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01-08-2018 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Omar Álvarez: Súper aventura en clave de poesía

Una historia de tiempos antiguos y modernos, donde el antiquísimo arte de los títeres se da la mano con el moderno universo multimedia y la animación stop motion. La historia que, treinta años después de los comienzos, la Compañía Omar Álvarez Títeres elige contar para hablar de lo esencial: la libertad.

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Por Marisa Rojas

 


Un antiguo reloj despertador a cuerda vestido con chaleco y moñito. Una copa de cristal convertida en la más dulce de las bailarinas. Una oxidada rueda de bicicleta oficiando de hermosa araña de luces. Baúles de todos los tamaños. Un modernísimo teléfono celular con traje. Una pantalla donde vuelan avioncitos de papel y desde la que encandilan los malos. Personajes y escenarios de Tic Tac, el héroe del tiempo, la última aventura titiritera de Omar Álvarez, donde el antiquísimo arte de los títeres se da la mano con el moderno universo multimedia y la animación stop motion.

“Es un trabajo que surgió a partir de dos mundos que me interesan, el de los títeres y el de la animación, y que aun viajando mucho a festivales de muy distintos países, no he visto hacer. Me pareció que era un buen camino para que un titiritero que en escena trabaja solo, como es mi caso, pudiera generar múltiples interacciones. Y decidí, para poder hacerlo, darle todo el tiempo, no apurarlo para que entre al mercado, dejarlo que se fuera armando. Y ese armado llevó casi cuatro años. Porque además con Julián Aguirre, ¡que es un genio!, hicimos todo a lo argentino: con alambre y palito, no a lo Pixar. Todo lo que es animación llevó dos años. Mucho tiempo de producción, muchas horas de realización y de edición”, dice Omar a propósito de la obra que estrenó en el mes de abril en el Centro Cultural de la Cooperación, donde vuelve este mes de agosto.

“La casa de Tic Tac es Espacios, nuestra sala en Villa Ballester, pero siempre volvemos al CCC porque es un lugar donde nos sentimos muy cómodos, donde el espíritu de Javier Villafañe está en el aire”, cuenta el titiritero recordando a quien fuera uno de sus maestros, junto a otro artista fundamental del universo de los guantes, los hilos y las varillas: Ariel Bufano.

“A mí la mirada de Bufano me marcó absolutamente. Él insistía mucho en el compromiso del artista en relación a su tiempo y lugar. Hacía mucho hincapié en que uno a la hora de crear debía, debe, pensar muy bien ‘qué’, ‘por qué’, ‘para qué’, luego ‘dónde’ y siempre ‘cómo’. Es cierto que se paga un precio muy alto por ser coherente, pero yo me juego, como artista y como gestor, en cada actividad que hago, teniendo muy claro lo que quiero hacer, ahondando en la diversidad, en los riesgos. El ser reconocido, tener un camino construido y una identidad fuerte, es un compromiso mayor porque habilita. A más artistas que arriesguen, mayores posibilidades de que el mapa cambie, incluso para que los papás se animen a proponer otras cosas a sus niños”, enfatiza Omar.


¿Cómo se inscribe Tic Tac en este deber ser que guía tu camino como artista?

Yo corro todo el día. Para sostener todo este proyecto, que es la Compañía y el Centro Cultural en Ballester, no paro. Y a veces siento que la ruedita del hámster gira demasiado rápido. Además, así como yo, también mis hijos corren, pero no sólo porque su papá corre sino porque la vida de los chicos de hoy es un vértigo. Los niños de este siglo tienen agendas repletas de cosas, todo el tiempo. Y yo sufro mucho el no parar, el no dejar de hacer cosas. No zafamos de correr, no es posible, pero sí me parece interesante pensar por qué corremos; preguntarnos, revisarlo, debatirlo y así quizás poder poner las cosas en su lugar.

La Compañía Omar Álvarez Títeres se ha caracterizado, además de por la excelencia artística, por animarse, siempre, a esos temas alguna vez llamados tabú. ¿Por qué crees ha sido así?

Bueno, por, como decíamos al principio, el rol que entendemos tiene un artista en su comunidad. Yo creo que muchas veces el público no termina de entender que los artistas son artistas y que no hay que buscar las estéticas de moda, que la tele es la tele y hay mucho otro por fuera. Uno como artista debería, y el público adulto que lleva al niño al teatro para nutrirlo también, animarse y correr el riesgo. Recuerdo que lo primero que hicimos con mi hermano Claudio, a fines de los ‘80, fue una obra que se llamaba Semillas de paz, un trabajo donde los violentos no terminaban perdonados sino castigados. Artísticamente era algo muy primario, pero treinta años después me doy cuenta, con el estreno de Tic Tac, que seguimos peleando por lo mismo. En realidad, como decía Villafañe: “uno anda siempre contando las mismas cosas”, tres o cuatro temas que son los que a uno como persona no le cierran y los revisa una y otra vez y, acaso, puede resolver al menos cuando los pone en escena.

¿Cuál es el puente construido entre aquella primera experiencia del año ‘87, y el reciente estreno de Tic Tac?

En el momento en que comenzamos teníamos una democracia incipiente y jaqueada, veníamos de una historia reciente muy oscura y una necesidad de justicia muy fuerte en un contexto político que daba los primeros pasos en ese camino pero lo pagaba muy caro. Semillas… de alguna manera hablaba de eso, que quien se porta mal debe pagar. Hoy lo que plantea Tic Tac es mucho más globalizado porque la problemática de la que habla es parte de un mundo globalizado, es un malestar que se vive en todos lados; pero también hay algo de búsqueda y necesidad de justica que se cuela.

En la complejidad de Tic Tac hay un enfrentamiento entre universos diferenciados reconocibles para los adultos pero, ¿qué sucede con los espectadores niños, destinatarios directos de tu trabajo, que han crecido con el mundo siendo de una determinada manera que aquí parecería plantearse como la mala?

Hay un sistema donde reina un dios que es el dinero y es lo que termina imponiendo una forma. Y la tecnología le es recontra funcional a este sistema para acelerarnos, dominarnos y sacarnos todo. Juan Garff escribió en La Nación que “los chicos no conocen la cuerda”. Eso es real, pero detrás del avance tecnológico que supuestamente facilita la vida, no se ve que está el interés de vaciarnos. Entonces, lo que pasa hoy es que el malo no parece malo, ese es un síndrome de este tiempo. ¡El capitán Jack Sparrow nos resulta encantador! Y es verdad que los buenos no son tan buenos, pero me parece necesario poner a disposición de los chicos este otro aspecto de nuestro mundo de hoy. Entonces, si se van de la función a hacerles preguntas a sus padres durante la merienda, ¡bienvenido sea! Por supuesto que no le rompemos el alma a nadie, la belleza y la poesía siempre todo lo atemperan, pero sí nos proponemos hacernos preguntas porque nos parece muy bien si podemos aportar una ficha para que se abra el debate, algo que es riesgoso… pero en el riesgo está el valor.

Tic Tac tiene, precisamente entre sus valores, el ser el proyecto de una compañía del que participaron muchos, y muy buenos, artistas del entorno de referencia inmediato que es el propio barrio. ¿Qué motivó esto?

Yo trato de combinar mi trabajo como artista con mi rol de gestor, porque estando al frente de una sala como es Espacios lo mío es la gestión y tengo claro que el rol de la sala tiene que ver con el armado de la vida cultural en la propia comunidad, no sólo con el público sino también con los artistas. Para mí está bueno que haya proyectos ordenadores que los convoquen. Por eso, a excepción de nuestra Gepetto argentina, la realizadora de títeres y mecanismo Alejandra Farley, y del vestuarista que trabaja con ella, todo el resto del equipo son artistas locales, del barrio: Darío “Maraña Gestual” Martínez, que es quien diseñó el concepto plástico de los títeres, es un artista increíble que hace muebles con todas cosas que levanta de la calle; también la escenógrafa, Leticia Ragozzino, Gabriela Civale y Julián. ¡Y son todos geniales!   


Tic Tac, el héroe del tiempo. 4 únicas funciones: domingos de agosto 16:45 hs. Centro Cultural de la Cooperación. Av. Corrientes 1543. Ciudad de Buenos Aires. Localidades: $ 220. En venta por Alternativa Teatral. Mas info aquí



PLANETA ÁLVAREZ 
Omar Álvarez nació y se crio en Villa Ballester, partido de San Martín. Allí se formó como actor (con el grupo de teatro vocacional de la biblioteca vecinal). Llegaría luego el tiempo de la formación como titiritero con el maestro Ariel Bufano, primero en su estudio particular y más tarde en la experiencia iniciática de lo que sería el Taller–Escuela de Titiriteros del Teatro San Martín. Durante dos años integró el emblemático Grupo de Titiriteros del teatro homónimo y hacia finales de los años ‘80 creó junto a su hermano Claudio, fallecido en el año 2011, la Compañía Omar Álvarez Títeres. Con treinta años de trayectoria, su nombre es sinónimo de excelencia, poesía y calidez artísticas. Marcas de identidad presentes también en el Centro Cultural Espacios que abrió junto a Claudio en 1997 en su Villa Ballester natal, en la antigua casa y verdulería de los abuelos de su compañera Silvia Biscione. Desde el conurbano bonaerense, la compañía que nació casi como una extensión de los juegos de infancia de dos hermanos muy aventureros, ha conmovido a chicos y grandes, con trabajos nunca convencionales, siempre arriesgados y artística, técnica y humanamente exquisitos, ganadores de numerosos premios en la Argentina y el mundo.

Más info en: www.omaralvareztiteres.com.ar

 

 

Tags: títeres, omar álvarez, titiritero, teatro para niños

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