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01-10-2014 |

Notas y Entrevistas - Cine para chicos

Maestro de la animación

Michel Ocelot, director de la trilogía de Kirikou, visitó Argentina por segunda vez, invitado por el Festival de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud, con motivo de una Retrospectiva-Homenaje de su prolífica obra cinematográfica. Entre risas y traducciones, Revista Planetario conversó con el realizador francés acerca de su interesante vida animada.

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por Alejandra Casal

 


Con su camisa bien colorida y un acento que fluctúa entre el francés y el español, Michel Ocelot bebe un “submarino” mientras se asombra por la manera en que sirven una “leche con chocolate” al sur del mundo. Sonríe al descubrir, en sus palabras, “algo nuevo todos los días”. El reconocido director francés, que ha transitado con éxito el camino del cine de animación desde hace más de 50 años, visitó nuestro país para ser parte de la 13º edición del Festival Nueva Mirada, en calidad de invitado especial, evento en el cual recogió varios premios, entre ellos el Premio Especial “Nueva Mirada” a la Trayectoria. Con una delicada fusión entre la sensibilidad y la poesía; la estética y las diversas técnicas de animación, y contenidos de diversidad cultural, sus films pertenecen a un universo creativo único, y son un ejemplo del enriquecedor encuentro entre arte y experiencia de vida.

A lo largo de su carrera, el director de animación supo conquistar con sus películas al público cinéfilo de festivales de renombre como Cannes o la Berlinale, y recibió premios importantes como el BAFTA y el César, entre otros. Sus numerosas obras, que le han valido esta consagración internacional, se nutren de vivencias propias y se transforman en una grata experiencia audiovisual para personas de todas las edades.

La suya fue una infancia especial, entre Guinea y Francia. ¿Cómo fue crecer en dos lugares tan diferentes?

Tuve una muy buena infancia. Mis padres estaban en la enseñanza, o sea que teníamos cultura, libros… tuve suerte. Tuve una infancia excepcional porque durante el año escolar estaba en el África Negra y durante las vacaciones de verano, en Francia, lo que hacía que estuviera cómodo en todos lados. África era normal y Francia también era normal para mí. Mientras mis compañeros de clase, tanto en África como los de Francia, sólo sabían la mitad de lo que yo conocía.

En esa experiencia tan particular, ¿qué cosas lo influenciaron para sus posteriores películas?

Fui sensible a la belleza desde muy temprano; la belleza de las flores en todos lados, pero en África la belleza de la gente, los cuerpos al sol, las bellas pieles, las bellas formas. Y además, los días de festividades las mujeres estaban muy bien vestidas, excepcionalmente vestidas. Probablemente aprendí el color en África.

El color juega un rol importante en sus películas…

Sí, gracias a África, de ahí tomé el gusto por el color. Y cuando me encuentro con niños, siempre presto mucha atención a enseñarles el color, porque creo que hay una maldición en Occidente –y nosotros somos parte de eso- que es el color negro. En África, las mujeres son todas elegantes. En India, los pobres están vestidos en rosa y dorado. Y en el noroeste de Argentina también noté que hay mucho color.

¿Qué lo llevó a meterse en el mundo de la animación?

Siempre me gustó dibujar y el bricolage. Me gusta esta pequeña magia, de hacer algo con nada, con pequeñas cosas. Y siempre me gustó también hacer jugar a los otros. Lo que hago hoy con mi equipo es lo que hacía cuando tenía 10 años. Mucho juego. Juego y trabajo. Pero me di cuenta bastante tarde, hacia los 18 o 20 años, porque mi familia era totalmente extraña al cine, no teníamos ni televisión. Me gustaba el cine pero me parecía algo totalmente lejano e inalcanzable. Hasta que un día me di cuenta que nada era inalcanzable. Y que podría continuar jugando toda la vida, tratar todas las historias, poner todas mis ganas ahí.

¿Cómo surgen las historias que cuenta en sus cortometrajes y largometrajes?

Tengo dos fuentes de inspiración: muchas veces son cuentos tradicionales que le pertenecen a todo el mundo y que me dan ideas. Y la otra fuente es mi propia vida. En Kirikou y la hechicera, el principio está basado en un cuento africano. Pero a partir del momento en que Kirikou hace una pregunta que no está en los cuentos, es mi historia. Todo el resto lo inventé. Porque el cuento africano empieza de una manera magnífica, que yo tomé, y después se vuelve mediocre. El cuentista se olvida del interés del pequeño niño e inmediatamente es un gran héroe con mucho poder. Yo lo mantuve pequeño, todo chico y niño, sin ningún arma ni talismán. En el cuento tradicional, el gran héroe después mata a la bruja. Cuando leí este cuento, al principio estaba encantado, pero cuando vi que el héroe mataba a la bruja dije: “¡No! La va a amar”. Para Azur y Asmar, en cambio, inventé todo. Quise tratar un tema “caliente”; en todos los países ricos hay problemas con los inmigrantes pobres. Ahora mismo, en todo Occidente hay un problema entre el universo cristiano y el universo musulmán. Y aproveché para mostrar una bella civilización, que es la civilización musulmana antigua, que era brillante y abierta, y que está totalmente olvidada, sobre todo por los musulmanes.

¿Considera que hay temas que no se puedan tratar en las películas para niños o todos los temas pueden ser abordados desde las imágenes?

Es un tema delicado. Primero hay que decir que nunca hago películas para niños; hacer películas para los niños resultaría probablemente en una mala película y una mala acción. Los niños no necesitan comprender todo; si sólo les mostramos cosas que comprenden, no aprenden nada. Entonces doy mucha información en las películas, y son para todo el mundo. No tengo miedo de que haya cosas que los niños no comprendan, y no me perturba. Ellos sienten que no me burlo de ellos y que todo lo que digo es serio; que los tomo en serio, no los subestimo. Pero también hago las películas para los adultos. Sólo hago cosas que me apasionan. Hay muchos adultos que vinieron a darme las gracias porque los había hecho llorar. Y estoy orgulloso de eso.

Sus películas tienen una banda sonora muy interesante. ¿Qué importancia tiene la música en su obra?

Es muy importante. La música, las palabras, las voces, los lenguajes, todos los sonidos. Muchas veces los realizadores piden la música a último momento, pero yo la pido desde el principio del trabajo para que el músico pueda pensarla. Ahora que tengo un poco de dinero hago las cosas bien, hago el story board, cada viñeta escaneada para hacer el animatic. En una pantalla de animación vemos todas las imágenes que se suceden, como cuando se lee una historieta, pero no la animación en sí. Ahí sé exactamente cuánto va a durar la película. Yo mismo hago todas las voces con el animatic, aún las pequeñas líneas, y cuando termino con eso y está bien montado, se lo doy al músico para que pueda empezar a trabajar. Hay que hacer todo lo que es baile y canto antes de la animación. Y luego son los animadores los que siguen la música, son como músicos que siguen una partitura… y no hay ningún problema.

Sus films incluyen diversas técnicas de animación, por ejemplo, las siluetas de papel en el cortometraje Los Tres Inventores. ¿Cuál es la diferencia al usar la computadora?

Hace un tiempo me divertía mucho más. Las primeras figuras de papel -que hice para Príncipes y Princesas- fueron hechas sin dinero, pero de manera muy inteligente y feliz, con mucha alegría. Y eran 7 personas en el set en vez de 20. Ese grupo de 7 personas, que no tenían ni dinero ni materiales, producían dos veces más que el grupo de 20 personas con todos los medios, computadora, etc. Recientemente hice otros cuentos en siluetas sobre la computadora y ahí hice el cálculo que es mucho más rápido hacerlo con papel cortado que con la computadora. Pero eso sólo funciona bien para las siluetas negras. Para una imagen complicada como Azur y Asmar, necesito la computadora. Para que las caras puedan moverse muy lentamente, para esas personas con bella bijouterie y atuendos bordados, para los detalles, las plumas… necesito la computadora. Para mi próxima película, que va a situarse en la Belle Époque, necesito la computadora.

La mayoría de las películas de animación utilizan el recurso del 3D ahora, ¿qué opinión le merece?

No me gustan las películas en 3D, me parecen feas, no poéticas. Con Azur y Asmar intenté hacer una pequeña cosa no realista en 3D, que no escondo pero que no se nota casi. Estoy orgulloso de Azur y Asmar. Teníamos el dinero que hacía falta e intentamos hacer algo muy bello todo el tiempo. Con mi última película de siluetas negras, que se llama Les contes de la nuit, jugué con la estereoscopía. Pero nunca es algo totalmente realista, los dibujos son planos pero jugaba en el espacio; me gusta jugar con los espectadores.

¿Le parece importante la inclusión de una sección infantil en los festivales de cine?

Me gusta que haya festivales para la Infancia y la Juventud. Pero en los grandes festivales no creo que tenga que haber secciones específicas para niños. Yo soy director, nada más; hago películas. Ahora tengo marcado el “niños” en la frente y los César -que son como el Oscar francés- no quieren aceptar la animación. Por ejemplo, en Berlín no hay una sección de animación. Sin embargo, en el año 2010, Les contes de la nuit, con las siluetas negras y el teatro de sombras, participó en la Competencia Oficial. Y en 2006, de los 300 largometrajes que produjo Francia, Cannes sólo introdujo uno en competencia, mi pequeña película de animación Azur y Asmar. Entonces ahí, de vuelta, pienso que la honestidad y la inocencia triunfan.  



EL PASO POR NUEVA MIRADA 
En el marco del 13º Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud, la Retrospectiva-Homenaje a Michel Ocelot presentó la trilogía completa de Kirikou, el entrañable niño africano, sumada a otros dos largometrajes y cinco cortos prácticamente desconocidos en el país. Fue la primera vez que se presentaron en Argentina cinco largometrajes y cinco cortometrajes suyos. Además, se estrenó localmente Kirikou y los hombres y las mujeres (2012), película con la cual se inauguró el festival y que obtuvo el premio del Jurado Oficial de los Niños y Jóvenes al Mejor Film de Animación y el premio del Jurado Oficial Sección Dulces Sueños - Barrilete de Oro al Mejor Largometraje de Animación.

Su primera visita al país fue en 2001, también como invitado por el Festival de Cine Nueva Mirada, en una edición realizada en Mar del Plata. De aquel primer viaje recuerda que “la Argentina estaba muy mal y me pareció admirable que se siga haciendo un festival con películas para niños. Admiré que no se cortara y que se continuara la lucha. No había plata en la Argentina, se pagaba con bonos… ¡y continuaba el festival!”, comenta, sorprendido.



 

PLANETA OCELOT
Nacido en la Riviera Francesa, Michel Ocelot pasó su niñez en Guinea y luego vivió en París, donde comenzó a dedicarse a la animación. Todos sus trabajos, desde los comienzos, están basados en sus propios guiones y dibujos. Entre sus cortometrajes se destacan Los Tres Inventores (1980), que obtuvo el BAFTA al Mejor Film Animado en Londres, seguido por La Leyenda del Pobre Jorobado (1983), que ganó el premio César al Mejor Cortometraje de Animación, en París. En 1998 alcanzó el éxito de crítica y público con su primer largometraje: Kirikou y la hechicera. Luego realizó Príncipes y Princesas (2000), basada en antiguos cuentos de sombras, y Kirikou y las bestias salvajes (2005). Azur y Asmar, su cuarto largometraje, fue seleccionado para la sección Quincena de Realizadores del Festival Internacional de Cannes en 2006. Con la técnica del teatro de sombras, y por primera vez en 3D, su film Los cuentos de la noche fue seleccionado para la competencia oficial de la 61º edición del Festival Internacional de Berlín (Berlinale). En 2012 completó la tercera película de la saga Kirikou y los hombres y las mujeres. También dirigió el video musical Earth Intruders para la cantante islandesa Björk y fue presidente de ASIFA (International Animated Film Association) de 1994 a 2000. Actualmente trabaja en un nuevo largometraje ambientado en la París del 1900.

 

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