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01-01-2003 |

Cultura - Madres y Padres

Una historia de desencuentros

La enorme oferta cultural destinada a los chicos no es reflejada en forma proporcional en los medios masivos. ¿Cómo hacer para que padres y docentes puedan conocer las diferentes alternativas que se ofrecen a los chicos?

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Sólo un diario de circulación nacional posee un espacio destinado a la crítica de espectáculos infantiles y a comentarios sobre libros para chicos. En la televisión cada vez ocupan menos espacio los programas infantiles que promueven la imaginación y en su mayoría se limitan a series de dibujos animados o productos que abusan de la reiteración. Las radios, por su parte, no pasan música para chicos. Frente a esta falta de información, ¿cómo hacer para que padres y docentes puedan conocer las diferentes alternativas que se ofrecen a los chicos?

 

En Argentina, y sobre todo en la polifacética Ciudad de Buenos Aires, existe una cada vez mayor producción cultural dirigida a los chicos. Una recorrida por la avenida Corrientes un sábado o un domingo a la tarde es suficiente para notar la gran cantidad de espectáculos infantiles que se presentan en ese circuito, que se suma a otra importante cantidad de propuestas que se realizan en los barrios. La literatura infantil, por su parte, es el único género que experimentó un crecimiento dentro del mercado editorial. Y en el ámbito de la música para chicos surgen nuevas propuestas que alimentan a una producción discográfica, fundamentalmente independiente, que de a poco va ocupando su lugar en el mercado.


Sin embargo, toda esta oferta cultural no se ve reflejada en forma proporcional en los medios masivos de comunicación. “Los que estamos interesados en que los chicos tengan una formación integral, desarrollen su inteligencia y adopten una mirada crítica apostamos a este tipo de proyectos sabiendo lo difícil que es circular por los medios masivos”, apunta Mirta Goldberg, licenciada en Ciencias de la Educación y conductora del programa sobre educación Caminos de Tiza (domingos a las 12 hs., por Canal 7).


Según Goldberg, quien trabajó como libretista de programas de televisión para chicos durante más de 14 años, el problema es que “la televisión es un negocio y, como tal, tiene que resultar muy rentable”. “Por eso apuesta a aquello que con seguridad va a ser un producto masivo: repetitivo, banal, fácil de digerir”, dice. En consecuencia, cualquier proyecto que requiera una producción más importante e implique una mayor exigencia para el espectador no es tenido en cuenta por quienes deciden la programación.


Pero más allá de la calidad de los productos dirigidos a los chicos que generan los propios medios, la producción cultural independiente que se desarrolla por otros canales no aparece siquiera en términos informativos. Incluso en diarios y revistas es reducido el espacio que dedican a difundir la actividad cultural infantil.


Sin ir más lejos, entre los diarios de circulación nacional, sólo uno posee una columna de crítica de espectáculos para chicos y sobre literatura infantil. “Los diarios, que también son un negocio, han ido reduciendo el espacio que dedican a la cultura y a la educación porque privilegian la noticia que vende, el escándalo”, reflexiona Goldberg.


Ruth Mehl, crítica e investigadora en Teatro para Niños y Literatura Infantil, es quien escribe la columna semanal sobre espectáculos infantiles en el diario La Nación. Para ella, los medios que cubren en alguna medida la producción cultural infantil lo hacen para satisfacer la necesidad del lector, a sabiendas de que no resulta económicamente. “Los espectáculos infantiles no tienen la posibilidad de realizar anuncios importantes y las editoriales no publicitan sus libros para chicos ya que consideran que tienen un circuito limitado, focalizado en las escuelas, al que deben alimentar permanentemente con nuevos materiales”, dice.


La falta de una crítica especializada redunda en una mala información de los padres sobre las propuestas que se ofrecen para sus hijos y en una limitada capacidad de elección. Sin contar que, a veces, esta falta de difusión provoca que algunas obras de teatro sean levantadas de cartel antes de lo previsto y algunos libros sacados de catálogo a pesar de su calidad.


Algo similar ocurre en las radios de difusión masiva que sólo pasan los temas impuestos por el marketing de las discográficas. La música para chicos, producida en su mayoría en forma independiente, no cuenta con esta posibilidad de difusión.


Para contrarrestar los efectos de la indiferencia mediática sobre su producción, artistas y productores culturales para niños se ven obligados a buscar alternativas para difundir su trabajo. Hace años que algunos escritores y grupos de teatro para niños trabajan en relación a las escuelas, difundiendo su trabajo entre padres y docentes. Como, en realidad, son los adultos los que seleccionan los consumos culturales de los chicos, el trabajo con los padres y los maestros es fundamental para fomentar una actitud de búsqueda. “Conociendo las diferentes opciones uno puede elegir con más precisión”, asegura Goldberg.


La difusión a través de las escuelas, el boca a boca o el intercambio con algunos medios alternativos permiten dar a conocer dentro de ciertos sectores la producción. Así es como hay artistas con trayectoria que a fuerza de la insistencia lograron un cierto reconocimiento entre el público.


Pero para llegar a una mayor cantidad de gente, Goldberg propone seguir haciendo “el trabajo de hormiga ingresando en las escuelas mientras se sigue tratando de ganar espacios en los medios”. Plantea que no hay que temer a la negociación y ofrecer productos realizables para las condiciones de producción de los medios. Y piensa como una alternativa válida la de pelear espacios en lugares no competitivos como la radio o el canal estatal.


“Así como la clase media progresista abandonó la escuela pública, lo que generó que todas las innovaciones en los últimos años se hayan desarrollado en el ámbito de la educación privada - analiza Goldberg-, regalar espacios en los medios masivos implicaría abandonar a determinados sectores que no pueden acceder a este tipo de producciones y que pierden mucho no escuchando o no viendo alternativas.”


Más allá de la forma limitada en que circulan las propuestas culturales dirigidas a los chicos por los medios de comunicación, la responsabilidad de ofrecer alternativas es de padres y maestros. En ese sentido, mantener una actitud de búsqueda y no quedarse con lo que aparece en la superficie redundará en una mayor riqueza cultural de los chicos.

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