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01-11-2006 |

Crianza - Madres y Padres

Solidaridad sobre rieles

Desde hace algo más de veinticinco años, Fundación Alma trabaja por la salud de los niños que habitan las regiones más carenciadas del país. El Tren Hospital Alma llega a los sitios más alejados del norte argentino con atención médica y odontológica, y educación sanitaria a las familias. Con la tracción más fuerte, la del corazón, Alma da pelea.

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Por Marisa Rojas

 


Fundación Alma, así, sin puntos que den cuenta de sigla alguna, y a modo de confesión del motor que los mueve en la tarea cotidiana, es una Organización No Gubernamental sin fines de lucro que a comienzos de los '70 creó el doctor Martín Jorge Urtasun.

“La Fundación nació por la inquietud y la iniciativa del doctor Urtasun, él fue jefe de cirugía del Hospital Pedro de Elizalde y jefe de Cirugía Pediátrica del Churruca y siempre se desesperaba al ver que los pocos chicos que lograban venir del interior del país a Buenos Aires para que los atendieran médicos de la Capital llegaban en general con patologías tan avanzadas que ya era poco lo que se podía hacer acá. Junto a un grupo de colegas Urtasun comenzó a trabajar, primero, para dar a la cirugía pediátrica un lugar que en aquel momento no tenía. La primera tarea de la Fundación fue crear salas de cirugía pediátrica, hizo una en el hospital Alvear y otra en el Churruca, el objetivo era que se otorgara al área toda la importancia que una intervención sobre un niño significa. Con el tiempo, y por esa preocupación del doctor acerca de esos chicos que llegaban a la Ciudad en tan malas condiciones, se trabajó para poder llevar medicina al interior del país más carenciado. La cuestión era poder brindar una atención integral, llegar con profesionales pero también con medios, con equipamiento, con rayos, con laboratorio, con odontología. Y entonces surgió el tren como el medio más idóneo porque permitía un desplazamiento de envergadura importante y eventualmente montar un pequeño hospital arriba de los vagones”, explica el actual presidente de Alma, Oscar Algranti.

El doctor Urtasun consiguió que Ferrocarriles Argentinos cediera a la Fundación tres coches de trocha angosta que estaban tirados, en desuso, en un cementerio de coches en Tafí Viejo, Tucumán. Así nació el Tren Hospital para Chicos Alma que arrancó sus viajes en el año '80, y hoy, 26 años después, sigue en la vía y en marcha.

El Tren Hospital está conformado por tres vagones: en el primero está instalado el hospital con camilla, equipo de rayos, sillón de odontología y laboratorio; en el segundo se levanta una sala de estar, el comedor y los camarotes donde se alojan los profesionales; el tercero guarda la cocina y está destinado al personal de servicio y mantenimiento. Los coches no tienen tracción propia, por lo que, para su movilidad, dependen de los cargueros de trocha angosta del hoy Ferrocarril Belgrano Cargas. “Organizamos los viajes en función de algún tren carguero que va para el lado que vamos nosotros y puede arrastrarnos. Al llegar, esa máquina nos deja en una vía secundaria y sigue por la vía única, coordinamos de modo tal que dos o tres días más tarde nos pase a buscar y siga arrastrándonos. El tema es que este ferrocarril está actualmente con muy pocas locomotoras y cuesta que nos lleven”, señala Algranti.

Desde su primera salida, el Tren Hospital ha realizado más de 150 viajes y ha atendido más de 75.000 niños entre 0 y 14 años. “Normalmente visitamos de 2 a 3 pueblos, son viajes de 15 días que se hacen una vez por mes durante el ciclo lectivo, de abril a noviembre, es decir, viajamos entre 6 y 7 veces por año, según cómo caigan las vacaciones. Muchos de los días se nos van en realidad en llegar, al no tener locomotora propia y depender del ferrocarril de carga, bueno, estamos algo sujetos. Habitualmente salimos de Buenos Aires hasta Córdoba, allí nos engancha otro carguero que nos lleva el resto del camino pero la velocidad máxima son 60 km. por hora. En el viaje a Salta que es el más largo por ejemplo, tardamos 5 días sólo en llegar”, explica Mercedes Saizar, licenciada en trabajo social, secretaria coordinadora de la Fundación, quien agrega: “Trabajamos de acuerdo al período de clases porque las maestras son nuestras grandes aliadas, son fantásticas, siempre ávidas de toda la ayuda y la colaboración que puedan recibir. Al estar en contacto con los chicos nos allanan el camino para que cuando llegue el tren los chicos estén ya preparaditos esperándonos. En la mayoría de los pueblos donde vamos la pobreza es extrema, no hay médico permanente ni salita, los hospitales más cercanos están a cientos de kilómetros, por lo que en muchísimos casos la llegada del tren es la única posibilidad que estos niños tienen de recibir atención médica. Al llegar a los pueblos nos están esperando los chicos que van a la escuela del lugar pero también sus hermanitos, que no van a la escuela, y gente que viene de 15 o 20 kilómetros a la redonda”.

Alma trabaja acercando atención primaria de la salud al tiempo que brindando educación socio-sanitaria, de allí también la necesidad del trabajo mancomunado con las escuelas y docentes de la zona. “En estas localidades tan pequeñas a las que llegamos hay una sola escuela a la que asisten, juntos, todos los chicos. Son escuelas que funcionan educativa pero también asistencialmente. Así es como nosotros sumamos la parte de educación para la salud, porque además hay mucho desconocimiento incluso para evitar problemas que, a nosotros, podrían parecernos muy sencillos. En el caso de los odontólogos, por ejemplo, dan charlas en la escuela sobre cómo y por qué cepillarse los dientes –el tema de las caries es un problema muy fuerte en estas zonas, la mayoría de los chicos tiene caries e incluso problemas dentales severos que los llevan a perder las piezas desde jovencitos-. Algunas veces llevamos títeres para dramatizar eso que los profesionales cuentan en las charlas, otras, se invita a los chicos a hacer dibujos sobre el tema, y además les dejamos un cepillo y una pasta a cada uno, que quedan en la escuela porque las maestras coordinan la cepillada de dientes después de cada almuerzo, cuando logramos juntar muchos cepillos les damos dos a cada niño así pueden tener uno también en sus casas. También los médicos hacen prevención pero más que nada en las casas, ellos van por los alrededores y brindan información mayormente sobre chagas que es un mal muy extendido en la región. Los médicos y las asistentes ven cuándo las familias tuvieron el último control de desinsectización municipal, les avisan de los controles que ellos mismos pueden hacer”, comenta Mercedes.

Para llevar adelante su tarea solidaria, Fundación Alma cuenta con un equipo de profesionales que rota viaje a viaje y que integran, por vez, 2 médicos clínicos pediatras, 2 odontólogos, 2 asistentes sociales, 1 enfermero o enfermera, 1 técnico de rayos y 1 técnico de laboratorio. Junto a ellos viaja un miembro de Alma, a modo de coordinador general, y 4 personas de servicio -1 cocinera, 1 asistente de limpieza, y 2 maquinistas que trabajan en la atención de las usinas que brindan electricidad al tren-. “Sólo estas cuatro personas reciben un sueldo fijo, el resto de la gente son profesionales que acercan su colaboración desinteresadamente y conforman siempre grupos rotativos porque cada uno viaja en función o a pesar de las limitaciones que les impone su propio trabajo. Para viajar deben resignar sus vacaciones o dejar sus consultorios, amén de dejar a sus propias familias, por ello es que no se puede pensar que un profesional pueda viajar más de una vez por año y por lo que los equipos rotan siempre”, detalla la coordinadora.

Y si de cuestiones presupuestarias se trata, Algranti agrega que: “De todos modos, trabajamos con un presupuesto muy acotado, tenemos donaciones de particulares y de algunas fundaciones que nos ayudan, pero hacemos casi cualquier cosa para mantener el presupuesto muy bajo. La mayor cantidad de plata se va en la compra de medicamentos cuando no los podemos obtener por donaciones. Por supuesto, con los números que manejamos no podemos arreglar el tren, tenemos un equipo de rayos que es una reliquia, el equipo de odontología también es muy viejo, pero andan, y, como el tren… nos permiten llegar”.

Y cuando las distancias, las faltas y la soledad son tan grandes, llegar nunca es poco.


Última salida del 2006

El Tren Hospital para Chicos Alma realiza viajes entre los meses de abril y noviembre, época en que los niños de Sante Fé, Chaco, Formosa, Salta, Jujuy y Santiago del Estero asisten a la escuela. Una vez por año, uno de esos viajes, se repite. “Dada la cantidad de provincias a las que podemos llegar, los pueblos en los que hay vías secundarias donde puede detenerse el tren, la cantidad de chicos que esperan nuestra atención y la cantidad de viajes que es nuestro objetivo mínimo hacer anualmente, hay uno o dos pueblos a los que llegamos dos veces al año”, explica la secretaria coordinadora de Fundación Alma.

En el 2006 el primer viaje llevó al Tren Hospital hasta el norte de Santa Fe y el sur de Chaco, este mismo viaje, el más corto de los que se realizan, se repetirá sobre el fin del año. “El primer viernes de noviembre vamos a estar saliendo desde Retiro hacia Santa Fe y Chaco, nuevamente. Estaremos 15 días en total y visitaremos 2 pueblos, uno en cada provincia, pero a escasos kilómetros el uno del otro, rodeados además de muchos otros pueblitos más pequeños. Esta vez vamos a poder saber cómo han evolucionado los chicos que vimos a principios de año. Todos aquellos que quieran y puedan colaborar con Alma, sepan que necesitamos medicamentos pediátricos, ropa y calzado para niños, fundamentalmente zapatillas. Es que, entre las patologías más recurrentes en estas zonas se encuentran los problemas de piel que se asocian, en el caso de los pies, a la falta de calzado, los chicos andan descalzos invierno y verano, de repente tienen un par de zapatillas por familia y las usan rotativamente, entonces la gran mayoría anda descalzo todo el día y arrastra problemas dérmicos que nunca se curan”, señala Mercedes.

 

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