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01-06-2008 |

Cultura - Madres y Padres

Solidaridad que cura

La salud es un derecho de todos. Por eso, a través de la acción en aquellos lugares que más lo necesitan, de la denuncia sobre las violaciones de este derecho humano básico y de un trabajo conjunto con las comunidades, los Médicos del Mundo dan, día a día, una lucha contra todas las enfermedades, incluyendo a la injusticia.

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Por Fernanda Martell


Son diez años de historia de Médicos del Mundo Argentina. Una historia que este grupo de profesionales de las ciencias médicas y de disciplinas vinculadas a la salud prefiere contar a través de sus acciones. Porque, para ellos, más importante que decir es hacer: “Nuestra preocupación no es generar hermosas narrativas acerca de lo buenos que somos y de las cosas que habría que mejorar en la salud pública, sino que nuestro interés está en las prácticas y en el impacto de las acciones que llevamos a cabo”, señala Gonzalo Basile, presidente de Médicos del Mundo Argentina.

Lejos del paradigma de neutralidad que rige a muchas organizaciones de ayuda humanitaria, este grupo, entre los que hay, claro, médicos, pero también trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros, sociólogos y especialistas en salud pública, entre otras disciplinas, hacen de su práctica un “modo de resistencia cotidiana a la injusticia”.

Son hombres y mujeres de acción. Y todo lo que hacen está orientado por principios muy firmes que los definen como “Médicos del Mundo”: la intervención en poblaciones en situación de exclusión social o víctimas de la inequidad, la denuncia frente a las violaciones de los derechos humanos, principalmente el derecho a la salud, y el fortalecimiento de los procesos de organización y participación popular y comunitaria.

A lo largo de diez años, los Médicos del Mundo de Argentina han trabajado con niños y adultos en situación de calle, con comunidades indígenas, con población inmigrante, con aquellos que no tienen acceso a los sistemas de salud. Desde la ciudad de Buenos Aires hasta la puna jujeña, abarcando también dentro de su campo de acción a poblaciones indígenas y campesinas de Bolivia, Perú y Paraguay. Hoy, son cerca de 150 los socios de Médicos del Mundo Argentina, con un número aproximado de 90 voluntarios que están participando activamente en algún equipo de trabajo.

¿Qué es lo que los moviliza? Según Basile, “algunos sectores que vienen de las ciencias médicas buscan una experiencia en medicina social humanitaria, pararse en un lugar diferente a lo que se llama el modelo hegemónico, ligado al mercado y al pensar la salud solamente por la enfermedad. Y otros vienen por un compromiso social y por la necesidad de participar en un espacio colectivo en el que podamos ver entre todos qué cosas cambiar.”


Médicos en acción

Para ser precisos, esta historia se remonta mucho más atrás en el tiempo. A mediados de la década del ’80, cuando un grupo de médicos, movilizado por el incumplimiento del derecho a la salud en ciertas poblaciones, formó el Grupo Solidario del Sur. Se buscaba tomar posición, rechazando el principio de neutralidad reinante en otras organizaciones humanitarias. Y en esta búsqueda se vincularon con Médecins du Monde, una red internacional que, finalmente, en el año 1998 los reconoció como delegación oficial en Argentina.

Desde entonces, han trabajado incansablemente en dos planos: el de emergencias, que actúa en casos de catástrofes, conflictos bélicos y crisis humanitarias, tanto a nivel local como internacional, y el de planificación en salud. Basile aclara que la postura organizacional es “no quedarse esperando a que ocurra una tragedia o un desastre para poder intervenir, sino trabajar la salud colectiva cotidianamente.”

Los Médicos del Mundo desarrollan sus acciones en el ámbito rural, principalmente con comunidades indígenas y, en el urbano, con chicos y adultos en situación de calle, con movimientos sociales e inmigrantes. Trabajan a partir de proyectos de mediano y largo plazo y con la participación comunitaria como condición esencial para lograr resultados duraderos en el tiempo. “Porque sino muchas veces termina siendo una experiencia muy linda, se sostuvo un año, dos años, hasta que la organización se retiró, se acabó todo y se volvió a cero,” señala Basile.

En cada caso, un equipo de profesionales se traslada a cada comunidad mientras dure el proyecto, lo que les permite vincularse con la población, con los niños y los adultos y trabajar más en profundidad con ellos. Esta metodología, explica Basile, “nos corre del tipo de asesoramiento o de intervención que tiene la burocracia tecnocrática de organismos internacionales o del Estado, que van cada un mes y pico. Estar presentes ahí te da mucha capacidad para entender lo que pasa en la zona, cómo uno puede fortalecer a los actores y cómo se puede ganar viabilidad local.”


Los proyectos son definidos en conjunto por Médicos del Mundo, las organizaciones locales y la comunidad, de acuerdo a las percepciones de los pobladores acerca de los problemas de salud prioritarios. “Nunca salen tres temas sino una lista interminable de problemas estructurales. Se trabaja en asambleas comunitarias, con una metodología participativa, para poder llegar a algún tipo de priorización de algunas temáticas o de algunos problemas”.

De acuerdo a estas definiciones colectivas, están trabajando en la puna jujeña con un programa de atención materno-infantil dirigido a las madres y niños de las comunidades kollas; en Chaco, junto a las comunidades tobas-wichis, en la prevención y el diagnóstico del Mal de Chagas, al igual que en las poblaciones campesinas de Santiago del Estero; con las comunidades fronterizas de Formosa se está trabajando en la prevención y el combate del dengue; y también hay proyectos con comunidades indígenas del altiplano boliviano y de Perú, entre otros.


La comunidad como protagonista

El objetivo de Médicos del Mundo no es reemplazar las funciones básicas del Estado en cuanto garante de la salud de toda la población, sino más bien generar procesos que permitan a las comunidades tomar conciencia y la posibilidad de incidir en la agenda de los gobiernos. Según Basile, “muchas veces los estados, como saben que determinadas comunidades no conocen sus problemas de salud, les dan una respuesta asistencial y tapan el problema. A lo largo del proceso que realizamos, las comunidades se plantean que ya no les pueden venir a decir tal o cual cosa, sino que ahora hay que discutir en serio como resolver los problemas”. Lo que se busca en cada proyecto, es que estos hombres y mujeres, tradicionalmente excluidos, se conviertan en protagonistas de la lucha por su derecho a la salud.

De estos diez años de trabajo de Médicos del Mundo Argentina, Basile asegura que la evaluación es muy buena. Señala que han tenido un crecimiento estable en los últimos 3 años, tanto a nivel asociativo como de participación, de financiamiento y de recursos. “Lo más positivo es el resultado de la experiencia en la gestión. Estamos demostrando que se pueden llevar adelante determinadas acciones con suficiente impacto, con eficacia y eficiencia, con capacidad de testimonio y de denuncia. Porque con colgarnos un cartel y decir que somos buenos no alcanza. Estamos en un momento en América Latina, en el cual tenemos que ver qué estamos aportando para resolver ciertos problemas o, por lo menos, generar los procesos que puedan resolverlos.”

Los Médicos del Mundo han recorrido un largo camino. Pero tienen plena conciencia de que queda mucho por hacer, mucho por luchar, contra todas las enfermedades y, principalmente, contra todas las injusticias.

 

 

Médicos del Mundo Argentina.
Alberti 48. 4954-0080.
mdmargentina@arnet.com.ar
www.mdm.org.ar



La infancia y el derecho a la salud

"El tema de la niñez entra transversalmente en todos los proyectos de Médicos del Mundo”, destaca Basile. La salud de los niños se trata en vinculación con la temática general de cada programa. “Si estamos trabajando sobre el Mal de Chagas, trabajamos la salud del niño, dentro de la temática de Chagas,” ejemplifica Basile.

Hay casos en los que el tema de la salud infantil cobra protagonismo, en base a las prioridades planteadas por cada comunidad. Por ejemplo, en la puna jujeña, el trabajo en conjunto con la Asociación Warmi, una organización de mujeres kollas, dio como prioridad la salud de la mujer y del niño en poblaciones que no tenían ningún acceso a los sistemas públicos de salud.


Tal vez el caso más específico de trabajo con la infancia es el Programa de promoción y prevención de la salud en niños y niñas en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires. Aquí “lo que primero se trabaja es la relación social, cómo generar un vínculo de confianza y de acercamiento a estos chicos en situación de calle. Este va a ser el principio esencial por el cual después vamos a poder trabajar otros temas,” explica Basile. Entonces, son los operadores de calle y los trabajadores sociales quienes arman el vínculo con los niños.

Luego, entra en acción la unidad móvil de Médicos del Mundo, que recorre 2 o 3 veces por semana los barrios de Constitución, Once, Congreso, Pompeya y Chacarita. Allí se brinda atención primaria de la salud, a cargo de médicos pediatras, trabajadores sociales y psicólogos.

Estos niños no llegan a los servicios públicos de salud de la ciudad debido a barreras de acceso que tienen que ver con lo social, con lo económico e incluso con la discriminación. “Hay una gran cuenta pendiente en el tema de la niñez y la calle en la ciudad de Buenos Aires”, reflexiona Basile. “En primer lugar, del estado porteño, que no ha elaborado todavía una respuesta integral y estratégica para esta situación. Además, hay una gran responsabilidad de la sociedad porteña. No podemos naturalizar que haya chicos viviendo en la calle, como si fuera parte del paisaje cotidiano. Yo no digo que la sociedad civil tenga todas las respuestas, pero una de sus responsabilidades es marcarle la agenda al estado local, para que resuelva estas cuestiones.”

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