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01-09-2004 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

La otra cara de los clásicos

Desde hace 10 años, El Globo recorre las escuelas de la ciudad improvisando escenarios a cielo abierto y hasta en angostos pasillos, cambiándose en aulas y bibliotecas. Le ponen el cuerpo, entre risas y canciones, a las más legendarias historias. Son Alejandro Mazzei, Laura Ortigoza, Achu Jelín y Mara Poczymok; los acompaña - como actor invitado – Fernando Aitias.

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Por Marisa Rojas

 


En el currículum del grupo se lee, entre sus objetivos, el de ´educar a través del arte´, ¿por qué eligen el teatro como modo de expresión artística?

Alejandro Mazzei: Primero y principal porque somos actores. Y además porque nos parece que es fundamental para un chico ver teatro.

Achu Jelín: Es muy fuerte poder dar la posibilidad a un nene de primer grado que vea Shakespeare en el patio de su propia escuela.

AM: Y después de diez años de trabajo encontrarnos con ellos, ya en otros grados, y enterarnos que se acuerdan cuando nos vieron siendo pequeños, es maravilloso.

¿Por qué han decidido hacer teatro para chicos?

AM: ¡No, no y no! Teatro para chicos exactamente no. Agustín Alezzo -con quien muchos de nosotros estudiamos- siempre nos enseñó que el teatro es uno sólo. No existe el teatro para niños, lo que hay son temas y formas de contar esos temas.

AJ: El grande miente y el chico no, por eso nos gusta trabajar para niños. Nos interesa saber qué piensa un nene de cinco años de lo que hacemos porque sabemos que lo que nos va a decir es verdad, no de compromiso. Actuamos para chicos contándoles las mismas historias que podríamos contarles a los grandes pero las devoluciones en los colegios, lo que se acercan a decirnos, las preguntan que nos hacen, son fabulosas.

¿Y por qué trabajar con los clásicos?

AM: Porque en los clásicos está todo. En los grandes textos de la literatura se manejan valores con los que estamos ideológicamente de acuerdo. No queremos luchar contra la Tv, pero sí consideramos que, aparte de ver a Pokemon y a Mazinger Z, está bueno y es muy importante que los chicos durante una hora fantaseen con un clásico de Shakespeare o se diviertan con una historia de circo.

Laura Ortigoza: Además el teatro es una manera divertida de acercarse a algo que tal vez en su casa lo tienen en una biblioteca pero no se atreven porque les parece aburrido o difícil.

¿Se han encontrado con barreras ante el hecho de trabajar con clásicos?

AM: Algo que sucede y que nos molesta mucho es eso de subestimar a los chicos. Muchas directoras cuando les presentamos nuestros proyectos, sobre todo en los primeros tiempos, dudaban sobre si los chicos entenderían o no la pieza y después, al finalizar la función, nos han venido a decir, sorprendidas: “No puedo creer cómo los chicos entendieron la obra de Shakespeare”; bueno, decimos nosotros, es que son chicos, no tontos. Por eso para nosotros la silla es silla y no ´sillita´.

Es cierto que esta subestimación de los chicos de la que ustedes hablan se ve en muchos de los productos infantiles, especialmente los televisivos ...

LO: Sin duda. Nosotros rescatamos a gente interesante como La Galera Encantada, Libertablas, algunas producciones de Marcelo Katz que son interesantísimas; pero después la mayoría de los grupos creen que el teatro para chicos es una linda coreografía, una chica rubia que canta y baila y más nada.

AM: Nosotros estamos absolutamente en contra de eso.

Cuándo piensan los espectáculos, ¿qué elementos consideran imprescindibles que estén y cuáles deben dejar de lado?

AM: Ante cada nueva producción nos asesoramos pedagógicamente con un docente y vemos juntos qué códigos no pueden faltar, cuál es el modo más indicado de contar cada historia, en especial si hay partes complejas o de difícil tratamiento. En el caso de La comedia de las equivocaciones, por ejemplo, trabajamos muchísimo al respecto con el adaptador –Germán Bermant- primero y luego con el director -Tony Lestingi-. En realidad, más que códigos hay como ciertas inquietudes de los chicos que debemos tener en cuenta. En el caso de Juan Moreira, por ejemplo, nos enfrentábamos al tema de la muerte y eso no podíamos obviarlo, no podíamos contar otro final, sí podíamos resolverlo de manera tal que pueda ser bien recibido por los chicos, en ese sentido elegimos el humor, el clown.

LO: Y esto de trabajar desde el humor, desde la diversión, y mezclando distintas artes como el teatro, la técnica del clown, la acrobacia, el circo, los títeres y la música, es algo que desde que Achu y Mara se integraron al grupo está aún más presente, es nuestro sello.

¿Cómo es el proceso de selección y adaptación de un texto?

AJ: Elegimos la obra, buscamos el adaptador y una vez adaptada hacemos el análisis de texto y vemos qué palabras corresponden y cuáles no. La intención es que la historia que contamos pueda ser interpretada de la mejor manera posible por los chicos sin que se pierda su sentido. Y que además, si los chicos revisan el texto original se encuentren con que el 90% al menos sea similar. Hay una adaptación pero respetando siempre la versión original.

¿Cómo es la experiencia de trabajar cada día en un colegio diferente, de que el escenario sea distinto cada vez?

AM: Trabajar en los colegios es algo que nos apasiona y que no cambiamos por nada. Hemos tenido ofrecimientos para quedarnos fijos en una sala y que los chicos vengan al teatro pero, no. Actualmente estamos con funciones en sala y está buenísmo pero esto de ir a los colegios no lo cambiamos por nada.

¿De qué modo manejan que en sus espectáculos, en especial cuando dan funciones en colegios, en la platea haya chicos de edades muy diversas?

AJ: Eso nos sucede siempre, y por ello hemos decidido contar las historias de tal manera que las puedan ver chicos de todas las edades. Representamos a Shakespeare así como a la novela de Gutiérrez de modo tal que cada niño según su edad pueda ver, escuchar, tomar y quedarse con lo que le parece, con lo que interpreta y quiere, con lo que le divierte, pero siempre de forma abierta claro.

¿Cómo resuelven, económicamente, la producción de cada espectáculo? Hemos visto que el vestuario, así como la escenografía, son de muy buena calidad, y originales por cierto …

AM: Somos un grupo, trabajamos en equipo y mucho, muchísimo, pero nos gusta. Tenemos la suerte de poder vivir todos de esto que amamos y que tanto nos divierte. Aunque no tenemos subsidio de ningún tipo, no escatimamos nunca en gastos al momento de pensar en el diseño o los materiales para una producción; por ello tenemos que movernos y trabajar mucho para que esto sea posible. Todo se hace en equipo, por fiestas que armamos, funciones especiales, y también por el apoyo de algunas empresas que de algún modo nos auspician.

LO: Trabajamos en realidad a pulmón; de lunes a lunes las 24 horas, pero muy felices.

AJ: Lo raro es que en general el mundo de los actores arranca al mediodía, pero nosotros 7:30 de la mañana ya estamos arriba cargando escenografía y vestuario para irnos a actuar a algún lado.

LO: De todos modos, aunque somos las caras visibles de El Globo y la cabeza de la producción, no trabajamos solos: Fernando Aitias nos acompaña en algunos de los espectáculos como actor invitado y hay un montón de gente que colabora con nosotros para que estas producciones sean posibles: escenógrafos, vestuaristas, sonidistas, músicos. Sí es cierto que somos nuestros propios mentores, productores, managers, todo.


Y cierto es que así como el trabajo en grupo, el esfuerzo nunca medido y la seriedad al abordar cada nuevo proyecto, también este carácter de diversión del que tanto hablan los integrantes de El Globo como imprescindible en sus puestas, es una realidad en su cotidianeidad. Verlos trabajar es saber que la posibilidad del arte como modo de la expresión de los valores más nobles de las personas es una realidad concreta, y divertida claro.


Planeta El Globo

Los orígenes de El Globo, de cuya primera formación se cuenta a Alejandro Mazzei, se remontan a una década atrás; por entonces el nombre del grupo que también supo integrar Jorge Bernal, era otro. "Nos llamábamos Eikasia, que en griego significa imaginación", recuerda Alejandro Mazzei. Sin embargo, durante el 2003 Eikasia mutó a El Globo. "El cambio de nombre llegó tras una charla en un colegio donde un nene nos preguntó por qué si éramos un grupo de teatro para chicos teníamos un nombre tan difícil", recuerda Laura Ortigoza.

"Este año cuando Achu y Mara se unieron al grupo decidimos reinventarnos y elegimos como nombre - teniendo en cuenta aquella observación - El Globo. Nos llamarnos así como homenaje al legendario teatro inglés dónde trabajó Shakespeare."

El primer espectáculo de lo que hoy es El Globo fue Billy, the kid (1994); luego le seguiría Sandokan. La predilección del grupo por el trabajo con los clásicos se debe a la llegada al elenco de Laura. Desde entonces, han presentado: Ladran Sancho (la versión de la novela de Cervantes, El Quijote de la Mancha); Juan Moreira (el aporte local a través de la obra de Gutiérrez); La Odisea (Espectáculo a partir del cuál Fernando Aitias se incorpora como actor invitado al grupo); Quasimodo, y actualmente La comedia de las equivocaciones (Sáb. y dom. 17:45hs, sala Alberdi, Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551. A la gorra). También se cuentan entre las producciones de El Globo un espectáculo especialmente pensado para los más chiquitos: El circo de los sueños, dirigido por Bruno Luciani, reúne teatro, circo, acrobacia, música y, como siempre, mucho humor. Es nuestro caballito de batalla, lo amamos, dice Alejandro

Por Ladran Sancho recibieron una nominación para el Festival de Necochea para chicos. Por las presentaciones de Quasimodo - espectáculo con el que hicieron temporada en Mar Del Plata durante el 2003 - obtuvieron 4 nominaciones para el premio Estrella de Mar; también fueron nominados, por la adaptación de la novela de Víctor Hugo, para el premio de la UBA Teatro del Mundo.


Eternos juglares

El Globo no permanece quieto prácticamente nunca. El lunes en que Planetario se reunió con el grupo, Alejandro, Laura, Achu, Mara y Fernando estaban presentándose en una escuela del barrio de Caballito, era el mediodía y ya iban por su segunda función del día. Ale y Achu llegaban corriendo de una parrilla vecina donde habían almorzado y Laura y Mara estaban al caer, en tanto, Fernando Aitias -actor invitado- cambiaba sus zapatillas de ciudad por el calzado de Egeón, de Efeso, uno de los personajes de La comedia …

"Actuar cada día en un espacio distinto, desconocido y que mayormente debemos de adaptar a las necesidades de la obra, tiene una adrenalina única", explica Alejandro, y agrega: "esto es como vivir al estilo de los hermanos Podestá, en estado de gira permanente". Para Achu se trata, además, de algo muy importante a nivel actoral: "Nos enfrentamos a situaciones muy diversas todo el tiempo y eso es un muy buen entrenamiento".

Y si de situaciones particulares se trata, vale el espacio para el relato de Laura que, emocionada, recuerda una de las funciones más especiales que han brindado hasta el momento: "En una oportunidad, presentando Ladran Sancho en el Bajo Flores, nos pasó de tener un día maratónico, tres funciones una tras otra. El último colegio donde teníamos que presentarnos estaba muy adentro del Bajo, no llegábamos con los tiempos; los chicos estaban al salir de la escuela y nosotros todavía en el colegio anterior. Decidimos irnos de uno a otro vestidos como los personajes de la pieza y con toda la escenografía a cuestas, caminamos seis cuadras vestidos de Quijote y Dulcinea, fue buenísimo. Sabíamos que eso era realmente ser un juglar, y no queremos dejar de serlo. Lo mejor fue llegar al colegio y que nos estuvieran esperando 400 nenes que nunca en su vida habían visto nada de teatro. Al finalizar la función ni siquiera nos dieron tiempo a bajar la cabeza para el aplauso y ya los teníamos a todos vivándonos".

 

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