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01-08-2004 |

Cultura - Madres y Padres

Maestro de Arte

Paciente pero al mismo tiempo un gran hacedor. Así es Pepe Cáceres, el artista plástico que desde hace 15 años coordina su propio centro donde dicta talleres para chicos de todas las edades. Ahora, prepara la mudanza a un espacio más grande donde proyecta crear una carrera artística en base a la práctica en talleres, recuperando la tradición de los grandes maestros.

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Por Ariel Saidón



Su taller es el de una gran cantidad de pequeños artistas que van allí cada semana a realizar sus propias obras. Durante casi tres horas los chicos pintan, aunque también realizan objetos y construcciones con distintos materiales.

Pero las clases en el Centro de Arte y Educación Pepe Cáceres, no son como en cualquier lugar. No sólo por el uso de materiales tan diversos como el telgopor, la madera o los mosaicos venecianos. La propuesta es que los chicos compartan el taller con los artistas, realizando su propio trabajo pero también observándolos trabajar. “La idea no es que los chicos vengan, pinten un rato y se vayan. Sino que en el taller pasan otras cosas. La vida misma pasa por el taller del artista”, dice el artista.

Antes que enseñar a hacer, prefiere mostrar cómo hace, hacer de nexo para la concreción del propio proyecto. La diferencia entre un profesor y un maestro de arte.

Siguiendo esa misma línea de trabajo, un poco a pedido de sus propios alumnos que fueron creciendo y de adultos y adolescentes que se le fueron acercando, Pepe Cáceres se propuso sistematizar la enseñanza del arte visual en base a la práctica en diversos talleres. Alquiló un lugar más grande, en Acevedo y Gorriti, donde piensa crear el CAYE (Centro de Arte y Educación), una suerte de escuela artística donde dar respuesta a esa necesidad.

“La idea es que en este nuevo espacio, jóvenes y adultos puedan aprender todos los oficios que encierra el trabajo del artista, donde haya talleres de pintura, escultura, grabado. Queremos recuperar la historia de los talleres de los grandes maestros, que en Argentina comenzaron a decaer después del Proceso. Pero el proyecto es mucho más ambicioso e incluye la posibilidad de tener un microcine e instalar una imprenta donde se editen libros de colección”, describe Cáceres.

¿Por qué es importante que los chicos tengan este contacto con el arte?

Hay una razón que me parece decisiva. La escuela actualmente prepara a los chicos para ser eficientes y cada vez hay mayores falencias de lo creativo. De lo que se trata es de utilizar una herramienta que está instalada en la escuela, para despertar, desarrollar y anclar una serie de elementos que tienen que ver con lo creativo. De manera tal que cuando un chico tenga que decidir sobre las cosas de la vida esté más equipado, que tenga la actitud de encarar con nuevas ideas, viejos y nuevos problemas. Eso es lo que nos enseña el arte. Pintar, dibujar, hacer esculturas son prácticas. La idea es que si nosotros logramos transferirle a los chicos información que venga del mundo del arte, de manera vivencial, no enciclopédica, lo más probable es que les estemos dando una herramienta que después pueden usar en todos los aspectos de su vida. Porque, en todo caso, la mejor obra de arte que una persona puede realizar es su propia vida.

¿Cuál es la diferencia entre este “vivir como artista” y vivir siendo artista?

No hay tal diferencia. El artista es un tipo con su cabeza atenta todo el tiempo a lo que sucede a su alrededor. Está siempre observando y pensando qué cosas le pueden servir. Los músicos, por ejemplo, están atentos al menor sonido. Lo vemos cuando hacen una improvisación a partir de una nota que les tiró el otro. Eso es creación pura. Pero todo el mundo tiene la capacidad de crear, en todos los ámbitos de la vida. El artista Joseph Beuys decía que el arte tenía que pasar por lo social de manera tal que los hombres adquieran la capacidad de modelar la sociedad como el escultor modela la arcilla.

Esa es la línea que nosotros seguimos. Vos ves que yo trabajo con mis hijos y que hay una continuidad no solamente en el oficio, sino también en la manera de transmitir la información. Esto no es un oficio, ni es una profesión, es una vocación que está andando…

En tu caso, ¿cómo se dió el descubrimiento de la vocación?

Creo que fue lo único que me entusiasmó en la vida, más allá de amores arrebatadores que tuve como la ciencia y la ingeniería. Los primeros recuerdos que tengo son de cuando yo tenía 4 años y era muy observador de un señor que vivía en la misma casa que yo y que hacía acuarelas. A mí me parecía magia que el tipo dibujara y pintara, partir del papel en blanco y transformarlo en imágenes. Y siempre me quedó grabada esa sensación.

Esa vivencia es la primera que yo incorporé en el taller. Yo le pido a todos mis maestros que muestren cómo dibujan y cómo pintan. Porque esto va más allá de una anécdota: cuando alguien te ve hacer, te ve concretar en el espacio o en el plano algo, siente algo diferente. Eso a nosotros nos abre las puertas para trabajar con los chicos.

Muchos de tus alumnos vienen al taller desde muy chiquitos, ¿cuándo llega el momento de cambiar de maestro?

En muchas escuelas nosotros tenemos la experiencia de haber trabajado con chicos desde jardín hasta séptimo grado. Ellos no son expertos en arte, son sensibles a sus cualidades artísticas y tienen la actitud de observación del artista. Cada uno tiene su proyecto pero conservan ese espacio que fue durante muchos años un espacio de gratificaciones, de encuentro, de contacto. El hecho de haber sido siempre sus maestros nos permite observar su evolución y para ellos, nosotros somos un referente. Algunos vienen y me cuentan: Pepe, me enamoré…

Pero el caso de los chicos es distinto al de una persona que viene a estudiar arte y que generalmente tiene un tiempo. Es también mi trabajo darme cuenta y decirles cuando se terminó conmigo. Ahí es donde uno tiene que tener muy claro su rol. Porque un maestro no retiene, suelta. A diferencia de un profesor que da una lección de color y despues evalúa, el maestro de arte hace lo posible para que vos descubras tu propio color.

Decías que tuviste amores fugaces con otras disciplinas…

Yo soy técnico electromecánico, egresado de una escuela industrial. Y después estudié ingeniería de obra. Por lo tanto tengo un entrenamiento, al menos en los principios básicos de la ciencia, en forma más o menos sólida. Después me fuí metiendo cada vez más en el mundo del arte, pero la matemática, la física y la química, me siguen apasionando. En definitiva, la ciencia, no es más que otra forma en la que se manifiesta la creatividad del ser humano. Y es igualmente fascinante.

En el taller de Pepe Cáceres, sus dos pasiones están siempre presentes. “La ciencia es un aspecto que siempre aparece en el taller, trabajando con los chicos. Porque siempre hay una explicación física o química de cada cosa. Por ejemplo, cuando calentamos la herramienta para cortar telgopor”, describe. Y cuenta que como estudiante de ingeniería “quería especializarme en puentes y caminos”. Paradojas de la vida, hoy es un maestro de arte que tiende puentes y orienta en determinados caminos.


Planeta Cáceres

Tiene una trayectoria como artista plástico de más de 30 años en los que pasó por diversas escuelas, desde la pintura expresionista hasta el arte madí (actualmente está exponiendo en una muestra colectiva en el C. C. Borges). Realizó exposiciones en los principales museos y galerías del país y mostró su obra en Brasil y en Europa con gran aceptación.

Además de haber pasado por los talleres de diversos maestros, su formación incluye cursos de teatro y más de la mitad de la carrera de ingeniería. Como docente trabajó en diferentes universidades, aunque dicta talleres para niños desde 1975. Actualmente es coordinador de arte en varias escuelas y dirige desde hace 15 años el Centro de Arte y Educación Pepe Cáceres, donde trabaja junto a su hijo Martín y Agustina Mórtola. Además, todos los años participa con sus talleres en la Feria del Libro y la Feria del Libro Infantil y Juvenil.


Por la paz

Convocado por el Ministerio de Justicia para coordinar la realización de un Monumento a la Paz, Pepe Cáceres se juntó con otros artistas para idear el proyecto. Para el diseño y la realización, Cáceres convocó a los artistas Pedro Rot, Alberto Desponti y la arquitecta Miriam Fauerbaum. “Ni bien nos juntamos supimos que el tema tenía que ser la educación, y nos pusimos a pensar cuál era el objeto que más la evocaba. Luego elegimos utilizar un concepto del Pop Art dándole categoría de obra de arte a un objeto cotidiano, elevando sus dimensiones.”

El monumento, que se va a emplazar en la Plaza Ejército de los Andes en Fuerte Apache, será la réplica de un pupitre, ampliado en cinco veces su tamaño. En la base, estará el preámbulo de la Constitución Nacional y los nombres de víctimas de la delincuencia y el gatillo fácil. “Los conceptos de paz y de justicia, están íntimamente ligados a la educación”, dice Cáceres para justificar la elección del objeto. Para realizarlo se necesitarán, según los cálculos del artisa, 125 m3 de hierro que se obtendrán de la fundición de más de 7 mil armas tomadas a la delincuencia en diferentes operativos.


Venecitas

A fines del año pasado se creó un nuevo espacio en Palermo Viejo dedicado al arte realizado con mosaicos venecianos o arte musivo. A cargo de la Fundación Italo Rinaldi, el espacio es una iniciativa de la empresa argentina Murvi, con la idea de recuperar un uso que siempre tuvo el material, más allá del que se le da en la construcción. Otra Mirada se llamó la muestra colectiva de la cual participaron artistas de renombre que trabajaron con estos materiales (Luis Felipe Noé, Hernán Dompé, Renata Schussein, Luis Alberto Wells, entre otros).

Realizando su obra “Arena, fuego, vidrio” Pepe Cáceres descubrió la esencia del material, que lo fascinó por su historia, su particular proceso de producción y hasta por su nombre. “Cuentan que la palabra mosaico deriva de la voz griega Musa -de ahí lo de arte musivo-, y acaso ellas son las que nos permiten el permanente diálogo entre el pasado y el presente, ratificando continuamente su filiación”, dice.

Esa experiencia le sugirió la idea de realizar un trabajo con los chicos y propuso la realización de talleres gratuitos para las escuelas en ese espacio, además de haberlo incorporado como material en su taller. “Nosotros descubrimos que para los chicos es bárbaro. Además de conectarse con un material que se hace casi artesanalmente, con arena, fuego y algo de color, desarrollan la psicomotricidad fina. Porque tienen que hacer coincidir cuadradito por cuadradito, combinando medidas y colores, generando distintas formas a partir de una forma común como es el cuadrado.”

Los talleres se realizan los lunes por la tarde en Espacio de Arte Musivo - Murvi (Darwin 1038) y las escuelas deben anotarse con anticipación llamando a los tel. 4854-8091 ó 4832-1565.

 

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