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01-12-2011 |

Cultura - Madres y Padres

Talento para emparchar el alma

Todos los chicos tienen derecho a jugar. Por eso, un grupo de clowns “sin ninguna habilidad para curar el dolor físico, pero con talento para emparchar el alma” recorre las salas del Hospital Garrahan, del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y el Sor María Ludovica de La Plata. Forman parte de la ONG Alegría Intensiva y cosechan sonrisas con la única ayuda de sus narices rojas. Porque, afirman, "la alegría es el mejor remedio".

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Por Fernanda Martell


Es una mañana de martes en el Hospital Garrahan y, en principio, nada parece alterar la rutina del personal ni de las familias que aguardan pacientemente su turno. Pero sólo en principio. Porque por los pasillos, por las salas de espera y de internación, andan cuatro doctores muy particulares, que cantan y bailan, que entablan diálogos extravagantes -entre ellos y con los chicos-, que usan ropa colorida (¡e incluso andan en pijamas!), que cargan grandes valijas y lucen narices rojas. Cuando van de una sala a la otra, el personal del hospital los reconoce y saluda, con algún chiste. En las salas de espera, llegan sin avisar y son recibidos con asombro. Tocan las puertas de las salas de internación y piden permiso para entrar a jugar. Se mueven con soltura y saben cómo cosechar sonrisas aún en las situaciones más adversas.

Se los conoce como los doctores Riten, Marta, Carlota y Estela Tarde. Y todos los martes llegan al Garrahan para repartir abundantes dosis de alegría. Cuando se toman un descanso (y un cafecito), y se sacan las narices aparecen Gabriel Cohan, Irene Sexer, Luciana Wiederhold y Erika Veliz Izarra, clowns profesionales que (excepto Erika, que se incorporó este año) forman parte de la organización Alegría Intensiva desde sus comienzos, tres años y medio atrás.

“Estamos realmente transformando un momento, una realidad, un día. Y tal vez a la larga se transforme algo de esa enfermedad. Pero nosotros no venimos a curar a nadie, sino a hacer clown”, explica Irene Sexer, directora artística de Alegría Intensiva. “Este es un hospital de niños en el que muy pocas veces hay clima de juego y eso empezó a pasar con nosotros”.


Los doctores de la alegría

Mariano Rozenberg y Andrés Kogan son los creadores de Alegría Intensiva. Se conocen desde chicos y se reencontraron en la Facultad de Medicina. Ambos tenían experiencia en educación trabajando con chicos sanos y, en sus años de estudiantes, compartieron la primera incursión a una sala de internación pediátrica en un hospital de la provincia de Buenos Aires. “Fue un golpe fuerte. El hospital era completamente hostil con los chicos y las familias, y nosotros veníamos de una experiencia profesional que era absolutamente contraria”, cuenta Mariano. “Los chicos se desarrollan, perciben el mundo, aprenden y maduran desde el juego, desde la dramatización, desde distintos recursos que en la situación de internación no pasan”, agrega Andrés.

Así nació una preocupación, una inquietud, que tomó forma a partir de un viaje de Mariano a Brasil. Allí conoció a Doutores da Alegría, una organización de artistas que trabajan en más de 30 hospitales en cuatro de las ciudades más importantes de Brasil. Por su parte, Andrés contactó a Pallapupas, una organización catalana que trabaja en el mismo sentido. Inspirada en estos modelos, pero con características locales, nació en Buenos Aires Alegría Intensiva, una organización de payasos de hospital profesionales, “con el objetivo de mejorar las experiencias de los chicos y sus familias en el hospital, de mejorar la calidad de la internación en pediatría”, explica Rozenberg.

Con un primer grupo de cinco clowns profesionales de altísimo nivel artístico –Irene Sexer, Silvina Sznajder, Gabriel Cohan, Luciana Wiederhold y Ariel Kotlar- presentaron el proyecto en varios hospitales. Y fue el Garrahan el que aceptó hacer una prueba. “El 6 de junio de 2008 fue la primera experiencia de payasos de hospital y dos meses después ya comenzamos con el programa sistemático de venir todas las semanas, todos los meses del año”, recuerda Mariano. Hoy, Alegría Intensiva también está presente en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y en el Hospital Sor María Ludovica, de La Plata.

“Lo que hacemos es traer a los artistas a que los vea un público particular, en un contexto particular. Y además, les damos una capacitación que tiene que ver con la bioseguridad, con las normas que deben cumplir para poder desarrollar su arte dentro del ámbito hospitalario”, explica Andrés. “Y ahí entra un factor más, que no es ingenuo: el delantal. Los clowns tienen arriba de sus trajes un guardapolvo blanco. Esto lo que busca es desdramatizar la imagen del médico, de la institución hospital, tornarla más amigable para los chicos y para las familias. Nuestros artistas no buscan hacer reír, buscan establecer una comunicación, tomar los emergentes, transformarlos y devolverlos de una manera lúdica, positiva, esperanzadora.”


Narices rojas

A diferencia de otras experiencias locales, Alegría Intensiva se define como una organización 100% artística, dirigida por médicos. La excelencia artística es un requisito esencial para integrar el grupo y los clowns no tienen información acerca de cuáles son las enfermedades de los chicos. “Para el trabajo en sí, realmente no nos sirve. No nos es fundamental si el chico está pasando por una enfermedad crónica o si está internado por un día”, aclara Luciana. “El nene enseguida conecta con las ganas de jugar”, completa Irene.

“Este es un cambio de paradigma en la manera de pensar la internación de los chicos. Es entender que hay una necesidad vital de jugar que está vigente en cada niño, más allá de la gravedad de su enfermedad”, afirma Kogan. “Y hay dos actores principales, que son los artistas y el chico. Pero después están los papás, los médicos, que ven otra manera de comunicarse con los chicos. Las enfermeras, el personal de cocina, el administrativo, toda la dinámica de la internación se empieza a modificar a partir de esta primera piedrita que se tira en la fuente. La onda expansiva va creciendo y va transformando todo.”

Los payasos llegan al Garrahan todos los martes, “llueva, truene, pase lo que pase”, porque para que una acción sea realmente transformadora, tiene que tener continuidad en el tiempo. En las salas de espera, los clowns se presentan todos juntos “porque son tan numerosas que es importante que estemos todos para responder. Y en salas de internación podemos estar de a tríos, pero siempre tenemos que ser como mínimo dos”, cuenta Luciana. “Para estar acompañados. No sabemos con qué nos vamos a encontrar y si tenés que salir, o ausentarte en presencia, el otro lo sostiene y se puede continuar”, agrega Gabriel. Pero, más allá de algunas situaciones difíciles, los clowns rescatan lo que Luciana llama “el agradecimiento de los niños, la generosidad que tienen… Por más que están enfermos, ellos te miran, hay una recepción de lo que estás haciendo”.

Ahora bien, ¿por qué el lenguaje del clown, entre otros lenguajes posibles, para llevar el juego al hospital? “Cuando estuve en Brasil entendí que el clown tiene muchas similitudes con el lenguaje de los chicos. Esto es: mirar los detalles, transformar el cuarto a través del juego simbólico, el no filtro…”, explica Mariano Rozenberg. “El clown todo lo ve, todo lo escucha y todo lo transforma. Y los chicos también”, agrega Andrés. “Y por otra parte, siempre fuimos admiradores de esta especialidad de las artes escénicas. Para ser un verdadero clown que tiene la mirada de niño hay que ser tremendamente inteligente. Y eso es fascinante para nosotros”, concluye Mariano.

“Lo lindo del trabajo del clown es que vas a una habitación y en ese momento te enterás lo que va a suceder”, cuenta Irene. Gabriel asiente con la cabeza y afirma: “Lo que hacemos es improvisar. Tanto en la sala de espera como en la de internación es muy importante estar atento al clima porque depende lo que encontremos, improvisamos. Incluso cuando empezás con algo, puede aparecer algún ruido de afuera, o alguien que salió del baño, o el sonido de algún celular, todo es a favor”. “De jugar, de eso se trata. Eso es lo que sabemos hacer”, reflexiona Irene. “Hoy Riten (el clown de Gabriel) encontró el micrófono por el que habla la señora que da los turnos y empezó a hablar él”. “¡Hacía rato que lo estábamos buscando!”, exclama Gabriel y todos ríen, como niños.


Un nuevo paradigma

Alegría Intensiva lleva 3 años y medio en el Garrahan. En este tiempo, enfatiza Rozenberg, “se consolidó muchísimo la relación con el hospital, reconocen el trabajo de Alegría Intensiva como un trabajo importante y ya casi indispensable para que el hospital no sólo sea un hospital pediátrico sino que también parezca un hospital de niños”. En este momento, están desarrollando un proyecto para que los artistas estén todos los días, “algo que sería un hito: el primer servicio de payasos de hospital de América Latina. Existe solamente en Barcelona y en Toronto, Canadá, donde hay un servicio de payasos de hospital con recorridos preestablecidos y con un trabajo enfocado a emergentes que suceden todos los días. Los payasos son llamados para colaborar en diferentes situaciones. Por ejemplo, si los chicos tienen que hacerse un estudio traumático, son llamados para generar un clima diferente, para que los chicos puedan tener una experiencia un poco mejor de estos estudios.”

“El Garrahan es un hospital faro de la pediatría de la Argentina y de buena parte de América Latina. Entonces, armar el primer servicio de payasos de hospital va a ser una gran vuelta de tuerca en este cambio de paradigma que nosotros deseamos liderar. Para atender mejor a nuestros niños necesitamos esto”, afirma Kogan. “Porque 50 años atrás, los chicos se internaban solos, sin su mamá y sin su papá. Esto que hoy parece un disparate, era así. Hasta que un genio, el pediatra Florencio Escardó, dijo: ‘Esto no está bien. Los chicos se tienen que internar o con su mamá, o con su papá, o con un allegado”. Otro genio, 25 años atrás, dijo: ‘Los chicos que se internan por más de un mes pierden la escolaridad. ¿Por qué no traemos la escuela al hospital?’. Y 10 años atrás, otro genio dice: ‘Los chicos maduran, crecen, se desarrollan, procesan las cosas que les van pasando a través del juego. ¿Por qué no hacemos salas de juego terapéutico en los hospitales?’” Mariano asiente y agrega: “Lo que nosotros queremos es que en 10 o 15 años cada servicio de pediatría cuente con su servicio de payasos de hospital. Que parece algo ambicioso pero que ya existe en dos lugares del mundo y va en camino en otros, también en Buenos Aires”.

“Sin dudas lo que queremos es, de a poco, ir armando equipos de Alegría Intensiva en los distintos hospitales de pediatría del país”, asiente Andrés. “Y que esta misión que tenemos de cambio de paradigma empiece a ser una realidad.”




Una historia de hospital

“El Dr. Riten y yo (la Dra. Carlota), como cada martes en esa sala de internación, entrábamos a cada cuarto, regalando canciones, organizando casamientos, contando cuentos de pulgas aventureras, enseñando a bailar el tango dentro de una baldosa y otras muchas dificilísimas actividades, cuando le llegó el turno a la habitación de Juan, que nos llamaba feliz desde su cama, mientras su papá sostenía el suero para permitirle incorporarse. Me senté junto a su cama, le cantamos la canción del viento, su preferida, buscamos al Dr. Riten quien intentaba esconderse inútilmente tras una cucharita o detrás de la cortina de la habitación, le contamos el cuento de la pulga aventurera, y posamos para las fotos que su papá nos sacaba permanentemente. Luego nos despedimos hasta la próxima semana y, para nuestra sorpresa, Juan nos corrige: ‘No, ¡hasta mañana que los veo en la tele!’ Con cara de asombro miramos a su papá, quien entonces nos cuenta que cada martes él nos filma y saca fotos con el teléfono celular, luego las edita y graba en un CD, disfrutándolo junto a su hijo toda vez que se lo pide, haciendo un poco más divertidos los calurosos días de su prolongada internación”.




También en el teatro

Para el próximo año, los payasos de hospital planean volver a escena con Una historia para no dormir. Una obra teatral nacida de una experiencia que vivieron los clowns en el Garrahan, a partir de la cual crearon todo un universo lúdico, donde la sala de espera se transforma en colectivo, una camilla en un barco a vela, el duchador en un micrófono y los cuartos, en selvas.

Con dirección de Mariana Briski, música de Carlos Gianni, escenografía, utilería y vestuario de Azul Borenstein, y la colaboración de Martín Joab en dramaturgia, Una historia para no dormir se estrenó durante la temporada 2010 en el Teatro Del Nudo y en 2011 se presentó en el Festival Internacional de Circo de Buenos Aires (en Polo Circo). El objetivo de esta obra es difundir la actividad de Alegría Intensiva y la alta calidad artística de sus clowns a un público extra-hospitalario. En estos años ha obtenido destacadas menciones por parte de la crítica especializada y el aplauso de más 3 mil espectadores.

También para 2012 están preparando acciones conjuntas con artistas de primer nivel, como Luis Pescetti y Magdalena Fleitas. Será, entonces, un año con mucha Alegría Intensiva.




¿Cómo colaborar?

Alegría Intensiva es una organización sin fines de lucro que se sostiene con el aporte de empresas y particulares. Colaborar es sencillo: desde la web www.alegriaintensiva.org.ar se accede a un formulario seguro para hacer una donación con tarjeta de crédito (desde $ 30). También se puede enviar un mail con nombre, apellido y teléfono a info@alegriaintensiva.org.ar para que desde la organización puedan contactarse.
+ info: (15) 4197-3423.

 

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