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01-06-2015 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

La candidata argentina

La escritora Laura Devetach tiene motivos para festejar. La Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (ALIJA) acaba de postularla a los Premios Andersen, el galardón mayor del género. Su obra se está reeditando con un nuevo impulso. Y este mes se celebra una nueva edición del Festival Literario Gustavo Roldán, un homenaje a quien fue su compañero de vida y aventuras librescas por más de cinco décadas.

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por Gabriela Baby



Tiene los ojos de color celeste calmo y una mirada amplia y cálida. Su casa está poblada de libros, mecedoras con almohadones, fotos familiares, adornos y música: “Con mi caja llena de/ y silbando una canción/ al andar por un camino/ sin querer me encontré con”, suena un candombe en el que se reconocen rápidamente los versos de Laura.

-Mirá qué lindo- dice ella y muestra QuienSabe, un disco de canciones hechas por Guillo Bonaparte, Mariano Medina y Ceci Raspo, con sus poemas. El CD viene en un estuche de cartón troquelado con el que se puede armar una casita. Laura la tiene armada y la pone sobre la mesa: la casita tiene cerco, macetas que decoran la entrada y dos personajes: la viejita y el viejito, que nos miran desde su terraza.

“¿Por qué los caminos no se asfaltan con turrón?” recita la voz del disco. “¿Hasta dónde puede llegar una barba larga larga que no se corta nunca? ¿La plastilina es el chicle de las manos?” Las preguntas se intercalan con las canciones. La poesía se mezcla con esta entrevista. Porque ahora el parlante lanza palabras: “Sidonia”, “Gustavo”, “una flor”, “una torre de cubos”, “un pájaro atrevido”… “todos ruedan”, dice la voz de Laura que también lee sus poemas en el disco, y el maravilloso mundo Devetach comienza a girar.

El primer sábado de junio se realiza la cuarta edición del Festival de Literatura Infantil Gustavo Roldán en el espacio ECuNHi. Y este festival coincide con un momento en que casi todos tus libros –más de setenta títulos- se reeditan, es decir, que los podemos encontrar en las librerías. ¿Tuviste que modificar o cambiar algo de esos textos para la reedición?

La verdad es que hubo poco o nada de aggiornamento de los textos. La torre de cubos es de 1966, va a cumplir cincuenta años. En Córdoba, que es donde nació, le hicieron un homenaje hermoso cuando cumplió los cuarenta. Y el paso del tiempo a mí me da mucho, porque puedo ver cómo, según la coyuntura del momento, el lector se vuelca hacia un texto o hacia otro. Y lo interpreta de una manera o lo interpreta de otra. Por ejemplo, La planta de Bartolo fue un cuento muy leído, porque tiene que ver con el tema del capitalismo y su funcionamiento. Ahora está muy buscado el cuento La torre de cubos, porque está muy en boga el tema de la discriminación. Quiero decir, los temas reactualizan lecturas. Y la gente descubre estos libros que están escritos hace tiempo.

Tus cuentos también se leen en las escuelas. Muchos maestros y maestras los leen en las aulas…

Y esto tiene que ver con un cambio muy grande que hubo en la educación. Antes, las efemérides escolares determinaban lecturas: había que leer sobre el héroe de la fecha. Pero ahora aparecen otros temas. Además, hubo un cambio respecto a la lectura desde María Elena Walsh. Antes de María Elena Walsh había libros en la escuela, pero la escuela se encargaba rapidito de escolarizarlos, es decir, se ponían en función de lo que se estaba enseñando.

En muchas escuelas aún persiste esta práctica…

Pero ha cambiado mucho. Los maestros, en general, están trabajando de una manera diferente. Y el libro entra a la escuela para ser leído, así, a secas, como tiene que ser. Además hay un tiempo de lectura distinto, que es el tiempo de la biblioteca y de llevarse el libro a casa. Esto tiene un efecto muy notable en lugares más rurales o más pequeños, donde la cultura todavía no tiene ni la rigidez ni responde a estereotipos, como puede ocurrir en grandes ciudades.

Lectores que se asoman al libro desde otras experiencias y otras lecturas…

Yo digo que lo primero que hay que averiguar frente a un lector es qué es lo que trae. Entonces aparecen coplas, canciones, versos, nanas. Los chicos saben muchas cosas: cuando fui maestra rural me di cuenta de esto. Y también aparecen nuevas prácticas: el chico se transforma en el agente lector de su casa, porque a veces los padres son analfabetos, y el que les lee cuentos es el chico. Ahí es donde la educación tiene mucho por hacer. Porque hay lugares que no tienen una escuela, sino una pieza, un aula… y no llega el diario o no tienen luz. Hay que ir de a poco. Y ver qué se hace primero. Siempre se puede hacer.

Sin embargo, muchos docentes – en zonas urbanizadas, con otra realidad-, dicen que Internet y las pantallas atentan contra la lectura.

Yo tengo más reflexión que conocimiento, porque hace tiempo que no voy a las escuelas. Las madres y los padres se quejan de que los chicos no leen. Pero ellos, ¿leen? El ejemplo de un padre sentado con un libro es irreemplazable… pero, ese padre de hoy, ¿tiene tiempo para sentarse a leer un libro? Y si lo tiene, ¿no lo reemplaza él mismo por Tinelli? Yo creo que la lectura va en paralelo a las pantallas, y en este momento el impulso viene de la educación más avanzada, más modernizada, que es la que manda el libro a la casa. Porque en la ciudad, a otro nivel, estamos igual que en el campo: en el campo reciben el libro por primera vez, y en la ciudad también lo reciben por primera vez. Pero por suerte ha cambiado la actitud. Porque antes la pregunta era… ¿hiciste los deberes?, ¿leíste el libro? Y ahora leer el libro no es un deber, porque no debe ser tomado como un deber. 

¿Aparecen nuevos agentes de lectura en este contexto?

Las abuelas, porque fundamentalmente son ellas las que se enganchan a leer con los nietos. Los padres están muy ocupados, trabajan mucho… todos trabajamos mucho en este país, la sociedad moderna en general responde a un aceleramiento que arrasa con todo. Y yo estoy en contra de eso pero a veces caigo al pozo del apuro. Entonces trato de ser lenta, porque creo en el movimiento pausado, en la serenidad y la reflexión. Entonces, despacio. Pasito a paso. 

Fuiste elegida como la candidata argentina para el Premio Andersen, algo así como el Nobel de la Literatura infantil. ¿Cómo preparaste la presentación al premio?

A la vejez, ¡viruela! Para esta postulación tuve que hacer una revisión total no solamente de la biblioteca sino también de mi trabajo técnico. Y me gustó mucho hacerlo. Es muy importante para un autor poner sobre una mesa su obra, como si fuera un mazo de cartas, para ver y elegir cuál lo representa. Fue un hermoso trabajo muy personal, muy profundo, que me sirvió muchísimo. A mí me movió el piso, sobre todo al no tener la compañía de Gustavo. Porque nosotros hicimos prácticamente lo más importante de nuestra vida juntos: cuando le tocaba a él, lo respaldaba yo, y cuando me tocaba a mí, me respaldaba él. Pero ahora me encontré sola. Aunque no tanto, y esto lo quiero destacar, porque me di cuenta de que estoy rodeada de gente muy querida, lectores, personas de la comunidad educativa, gente maravillosa que me ayudó muchísimo: me acercaron materiales, notas, cosas de Internet. Y gente que me hizo reseñas que me hacían falta para apoyar a los libros. Por eso, yo digo que el premio es éste, porque viví con una sensación de devolución, reconocimiento y solidaridad que me hizo mucho bien.

¿Cuáles fueron tus libros elegidos en ese proceso?

Yo siempre me sentí representada por Monigote en la arena, La torre de cubos y un libro muy poco conocido pero al que yo quiero mucho: El enigma del barquero. Y Diablos y Mariposas, también. Mandé una novela corta que se llama La loma del hombre flaco, que a mí me representa mucho, aunque no está en circulación en este momento. La hormiga que canta, La casa de Javier, La plaza del piolín, El Petirilío, que es una obra de teatro que tenía desde los sesentas y que ahora publicó una editorial cordobesa (Comunicarte). Y mandé dos libros de análisis: Oficio de palabrera y La construcción del camino lector. Y las poesías. Aunque mandé pocos libros de poesía, quizá porque es menos traducible o porque circula menos, a pesar de que es mi género. Porque el modo poético está en mi prosa, la poesía para mí es una manera de ver el mundo.

Laura va a buscar los libros y los coloca sobre la mesa: el gran mazo de cartas. “Quién sabe…” canta una voz desde el parlante y pregunta las preguntas de Laura: “¿El molino que gira y gira remonta vuelo alguna vez?, ¿La hormiga que pasa con su hoja como un barco a vela, sabrá que soy una persona?, ¿Qué dice el gallo cuando hace quiquiriquí?, ¿El helicóptero es una batidora de nubes?”

La autora sonríe con ternura. Abre el ejemplar de El Petirilío para mostrar “la maravilla de estas ilustraciones, hechas con bordados” (realizadas por Rosa González). Suena el teléfono, pide disculpas y atiende: charla un rato y vuelve. Cuenta que era una amiga que le preguntaba dónde conseguir un ejemplar de un libro suyo, para regalarle a un nieto. Ofrece café y sigue hablando de una época en Córdoba en la que andaba con gente de teatro y muchos músicos, de su época de maestra rural, de la dictadura y de Gustavo. La canción sigue y sigue: “Si un garbanzo no deja que lo coman / porque crece madura y esas cosas / es mejor mirarlo desde lejos / porque es un garbanzo peligroso…. Si un garbanzo pasea en bicicleta / y se ríe del coche más lujoso / es mejor mirarlo desde lejos / porque es un garbanzo peligroso… Si un garbanzo se pone a hacer preguntas / Y lo cierto se hace más dudoso / es mejor mirarlo desde lejos porque es un garbanzo peligroso.”



UN HOMENAJE POR PARTIDA DOBLE
El sábado 6 de junio el ECuNhi (Espacio Cultural Nuestros Hijos), de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, junto a los Ministerios de Educación y Cultura de la Nación, organiza el 4º Festival Literario Gustavo Roldán, que en esta oportunidad, además, está dedicado a homenajear la obra de Laura Devetach. Habrá espectáculos, narraciones, talleres, espacios de libros y juegos. Algunas de las actividades que se realizarán son: Planeta Devetach (espectáculo de relatos con canciones, sobre cuentos y poemas de Laura Devetach), Irene y los cubos (adaptación para títeres del cuento “La torre de cubos", de Laura Devetach, con realización original de muñecos a partir de cajas de cartón), Laura Maestra: entre orquídeas, peperinas y siemprevivas (un recorrido por el taller que Laura Devetach coordinó durante más de diez años), Laura susurrada (espectáculo de susurradores sobre el universo poético de Laura Devetach).

Además, habrá talleres y espacios recreativos como el que proponen los profesores del programa El ECuNHi hace Escuela, basado en “La planta de Bartolo", un cuento de Laura Devetach prohibido por la última dictadura cívico-militar, entre otras actividades.

Finalmente, quedará inaugurada La línea cuenta, una muestra colectiva de ilustraciones sobre textos de Gustavo Roldán, que se podrá visitar hasta el 1º de agosto. Y, por supuesto, habrá feria de libros de Literatura infantil y Juvenil y de producciones discográficas infantiles de todo el país.


Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi). Av. Del Libertador 8151. Tel. 4703-5089. Sábado 06/06 de 14 a 18:30 hs. Gratis.



PLANETA DEVETACH
Laura Devetach nació en Reconquista en 1936. Su papá fue un inmigrante eslavo, carpintero y ebanista, y su madre, argentina, se dedicaba al tejido y la costura. Aprendió a leer con el libro Pinocho, que su padre había traído de Italia. De adolescente comenzó a interesarse por temas fantásticos: el diablo, las hadas, el hombre lobo y también la literatura para chicos, y el papel de la mujer en la literatura. Durante este período de su vida leyó La Divina Comedia (de Dante Alighieri), El paraíso perdido (de John Milton) y el Fausto, de Goethe. También recuerda otra obra que la marcó y leía en las horas de siesta de su niñez: Las mil y una noches. Cursó estudios de Letras en Córdoba y fue maestra rural en Santa Fe. Fue Titular de cátedra en la Universidad de Córdoba, guionista de radio y televisión, y colaboró con revistas infantiles como Humi y Billiken. Durante la dictadura militar, sus cuentos La planta de Bartolo y La torre de cubos, entre otros, estuvieron prohibidos. A partir de 1985, se desempeñó como coordinadora de talleres del Plan Nacional de Lectura. También fue asesora literaria de diversas editoriales y coordinadora de talleres de formación de escritores y lectores. Fue integrante del Consejo de Dirección de la revista La Mancha, Papeles de Literatura Infantil, desde su fundación hasta 1998. Laura ha ganado innumerables premios y reconocimientos acá y en el mundo.

 

 

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