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03-07-2017 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Un vestido, un juego… y muchas preguntas

Un nene se pone un vestido glamoroso. Y zapatos de taco (con brillos). Juega en la soledad de su casa. Después sale al mundo con sus juegos. Y entonces surgen muchas preguntas: ¿Para nene o para nena? ¿Qué hago cuando estoy solo? Y en los adultos: ¿Quién nos puede ayudar a ser padres y madres de estas criaturas? El vestido de mamá se anima a transitar estas y otras cuestiones (no menores) en clave musical y para compartir en familia.

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Por Gabriela Baby

 

 

“El vestido de mamá es mágico: vuela, brilla, es la capa de un guerrero, la camiseta de un futbolista, el atuendo de un bombero y el delantal de un panadero”, dice el protagonista de la obra (Emiliano Pandelo, ex Art Attack), enfundado desde el cuello hasta los tobillos en un atuendo brillante y de impecable caída. El hábito hace al monje y el vestido invita a la aventura, a poner el cuerpo en una tela maravillosa para animarse a ser otro, a jugar de otra manera, a tener nuevo esplendor.

El vestido de mamá –la obra de teatro dirigida por Gustavo Tarrío, sobre texto de Dani Umpi y Rodrigo Moraes- despliega un recorrido musical que atraviesa vivencias familiares de puertas adentro, algunos dilemas propios del ejercicio de ser padres y madres, el juego super libre de un chico, canciones y algo de baile, muchas preguntas abismales… y la invitación a seguir jugando.

“Esta obra fue un pedido para el proyecto Familias que se hacía en el Centro Cultural Ricardo Rojas, bajo la curaduría de Maruja Bustamante”, cuenta Gustavo Tarrío. “Fue a ella a quien se le ocurrió que yo versione el libro de Dani Umpi, El vestido de mamá. Y el año pasado hicimos dos meses y medio de funciones en el Rojas con muy buena llegada al público”.

Buena llegada quiere decir que desde el primer momento de la obra –desde la primera canción, exactamente –se instala un lazo de complicidad entre los protagonistas y los espectadores que se sostiene hasta que se encienden las luces del final. Y en esa complicidad surgen emociones fuertes y preguntas que no tienen red: ¿cómo criar a los hijos?, ¿quién tiene la fórmula, el manual del usuario o al menos una pista en este hermoso y loco ejercicio de ser madre o padre?

Desde esta pregunta esencial, la obra avanza sin concesiones en una historia tan sencilla que apenas necesita trama: un chico juega con el vestido de su madre durante una tarde de soledad. Es feliz. La pasa bien. Hasta que surgen las miradas de los otros, las muchas preguntas. Que tienen y no tienen respuesta.

A continuación, Gustavo Tarrío se encarga de responder las preguntas de Revista Planetario:


Siempre trabajaste para público adulto. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en una obra pensada para chicos? 

Nunca pensé esta obra para niños específicamente. Sí para todo público. La armé pensando en la salida al teatro con los chicos: cuando vas a ver una obra con niños, la idea es compartir algo con ellos. Y la obra está muy pensada para todos. Fuimos un poco desprejuiciados en ese sentido, porque hay un fuerte guiño al adulto, y temas de adultos.

Los chicos ven y comparten temas y dudas propios de sus padres sobre la crianza. ¿Cuál es el efecto en unos y en otros al asomarse a estas preguntas?

Si hay alguna frontera en el teatro para toda la familia es interesante empezar a ver cómo transponerla, de qué manera empezar a hablar ciertos temas. En producciones para adultos no pienso mucho en qué dice la obra, de qué trata, no estoy acostumbrado. Se supone que la obra le dice a cada uno lo que quiere. Cada espectador construye su lectura. Pero en este caso, en cambio, me parece que está bueno decir algo. Y lo decimos. Los padres que vienen a ver la obra se ríen y se emocionan mucho en algunos momentos. Y los chicos se ríen y en algunas partes les preguntan a los padres por qué se emocionan, qué les pasa, por qué se ríen.

Género, crianza y pareja. ¿Cómo fue el trabajo de exploración del elenco con relación a estos temas tan poco transitados en el teatro para todo público?

Me abrió mucho la cabeza la primera charla con Dani Umpi. En esa charla, yo pude visualizar a los padres (N. de R.: se refiere a los personajes de la obra), que no son los padres progres emblemáticos sino que están más perdidos, desorientados. Pero son unos padres muy sabios a la vez, porque respetan cierta intimidad del chico, le preguntan qué le pasa pero sin invadir. O casi. Nosotros le sumamos el dato de que los padres están muy en la suya. Y hay mucho de experiencia personal en la obra: alguna vez yo me probé un vestido de nena y hubo algunas reacciones. Después, conversando, te enterás que muchas otras personas pasan por esto con sus hijos varones o ellos mismos cuando eran chicos.

Hay también una referencia a la hostilidad del mundo exterior…

Sin duda. Porque la exploración del niño no solo tiene que ver con lo génerico –el ponerse el vestido– sino con la vida: salir al mundo solo, a imaginar cosas, a hacer su juego. La mirada de los otros es algo que está muy presente en el cuento de Dani Umpi, pero en la obra está más la mirada de la casa, es decir, del niño que juega en la casa. Es cierto que luego sale a la calle y ahí aparecen los otros, que no comprenden ese juego, esa elección. Son temas que estaría bueno volver a pensar. Si vas a comprar una planta a un vivero y antes de ponerle una cinta te preguntan: ¿es para nene o para nena? Y cualquier cosa que vayas a comprar o hacer con los chicos te enfrenta a la pregunta de nene o nena: entonces ahí la obra tiene un trabajo que hacer, un trabajo bien concreto.

Hay muchas canciones en la obra pero ¿se trata de un musical?

Con las canciones nos propusimos jugar al musical, porque nos sentimos intrusos, no venimos específicamente del área del teatro musical. Es cierto que trabajamos mucho con música, hay un piano en escena todo el tiempo, y entonces aparecen estos guiños al musical, cierto glamour pero tomado como un juego. Y además las canciones permiten jugar y cantar, que son todas instancias de participación directa para los chicos y para los grandes. A través de las canciones, además, la obra dice muchas cosas.

¿Incide de alguna manera en la propuesta el hecho de estar en un teatro público?

Está bueno que la obra se pueda hacer en teatro público, que pueda ir a las provincias y que pueda ser vista por otros públicos que no son tan permisivos, ni van tan frecuentemente al teatro. La obra dice cosas que está bueno que se digan en un teatro de barrio, con entradas muy accesibles además. En este contexto, y con un público amplificado, las palabras y las acciones de la escena se recargan y se resignifican.


El vestido de mamá, en el Teatro 25 de Mayo. Detalles de las funciones, aquí.



 


 

EN EL CERVANTES: UNA VISITA CON GUÍA ENLOQUECIDO 
“El Cervantes es increíble. Andamos por todas las salas y también por el lado B, los otros lugares a los que el público no tiene acceso”, dice Gustavo Tarrío sobre La guiada -su otra propuesta para todo público- un recorrido por las tres salas, el patio de actores, escaleras internas, palcos y camarines del Teatro Nacional Cervantes.

Entre bromas y recorridos, se cuenta la historia del Teatro y algo de la vida de su fundadora, María Guerrero; del Rey Fernando que le prestó dinero para hacer la obra, de las mayólicas y azulejos que vinieron de España, del Presidente Alvear que nacionalizó el Teatro cuando estaba fundido. También se habla de la fachada que está en refacción desde hace décadas, y de los elencos, del incendio de los años ‘60, de los capocómicos y el cartel francés, del orden alfabético de los programas y del escenario giratorio. El problema es que el guía que comanda la visita no está en su mejor momento: confunde datos, se olvida las fechas y se hace lío con su propio texto. El recorrido incluye momentos musicales notables que van desde la comedia musical de los años ‘50 hasta la cumbia más actual ¡en el mismísimo escenario de la sala María Guerrero!

“El Cervantes es el único teatro nacional de Argentina y esto implica una misión”, dice Tarrío. “A partir de esta premisa, la obra indaga qué significa ser un teatro nacional y qué sería lo nacional en general. O sea, un problemón, pero tomado con mucho humor”, concluye el director.


Para grandes y chicos, los sábados a las 11 hs. Más información sobre las funciones aquí.



 


 

PLANETA TARRÍO 
Gustavo Tarrío es egresado del CERC (actual ENERC) y trabajó como camarógrafo, realizador y guionista de televisión desde 1991. También ha desarrollado una carrera como guionista televisivo, autor y director teatral. Entre sus proyectos más recientes se puede mencionar Una canción coreana, film con el que participó de la Competencia Argentina en BAFICI (2014), su trabajo como guionista en Los 7 Locos y los lanzallamas, para la Televisión Pública, la obra Todo Piola (2015), seleccionada para el X Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) y Lengua la traba, presentada en el Ciclo Poesía en Escena del Teatro Nacional Cervantes. En 2016 estrenó Esplendor, de Santiago Loza, en el Teatro del Abasto y El vestido de mamá, dentro del  Proyecto Familias del Centro Cultural Ricardo Rojas. También dirigió Adentro de la valija, una obra para la Fundación Sagai presentada en teatros y espacios no convencionales de la Provincia de Buenos Aires. En 2017 estrenó La Guiada.

 

 

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