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01-08-2010 |

Educación - Madres y Padres

Las compus llegan a la escuela

Los proyectos de una computadora por chico avanzan en acciones concretas. ¿Cambiará la educación el aula digitalizada o sólo agregará complicaciones al trabajo de maestros y alumnos? ¿No implica agregarles más horas de pantalla a chicos que ya están saturados de ventanas y navegadores? Las preguntas se multiplican mientras las PC’s llegan a las aulas. ¿Está preparada la escuela para recibirlas?

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por Gabriela Baby

 

Había una vez en el MIT un señor con grandes ideas de aplicación de tecnología a nivel masivo. Este señor, Nicholas Negroponte, ideó un plan llamado One Laptop Per Child (OLPC) y convenció a diversos estados del mundo de que es posible dar a cada chico una laptop de bajo costo para que la usara dentro y fuera de la escuela. “La idea es que el chico sea el dueño de esta computadora, como es dueño de un lápiz. Que se la lleve a su casa, la use para escuchar música, para jugar, para leer, para navegar por Internet. El uso no se detendrá, de la misma manera que el aprendizaje para hablar y caminar no se detiene, no tiene pausas: es continuo. No se hace con horarios, uno está aprendiendo constantemente”, definió Negroponte el espíritu de su proyecto en una entrevista con Adrián Paenza (Página 12, 18-12-2005).


En la misma nota, el cronista cuenta cómo Negroponte incluye a la Argentina entre los primeros siete países para poner a prueba el ambicioso proyecto. “China, porque es la nación más poblada del mundo, India, por el grado de pobreza de sus chicos, Egipto, por ser la nación con la mayor población árabe en el mundo, Nigeria, el país con mayor cantidad de habitantes de África, Tailandia, Brasil, el más poblado de Sudamérica, y Argentina, porque el proyecto no puede no incluir inicialmente un país hispano-parlante”, argumentó Negroponte.


Sin embargo, y a pesar de su carácter democrático y democratizador, la propuesta no ha dejado de recibir críticas. Alejandro Piscitelli, ex directivo de Educ.ar y profesor de Procesamiento de Datos, Telemática e Informática en la Facultad de Ciencias Sociales, UBA, en su libro 1@1 Derivas en la educación digital (Editorial Santillana) ordena a los críticos al proyecto OLPC en tecnofílicos y tecnofóbicos. “Para los tecnofílicos, el proyecto OLPC es como tocar el cielo con las manos. La XO de la mano de Negroponte y de los millones de niños del mundo que sólo necesitaban de una herramienta transparente, de fácil acceso, capaz de trascender las limitaciones del paradigma de las ventanas y fácilmente asimilable por los chicos, presagiaría la revolución educativa tantas veces prometida pero nunca consumada. Para los tecnofóbicos, el proyecto OLPC sería la eterna repetición de lo mismo. Una zanahoria puesta delante del carro, un caballo de Troya del imperialismo, una cuña que terminaría instaurando y ampliando todas las brechas que conocemos, sociales, políticas, económicas, añadiéndoles, por si las anteriores fueran pocas, una brecha generacional imposible de suturar”.


Desde entonces, mucho se ha discutido alrededor de la implementación del proyecto en Argentina. Y no podría ser de otra manera: el programa involucra aspectos educativos, comerciales, tecnológicos y políticos; los intereses encontrados tensionan permanentemente el avance del proyecto.

 

La brecha digital


Del lado de los críticos, Fabio Tarasow, investigador de FLACSO en Educación y nuevas tecnologías, dispara: “La inclusión de laptops no cambia la dinámica de la clase. Porque el enciclopedismo y su modo de funcionamiento es capaz de absorber a las nuevas tecnologías. Quiero decir, la maestra se puede parar otra vez frente al pizarrón y dictar a los chicos. Y los chicos, ¿para qué van a usar la laptop? ¿Para copiar un dictado? ¿Para mandarle el trabajo por mail a la maestra? Hay muchas cosas que se pueden hacer con la laptop sin romper la dinámica del aula tradicional. Y lo que necesitamos es un cambio en esta forma de concebir la clase”, arroja Tarasow.


Para el investigador, las prácticas pedagógicas que ponen al docente en un lugar de saber y a los alumnos en el lugar de receptáculo vacío destinado a absorber información constituyen el modelo que debería haber cambiado desde hace más de seis décadas. “Con computadoras o sin computadoras, necesitamos un cambio pedagógico. De hecho, cuando uno observa la aplicación de nuevas tecnologías en las aulas, se ve que las que mejor se incorporan son aquellas que no rompen la propuesta de la clase tradicional. El PowerPoint, por ejemplo, tiene gran aceptación en el aula, al igual que la pizarra electrónica, justamente porque no rompen el ciclo ‘yo hablo, vos escuchás’ que los maestros en su gran mayoría reproducen desde hace siglos”, señala Tarasow.


Según el investigador, la escuela debería abandonar definitivamente el método enciclopedista –un modelo del siglo XVIII que respondía a una sociedad industrial en auge– para ser espacio de una relación con el saber y con la información propia del siglo XXI, y esto no depende solamente de la inclusión de tecnología en las aulas.


Pero no sólo de PC’s viven las aulas digitales. Para Gabriela Pandiello, profesora de enseñanza primaria y referente de TIC’s en el Colegio Northfield de Escobar, esto es muy claro. Pandiello está a cargo de un quinto grado totalmente digitalizado. Esto quiere decir que cada chico tiene su laptop y todos trabajan en red. Para ella, a partir de la inclusión de las laptops, el trabajo diario cambió radicalmente.


“Diagramé la clase de manera que mis alumnos se sientan en ‘U’ o en grupos, dado que trabajan en forma colaborativa permanentemente. Los chicos comparten dudas con sus compañeros y se genera un uso responsable de Internet; se respetan ritmos y estilos de aprendizaje: visual, lingüístico, creativo, auditivo; se desarrolla la curiosidad y la flexibilidad. Los chicos aportan y comparten imágenes, noticias, videos, música, por lo tanto se comprenden mejor los conceptos. Todos estos cambios impactan en el proceso de aprendizaje porque los chicos desarrollan autonomía”, afirma Pandiello.


El aula digital así planteada funciona como un micromundo en el que se puede observar la construcción del conocimiento de una (pequeña) sociedad informatizada. Para esta maestra, “las computadoras son un instrumento capaz de transformar la educación tradicional, pero, como todo instrumento, hay que saber ejecutarlo. Por eso es fundamental el compromiso del docente, que debe ser usuario de Internet y de la Web 2.0 y debe contar con una buena capacitación previa. El docente tiene que estar dispuesto a cambiar sus planificaciones y convencerse de que esto es lo mejor que le puede pasar. De nada sirve tener conexión a Internet, las mejores netbooks, la pantalla interactiva, sino se desea aprovechar sus potencialidades. Y las posibilidades son infinitas”, asegura la maestra.


En este punto, todos los proyectos de OLPC implementados en el mundo se detienen ante la misma pregunta: ¿están dispuestos los maestros a cambiar su modo de dar clases?


Fabio Tarasow apunta: “En el aula digital, la información está en la web. Y el maestro, en general, es el que tiene más conocimiento. Lo que tiene que hacer entonces el maestro es poder ayudar a sus alumnos a tomar esos ladrillitos de información para que ellos mismos puedan generar conocimiento. Pero lo que suele ocurrir es que los maestros sienten que los chicos con las compus saben más, y que ellos, los maestros, no tienen nada que hacer frente a esos chicos con pantallas. El eje del cambio, entonces, está en estos maestros. Son ellos los que tienen que darle sentido a las compus y a todo lo que encuentren allí para poder acompañar a los chicos en esta construcción de conocimiento”. Manejarse en la web, ser usuario de diversos programas, poder plantear consignas que hagan un uso creativo de estas herramientas: éste podría ser el desafío pedagógico del momento.


La maestra digital coincide con Tarasow: “Los adultos, en general, le tenemos cierto temor a la PC, y ni qué hablar a dar clases con ella. Cuando empecé, mi uso se limitaba a hacer las planificaciones prolijas en Word y al uso del correo electrónico. Así que tuve que dedicarle muchas horas a la capacitación. A hora, la planificación de las actividades toma una dimensión más amplia. La enseñanza deja de ser unidireccional y se terminó el libro único: se pueden leer diversos autores sobre un mismo tema, se pueden visitar museos y bibliotecas virtuales y acceder a trabajos e investigaciones diversas. El conocimiento se comparte, está al alcance de la mano. Los alumnos construyen su propio aprendizaje y el docente pasa a ser el guía”. (en http://chicosdequintotrabajando.blogspot.com se puede observar algo de este funcionamiento del aula).

 

Libros sí y web también


Pero atención: no sólo de computadoras y pantallas vive su aula: “Los elementos clásicos (carpetas, cuadernos, libros, cartuchera) siguen en uso. Y se trabaja la escritura y la lectura, las operaciones matemáticas y las tablas”, aclara la maestra. Porque una de las dudas más frecuentes que aparecen frente al avance de las nuevas tecnologías es, justamente, donde quedan las tecnologías clásicas de lectura y comprensión de textos. Pandiello comenta: “las horas que pasan los chicos frente a las pantallas son regulables tanto en la escuela como en casa. Porque definitivamente no se trata de que estén sentados frente a una PC todo el día. Y aunque muchos opinen que los avances de las TIC’s han producido efectos negativos en el gusto por la lectura en los chicos -porque les resulta más atractivo interactuar con una computadora que un texto escrito en papel-, mi experiencia me está contando otra historia. He acercado a mis alumnos distintos materiales de lectura impresos: libros de cuentos, poemas, diarios, y al mismo tiempo he tratado de incentivarlos ofreciéndoles distintos soportes antes, durante o después de la lectura. No sólo se han amigado con los libros, sino también han opinado, criticado, elegido, recomendado y participado”.


Se trata de poder enmarcar el uso de las tecnologías en un objetivo curricular determinado. Porque otra de las grandes preocupaciones que recorren cabezas de padres y maestros frente al desembarco de la PC en las aulas es el tema de la dispersión. ¿Acaso estos chicos que chatean, navegan la web y mandan mensajes por celular, todo a la vez, necesitan que la compu esté también en el aula? ¿No resultará contraproducente agregar más pantallas a su dispersión?


Para Tarasow, hay que desterrar el mito de la generación dispersa: “Todo aquello que se dice de la Generación X, Einstein o como quieran llamarlo, sobre lo multitasking es, a mi entender, falso. Es absolutamente imposible que sus cerebros hayan cambiado o evolucionado. No existen pruebas científicas serias que den cuenta de que estos chicos ‘piensan’ diferente porque hacen muchas tareas al mismo tiempo. Probablemente si están haciendo dos o tres cosas al mismo tiempo, les salgan todas mal o con errores. Además, trabajar sobre la pantalla puede requerir también largos momentos de observación (por ejemplo, simulaciones) y de trabajo minucioso de contrastar información”, dice el investigador.


El trabajo del aula, en definitiva, sigue siendo el trabajo del maestro, que es el adulto responsable de introducir a los chicos en el mundo del conocimiento. Un mundo que ahora está informatizado. “Lo importante no es asustarse frente a la navegación errática, sino acompañar a los chicos construyendo recorridos significativos o ayudándolos a construir estrategias metacognitivas (y cognitivas también) que los ayuden a recuperar la riqueza de estos recorridos, a veces caóticos, pero que pueden ser útiles para encontrar nuevas relaciones y formas entre las cosas. Esto es no dejar que las navegaciones caigan en saco roto, sino que puedan después reconstruir desde dónde y a dónde fueron y por qué hicieron los saltos”, señala Tarasow.


Un desafío fuerte para maestros y también para padres. Porque en esta primera década del siglo XXI, las TIC’s invitan a todos a repensar los modos de aprender y de enseñar contemporáneos. Y quizá, la adopción de nuevas tecnologías -con el enorme desafío que implica- motorice algo del cambio que la educación espera.

 

 


El mismo espíritu

Experiencias diversas y desafiantes se multiplican cuando se ponen en contacto chicos y máquinas en un contexto educativo. En La Plata, el Proyecto de voluntariado universitario “Informática inclusiva en sectores desfavorecidos de la sociedad: introduciendo TIC’s en niños y sus grupos familiares” de la Facultad de Informática lleva la alfabetización informática a organizaciones sociales que trabajan en comedores de la ciudad y alrededores. Los integrantes del proyecto (alumnos de la facultad platense) tienen varias tareas: relevar las PC’s existentes en la zona donde realizarán la capacitación, generar guías y apuntes referentes a las aplicaciones y herramientas a utilizar, realizar actividades directas con los chicos –esto es, la capacitación-, dar soporte y mantenimiento, armar sitios web para difundir las actividades e integrar nuevos puntos de capacitación y hacer un seguimiento posterior.


“Como los comedores no tienen computadoras trabajamos en locutorios y cybers de la zona. En el caso de los niños, apuntamos a que se alfabeticen en informática y refuercen los temas escolares con una herramienta nueva: la computadora. Para ello, los chicos juegan con aplicaciones educativas con temas de matemáticas, lengua y ciencias. En el caso de los jóvenes, la idea también es que se alfabeticen en informática pero con una orientación pensada en las exigencias laborales que se les pueden presentar a la hora de buscar trabajo. Este año hemos incorporado a los familiares de los chicos con el objetivo de sacarlos de su condición de analfabetos digitales”, cuenta Viviana Harari una de las profesoras de informática a cargo del proyecto.


El día a día del trabajo muestra sus propias exigencias: “Siempre se necesitan más computadoras. Nosotros llevamos las XO con el sistema de distribución Linux realizado en nuestro laboratorio. Y la propuesta siempre es muy bien recibida: la mayoría de los chicos con los que empezamos a trabajar nunca habían tocado una computadora. Y en la actualidad, saben utilizar un graficador, un editor de texto, pueden buscar información en la web y mandar correo electrónico. Es muy gratificante ver como estos chicos van avanzando en sus conocimientos”, dice Harari.

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