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01-06-2010 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Jugar, en los límites de lo posible

El Cirque du Soleil llega a la Argentina por tercera vez para despertar el asombro, ahora con su espectáculo "Quidam". Un repaso por la historia de esta compañía que inauguró una nueva forma de hacer, de entender y de vivir el circo.

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por Fernanda Martell



El circo, que tiene una larga tradición en la Argentina, cuenta con apenas unos 30 años de historia en Canadá. Un hito fundamental en esa historia fue la apertura de la Escuela Nacional de Circo en 1981. El otro, fue la creación en 1984 de una nueva compañía, liderada por Guy Laliberté e integrada por 20 artistas callejeros de Quebec, a la que llamaron Cirque du Soleil. Como resultado de una intensa búsqueda artística, este grupo dio el primer paso de lo que se denominó “el nuevo circo”, modificando para siempre el horizonte de esta disciplina.


26 años después, el Cirque du Soleil es una organización internacional con sede en Montreal, en la que trabajan más de 5.000 personas, entre las que se cuentan 1.200 artistas de 50 nacionalidades diferentes. En estos años, el Cirque du Soleil ha creado 20 espectáculos, y el ansia itinerante de estos artistas circenses los ha llevado a más de 200 ciudades a lo largo y a lo ancho del mundo. Se calcula que cerca de 100 millones de personas han visto un espectáculo de este “Circo del Sol” desde su creación. Y en 2010 van por más, con 19 shows simultáneos en diferentes rincones del planeta.


Los números son impresionantes. Sin embargo en los comienzos, allá por los ‘80, no eran más que un grupo de jóvenes que apostaron todo a un sueño: crear un circo como nunca antes se había visto.

 


La visión de un hombre


De paso por Buenos Aires en ocasión del 2º Festival Polo Circo, José Corraliza -español de nacimiento y ciudadano del mundo por elección- se dispone a hablar con Planetario acerca de “su pasión” y revelar parte de una historia que califica como “increíble”. 12 años atrás ni se le cruzaba por la cabeza la idea de unirse a un circo y hoy es el Vicepresidente de Operaciones Técnicas del Cirque du Soleil. Su primer contacto con el mundo circense lo tuvo con la llegada de la compañía canadiense a España, donde se presentó Alegría, espectáculo que (¿casualmente?) luego le tocó dirigir. “Ví el espectáculo y dije: esto es lo que quiero hacer”, explica.


Cuenta Corraliza que en el Cirque du Soleil aún se puede encontrar a muchos de aquellos artistas que acompañaron a Guy Laliberté en los comienzos de esta aventura. Se los llama “los veteranos” y son quienes transmiten no sólo su experiencia y saberes, sino también la historia de la compañía a los recién llegados. Una historia que tuvo muchas dificultades al principio y cuyo punto de inflexión se produjo en el ’87, cuando el Cirque du Soleil fue invitado a participar en un festival en Los Ángeles. Por esos días, Laliberté manifestó a su equipo que el último dinero con el que contaban era el necesario para llegar a California y montar el espectáculo. “Si no tenemos éxito, allí morimos”, dijo. El espectáculo se llamaba We Reinvent the Circus (Nosotros Reinventamos el Circo) y el desenlace de la historia es conocido: la repercusión fue tal que fundó el principio de la expansión del Cirque du Soleil por los cinco continentes.


¿Cómo se explica que un pequeño grupo de jóvenes artistas se haya convertido en una de las más grandes compañías circenses de todo el mundo? Corraliza asegura que la clave del éxito es “la visión de un hombre que ha cambiado todo el panorama del circo. Guy Laliberté es el guía de todo lo que se produce en un espectáculo, una persona con una pasión increíble, y ese espíritu se ha contagiado a todos los que trabajan en el circo.”


La fórmula sobre la que se construye la magia es la suma de 3 verbos: invocar, provocar y evocar. De este modo, en cada espectáculo, el circo se propone invocar la imaginación, provocar los sentidos y evocar las emociones de los espectadores. Para ello, combina las artes circenses con el teatro, la danza y la música en vivo, creando obras de alto impacto visual y gran belleza poética. Se trata, resume Corraliza, de “ampliar, expander, estirar, jugar con los límites de lo posible.”



Tocar el sol con las manos


Gastón Elie es argentino y trapecista. Sexta generación de una familia de artistas circenses, integra el Cirque du Soleil desde el año ‘98. “Conocí al circo a través de videos allá por el año ‘92, cuando no se sabía qué era el Cirque du Soleil. Yo ya quería hacer algo diferente y me enamoré de esta idea, de este nuevo circo,” cuenta. “Por supuesto que nunca me imaginé que podía llegar al Cirque du Soleil, porque en esos tiempos tenían sólo 3 espectáculos, la puerta de entrada era muy chiquita”.


Sin embargo, decidió “probar un poco de suerte” y se presentó en el ‘97 a una audición que la compañía estaba realizando en Brasil. Cuando lo llamaron: “no lo podía creer. Fueron sentimientos mezclados, porque estaba cumpliendo mi sueño de artista y dejando a mi familia. Me fui a Montreal a empezar 6 meses de entrenamiento para preparar el acto que querían que realizara. Yo nunca había salido del país y no hablaba francés ni inglés. Fui aprendiendo, y ahora hablo 5 idiomas,” sonríe.


En Montreal, Canadá, donde está la sede central del Cirque du Soleil funciona la escuela de formación de los artistas que se suman a la compañía. Si bien todos ellos ya están formados en diferentes disciplinas circenses, durante un período cercano a los 8 meses reciben un entrenamiento intenso que los coloca en el nivel esperado para integrarse en algún espectáculo.


La compañía realiza audiciones por el mundo entero, en busca de los artistas más talentosos de cada disciplina. Esta búsqueda se debe, por una parte, a la expansión de la organización y, por otra, a las características propias del circo: “los artistas llegan jóvenes y después de hacer 10 años el mismo espectáculo quieren hacer otra cosa: u otro espectáculo o hacerse entrenadores o trabajar en el terreno artístico de dirección en vez de seguir en el escenario”, explica Corraliza. “Todos los años tenemos un programa específico para ellos, para que puedan elegir qué tipo de carrera quieren hacer cuando el nivel físico no esté a la altura, cuando ya no tengan la capacidad que tenían antes”.


Formar parte del Cirque du Soleil es el sueño de muchos artistas de circo de todas partes. “Con Alegría recorrí el mundo entero”, cuenta Elie. “Londres, Nueva York, Tokio, Europa, Asia, parte de África…” Entre sus mejores recuerdos hay funciones para reinas -desde Isabel de Inglaterra hasta Madonna- y para su familia. Afirma que llegar a Buenos Aires con Alegría en el 2008 y salir a escena con toda su familia presente en la carpa: “fue la culminación de mi carrera”. “Fueron casi 12 años de estar en la compañía, que han sido mi vida. Tuve suerte de poder cumplir un sueño tan grande”, concluye.



Residencia: el mundo


Como el artista de circo lleva una vida itinerante, el Cirque du Soleil lleva consigo una pequeña ciudad ambulante que cada mes y medio se traslada. Aviones, ferrocarriles, camiones, barcos, todo lo que se mueva sirve para transportar al circo de una parte a la otra. Cada vez que llegan a un lugar, decenas de personas locales se suman al esfuerzo de montar la carpa y el espectáculo.


Y en cada viaje, además de las estructuras, las luces y todos los materiales, van también más de 100 personas, entre artistas y técnicos. Una pequeña comunidad rodante, en la que asombra su diversidad cultural e idiomática.


“Yo tengo residencia fija en el mundo”, ríe Corraliza. “Durante 10 años no he parado de viajar y vuelvo a España con mi familia dos veces al año para poder verles. Ahora estoy viviendo en Montreal, en la sede internacional, que es donde he estado trabajando un poco más estable”.


Los integrantes del Cirque du Soleil llevan una vida decididamente fuera de lo común. Elie pasó casi 12 años ininterrumpidos de gira con Alegría. “Íbamos de Los Ángeles a Nueva York, de Nueva York a Miami, de ahí a Londres, de Londres a París, sin parar. Nos dan 2 breaks durante el año, venimos a casa, y ya después otra vez de gira. Yo siempre sentí que el Soleil ha sido mi segunda familia,” asegura.


Y si de familias se trata, los niños también son parte de esta historia. Con una sonrisa en los labios, Corraliza habla de su hijo, que “es también un pequeño ciudadanito del mundo. Tiene 6 años ahora, pero se ha tirado 4 años viajando conmigo por todos los sitios, y ha sido un gran compañero de viaje”.



Un circo universal


El Cirque du Soleil es un fenómeno que crece en todo el mundo. En 2006 llegó por primera vez a la Argentina con su espectáculo Saltimbanco y, dos años más tarde, con Alegría, reuniendo a un total de 350 mil personas.


Lo que no deja de asombrar a sus integrantes es la recepción que tienen en los lugares más diversos. “Yo lo he vivido, el espectáculo es el mismo, es el mismo grupo, es el mismo mensaje, y puedo estar en Japón, en Australia, en China o en Rusia, y siempre somos bien recibidos”, señala Corraliza.


¿Cómo lo logran? “Yo creo que el Cirque du Soleil es el mejor circo del mundo entero”, afirma, sin rodeos, Elie. “El circo antes estaba muy desprestigiado, pero el Cirque du Soleil lo ha puesto arriba otra vez. Todo esto que se ve acá (señala el espacio Polo Circo de Buenos Aires) es gracias al Cirque du Soleil de alguna manera. Ellos fueron los que pudieron volver a poner al circo en el mismo nivel que el teatro, que cualquier espectáculo de nivel internacional.”


A futuro, este circo planea seguir expandiéndose. Llegar a aquellos lugares a los que aún no ha llegado. Abarcar el mundo entero. “Yo creo que, tan pronto como seamos capaces de tocar, de llegar al público como se llega hoy, expectativas hay muchas”, afirma Corraliza. Para ello, reconoce que el trabajo debe ser permanente: “no nos podemos repetir, tenemos que innovar siempre”. Tarea que no los asusta, porque ellos saben muy bien cómo saltar los límites de lo posible.



Quidam y toda la magia del circo


El Cirque du Soleil llega a la Argentina por tercera vez y, en esta ocasión, trae un espectáculo con una marcada impronta teatral. Quidam es un vocablo del latín que, en este caso, representa la figura de una persona cualquiera en la multitud, un transeúnte sin nombre.


Zoé es una joven que, aburrida de su mundo, encuentra una vía de escape a otro espacio donde todo es posible. Acompañada por personajes extravagantes, encantadores e inquietantes, esta joven irá encontrando escenas maravillosas en las que se despliega lo mejor del Cirque du Soleil: una particular combinación de performances acrobáticas, dominio técnico, vestuario y maquillaje imponentes y escenarios increíbles.


Quidam se estrenó en 1996 y, desde entonces, fue visto por más de 9 millones de espectadores en 20 países. Con una orquesta en vivo y 50 artistas en escena, entre los que hay dos argentinos –Cristian Zabala y Totó Castiñeiras-, esta puesta es dirigida por Franco Dragone y Gilles Ste-Croix (en la dirección creativa).

Quidam se presenta en Desarrollo al Río (Laprida y Bartolomé Cruz, Vicente López) desde el 29/05 hasta el 20/06. Las entradas van desde los $ 200 a los $ 650 y se pueden adquirir por Ticketek (www.ticketek.com.ar /
5237-7200).

 

El circo social


Una cara poco conocida del Cirque du Soleil es su labor social. En esta mega compañía hay un Departamento de Ciudadanía Global, cuyo objetivo es trabajar con las comunidades de diferentes lugares del mundo, muy especialmente con la juventud en riesgo. Desde 1989, el circo ha establecido lazos con diferentes organizaciones y circos sociales de distintos países, con los que ha trabajado en talleres de capacitación para los chicos de menores recursos.


Es intención de la compañía posicionarse como un agente de cambio. Parte de las ganancias del Cirque du Soleil son destinadas a programas culturales y de acción social y a la Fundación One Drop, creada en 2007 por Guy Laliberté para la preservación del agua potable.

 

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