Tiempos violentos - Educación - Madres y Padres - Revista Planetario

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01-06-2014 |

Educación - Madres y Padres

Tiempos violentos

Se presenta como un problema nuevo pero, aunque actualmente adquiera mayor visibilidad y tenga un nombre específico, está presente en el sistema educativo desde siempre. La violencia escolar parece incontenible y alarma a maestros, padres y niños. Desde los casos particulares y hasta en una ley nacional: el bullying está entre nosotros. Especialistas explican el fenómeno y dan pautas de intervención y prevención.

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por Gabriela Baby

Mañana de sol en el patio de la escuela. Recreo. Los chicos de cuarto grado salen rápidamente del aula. Varios de ellos rodean a un compañero y lo llevan mediante empujones y forcejeos hasta un rincón oculto tras unas plantas. El acosado se resiste pero no puede zafarse de los cuatro o cinco que lo toman de los brazos. Enseguida inmovilizan al compañero y uno de ellos comienza a pegarle: cachetadas, patadas, algún puño que va al estómago. Por las dudas, otro vigila que ningún adulto esté cerca. Dos nenas miran la escena y le dicen al “pegador” que pare, pero él las mira con furia y esa mirada las atemoriza. A los pocos minutos, el “campana” da la señal y la escena se desarma. Quizás en pocos días, vuelva a repetirse.

“El bullying es una de las formas que tiene la violencia en la escuela. Para que sea bullying tiene que haber un hostigado, un hostigador y un grupo que vea y festeje o sea cómplice de eso que está pasando. Y tiene que haber desequilibrio de poder”, señala María Zysman, psicopedagoga, directora de Libres de Bullying, un equipo interdisciplinario de diagnóstico e intervención. “El bullying además ocurre a escondidas de los adultos, por supuesto”, aclara la especialista.

Es importante entonces diferenciar una pelea aislada de un hostigamiento sistemático. “Si un chico se pelea con otro –incluso a las piñas- o una chica no quiere hacerse amiga de otra, eso no es bullying: los chicos tienen la libertad de relacionarse con quien quieran, ninguno está obligado a ser amigo de todos. Quiero decir, un chico (o un adulto) puede tener antipatías importantes, pero no por eso proyectarlas a otros compañeros para que actúen en función de eso y discriminen, aíslen o directamente hostiguen al que no le cae bien”, describe Zysman. 

QUIÉN ES QUIÉN
Fernando Osorio, en su libro Bullying. Matón o víctima ¿Cuál es tu hijo? (Ed. Urano) define los cuatro roles indispensables del acoso escolar: “un sujeto maltratador o victimario, de personalidad dominante (posiblemente desde muy pequeño) y en quien la fuerza y la capacidad de control sobre los demás parece ser un valor y una característica destacada. También puede ser preponderante en su personalidad el desarrollo de una percepción muy especializada y sutil sobre los demás, que le permite captar aspectos que no son tan evidentes o visibles para otros,” dice Osorio. Por otro lado, un sujeto sometido o víctima, con baja autoestima y una predisposición a victimizarse: “Se trata de sujetos con personalidad introvertida y con tendencia al aislamiento. Se muestran sensibles y con habituales estados de ansiedad y angustia que pueden derivar en episodios de llanto y crisis nerviosas”.

Las definiciones siguen con la del sujeto encubridor “que habitualmente no tiene el coraje ni la autoestima suficiente para enfrentar directamente situaciones adversas. Se identifica con el agresor o con un rasgo que muestra el matón y que él desea para sí”.

Y como la escena de violencia suele tener público, el del testigo no es un rol menor: “los testigos no participantes, que mantienen una actitud pasiva ante la dinámica de bullying (…) suelen ser personas con poca iniciativa, temerosos de denunciar las injusticias que otros cometen por temor a ingresar en el listado de las potenciales víctimas”.

En plan de sistematizar, Osorio aclara que hay cuatro tipos de violencia: la física (golpes y maltrato corporal), la verbal (insultos, amenazas, intimidación), la psicológica (acoso y persecución) y la simbólica (segregación y discriminación negativa). La complejidad de las situaciones, la variedad de roles y las diversas formas del hostigamiento comienzan a aclararse a la luz de estas categorías.

Desde las “banditas” del jardín de infantes, hasta el cyberbullying propio de los adolescentes (ver recuadro), las situaciones de acoso ocurren en todos los niveles educativos. Incluso, los especialistas lo estudian en otros ámbitos (laborales, por ejemplo).

Pero, ¿de dónde viene esta violencia desatada? “El bullying se construye en la historia individual de los chicos: no es algo que viene en el aire, no es un virus que hace que un día el chico se despierte con ganas de pegar. Sino que se construye a través de la vida, durante años y años, hasta el momento en que se manifiesta. Pero para manifestarse hace falta que se complementen los dos roles (acosador y acosado) y que el ambiente lo permita”, sostiene Zysman.

La pregunta sobre el origen (doméstico, televisivo o cibernético) del bullying siempre está vigente: ¿un chico violento viene de una casa violenta?

Zysman responde: “lo que lo ubica a un chico en el rol de hostigador es en general el deseo de ser alguien, de ser importante”. Entonces cabe preguntarse por qué necesita ese reconocimiento: “tal vez porque no lo encuentra en su casa o tal vez porque lo maltrataron en algún otro ámbito o porque envidia profundamente a su ‘víctima’ o se ve reflejado en ella. El hostigador también es víctima porque sufre y padece eso que hace: aparenta ser fuerte, un ‘matón’, un ‘patotero’, pero está buscando ser mirado y atendido”.

LA LEY 
Desde el punto de vista social y legislativo, el problema de la violencia escolar también requirió un tratamiento particular que derivó en la aprobación de la “Ley para la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas” (Ley Nº 26892), impulsada por la diputada Mara Brawer (FPV).

“Cuando se generan situaciones de violencia en una escuela, los conflictos no son únicamente de un alumno, al que se suele catalogar como el chico-problema, ni responsabilidad de un solo docente, sino de todos los miembros que integran esa comunidad educativa”, dice la diputada. Y agrega: “En casos de violencia escolar, lo inadmisible es el silencio pedagógico”.

La ley de violencia escolar fue aprobada definitivamente por la Cámara de Diputados el 11 de septiembre de 2013. Recientemente, como parte de su reglamentación, el Ministerio de Educación elaboró la “Guía Federal de Orientaciones para Situaciones Complejas de la Vida Escolar”, dirigida a docentes y autoridades, que será distribuida en escuelas de todo el país y se puede ver online.

El énfasis de la ley está puesto en el tratamiento del bullying y la violencia como fenómeno social: “las conductas agresivas,  violentas o conflictivas se dan en una relación y en un contexto. Un chico puede ser híper tímido y carecer de recursos personales para defenderse frente a la agresión de otros, o de un chico con un carácter más fuerte. Pero, si hay un mundo adulto que interviene, pone las reglas del juego y acompaña, ese chico tímido se fortalece y, al sentirse protegido por los adultos, deja de tener conductas pasivas para sentirse parte de una comunidad que lo apoya. Se siente respaldado”, dice la diputada.

Según el texto aprobado, el objetivo de la ley es: “Identificar, sistematizar y difundir a través de los organismos correspondientes, prácticas que han permitido crear condiciones favorables para la convivencia en las instituciones educativas, el encuentro y la comunicación y para abordar los conflictos o disputas que se expresan en las instituciones educativas, desplegadas por docentes, comunidades y organizaciones de la sociedad civil”.

La ley también “estipula que las sanciones tienen que ser graduales, contextualizadas, con una finalidad educativa y nunca deben implicar la pérdida de escolaridad. Y establece el derecho del chico a hacer su descargo”, agrega la diputada.

Desde la perspectiva legal, social o psicológica, la orientación del trabajo en torno a los casos de bullying es la misma: instalar el diálogo y trabajar en equipo.

VOLVER A LA ESCENA
Cuando los padres de los chicos de cuarto supieron –por el relato de sus hijos– la escena vivida en el patio esa mañana, se reunieron con una sola pregunta: ¿y ahora qué hacemos?

“Estar atentos e instalar el diálogo”, dice Zysman: “es necesario primero hablar con todo el grupo para finalmente hablar con el hostigador con certezas”. Y señala que hay diversas estrategias para instalar el diálogo abierto y franco con el grupo. “Cada escuela, cada caso, encontrará su forma particular de retomar la convivencia saludable”, dice Zysman.

Pero incluso antes de que se produzca una situación de violencia hay espacios donde ejercer la prevención. Estar atentos es la clave. “Si una maestra ve que ‘juegan a pegarle’ a un chico o que en la hora de gimnasia, momento donde la violencia se destapa, al igual que en el recreo, las horas libres o a la salida, el docente a cargo ve que todo el tiempo le dan pelotazos o que arman equipos y siempre queda el mismo chico afuera… ahí hay que poner el stop. Cuando hay bullying, el docente tarda en enterarse. Por eso no puede permitir que pasen estas cosas”, alerta la especialista.

RELATOS PARA DEJAR DE PELEAR  
En el libro Bullying. Maltrato entre alumnos. El lado oscuro de la escuela, de María Teresa Prieto Quesada y otros autores (Noveduc), se incluyen cuatro historietas tomadas de casos reales en las que se narran situaciones de bullying y se ofrecen herramientas para trabajar en clase a partir de esas lecturas.

“La particularidad de la escuela es su posibilidad de hacer consciente el significado de la convivencia en los distintos espacios que constituyen el mundo escolar. Esta posibilidad representa la razón de ser de los esfuerzos encaminados a contrarrestar las situaciones de maltrato entre alumnos”, dicen los autores del libro. Y proponen un trabajo de lectura compartida en el que los chicos pueden comentar, debatir y, sobre todo, identificarse o rechazar gestos, situaciones o palabras de los casos descriptos en las historietas. Relatos que actúan como espejo y sacan a la luz hechos de violencia que preocupan a esos lectores.

Otros modos de implementar el diálogo es sistematizando encuentros de intercambio: “los lunes, por ejemplo”, dice María Zysman. “Para que cuenten qué pasó en el fin de semana y para verse: quiénes están, cómo están. Y cerrar la semana con otro encuentro, para conversar como fue la semana. Pero no porque sea terapéutico, sino porque es educativo. En la ronda del jardín cada uno cuenta sus cosas y se construye la identidad de cada uno en el grupo. Esa identidad empieza con el nombre, sigue con su presencia, su palabra, sus gustos, sus anécdotas, sus sentimientos. Entonces, esta instancia de vernos y compartir y saber quiénes somos es muy importante. Pero después, en la primaria, se pierde. Y entonces deja de tener importancia quién está, quién faltó y qué le pasó. Deja de ser importante el compañero”, describe Zysman.

La especialista aclara que no existe una receta ni un programa único para enfrentar esta problemática. Y coincide con el espíritu de la ley en que lo ideal es desarrollar en cada institución y en cada grupo una secuencia de actividades en función de sus características y de la situación particular.

Para encontrar entre todos –la comunidad- la manera de tramitar, dialogar, consensuar y llevar adelante la convivencia.

 


 

VÍA WEB O POR CELULAR
Cyberbullying es el nombre que recibe el hostigamiento realizado a través de medios tecnológicos. Puede ser a través del correo electrónico, chat, blogs, redes sociales o mensajes al celular. “El agresor puede llenar la casilla de mails de su víctima de insultos, por ejemplo, o enviar mensajes al celular de alta agresividad. Otra cosa que suele pasar es que los grupos de chicos inventan reuniones –inexistentes- en Facebook para hacerle creer al agredido que no ha sido invitado. También suben fotos del acosado en situaciones embarazosas o hacen circular chismes y mentiras en su contra,” relata María Zysman.

La imaginación no tiene límites a la hora de hostigar. Son los adultos quienes deben poner esos límites. Se trata, otra vez, de estar alerta. La Lic. Adriana López, de Momento Cero, sostiene: “No es conveniente dejar librado al azar el uso de las nuevas tecnologías en manos de los menores. Suele ser una tarea difícil pero hay que hacerles comprender a los niños que eso que se publica es mirado por todos, por lo que existen límites para lo que se puede publicar. También es imprescindible explicar las posibles consecuencias de aquello que se sube o los comentarios que se realizan sobre otras personas. Una premisa básica: evitar hacer a otros lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros”.

La especialista recomienda además que los padres formen parte de las redes sociales de sus hijos (ser amigo en Facebook, por ejemplo), una situación que parece controladora pero necesaria a la hora de dar seguridad a los usos de las redes sociales. “Y es fundamental hablar con los hijos claramente sobre los peligros de Internet, ayudarlos a mantener privados sus datos personales y a que aprenda a discernir qué tipo de información debe y no debe compartir. Y siempre sostener y alimentar una buena comunicación”, indica.


Para seguir pensando: 

LIBROS

 

Bullying. Matón o víctima ¿Cuál es tu hijo? (Ed. Urano). Fernando Osorio.

Bullying. Maltrato entre alumnos. El lado oscuro de la escuela, de María Teresa Prieto Quesada y otros autores (Noveduc).

Bullying. Cómo evitar el maltrato entre niños. Meline Kevorkian. (Ed. Lumen)

Más info: www.libresdebullying.com.ar / www.momentocero.com.ar

 

Tags: bullying, María Zysman, Fernando Osorio, Mara Brawer, Adriana López

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