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01-12-2009 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Las manos mágicas

Nacido en Córdoba y criado entre títeres, Quique Di Mauro dice que la magia de su oficio sucede cuando los muñecos miran al espectador, los personajes hablan a través del actor y los chicos sienten que el cuento está en sus manos. Heredero del clan fundado por su padre y su tío, Héctor y Eduardo, su trayectoria lo ha convertido en uno de los referentes nacionales del teatro de títeres.

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Por Celina Alberto



¿Por qué sos titiritero?

Tengo la suerte de ser titiritero por varias razones, pero sobre todo porque empecé a ver títeres cuando era un nene. Yo era tremendamente tímido, de esos chicos que ni se animan a contestarle al títere, pero me encantaba ver las funciones. Por eso siempre me gustaron más los teatros de títeres de caja, que trajo a la Argentina Federico García Lorca. Porque cuando se abrían las cortinitas había que ver qué había decidido mi viejo que iba a salir de ahí.

¿Cuándo decidiste seguir la profesión de tu padre?

Con mi primo Daniel, hijo de Eduardo, trabajábamos desde chicos en cumpleaños y fiestas y a los 19 años decidimos meterle para adelante con los títeres, profesionalmente. Hace más de 30 años ya de eso. El se quedó en Venezuela en el viaje que hicimos, en 1975, y sus hijos también son hoy titiriteros.

¿Nunca imaginaste otra carrera?

Antes de esto estudié historia. Me faltaron tres materias para ser licenciado pero por un problema con los militares en esa época, tuve que cortarla y nunca me recibí. En realidad lo que yo quería era tener cultura general, en el fondo siempre pensé que iba a vivir de los títeres.

¿Qué cosas no pueden hacer los títeres?

Pueden hacer todo lo que se le ocurra al titiritero que los manipula. Un títere es un objeto intermediario para una comunicación entre el titiritero actor y el público. Si no hay comunicación entre ellos, estás jodido. Y cuanto más conozco otras técnicas, más me gustan los títeres de guante, porque la mano del titiritero hace circular sangre, es vida dentro del títere, a diferencia de las marionetas u otro tipo de muñecos en los que el titiritero está afuera.

¿Cómo es la relación entre el titiritero y sus títeres?

Uno construye el muñeco o no. Yo por ejemplo no los hago, los manipulo. Algún artista plástico los fabricó. Con algunos me encariño muchísimo y otros los tengo ahí. Una vez le preguntaron a Javier Villafañe cuánto se demoraba en fabricar un personaje y él contestó que hay personajes, títeres, que uno los mira, se los pone en la mano y ya sabe quién es, cómo se llama, cuál es su forma de ser. A otros en cambio, uno les busca la vuelta y nunca terminan de decir lo que se puede hacer con ellos. Tengo un montón de títeres, pero hay unos pocos por los que tengo una predilección especial, sobre todo títeres de guante fabricados con papel maché, hechos por mi padre 30 años atrás, y los sigo usando. A veces hay que darles una pintada, lavarles la cara.

¿Hay alguno al que le tengas especial afecto?

Tengo un presentador que es un payasito. No le puse nombre, no me animo. Todo el mundo me dice que cuando lo hago no actúo, porque soy yo. Puedo hacerlo tres minutos o dos horas si hace falta. Ni siquiera le tengo que cambiar la voz. Me lo pongo en la mano y ya está, no necesito libreto. Es un títere muy raro porque se maneja con las dos manos, es una técnica mixta de guante y varilla, y lo trajo mi papá de la ciudad de Dresden, en 1960. Estuvo guardado mucho tiempo y un día se lo robé a mi padre. Ahora baila cuarteto como la Mona Jiménez, es fantástico.

¿Cómo se empieza el trabajo cuando ya tenés el títere?

Yo siempre digo que los títeres son como los hijos: uno quiere que salga una cosa pero después son lo que ellos tienen ganas. Es una pelea. Yo los miro, y si no me miran, no los uso. El títere es un objeto que utilizo como excusa para comunicarme por eso, siempre digo que se puede construir el títere como uno quiera, que salga fiero el traje o esté mal pintado, que tenga sombrero o no. Pero los ojos tienen que mirar, eso es vital y es lo último que se hace. Para que haya comunicación, lo que se haga tiene que ser convincente y creíble. Si los miro a la cara entro en una comunicación increíble, por eso mi títere los tiene que mirar.

¿Cómo funciona esa ilusión del teatro de títeres, por qué gusta tanto?

Los chicos se vuelven locos y los padres los usan como excusa para ir ellos también, a veces caen con bebés de cuatro meses a las funciones. Esta tradición empezó por varios motivos. El primer festival nacional de títeres se hizo en Córdoba por ejemplo, organizado por mi tío y mi padre, en 1970. Argentina es el país donde más se ha desarrollado el movimiento titiritero en toda América Latina, y Córdoba es la capital. Hay más de 500 grupos profesionales en el país y 60 están en la provincia de Córdoba. Hay títeres en todas partes, cantidad de festivales durante todo el invierno.

¿Cómo hicieron los títeres para sobrevivir después del cine, la tele, la playstation?

Cuando el chico mira la tele o va al cine, sabe que no puede darle vuelta a la historia. Está viendo pasivamente un cuento que ya está hecho. Con los títeres es otra cosa, tengo cantidad de anécdotas con chicos que están consustanciados completamente con la historia, participan, se involucran.

¿Cuáles son los gajes de tu oficio?

Somos trabajadores independientes. Si nos enfermamos no sólo no hacemos funciones, sino que tampoco cobramos y además la gente nos reta. Con la gripe A no sé cuánto Tamiflú vendieron, pero nosotros perdimos muchísimo. Por otro lado, en algunas crisis, los titiriteros juglares pudimos huir a otras provincias y sobrevivir mientras acá los empleados públicos pasaban tres meses sin cobrar. Esa posibilidad de emigrar es lo que hizo que ahora haya una invasión de titiriteros argentinos en España.

¿Dónde está el circuito que los sostiene, además de los festivales?

Hay muchas maneras de vivir de esto. En una época vendía en las escuelas, ahora no lo hago más. Me quedo en mi casa a esperar que me inviten a festivales o teatros, hace muchos años que trabajo y me llaman para hacer esto. Lo de ir a hablar con la portera para ver si la directora te atiende, ya lo hice. Y ganaba piropeando a la portera.

¿Te irías a Europa a trabajar?

Ya lo hice, más de una vez, pero me gusta más Córdoba. Es impagable, pero es porque soy cordobés. Somos campeones de Primera B, bizarros totales.

¿Los titiriteros están un poco locos?

No, los actores de carne y hueso están más locos que los titiriteros. Tendríamos que ser primos hermanos, pero hay una gran diferencia en la forma de ser. Los titiriteros somos más familieros y vivimos de esto. Muchos actores en general no viven del teatro. De los 500 grupos de títeres que hay en Argentina, 400 viven de sus funciones porque sabemos que tenemos que parar la olla. Somos como una tribu.

¿Qué es lo mejor de tu profesión?

El encanto del teatro de títeres de guante es que con una soga y una frazada ya te armaste el teatro. Hay un cuento de Javier Villafañe, en el que un día el titiritero llegó a la plaza y todos le preguntaron: ¿dónde está el teatro? El titiritero contestó: lo estoy buscando. Al rato miró dos árboles, tendió una soga y colgó una tela para hacer su función, y todos lo aplaudieron



Planeta Quique

Quique Di Mauro nació el 6 de febrero de 1953, a dos cuadras del Mercado Norte de Córdoba, en la casa de una partera. “Me desteté con los títeres. Yo no iba a ser titiritero, pero de todas maneras, a mi primo Daniel y a mí nos empezó a ir bien con esto en la adolescencia. Nos pusimos un nombre espantoso, Robespierre, para trabajar en cumpleaños y fiestitas. Estuvimos un año así, trabajábamos en el Cerro de las Rosas. Después nos cambiamos el nombre a El Candelabro y en 1975 nos pusimos El Telón y salimos en la primera gira latinoamericana. En esa época no había ni teléfonos en los lugares a donde íbamos. Mi familia me mandaba cartas a las casas donde suponían que íbamos a ir y la gente se enteraba que estábamos en camino porque las cartas llegaban antes que nosotros. Ahora en cambio las giras se arman en un rato”.

Además de sus giras por todo el continente y por España, Quique ha desarrollado parte de su carrera y sus obras en el trabajo con niños autistas, psicóticos y en campañas de salud, como la de la lucha contra el dengue para la que ha creado una pieza. En 1982 fundó la revista Juancito y María, dedicada al teatro de títeres. Es uno de los principales promotores y difusores de la actividad y es organizador del Festival de Titiriteros Juglares, que cada año reúne a más de 200 compañías en talleres, funciones y charlas abiertas a artistas y público.

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