hecho el chico vive mediado de otros símbolos que les permite meter al juguete en un sistema más grande, conformado por otros juguetes, sus libros y en definitiva, su vida”.


¿Qué hay de nuevo, viejo?

Quizá a diferencia de otras épocas, los juguetes actuales sobrepasan sus propios límites: la película o serie de TV trae los muñecos, la remera, el paraguas, las cartas, la cartuchera, las zapatillas y una larga lista que podríamos englobar con un etcétera. “Hay narrativas completas alrededor del juguete y no hay límite entre el juguete y lo demás. Son objetos pensados como una constelación, que van a integrar parte de un mundo para que el que los usa integre también parte de ese mundo”, reflexiona Pellegrinelli. La constelación de objetos incluye al chico en una trama: los chicos viven atravesados por ficciones. “Son como los cuentos actuales: grandes mundos de ficciones donde los chicos entran y salen, y hacen uso de algunas cosas. Es otra idea del jugar”, comenta la especialista. 

También la web propone un jugar diferente al de otras épocas: un gran juego sin juguetes. Olsece señala: “El avance de Internet y los distintos soportes interactivos son una gran competencia para el juguete, cada vez a más temprana edad los niños privilegian estos medios por sobre el juguete tradicional. Pero sería errado pronosticar la decadencia o muerte del juguete. Más bien tenemos un nuevo instrumento que –tal como el juguete- puede facilitar el juego, e inclusive en algunas ocasiones combinarse con objetos que pueden ser considerados juguetes, como la guitarra del juego Guitar Hero. Pienso que no se debe rendir pleitesía a los avances tecnológicos pero tampoco demonizarlos. Me parece importante abrir espacios de reflexión en la escuela y en las familias para que estos distintos soportes para el juego puedan encontrar su espacio en el mundo infantil”, apunta el coleccionista.


Juego y mercado

Mirar el uso de los juguetes desde el niño es una panorámica posible. Pero también vale la pena mirar desde la sociedad que genera juguetes y más juguetes para el niño que deberá (¿debería?) hacer uso de ellos. “Hoy como en todas las épocas los juguetes nos dicen mucho sobre la manera en que el mercado y los adultos vemos a la infancia. Y hoy el mercado ve a los niños como sujetos con un gran potencial de consumo y poder de decisión en la compra familiar, no sólo por la cantidad de productos que se ofrecen en las jugueterías sino también porque se utilizan juguetes como gancho para vender productos de consumo masivo. Quiere decir que para el adulto, el niño tiene un lugar central en la estructura familiar, pero además apuesta a que será pronto un sujeto plenamente consumidor. Y en la definición de esta posibilidad se juegan más ofertas que por el indudable potencial creativo y de cambio que tiene la infancia. Características que en otras épocas han ocupado un lugar central en las políticas para la niñez”, dispara Olsece.

“Yo veo un gran rechazo a la cultura infantil actual”-sostiene Pellegrinelli-. “Los que somos padres ahora, mirábamos tele, y estaba todo bien. ¿Por qué los chicos no pueden ver Ben 10? ¿Porque hay mas horas de tv y cable? Pues este es el mundo actual. Lo que trato de pensar es que más allá de estas decisiones puntuales solemos disfrazar o esconder atrás de todos estos preceptos mucha desconfianza hacia la cultura infantil actual.”, dice la investigadora. “Desde el lugar de padres, de maestros, de adultos a cargo, podemos y debemos poner límites. El punto es estar atentos para ver dónde opera el rechazo, dónde aparece esta acción de ‘no hacer lugar al otro, al nuevo’. La aceptación o la negación completa de todo lo que viene del mercado hacen mal, y por otro lado, es una guerra perdida”, subraya.

Diferencia cultural dada por la brecha generacional y por los cambios tecnológicos y económicos operados en el tiempo. Cambios de los que los juguetes son prueba y símbolo. Volver a mirar y a pensar los juguetes, los de antes y los de ahora, permite repensar la infancia: sus necesidades, sus deseos, sus posibilidades y las proyecciones que los adultos hacemos sobre ella. Juego de espejos entre chicos, adultos y juguetes que vale la pena jugar, para comprender algo más de este tiempo y este espacio que nos toca compartir  


De la A a la Z

El Diccionario de Juguetes Argentinos -Infancia, industria y educación 1880-1965 propone sistematizar el universo de los juguetes fabricados en Argentina en ese período. Se trata de un recorrido enciclopédico por la historia de una industria que vivió momentos de auge y de caída, como otros sectores de la producción nacional. El Diccionario propone tambien un viaje por las infancias del pasado: sus fotos, las imágenes tomadas de revistas, los textos citados son documentos históricos que permiten recrear el clima propiciado para las infancias de generaciones anteriores.

Sus artículos se organizan por el nombre comercial de los juguetes, por el nombre de la fábrica y por el nombre de los fabricantes. También hay entradas que remiten a momentos históricos particulares de los juguetes nacionales, como el artículo titulado “Peronismo y juguetes”, que permite avanzar por la historia de los repartos masivos de juguetes entre 1947 y 1954.

El formato enciclopédico del Diccionario funciona “como una excusa para entretejer una narración universal a partir de un repertorio de pequeñas historias particulares. Paradójicamente este intento de orden propicia una lectura caótica o azarosa, un movimiento similar al de armar un rompecabezas sin conocer de antemano la imagen resultante, pues cada pieza va agregando sentidos que reclaman una nueva lectura”, dice en la contratapa.

A partir de un trabajo de investigación que llevó más de diez años y cuyo recorrido incluyó coleccionistas, restauradores de muñecas antiguas, archivos de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, entrevistas a fabricantes e indagación minuciosa de publicaciones periódicas, Daniela Pellegrinelli, Lic. en Ciencias de la Educación, propone una exploración sobre los juguetes argentinos: su modo de fabricación, circulación, uso y coleccionismo. Para proyectar en el tiempo la relación entre los niños y los elementos de la cultura material que a ellos se destinan.

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