Agenda


Hoy, Martes 17 de Septiembre

ver día completo

Separador

01-04-2002 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Leo Dyzen

Leo Dyzen es uno de los tantos actores jóvenes que están renovando la escena del teatro para chicos en la Argentina. Hace nueve años comenzó a recorrer escuelas y salas teatrales cargado con historias y canciones, a la manera de un juglar medieval. Su espectáculo, “Historia de un amor exagerado”, estuvo nominado al Ace, ganó el premio Getea 2001 y arrasó en el último Festival de Espectáculos para niños de Necochea.

Comentar

Por Ariel Saidón



Desde un principio, Leo Dyzen eligió adaptar textos provenientes de la literatura contemporánea para chicos utilizando diferentes lenguajes artísticos. Su último espectáculo, Historia de un amor exagerado, es su propia adaptación de un cuento de Graciela Montes. Estuvo nominado al Ace, ganó el premio Getea 2001 y arrasó en el último Festival de Espectáculos para niños de Necochea donde obtuvo 5 premios (obra, dirección, actriz, resolución escénica y Argentores de oro).

En la obra, que reestrenará a mediados de abril en el Teatro Payró, el personaje del juglar fue reemplazado por una murga que, a la manera de un narrador colectivo, cuenta la historia de amor de dos chicos del barrio de Florida.

¿Cómo surge la imagen del juglar en tus espectáculos para chicos?

Yo siempre había sentido fascinación por la cultura medieval y decidí tomar al juglar como modelo de trabajo, como una imagen inspiradora, porque es un personaje previo a la división de lenguajes moderna y, a la vez, tiene que ver con el imaginario que a mí me interesaba: un artista itinerante, que canta, que cuenta, que actúa, que toca, que lleva sus elementos encima con historias y con canciones. Y con el público infantil no puede privilegiarse exclusivamente el nivel textual. Los chicos tienen un uso muy particular del lenguaje: extraño, quebrado, sonoro, raro. Eso te exige trabajar desde lo musical, lo visual, lo narrativo y lo actoral.

En Historia de un amor exagerado, ya no es el juglar el narrador de la historia sino que ésta queda en manos de una murga…

Un texto dicho entre una o dos personas es distinto a que lo cuenten siete. En ese sentido, era necesario hacer un trabajo de adaptación mucho más grande. La obra cuenta una historia de amor de dos chicos del barrio de Florida, que termina involucrando a todo el barrio. Como Romeo y Julieta, es una mezcla de lo individual con lo social. Y me parecía que a esa historia le correspondía que sea un grupo el que la cuente. Siguiendo la tradición del teatro popular recurrí a la murga que, a diferencia de la comedia musical más anglosajona, es una síntesis rioplatense del canto, el cuento y la actuación.

¿A qué se debe tu preferencia por adaptar historias provenientes de la literatura?

Uno de los vicios del teatro infantil, a diferencia del teatro para adultos, es la idea de que uno puede carecer de texto, que es suficiente con desarrollar la situación escénica. Todos los actores tenemos esa cualidad de improvisar, inventar historias y contarlas. Pero eso, que es fantástico como técnica actoral, a veces puede resultar muy pobre. El problema es que hay muy pocos dramaturgos para chicos: M. I. Falconi o Adela Basch, entre otros. Pero paradójicamente hay muchos narradores: Graciela Montes, Silvia Schujer, Gustavo Roldán, Laura Devetach, M. E. Walsh, Elsa Borneman. Entonces, ¿por qué me voy a poner a inventar historias si hay un montón de gente que lo ha hecho muy bien? ¿por qué no me voy a apoyar en terreno sólido?. Serrat dijo alguna vez que cuando necesitaba palabras recurría a Machado y a José Hernández. Como los chicos, uno aprende a hablar copiando a quienes saben hablar.

¿Cómo elegís los textos y los autores?

Empecé a trabajar con la obra de M. E. Walsh porque me pareció el mejor material, por reunir lo musical y lo teatral y por su caracter poético no infantil. Manteniendo la idea de trabajar con la literatura argentina contemporánea, y después de leer mucho, tomé la obra de Graciela Montes por su dramatismo, por su poética en el lenguaje, por su concepción tan poco infantil de la literatura y del chico.

¿Qué significa una poética no infantil para los chicos?

La idea de lo infantil, de que el chico requiere un tratamiento distinto, es algo bastante reciente en la historia de la humanidad. Hasta cierto momento, los chicos consumían lo mismo que los adultos. Había una concepción menos pacata sobre lo que podían ver o cuáles eran los temas permitidos para ellos. Pero después, para preservar a los chicos del mundo del trabajo, surgió la educación y se empezó a entender a la infancia como algo diferente.

Al teatro infantil muchas veces se le pide que sea didáctico, pedagógico, moralmente aceptable. Y, en algún sentido, esta concepción del teatro como recurso se choca con la idea de arte. Porque el arte no está hecho ni para estimular la lectura, ni la solidaridad, ni el cuidado del medio ambiente de un modo directo. La Piedad, por ejemplo, genera valores humanos, compasión. Pero Miguel Angel no la hizo para venderle a nadie la idea de ser bueno, sino que ofrece un objeto artístico que impacta y que, en todo caso, cada uno lo procesa y elabora sus propias premisas. Yo intento hacer un teatro amplio, popular, que no es para chicos sino que incluye a los chicos. En el sentido de que ellos tienen otros mecanismos perceptivos y este teatro los tiene en cuenta, los abarca y trabaja con diferentes lenguajes.

¿No hay diferencias en cuanto al contenido?

Yo creo que, a priori, ningún contenido les está vedado a los chicos. Generalmente se supone que la sexualidad, la muerte o la violencia no son convenientes. Sin embargo, los chicos están permanentemente en contacto con estos temas. Es parte de su vida, de su casa, de su familia, de la calle, de la televisión. Entonces, ¿de qué hablamos? ¿En todos estos lugares sí pero en el teatro no? Depende, en última instancia, del artista si quiere meterse o no con determinado tema. Hay que pensar que una gran parte del público en un espectáculo para chicos es adulto y los chicos, cuando perciben que el adulto se divierte, también disfrutan aunque no lo entiendan, porque están decodificando el mundo y lo hacen de una manera asociativa y poética.

¿Cuál sería entonces la diferencia entre el teatro para chicos y el teatro para adultos?

Me parece que nadie se tomó el trabajo de definir qué es el teatro para chicos. Yo en todas partes digo que ningún arte se define por su consumidor. Nadie puede decir que la Gioconda es para un determinado público, por ejemplo. Se ve en el caso de lenguajes universales como la danza o la música que son tanto para un chino, un negro, un chico, una mujer, un sordo o un ciego. Definir una obra por el público consumidor se asemeja a una idea de marketing moderno, como pensar cuál es el target. Y el arte tiene otras motivaciones.

Comentar

Compartir

Separador
Separador

Notas relacionadas:

2010-05-01 | Teatro

Fantasías posibles

2003-08-01 | Teatro

Los Cazurros

2014-09-02 | Teatro

Lo mejor del Teatro Musical

Separador
 
Separador
Separador

© Copyright 2019 Planetario Producciones SRL | Todos los derechos reservados