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01-12-2017 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Niña ángel Niña monstruo

Una niña proyecta sus monstruos y sus miedos en siluetas de sombras o en juegos, siempre en silencio. Una niña con algo de monstruo, anda recorriendo el país y el mundo: asoma desde sus viñetas, se transforma en esculturas, juegos e ilustraciones y hechiza a grandes y chicos. Se llama Monstriña. Un día se cruzó en la vida de la artista María Verónica Ramírez, que sigue sus pasos.

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Por Gabriela Baby

 

“Para mí, Monstriña es como un angelito, porque todo lo que me ha traído es de total hermosura. Y vino muy, muy azarosamente. Porque yo viví 25 años con uno de los mayores creadores de personajes de la Argentina y, sin embargo, nunca tuve el berretín de tener uno propio. Dibujé desde siempre, pero nunca en plan personaje. Hasta que hace unos años, apareció Monstriña”, dice María Verónica Ramírez. El creador de personajes a quien se refiere es Caloi, autor del mítico Clemente y su pareja en la vida y en muchos trabajos.

María es artista plástica, dibujante, guionista, realizadora de cine de animación. Fue productora de Caloi en su tinta, participó con su trabajo en festivales y muestras de todo el mundo y un día, de sus manchas y sus trazos, salió Monstriña.

La niña monstruo nació en 2013, cuando Fernando Galrito, director del Festival de Cine de Animación Monstra, de Portugal, le pidió un dibujo para la sección infantil del Festival. “Empecé a hacer dibujos que gustaron mucho, y entre ellos apareció el de una niñita que interactuaba con su sombra, muy amigablemente. Y eso es algo que a mí me interesa mucho: los procesos internos humanos, las emociones, los miedos, la mirada de la psicología, del chamanismo, de las religiones en su aspecto más poético, siempre me interesaron. Y esta niñita se fue imponiendo en distintos dibujos, en distintas ideas: yo manchaba papeles y aparecía”.

María habla de Monstriña como de alguien con vida propia, independiente. Y sigue contando: “Para el año siguiente Fernando me invitó a hacer una exposición con todos esos dibujos. Ya en 2015 me invitaron a hacer una expo en un festival de Francia, en septiembre, el año de la masacre de Charlie Hebdo. Fue un festival muy significativo, porque todos los dibujantes de Charlie Hebdo habían formado parte en ediciones anteriores de este festival. Entonces, en este marco, vuelve a aparecer Monstriña. Luego hubo otros festivales y otras invitaciones: en 2015 preparé una muestra para la Usina del Arte, desde 2016 tiene su espacio, los domingos, en el diario Clarín, luego me invitaron a hacer la exposición en el CCK y ahora ¡tiene su propio libro!”


EN CASA
El CCK se ha vuelto la gran casa de Monstriña… 

Cuando me convocaron para este espacio, yo pensé que me iban a dar un pasillo o algo pequeño. Pero fui a ver el lugar y eran cinco salas. Entonces se impuso hacer algo de otro volumen. Hicimos ampliaciones y, con un realizador con el que había trabajado antes, construimos personajes en esculturas. También hicimos los artefactos ópticos, porque Monstriña tiene que ver con la animación.

Y la convocatoria fue masiva. ¿Por qué crees que Monstriña tiene tan buena aceptación?

La verdad es que no lo sé. Pero se me ocurre que suceden varias cosas. Por un lado, en el CCK hay un espacio con talleres y actividades, en donde los chicos no solo dibujan y escriben, sino que además pueden hablar de sus miedos. Porque Monstriña no es valiente: ella no les tiene miedo a esos seres que se le aparecen porque son su propia creación, y entonces sería como tenerse miedo a sí misma. Y esto tiene alguna resonancia. 

Además de las ilustraciones, hay objetos para jugar con Monstriña…

Sí. Hay juegos ópticos, cosas para tocar, que son parte del universo de Monstriña. Porque Monstriña tiene que ver con la animación y queremos dar la posibilidad a los chicos de conectarse con lo sensorial, con lo material y concreto que hace al cine, a la imagen. Estos artefactos permiten ver de dónde viene la luz, cómo se forma la imagen en movimiento, es decir, dan cuenta del origen artesanal del cine. Además, conectan con algo que tiene que ver con los oficios. Y todo esto me parece muy interesante para los pibes porque hay imágenes pero sin celular, ni tablet, ni pantallas.

Para chicos chicos, y para grandes grandes: ¿hay una edad para acercarse a Monstriña?

Monstriña no está dirigida a ninguna edad en especial y esto también es convocante, porque además ella misma no tiene edad: cuando necesito que tenga chupete, tiene chupete, pero a veces es una niña más grande. También lee, si necesito que lea. Y en el dibujo, a veces tiene el pelo más corto o más largo o menos enrulado, porque todos tenemos el pelo más o menos enrulado según el día. Esa libertad para dibujar me da mucho placer.


DE IDA Y VUELTA
¿Y qué dicen los comentarios de los visitantes a la muestra? 

Muchos dicen que Monstriña los ha invitado a conectar con su niña interna, o recuperar la infancia, o recuperar a su amigo invisible. El gobernador de San Luis, que es también artista plástico, por ejemplo, me dijo algo muy lindo: la definió como “surrealismo ingenuo”. Yo soy incapaz de clasificarla, porque creo que es parte de un proceso de vida, de una síntesis. Si la pienso mucho corro el riesgo de contaminarla y llevarla por otros caminos por donde no quisiera llevarla. De Monstriña me gusta que para mí sea una pregunta eterna.

¿Y qué dicen los chicos?

“Monstriña te amo”, dicen algunos. Una nena me dijo: “Me gusta mucho tu dibujo, es muy antiguo”. Antiguo, ¡qué palabra!, me encantó. Y tres páginas después, otro puso “tu dibujo es muy moderno”. Y todo tiene un sentido. Durante las vacaciones de julio escribieron todo, se desbordaron. Escribieron hasta las paredes, las Monstriñas, fue un descontrol de escritura porque les dimos un espacio de libertad.

Y los monstruos, ¿nunca dan miedo?

Siempre en Monstriña hay una invitación a mirar a nuestros monstruos de otra forma, porque hay mucha riqueza allí. Tiene que ver con hacerse cargo de lo propio, reconocerse en esos monstruos, no como pretensión, sino como algo natural. Entonces creo que esto es parte de esta gran aceptación que Monstriña tiene, porque hay cierta resonancia en quienes se acercan a ella. Pero no me interesa mucho analizar a Monstriña, confío más en lo que genera en cada uno.

¿Cómo te imaginas el futuro de Monstriña?

Todo lo que me trajo Monstriña es muy angelado. Y yo voy atrás de ella. Quiero decir, que no armé un personaje con el trabajo sesudo que implica armar un personaje, es decir, crearle un ámbito, una psicología, cierta mirada: no. Monstriña se ha ido revelando en el dibujo, en sus acciones. Y llega, por ejemplo, a la contratapa de Clarín, donde estuvo el Negro durante tantos años con Clemente, después de hacer otro recorrido. Yo la voy a seguir hasta que ella se canse o hasta que yo me canse.

¿Cómo?

Entre Monstriña y yo hay un pacto que tiene que ver con este modo en que apareció, así, sin querer. El pacto es que cuando ella no quiera que yo la dibuje más, no la voy a dibujar más. Y cuando yo me aburra de dibujarla, no voy a insistir con eso.

 

 


 

EL LIBRO
Monstriña, María Verónica Ramírez, Planeta (2017)

“No toda es vigilia la de los ojos abiertos”. En la solapa de contratapa, la cita de Macedonio Fernández subraya esa zona donde habita Monstriña. Entre la vigilia y el sueño, entre la noche y las pesadillas, la niña de pelo crespo, envuelta en su propio silencio, ilumina el corazón de los monstruos. Del monstruo lector que se anima a las páginas de pura Monstriña.

Poco texto y mucha imagen. ¿Quién es Monstriña?

A veces es demasiado pequeña frente a un monstruo gigante. Luego, ella se agiganta y el monstruo da risa. Monstriña a veces es azul y tiene cola de pez o de ballena, o es un ave con pico de tucán desmesurado o un lagarto con escamas gigantes.

El libro huele a nuevo, a imprenta reciente, a tinta fresca. Da placer acariciar sus páginas, observar las pinceladas, las manchas certeras y jugar a un ida y vuelta de lecturas inventadas.

Monstriña luce en rojos, en azules intensos, y vive en una zona de espejos enigmáticos, sombras enormes, monstruos irrreverentes y campantes que a veces se cuelan en su cuerpo para salir a andar por las páginas en chancletas, con moños o chupetes, siempre de entre casa. Y hay más: sorpresas indeseables debajo de la cama, en el inodoro, detrás de la puerta y del otro lado de la ventana.

Monstruos que son sombras que son monstruos otra vez y que dejan una marca certera en el corazón monstruoso del lector. Porque desde su silencio, la niña talla hondo en los temores personales, desarman y vuelven a armar esa zona íntima donde habitan el miedo real, el monstruo interior.

Para chicos, para grandes, para todos, llega la Monstriña desde su desvelo: ¿un ángel? ¿un demonio? ¿un bebé de chupete con peluca?

Como una sombra insomne, Monstriña incita a sacar el monstruo personal, el de cada uno, para que cambie de forma y de color (y hacerlo pequeño hasta que nos dé risa). Y también vino a confirmar que todos podemos ser conquistados por la ternura.

(Mientras tanto, la niña duerme y sueña con una luna de hielo en un cielo bermellón). G. B.

 


 

PLANETA RAMÍREZ
María Verónica Ramírez nació en Buenos Aires. Es artista plástica, realizadora de cine y TV, productora y gestora cultural. En 1990 creó, junto al humorista gráfico Caloi, el ciclo televisivo Caloi en su Tinta, consagrado durante dos décadas a la difusión del cine de animación de autor de todo el mundo. Desde su productora organizó exposiciones de arte, ciclos de cine, actividades de divulgación e intercambio cultural. Participó como programadora y jurado en festivales internacionales y desde 2013 realiza un importante intercambio cultural con el Festival de Animación Monstra de Lisboa (Portugal). Ha desarrollado numerosos proyectos editoriales. Como productora y directora, realizó series y microprogramas para TV y, en cine, estrenó en 2012 el largometraje Ánima Buenos Aires, que reunió a una élite de artistas argentinos -Caloi, Carlos Nine, Pablo Rodríguez Jáuregui, Florencia y Pablo Faivre, Mario Rulloni y Juan Pablo Zaramella- y resultó ganador de cinco premios internacionales. Como artista plástica participó en muestras colectivas e individuales. A lo largo de su carrera recibió importantes premios y reconocimientos: en 2015 fue distinguida con el Premio Panambí en el Festival Internacional de Cine de Paraguay por su trayectoria en la cultura y fue nombrada visitante ilustre de Asunción. En 2016 recibió el Premio a la Trayectoria en la ciudad de Buitrago de Lozoya y el Prix de la Liberté Zind Kala Wasté, otorgado por Art Presse Médias, París (Francia).

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