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01-01-2012 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

“Los cuentos son un anclaje en el mundo”

A partir de su experiencia como promotora de la lectura, la escritora y pedagoga colombiana Yolanda Reyes sostiene que es necesario transmitir la pasión por los libros desde los primeros años de vida. Y que en esa tarea es fundamental el rol del Estado.

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Por Gabriela Baby



 

No se trata de la lección de literatura. Ni del recitado de memoria. Se trata de transmitir el amor a los libros. Sobre todo, se trata de plantar la semilla de la pasión lectora en chicos pequeños. Para que dé sus frutos cuando el niño madure. Para que contagie también a su familia. Desde el lugar de lectora apasionada, la pedagoga y escritora colombiana Yolanda Reyes predica una propuesta teórica y práctica para que leer sea una acción más de la crianza, y además, respaldada por el Estado. 

Usted dice que la lectura en niños pequeños cambia radicalmente su vida de adultos. ¿Podría explicar esta idea?

Yo he ido descubriendo, de tanto trabajar en el campo de fomento a la lectura y en pedagogía de la lectura, que lo que haces en primera infancia determina en gran medida el éxito en el acercamiento a la lectura alfabética y al mundo de los libros. Incluso las investigaciones desde otros ámbitos han señalado que lo que se haga en los primeros años es determinante. Jammes Heckman, el Premio Nobel de Economía de 2000, dice que todos los niños nacen en condiciones similares y que la primera infancia los discrimina para siempre. Entonces, desde distintos ámbitos como la pedagogía, la política, la economía y por supuesto desde la neurolingüística y la psicología, se ha descubierto que muchas de las operaciones que hacemos cuando aprendemos a leer en el sentido alfabético están ancladas, están enraizadas en los primeros años de vida. 

¿La experiencia lectora de un niño pequeño es la puerta de ingreso a la cultura?

La experiencia de haber escuchado historias, de haber escuchado una voz, ese contacto con la musicalidad de la poesía, con las canciones de cuna, y en general todo lo que se haga o se deje de hacer en los primeros años de vida afecta el derecho a la educación de cada niño, porque le permite o le obtura el ingreso a un mundo de libros. De manera que contar cuentos está intrínsecamente ligado al derecho a la educación. Porque el cuento es un anclaje en el mundo. Leer es permitir que el derecho a la educación se ejerza en las poblaciones. 

Necesitamos la lectura en la primera infancia: si sólo llevas al libro y al niño no pasa nada. La lectura en la primera infancia es como un ménage à trois, una relación entre el niño, el adulto y los libros. Porque un niño, al igual que un adulto, lee o pide que lean para conocer algo particular de la vida: un sentimiento, una ocurrencia, una anécdota, una moraleja también. Y transmitir vida es el valor de la palabra. 

¿Cómo funcionan los talleres de lectura para niños pequeños?

En Espantapájaros (el taller que Reyes dirige en la ciudad de Bogotá) empezamos a trabajar en talleres de lectura con bebés de 8 meses, leyéndoles: ellos van con sus madres, padres o cuidadores y miran libros, cantamos y hay diversas actividades con libros. Es un programa especialmente enfocado a los más pequeños que continúa a medida que crecen. Espantapájaros tiene un jardín y siguen hasta los cuatro o cinco años, pero eso no importa, pues algunos se van a los 2 o a los 3, pero el trabajo con la lectura se queda ahí; y lo ves. Si haces el seguimiento de sus historias de vida, notas que hay algo que pasó ahí, en ese momento de la vida, y no vuelve a pasar. La ensoñación, la magia, el juego, la familiaridad con la que los niños empiezan a ser parte de la vida en un sentido muy profundo pasa ahí; sucede. 

¿Cómo interviene la política, el Estado, en ese proceso?

La política tiene que saber qué significa leer en términos amplios. Porque el desciframiento simbólico es importante pero hay otras cosas previas que también son importantes. Y en esto es fundamental el rol del Estado, que, por un lado, crea la infraestructura para que los libros y los niños se encuentren pero además tiene que dar otros elementos. Porque no se trata solamente de dar un espacio con estanterías y fichar los libros. Cuando eso está listo, recién empieza la verdadera tarea, que es pensar cómo se hace para que ese libro que está en la estantería, sea llevado al corazón y a la psiquis de un niño. Ahí empieza un trabajo con las bibliotecas, con los maestros, con la familia… Porque también ocurre que todos dicen que leer hace bien, que es buenísimo, pero no conocen a los autores, ni a los libros, ni tienen una idea de lo que significa leer, más allá del interrogatorio académico: estudiar idea principal, nudo y desenlace. Leer es algo más. Algunos lo saben, otros no. Entonces hay que cambiar esa película, y poner a los libros en relación con los chicos y los padres: es una relación de tres, un triángulo amoroso. Porque para que el niño y el libro se encuentren de verdad, necesitamos del abrazo del adulto que los englobe. A veces hay que sembrar en el adulto ese deseo, mostrar que la lectura y la literatura pueden servir para la vida… servir en un sentido muy amplio, para los encuentros. 

¿Por qué muchas personas viven alejadas de los libros a pesar que dicen que es bueno leer?

Mucha gente piensa que los libros son objetos para ciertas elites que saben leer, y que ellos por razones históricas, culturales y de clase no tuvieron eso. Y ahí también la primera infancia es importante porque los libros son casi sin textos, o con muy poco texto. Y esto hace que un adulto que es analfabeto, o analfabeto funcional, pueda abordarlos. Entonces el chico lleva libros a los adultos, de alguna manera posibilita la entrada de libros a la casa. 

Padres que son entrenados como lectores por sus propios hijos. 

Antes yo pensaba que los niños se hacen lectores por los padres, pero ahora estoy a punto de pensar que hay padres que se hacen lectores por los hijos. 

Es un cambio de cabeza en los maestros, también.

Porque son maestros que vienen al sistema educativo educados desde otro lugar. En Colombia se dice: “la letra con sangre entra”. ¡Imagínate el lugar de la letra! Bueno, ahora no se dice tanto, pero hasta hace unas dos generaciones así se enseñaba, no con sangre, pero sí con castigos. Y leer está asociado a moralejas o castigos. 

A veces se lee bastante, sobre todo en la escuela primaria, pero usted propone una manera particular de leer.

Cuando la literatura se convierte en objeto de estudio, muchas veces pierde la materia viva que siempre es y que, además, es la que nos hace escribir a los escritores y leer a los lectores, no a los académicos. Pero digamos que si vas a la universidad y tienes un piso emocional y todo eso te conmueve, pues diseccionas el sapo y no pasa nada: sigues viendo la materia viva que hay allí. Es como el cirujano que puede ver a la persona y no sólo al conjunto de órganos a operar. Para mucha gente la literatura no es algo vivo, esa noción se adquiere, se internaliza, en la primera infancia. Por eso en primera infancia hay que sembrar, sembrar y sembrar…

 

 

 

 


 

PLANETA REYES

Yolanda Reyes nació en 1959 en Bucaramanga, Colombia. Estudió Ciencias de la Educación con especialización en Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá. Realizó estudios de postgrado en Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid. Es directora y fundadora de Espantapájaros, un proyecto cultural de animación a la lectura y directora de Nidos para la lectura, una colección de literatura infantil bajo el sello editorial de Alfaguara. Es autora de El terror de Sexto B (1995), que recibió el premio Fundalectura, María de los Dinosaurios (1998), Los años terribles (2000), Los agujeros negros (2000) que participó en la colección Los Derechos de los Niños, un proyecto de UNICEF y Editorial Alfaguara. También escribió Una cama para tres (2001) y Pasajera en tránsito (2012), primera novela de la autora dirigida al público adulto. Además ha publicado artículos especializados en lectura en primera infancia.

Más info: www.espantapajaros.com

 

 

 


 

 

REYES DIXIT 

“Todo comienza en una habitación iluminada por una lamparita, con alguien que nos cuenta un cuento. O más atrás, con una voz que nos arrulla cuando aún no tenemos las palabras. (…) Nos marcan con un nombre, entre la infinidad de nombres, al que le vamos dando cara, lentamente, y nos entregan unos apellidos que amarran el pasado y el presente y que legaremos al futuro. 

Quizás por ser parte de una saga escrita con palabras, necesitamos ser nutridos, no solo con leche, sino con esas envolturas -historias, cuentos y poemas- que logran reunir a los que están llegando con los que llegaron hace tiempo y con los que ya se fueron. (…) Para evitar quedarse solos y librados a su suerte, entre esos monstruos que pueblan las infancias, los niños piden un cuento y otro y otro... Además del contenido de la historia, los cuentos y la voz son el pretexto para mantener a los seres queridos literalmente sujetos entre esa urdimbre de palabras que dan cuenta de la odisea por construir sentido. 

Quizás cuando crecemos seguimos leyendo para revivir ese ritual, ese triángulo amoroso que cada noche unía tres vértices: un niño, un libro y un adulto. En esa escena primigenia está la clave de los proyectos de lectura. De un lado, están los libros. Del otro, los lectores. Y, en la mitad, esas figuras que en el lenguaje técnico se denominan ‘mediadores’ -bibliotecarios, padres, maestros, libreros, editores y promotores-, cuya tarea es oficiar encuentros inéditos y siempre en construcción entre un libro y un lector.” 

Yolanda Reyes, en “Formar lectores... ¿o pasar exámenes?", Diario El Tiempo, 2 de mayo de 2011, Bogotá (Colombia).

 


 

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