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01-05-2003 |

Cultura - Madres y Padres

Un puente para encontrarse con la música del cuerpo

Con una vitalidad increíble a los 81 años, la bailarina, coreógrafa y terapeuta María Fux, creadora de la danzaterapia, sigue bailando, creando y enseñando.

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Por Ariel Saidón



La metodología de María Fux se aplica en escuelas de danza de Buenos Aires, Milán, Trieste, Florencia y Madrid que ella coordina y visita frecuentemente. En sus clases se integran personas sordas, con síndrome de Down, espásticos y con diversas dificultades junto a niños, adolescentes y adultos que se acercan para vincularse con el movimiento creativo. También dicta seminarios de danzaterapia para profesionales (docentes, terapeutas, psicólogos, etc.) donde pueden contactarse con su metodología para aplicarla en su ámbito específico de trabajo.

¿Sigue bailando?

Sigo bailando. A lo largo de mi vida he aprendido a reconocer los límites de mi cuerpo, y mi trabajo desde el movimiento es tratar de que cada etapa de mi vida tenga respuestas a través de lo que yo soy como persona. La creatividad no desaparece si vos la podés usar. Si yo fuera una escultora, una pintora o una artista de teatro, a pesar de mis 81 años no me preguntarían ¿todavía trabaja?, ¿todavía crea?. Y aunque mi metier sea la danza, yo tengo la posibilidad de seguir creando y no solamente para mí, sino también para los otros.

Desde el punto de vista artístico, ¿cuál es su formación?, ¿cómo llega a desarrollar su método?

Cuando yo era una niña estudiaba danza clásica. Pero luego me dí cuenta que ese no era mi camino. A los 13 años leí el libro de Isadora Duncan, una renovadora extraordinaria de la danza, y me dí cuenta que había otras opciones. Al mismo tiempo siempre improvisaba y, siempre danzando, recibí la influencia de los pintores artistas del grupo Orión. A los 30 años fui a los Estados Unidos a estudiar con Marta Graham, con una beca. Fue un año muy difícil, trabajaba en Aerolíneas Argentinas sacando fotocopias, ganaba 45 dólares y con eso podía pagarme el estudio. Después de un año de trabajo, luego de mostrarle mi danza a la propia Marta Graham me dí cuenta que no tenía que seguir buscando un maestro sino bucear en mi mundo personal. Y en eso estoy todavía, buceando.

¿Y qué encuentra?

Encuentro que tengo muchas posibilidades para seguir haciendo y seguir formando gente con mi trabajo.


El lugar más luminoso de la casa de María Fux es su estudio, con ventanas que dan a la avenida Callao. En el living, algo oscuro, con un ventanal que da a una especie de jardín de invierno y rodeada de libros, muestra fotos de su último viaje a Europa. Fux invita un café y Antonia, su ayudante, lo trae. “Primero servite. -interrumpe su propia narración- Yo tomo jugo de zanahorias”.

¿Eso es lo que le mantiene así la piel?

¿Me ves bien la piel? -pregunta, orgullosa-. Es herencia de mi mamá.


Justamente un problema físico de su madre es lo que la llevó a buscar los límites del cuerpo. “Cuando tenía 5 años, mi mamá vino del pogrom de la Rusia con 11 hermanos. Se infectó una rodilla y debieron quitarle la rótula. Le quedó una pierna fija. Indudablemente, la pierna de mamá me hizo pensar que yo era la pierna de ella que danza”, contó hace poco en una entrevista.
Hace unos años, Fux tuvo un accidente en una pierna y debió operarse la rótula, al igual que su madre. “Pero yo me dí cuenta de que no soy mi mamá. Y acá estoy, mi pierna está perfecta. Estudió con María Fux.”

Hablando de los límites, del trabajo con personas discapacitadas...

Yo no hablo de discapacitados, sino de personas diferentes. El concepto es que todos somos diferentes y semejantes. La aceptación de un chico sordo o con síndrome de Down significa que puede incluirse en un grupo de gente que no es sorda o que no tenga síndrome de Down. Mi trabajo durante más de 50 años es hacer participar a todos frente al movimiento creativo, ese es mi camino.

Entonces, con todos trabaja de la misma manera.

Claro que sí, cada uno acepta de mí lo que puede. No hay ni bien ni mal, nunca un movimiento está bien o mal hecho, es la aceptación de las posibilidades de cada uno y ver de qué manera desarrolla las ideas o las imágenes que le propongo.

¿Cuál es la particularidad en el trabajo con niños?

La creatividad. Responder a lo que el chico tiene como elemento sensible para comunicarse. Por ejemplo los chicos, no saben cómo se hace el pan. Lo que dicen es que lo compran en las panaderías o en los shoppings. ¿Y de qué está hecho el pan? De pan, dicen. ¿Cómo de pan, vos no sabés que una vez el pan fue una raíz?. ¿Sabés que una raíz está adentro de la tierra y podés crecer con ella? ¿Sabés que después de un tiempo que la riegan y toma sol, empieza a salir un brotecito? En el campo hay montones de trigos que crecen y crecen y se mueven y bailan con el viento. ¿Por qué no hacemos un trigo con el viento? ¡Ay, que hermosura!. Llega un momento en que el trigo tiene montones de semillitas, entonces hay que cortarlo, ponerlo en un colador y empieza a salir la harina. Blanca, chiquitita. ¿Y sabés qué hacemos con la harina?. Todo danzando, todo danzando. Le ponemos un poquito de agua y un poquito de sal y comenzamos a amasar la harina con el cuerpo. Y una vez que hemos hecho esto, hacemos chorizitos y formas diferentes de pan. ¿Han visto alguna vez un horno con leña? Nosotros vamos a poner leña y vamos a hacer el fuego, movemos las manitos y hacemos el sonido de leña que arde. ¿Y después qué pasa? Una vez que hemos hecho estos chorizitos, chaca chiqui, chaca chaca, los metemos en el horno. Y mientras se está haciendo el pan, nosotros bailamos alrededor del horno. ¡Ya está el pan!, se siente el olorcito. ¡Qué rico! Despacito, sin quemarnos las manitos, lo sacamos del horno. ¡Ay, qué rico es el pan calentito! Lo como yo y le doy a mi amiguita, lo como yo y le doy a otra amiguita.

Esa es la historia de cómo hago danzar a los chicos. Con las palabras, en silencio y también con la música. Después todo eso está adentro del cuerpo, y sale. Nosotros podemos improvisar con eso. Cada uno puede hacer su pan a su manera.

¿Los chicos se comunican con el cuerpo con más facilidad que los adultos?

Depende, todo depende. Como yo te he dicho, todos somos iguales y diferentes. Entre los chicos hay gente tímida, hay gente con conflictos, hay chicos de mamás y padres separados. Vivimos en un mundo donde la guerra está a flor de piel y escuchan. Estamos rodeados de instrumentos que a veces usamos y a veces no. ¿Y el cuerpo? Yo trato de que el cuerpo sea vivo desde esa edad para crecer mejor adelante. Durante años he desarrollado una metodología, que va creando la posibilidad de crecer en un mundo donde se mira de verdad lo que nos rodea y en donde todo puede ser creador. Mis estímulos ayudan a la creación de todos, de los niños, de los adolescentes y de los adultos.

Yo me refería a que muchas veces los adultos venimos con una carga mucho mayor...

Sí pero acá se bañan muy bien en el aire. Yo tengo jabón de aire, shampoo de todo tipo, lavandina, y saco tornillos. Vienen con los “no puedo” y mi trabajo es transformarlos en “sí puedo”. Chicos, adolescentes, adultos, ancianos… No es la edad lo que dice no puedo. Yo tengo un destornillador fantástico, es un destornillador que está dentro de mi cuerpo, y donde yo he encontrado esa creatividad que alcanza a hacer comprender al otro que puede. Ese es mi camino, que nace directamente de lo que yo he vivido en el escenario y el deseo de enseñar a los chicos de una manera que no me enseñaron a mí. Aparte, yo trato de que esa niña que está dentro de mí siga fluyendo, siga preguntando. Dentro de mis posibilidades contesto, danzando.

¿Quiénes vienen a los seminarios de formación en danzaterapia?

Pedagogos, fonoaudiólogos, psicólogos, psicoterapeutas, docentes especiales, que a través de sus distintas especialidades se acercan a la danzaterapia. A mí me gustaría que se diera en los jardines de infantes, especializar al maestro jardinero en mi estudio con este material rico que ellos pueden usar. Y me gustaría que en la escuela primaria y en la escuela secundaria la danzaterapia sea un canal de comunicación. En la época de Frondizi, tuve un grupo en la Universidad de Buenos Aires. Fui la primera en introducir la danza como posibilidad creativa para el estudiante universitario.

En síntesis, ¿qué es la danzaterapia?

Yo fui una de las pioneras, nacida acá, de padres inmigrantes, que ha podido comprender que la danza después del escenario, antes del escenario, en el escenario podía traer un método que hace cambiar a la gente. No curar, cambiar. Mi trabajo es el cambio, el cambio que se produce en mí, a través de mi persona y el cambio que yo produzco en los otros a través de lo que doy. Todos tenemos problemas con el cuerpo. Al mismo tiempo, todos podemos tratar de sentir la música del cuerpo. Yo trato de ser un puente para que eso se abra.

Esta forma de encarar el movimiento hace que de golpe me encuentre por la calle una persona a quien aparentemente no conozco y me diga: “María, te acordás de mí? Yo era una de las raicitas que estaba con vos cuando tenía tres o cinco años.”

Quiere decir que eso ha quedado en el cuerpo de ella. Y para mí es una satisfacción saber que esto que fuí sembrando no me pertenece y que los otros pueden crecer con el material que les voy dando. Lo que me importa es seguir dando a la gente, seguir sembrando.

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