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01-05-2001 |

Cultura - Madres y Padres

Teatro Colón: Semillero de Artistas

Los chicos que tienen una marcada inclinación hacia el canto o hacia la danza tienen en el Teatro Colón un lugar donde expresarse. El Coro de Niños mantiene abierta en forma permanente su convocatoria y, todos los años, más de cien chicos se prueban para ingresar a la Carrera de Danza Clásica del Instituto Superior de Arte.

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Por Ariel Saidón



Niños cantores


En la ópera Juana de Arco, cuando la Santa Juana está en la hoguera, frente a ella un grupo de niños simboliza la pureza. Y en una parte de la acción de Carmen, los soldados son interpretados por chicos que cantan una marcha.

Como en éstas, muchas óperas requieren la participación de niños en el escenario. Por eso, un coro de niños es necesario para el funcionamiento de un teatro dedicado a la música clásica. El Teatro Colón cuenta con uno propio, integrado por chicos de 7 a 14 años.

Para incorporarse a él no es necesario tener conocimientos musicales previos. Pero los aspirantes deben pasar por una audición en la que, según su director el maestro Valdo Sciammarella, se evalúan las “capacidades naturales del chico”.  Específicamente, lo que se tiene en cuenta en la selección es la capacidad de retención auditiva y la calidad vocal. Pero también, lo que para Sciammarella es fundamental, la postura y la actitud. “Porque van a ser entrenados para subir al escenario del Teatro Colón y para hacer conciertos”, explica.

Debido al trabajo que requiere formar un coro de este nivel, la actividad es intensa. Y la exigencia, mucha. “Pero no es una exigencia que los chicos no disfruten”, describe Kitty Follmer, la coordinadora del coro. “Ellos sienten verdadero afecto por nosotros y por lo que hacen - continúa-. Y al que le gusta cantar, le gusta hacerlo bien.”

La función principal del Coro de Niños, es la de cualquier otro cuerpo estable del teatro: cubrir las necesidades de los directores en el momento de montar las obras. Pero por tratarse de niños, aquí se plantean también objetivos formativos y, por qué no, recreativos.

“Armar el coro implica educar las voces de los chicos, desarrollar su memoria auditiva y su sentido musical”, explica Sciammarella. “Pero también inculcarles un sentido de responsabilidad y disciplina.”, concluye el maestro.

Sin embargo, en los ensayos el trabajo se realiza en un clima distendido. “En francés (jouer) y en inglés (play), tocar un instrumento se dice igual que jugar -dice Sciammarella-. La misma idea se puede aplicar al canto: cantar es un juego y nosotros trabajamos en ese clima. La idea es que los chicos sepan que, si bien lo que están haciendo es algo muy serio, también pueden disfrutarlo.”

Los ensayos son de martes a sábados en horarios extraescolares y se realizan en dos grupos, según las voces. A las 17 trabajan los chicos que hacen la primera y la segunda voz (más agudas) y a las 18 los de voces más graves.

Pero la actividad del coro no se limita a la práctica: si tienen que preparar algún concierto o presentarse en una ópera, se suman ensayos de puesta en escena o con orquesta en el escenario y, por supuesto, las funciones.

Por cada vez que concurren al teatro, los chicos que participan del coro cobran un viático que, en el caso de las funciones o ensayos generales, se duplica.

Actualmente los integrantes del Coro de Niños del Teatro Colón son alrededor de 35; las mujeres son más que los varones. En el ensayo del primer grupo, sobre un total de 19, había sólo 4 varones. “Pasa lo mismo que con la danza y con otras disciplinas. Por una cuestión cultural, se piensa que la formación artística es para las mujeres y que para los varones está la escuela de fútbol”, interpreta Kitty Follmer.

Junto con la escuela, el coro pasa a ser la principal actividad en la vida de los chicos que forman parte de él y, aunque algunos no hayan tenido previamente contacto con la música, la mayoría descubre un mundo fabuloso que les era totalmente desconocido. Pero el coro de niños los incluye hasta los 13 o 14 años y se considera que durante la adolescencia no es conveniente que canten. Por eso, en muchos casos comienzan a estudiar música en conservatorios o institutos privados.

Alrededor de los 16 años podrían retomar sus estudios de canto y recién a los 18 probarse para el Coro Estable del Teatro Colón o inscribirse en la carrera de canto lírico.

 

 

Artistas de ballet

Aunque la escuela de ballet y las academias de canto lírico en el Colón comenzaron a funcionar a principios de siglo, el Instituto Superior de Arte (ISA) se fundó en 1960 con el objeto de formar artistas para que integren los cuerpos estables del Teatro.

Allí se formaron grandes artistas de nivel internacional como Olga Ferri, Eleonora Cassano, Paloma Herrera, Julio Bocca, Iñaki Urlezaga, Maximiliano Guerra y tantos otros. Según Mabel Silvera, directora de la carrera de danza, “un porcentaje altísimo de la actual compañía de baile del teatro son egresados de la escuela. Pero también hay egresados en otros teatros del país y del exterior”, admite.

El ISA funciona en el mismo edificio que el teatro, donde se dictan cinco carreras: canto lírico, danza clásica, dirección musical de ópera, régie y caracterización. La carrera de danza es la única que admite chicos de entre 8 y 11 años para el ingreso a primer año.

“La mayoría de los chicos que se presentan tienen una vocación definida”, plantea la profesora Silvera. Y muchos ya tomaron clases en otras escuelas o instituciones.“Se trata de vocaciones muy precoces -sostiene-. En el caso de la danza, a los 5 años los chicos ya muestran interés y quieren empezar.”

Para ingresar tienen que pasar por una selección muy rigurosa; a pesar de que, como aclara Silvera, “empezamos de cero y no tienen que tener ningún conocimiento previo”.

Este año, sobre 100 postulantes, entraron 15. Y no por una cuestión de cupos. Si bien los recursos con los que cuenta la escuela (que es totalmente gratuita) son reducidos y las salas donde se dan las clases son pocas, la profesora asegura que “si se presentaran treinta chicos dotados, los tomaríamos a todos. No dejaríamos a nadie afuera por falta de espacio”.

Lo primero que se selecciona es el biotipo: un médico los mide, los pesa, mide el tamaño de la cabeza y se fija si tienen algún problema de columna. “Porque hay una estética del bailarín en el escenario -explica Silvera- y si no tiene el biotipo que se requiere en los concursos, no va a poder entrar en ningún teatro.”

Luego se evalúan distintas condiciones naturales específicas como rotación de las articulaciones, masa muscular o largo de los ligamentos. Y, finalmente,“un examen de oído musical e improvisación”, describe la profesora.

También se pueden anotar adolescentes de 12 a 17 años, que ingresan en el quinto año de la carrera de danza. Pero, en este caso deben rendir un examen que incluye francés, música y danzas argentinas.

A pesar de que todavía son más las chicas que eligen esta vocación, Silvera asegura que “en los últimos años , eso se está revirtiendo. En los ingresos de primero hay muchos más chiquitos que antes.” Aunque la formación de los bailarines hombres es distinta que la de las mujeres, en primero y segundo año los cursos son mixtos.

Las clases se dictan por la mañana en salas originalmente previstas para el ensayo de los artistas. En primer año de lunes a viernes y desde segundo, también los sábados. El día empieza con las clases de clásico, le siguen las de especialidades y finalmente la clase de música.

El nivel de exigencia es alto. Y pasa tanto por el uniforme como por el rigor en el trabajo de realización. Silvera define a los alumnos como“estudiantes-profesionales, una combinación de las dos cosas.” Dice que se trata de una carrera de dedicación exclusiva y sostiene que es muy importante el acompañamiento de los padres.

El título que se obtiene es el de bailarín profesional, aunque Silvera prefiere llamarlos “artistas de ballet”.

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