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01-07-2014 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Un musical en clave de clown

Con una amplia trayectoria como dramaturgo, director y clown, Walter Velázquez está a cargo de la nueva apuesta del Teatro Cervantes para toda la familia. En “El Capitán Beto, un aventurero del espacio”, una obra de su propia autoría con dirección musical de Gaby Goldman, hay canciones, coreografías, vuelos, proyecciones y (mucho) humor.

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por Marisa Rojas


Mientras convida unos amargos, Walter Velázquez dirige a toda una tripulación de artistas y creativos que se han embarcado, junto a él y al músico y compositor, Gaby Goldman, en una nueva aventura para toda la familia producida por el Teatro Nacional Cervantes: El Capitán Beto, un aventurero del espacio, una obra del propio Velázquez, muy libremente inspirada en el personaje de la mítica canción de Spinetta. Alejandro Paker, Omar Calicchio, Ivanna Rossi y Gustavo Monje encabezan el (talentoso) elenco que también integran Vanesa Butera, Marcelo Albamonte, Analía Riamonde y Agustín Macaggno. El equipo entero está en las últimas etapas de trabajo en sala de ensayos antes de “pasar al escenario”; en el ambiente está la nave Invisible, hay música, bocetos y borradores varios, elementos de utilería, proyecciones modelo y, por sobre todo, mucha pero mucha energía. “Verdaderamente esta es una producción muy importante, lo que sorprende es que me la hayan dado a mí”, señala muy seriamente, y para festejo de actores, músicos y asistentes, Velázquez.


Para toda una generación, hablar de “el capitán Beto” lleva, sin desvíos, a la canción de Spinetta, pero para los chicos ese podría ser, simplemente, el nombre de algún héroe del cine, ¿de qué hablamos en este caso?

El título del espectáculo, el nombre del protagonista, y algunos elementos de la historia están basados en el personaje de la canción, pero la aventura que contamos es otra. En lo personal, adoro la música del “Flaco”, tengo todos sus discos, lo amo profundamente, pero no pienso en él como un artista para un espectáculo para chicos; aunque ésta, en realidad, es una auténtica comedia musical para toda la familia. Lo que hice fue reformular la historia, tomando el personaje de Beto y sumándole otros personajes a su alrededor, proponiéndoles a todos una aventura que es, básicamente, sobre la amistad y sobre el amor. Escribí el libro y las letras de las canciones, y luego con Gaby Goldman reformulamos esas letras para que nos ayudaran a contar este periplo, pensando en distintos géneros según convenían a los personajes o a los momentos de la historia. El pop estilo Madonna o Lady Gaga…; hay un rocanrol, porque en un espectáculo inspirado por la música de Spinetta no podía faltar. También hay flamenco, un rap, una canción rusa de amor, un vals, una canción melancólica. Y del Flaco, “El anillo del Capitán Beto” y “Barro tal vez”.

Un periplo musical que lleva a toda la tripulación a surcar una galaxia, ¿en busca de qué? ¿Cuál es el motivo de este viaje?

El Capitán Beto pertenece a una fuerza intergaláctica, una especie de federación parecida a la de Viaje a las estrellas, que también integran el Profesor Washington Zitarrosa, un oriental del Uruguay experto en cebar mate con un solo brazo; la también oriental, pero del Japón, Dra. Aki Yase, quien en su juventud fue como una Madonna del país nipón; y el Teniente ruso Dimitri Turah, experto en máquinas, un capo total que tiene una súper fuerza y puede hacer cualquier cosa, como aterrizar una nave en llamas. Juntos viajan llevando provisiones y medicamentos, en una especie de misión humanitaria, a la Tercera Galaxia, un planeta que es el más olvidado de todo el universo y que ha sido invadido por los Arbolinches, una raza de guerreros espaciales que busca apoderarse del agua. En este viaje, el Teniente Dimitri es atacado por un Arbolinche. En busca de un antídoto para Dimitri, llegan al Horizonte de Plutón donde se cruzan con un maléfico gigante, Pepe Lui, el guardián de la bóveda donde está el antídoto, además de muchas otras cosas como información sobre la construcción de las pirámides, los descubrimientos de la cultura Maya, el misterio de la Atlántida, un montón de tesoros a los que nadie tiene acceso. Aquí es donde comienza la aventura. Beto y sus amigos deberán enfrentar muchos desafíos, como el de conseguir cuatro yuyos, de cuatro planetas distintos, para hacer un té que podría dormir a Pepe Lui de forma tal que les quede el camino libre hacia la bóveda de los secretos. Nada les será fácil. Pero todo les resultará muy interesante.

¿Cuatro planetas que visitarán todos juntos? ¿Tienen tiempo?

No. En algunos casos deberán ir solos, en otros quizás sí podrán unir fuerzas. No tienen mucho tiempo, ciertamente… Para llegar al Horizonte de Plutón deberán atravesar el Planeta de los Genios, donde habitan el Genio del Buen Humor, Chascarrillo, y la Genia del Mal Humor, Gladisel, un ex matrimonio recién divorciado compuesto por una ama de casa compulsiva y un tipo que no se toma nada en serio; el Planeta de la Oscuridad donde tu propia sombra puede devorarte; el Planeta Marte, que es el Planeta de los Concursos, donde todo se transmite por TV; y, finalmente, el Planeta de los Recuerdos, el peor de todos, donde los recuerdos se hacen realidad, porque aunque siempre es lindo recordar lo bueno, se corre el riesgo de quedarse a vivir en el pasado.

Cada aventura, en cada planeta, parece proponer una especie de reflexión. ¿Cómo surge esta idea de surcar una galaxia tan particular?

Cada planeta es una escena donde hay coreografías, canciones, vuelos, proyecciones, distintos recursos artísticos según las diferentes necesidades dramáticas; hay mucho trabajo físico de los actores, trabajo que llevamos adelante con Diego Starosta. Cada escena, que es una aventura diferente, proviene de las distintas historias que yo solía contarle a mis hijos, como cuentos, cada noche. En cada una hay un poco de moraleja, apenas un chispazo, porque representan un miedo infantil que puede repercutir también en el mundo adulto. O al revés.

A propósito de las coreografías, aún con sus diferencias, en casi todas hay una presencia importante del flamenco, ¿por qué?

Fundamentalmente porque a mí me gusta mucho el flamenco. Por otra parte, la coreógrafa, Julieta Cancelli, es una gran especialista del género. Y también porque me parece una forma de la danza muy interesante como para incorporar en un espectáculo infantil, donde es poco común.

¿Qué elementos de los que podrían considerarse propios del teatro para chicos y cuáles que no pertenecen específicamente al género aparecen en esta propuesta?

En primer lugar, la animación computarizada, que es algo que los chicos adoran y yo también, hace catorce años que no hago otra cosa que ver films para chicos. Muero por Monsters Inc., Shrek y Toy Story. Creo que el espectáculo tiene algo de eso, intenta rescatar con ojo local algo del espíritu de esos films. Tenemos un grupo de animadores muy bueno (DA3 Francisco Corral), que ha hecho un trabajo fantástico, sobre todo con los fondos escenográficos que son todos animados. Por otra parte, también incorporamos vuelos en escena, esto significa que algo del mundo del circo está incorporado a la puesta. Y en el entrenamiento de todos los actores ha estado muy presente el clown, aunque muchos ya vienen de ese palo. Podríamos decir que es una comedia musical definida bajo el signo del clown.

El clown es un lenguaje que permite trabajar en una propuesta escénica para chicos muy particularmente…

Acá, en la Argentina, el clown está muy relacionado con el payaso de circo, pero no necesariamente es así. El clown es un payaso, pero para mí hay una diferencia primera entre ambos y es que el payaso nació en el circo. Payaso es aquel que abre la puerta de su casa e ingresa directamente a la arena del circo. Puede tener un carromato o no, pero básicamente vive en el circo. Mientras que clowns somos nosotros, quienes no nacimos en el circo y tuvimos que aprender la técnica del payaso decodificada y enseñada por maestros. Aprender a ser un payaso, en realidad, es imposible; porque uno ya es un payaso en sí mismo. Uno debe primero aprender cómo puede hacer reír, y después adquiere la técnica y va para un lado o para otro. Pero hacer reír es algo que hacemos todos.  

¿De eso trata ser clown? ¿De hacer reír?

Creo que sí. Para mí el clown hace de todo para que te rías. A diferencia de su primo hermano, el bufón, que te hace reír pero también busca reírse de vos. Ser clown pasa un poco por ser un niño, ser noble, sincero; alguien que juega y no traiciona. Es el caso del Capitán Beto, que tiene muchas cosas de niño, como esa lealtad inquebrantable que lo lleva a arriesgar todo para ayudar a su amigo Dimitri. El clown no se hace el gracioso, quiere estar en estado de gracia, que es algo muy diferente; él quiere que los demás rían de lo que le pasa a él. Por otra parte, el clown sigue sus sentimientos hasta las últimas consecuencias, aunque esté equivocado. Por eso, si nos fijamos en Chaplin, en Keaton y hasta en Los Tres Chiflados, para mí todos ellos grandes clowns, comprobaremos que seguían un imposible hasta las últimas consecuencias, sin importarles lo que pudiera pasar. Como decía antes, es lo que aquí hace el Capitán Beto, que es capaz de recorrer todo el universo para encontrar el antídoto que pueda salvar a su amigo. Por eso creo que el clown es la técnica ideal y necesaria para este espectáculo.

Y en lo personal, en tu propio recorrido artístico, no solo como clown, ¿qué significa este espectáculo?

Significa muchas cosas, por muchas razones. Primero, porque llega en un momento justo de mi vida personal. También porque, por alguna razón, soy un artista al que le cuesta estrenar en este país, cuando por el contrario tengo mucho trabajo en el exterior: en México, en España y en Brasil. Y ahora eso se está revirtiendo. ¡Este es un espectáculo maravilloso! Y lo digo muy en serio, estamos haciendo el mejor trabajo que podemos y todos estamos muy entusiasmados haciéndolo.



EL CAPITÁN BETO. Un aventurero del espacio
De Walter Velázquez. Con Alejandro Paker, Omar Calicchio, Ivanna Rossi, Gustavo Monje, Vanesa Butera, Marcelo Albamonte, Analía Riamonde y Agustín Macaggno.
Coreografía: Julieta Cancelli. Iluminación: Ricardo Sicca. Vestuario: Soledad Galarce. Escenografía: Ariel Vaccaro. Dirección Musical: Gaby Goldman. Dirección General: Walter Velázquez.

Teatro Nacional Cervantes. Libertad 815. Sáb. y dom. 15 hs. En vacaciones de invierno: de mié. a dom. a las 15 hs. Entradas: mié. y jue., de $15 a $40; de vie. a dom., de $20 a $50.

Más info: www.teatrocervantes.gob.ar


 


PLANETA VELÁZQUEZ 
Actor, director, docente y coach actoral, Walter Velázquez cuenta en su producción artística como director –de teatro y de circo- con más de 60 espectáculos estrenados. Co-fundador del Teatro Absurdo Palermo en Buenos Aires, la mayor parte de sus trabajos han sido realizados en el exterior del país. Dicta talleres y seminarios de dramaturgia, clown y armado de rutinas de humor en Argentina y en España, donde pasa la mitad de cada año, pero también en Brasil, en Ecuador y en Venezuela. Además, dirige la (curiosa) Compañía Internacional de Comediantes Sin Pulgares, integrada por técnicos artistas y sin elenco fijo de actores. Con ella realizó los espectáculos: La última habitación (El despertar de Clara), Deportados de Neverland y Rescate emotivo (No pasa res!). Con este último espectáculo realiza, con el aval de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, una visita de tipo social en residencias geriátricas de distintos países. El protagonista de Rescate…, interpretado por el propio Velázquez, es Don Carlos Calostro Meconio, su clown, surgido originalmente como parte de un espectáculo para niños, es un payaso de 85 años que nació en el seno de una de las familias que escribieron la historia del circo en Argentina, que brilló como cantante solista en las orquestas típicas de tango de la Buenos Aires del siglo pasado y que hoy vive (¿abandonado por su familia?) en un geriátrico del que cada noche planea huir para volver a pisar los escenarios del mundo.

Más info: velazquezwalter.blogspot.com / sin-pulgares.blogspot.com

 

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